6.1.13

CÁCERES

Hay sitios por los que nunca había pasado y que, por circunstancias de la vida, se han convertido en habituales para mi en los últimos tiempos. La provincia de Cáceres es uno de ellos. Durante casi tres años he estado pasando por allí al menos una vez al mes y eso me ha permitido ir conociendo pueblos, parar varias veces en la capital (en la que tenemos buenos amigos) e ir probando especialidades tradicionales aquí y allá.



Recuerdo, por ejemplo, un desayuno con cachuela en casa de Rafa, o una cena con una botella de Habla del Silencio en casa de Rosana, pero también unas migas en Trujillo, patatas revolconas en Plasencia, tapas en el casco viejo de Cáceres, paseos por bosques de madroños en Yuste, la judería de Hervás, las calles abandonadas de Granadilla  o un simple bocadillo, ya fuera junto al puente de Alcántara, con vistas al Pinajarro, al lado de las ruinas de Cáparra o con vistas al embalse del Tajo. Entre los recuerdos de estos años está también un paseo de Fin de Año, pasada la medianoche, entre esculturas de Rodin en la Plaza Mayor de la capital.



Poco a poco voy conociendo la provincia y sus productos. Recuerdo, por ejemplo, la sorpresa cuando probé una patatera comprada en Cáceres, las criadillas de tierra, la moraga (la extremeña, nada que ver con la malagueña), los rabitos (bombones de higo y chocolate que se van convirtiendo ya en clásicos), los higos de Almoharín, el jamón de Montánchez...



Hace unas semanas nos invitaron a pasar un par de días en la provincia, probando algunos de estos productos y, sobre todo, descubriendo algo más sobre ellos. Me quedo con los paseos nocturnos por el casco viejo de la capital, que son toda una experiencia o con la estupenda carne de cerdo ibérico que pudimos probar en el restaurante El Postargo (Montánchez).



Pero sobre todo me quedo con todo lo que tuvo que ver con la Torta del Casar y otras tortas de oveja en ese viaje. En Pastoralia, el centro de interpretación de la Torta del Casar tuvimos la oportunidad de conocer la elaboración de las tortas. Pero sobre todo me quedo con el excelente diseño museográfico del centro -especialmente destacable al tratarse de una iniciativa privada- con un montaje audiovisual moderno, ameno y  muy didáctico sobre la vida ganadera en Extremadura, el pastoreo y la elaboración tradicional de quesos. Una visita más que recomendable para cualquier aficionado al queso, a la cultura gastronómica o simplemente para quien disfrute con un buen montaje expositivo (cosa que no siempre se encuentra).



En estos meses me he acostumbrado a cruzar la dehesa, a hacer pequeños tramos de la Vía de la Plata, a ver anochecer sobre el llano de Cáceres, a fotografiar terneras de raza blanca cacereña. Y sigo pensando (lo decía en un post hace unos cuantos meses) que, seguramente por ser una gran desconocida, Cáceres es una de las dos o tres provincias españolas que más me han sorprendido. No hace ni dos días que volvía a cruzar la provincia de sur a norte, pero no me importará nada volver a pasar pronto.

5 comentarios:

Sara Ayuso dijo...

Maravillosa tierra que cada día me sorprende más. Buena gastronomía. un abrazo

Toni dijo...

Cáceres es sin duda una de mis provincias favoritas de España y sobre todo la zona norte: La Vera, Jerte, Ambroz, Hurdes, Sierra de Gata, Plasencia, Coria, etc.
Precisamente hace un par de meses me escapé a Plasencia.

Jorge Guitián dijo...

Si, Toni, es un sitio sorprendente. En general mis experiencias con la cocina y los productos tradicionales allí han sido siempre más que satisfactórias. He tenido también algún sustillo con cosas con más pretensiones, pero han sido excepciones.

Orges dijo...

Me alegra que hayas disfrutado de mi tierra. Después de ..ytantos años aquí (desde que nací) todavía disfruto de un paseo en una mañana de invierno por la parte antigua de Cáceres, o de una puesta de sol desde la zona alta de Trujillo.

Otra vez que pases avisa y te invito a unas cañas

Saludos

Jorge Guitián dijo...

Pues espero que nos veamos esta primavera, Orges.

Saludos