Yo es que soy así, cabezón. Y sigo pensando que esto de los blogs sigue teniendo cosas muy interesantes. Ha pasado ya el boom, seguramente, y como es lógico la cosa ha ido evolucionando y, al mismo tiempo, ha ido viendo cómo parte de lo que antes hacía en exclusiva ahora se ha trasladado a otras partes. Tal vez la conversación ya no está tanto en los comentarios como en redes sociales como Twitter. Y puede que otros formatos, como Tumblr o más recientemente Pinterest, se hayan llevado parte del interés de los más centrados en la parte gráfica. Pero eso no le resta interés al fenómeno, en mi opinión.
Aunque, como sigo siendo tan cabezón como la primera vez que lo dije en público, allá por comienzos del 2007, en las jornadas que mi amigo Antonio Gras organizó bajo el título Lecturas Deliciosas en Murcia, sigo manteniendo que los blogs me interesan -como lector y como autor- hasta que no aparezca un formato que me interese más. De hecho, mi atención al blog ha bajado desde que derivo parte del material que considero menos interesante, el que da menos juego, el que requiere más inmediatez y buena parte de las imágenes a otros canales. Si, a esos canales a los que hace un par de años tantos miraban con más o menos desdén y en los que hoy estamos todos. Pero de momento los blogs siguen teniendo lo que tenían: propuestas personales, cosas diferentes, más información de la que habríamos soñado (algún día alguien valorará lo que los blogs locales han hecho y hacen por dar a conocer tantos restaurantes y profesionales que de otra manera rara vez habría captado la atención de los medios).
Es cierto que hay que rebuscar, como en todo, pero en el medio hay cosas realmente interesantes. Uno no baja al kiosco y se lleva lo primero a lo que le pone la mano encima, sin discriminar. Y si lo hace en ocasiones se puede llevar un bodrio de dimensiones más que importantes. En el kiosco uno elige, selecciona, no juzga a los pocos buenos por los muchos malos o sin interés. ¿Y qué decir del bendito mando a distancia? ¿Le quitan las docenas de Jorge Javier Vázquez interés a los documentales de Jon Sistiaga o a las películas de La Sexta 3? ¿No? ¿Es mala la televisión en general solo por alojar, en parte de su parrilla, a parte de lo más cutre, lo más bajo y lo más sucio que podemos encontrarnos cada día amparados, eso si, por profesionales muy profesionales y, en algunos casos, incluso muy titulados? Pues aquí es lo mismo, pero en el ordenador. No es tan difícil, hombre. De verdad que no. solo hay que tener ganas de rebuscar un poco.
Pero me voy por las ramas. La cuestión era que creo que el fenómeno blog no está muerto en absoluto. Por eso creo que no está de más seguir comentando algunas de las cosas novedosas que he visto en él en los últimos meses, porque creo que demuestran una vitalidad y una capacidad de reinvención envidiables por cualquier otro medio. Nota personal: Ojalá la televisión tuviese esa capacidad de reconvertirse en lugar de seguir en caída libre.
Aunque antes de entrar en el asunto creo que es interesante hablar de quién está detrás de los blogs. Más que nada porque ese es uno de los puntos que se han prestado a equívoco y que no pocas veces se han manipulado de manera intencionada. En España, a día de hoy y desde mi punto de vista, hay cuatro tipos de autores de blogs gastronómicos:
- El autor aficionado: aquél que no se dedica a nada relacionado con la gastronomía ni tiene intención de hacerlo y, además, por lo general tampoco pretende profesionalizar su blog. Aquí hay magníficos ejemplos de gente que ha sabido rentabilizar sus conocimientos en otras áreas y que, vistas las cifras de audiencia, han llegado a un público que estaba esperando por ellos. Porque, no lo olvidemos, la gastronomía no es solo alta cocina. Ahí está, por ejemplo, Alfonso o gente como Íñigo, un auténtico descubrimiento que es, para mi, la personificación de cómo los blogs han conseguido que gente con un talento innegable comparta lo que sabe y aquello por lo que siente verdadera pasíón. Poca gente -e incluyo aquí a la inmensa mayoría de los profesionales, sea de la cocina o de lo escrito- hablan de cocina asiática con un conocimiento de causa tan claro como el suyo.
- El autor profesional de blogs: es el que gana dinero a través de su blog y, en muchos casos, ha conseguido hacer de su afición a la gastronomía su modo de vida. Se trata de un modelo de negocio que, especialmente en las actuales circunstancias, me parece de lo más respetable. Un buen ejemplo de esto son, para mi, Mar y Javier, gente que ejerce una labor de difusión importantísima y que, además, se hacen más kilómetros y más noches fuera de casa que nadie, con el añadido (para mi lo es) de que el riesgo económico lo asumen ellos. A día de hoy, si se quiere encontrar una explicación asequible a todos los públicos de infinidad de cuestiones legales o normativas relativas al sector agroalimentario, es en su página y no en la de otro medio ni, por supuesto, en una institucional donde se acabará la mayor parte de las veces.
- El profesional de la cocina que mantiene un blog: cocineros que hablan en él del día a día de sus negocios, de sus platos, de sus participaciones en congresos o de todo eso que no es estrictamente cocina pero que se entrecruza a veces con ella. Quique Dacosta, Ángel León, Francis Paniego, Ana y Quintín (AQ, Tarragona) y tantos otros que ofrecen de esa manera una perspectiva más sobre su forma de enfocar el trabajo.
- El autor de blog que no vive del mismo pero que, gracias a él, ha conseguido trabajar en relación con el sector gastronómico o derivar de él buena parte de sus ingresos: Es mi caso. Y por desgracia es el que más se presta a confusión (o a mala leche, que de todo hay). Somos pocos en España, aunque cada vez más. Y, no, no vivimos de nuestro blog ni venimos a quitarle el trabajo a nadie. Es cierto que el blog nos ha dado a conocer, en algunos casos, pero por lo general no es nuestro medio de vida. El mío no lo es, obviamente. Sigo con mi blog gratuito, sin publicidad y sin posts patrocinados. Ahora bien, después de años escribiendo el blog, tuve la oportunidad de dejar un sector que no me gustaba en absoluto por otro en el que trabajo en lo que me gusto. Obviamente, las dudas me duraron poco y di el salto tan pronto como cuadré un par de cuentas. No soy periodista ni juego a serlo. No soy cocinero ni juego a serlo. No soy crítico (sea eso lo que sea) ni juego a serlo. Soy un gestor del patrimonio cultural, que es en lo que me he formado y en lo que tengo experiencia, que aplica sus conocimientos al sector gastronómico. Así de claro. Y como yo, repito, hay un puñado.
¿El problema de este cuarto apartado? Pues que no perteneces a un gremio y, al mismo tiempo, varios gremios te miran con recelo. Los periodistas (algunos periodistas) creen que vienes a quitarles el trabajo. Desde mi punto de vista si lo que hago en el blog, sin ánimo de lucro, le quita el trabajo a alguien, es que bien poco valía lo que ofrecía. Eso si, es el pretexto perfecto para que antiguas glorias en caída libre te culpen de todos sus males mientras intercalan citas aparentemente cultas y se sacan brillo a las medallas. Es más fácil que mirarse al espejo. Otros, organizadores de eventos, creen que simplemente por montar algo vienes a quitarles el pan de la boca. Como si la reconversión del sector debida a la crisis fuese culpa de los freelance. Son pocos, por suerte. Y por lo general bastante torpes.
Total, que ahí estás tú, intentando vivir de lo tuyo sin segarle la hierba bajo los pies a nadie (algo que diferencia, desde mi punto de vista, a las personas normales de los impresentables), ofreciendo lo que sabes hacer con honestidad (esa palabra que tanto se usa, por unos y por otros) y teniendo serias dificultades para encajar. Para muchos aficionados eres un profesional, para los profesionales eres un aficionado. Me quedo con que llevo en el mismo sitio, en esto de los blogs, desde los 28 y que estos ocho años me han dado más de una satisfacción. Obviamente, no se me puede comparar con uno de 60. O si, si lo hacemos con cuando el de 60 tenía mis años. Pero no es ese el tema del día.
Hecho este alegato, que creo que ayuda a explicar muchas de las confusiones de quien nos mira -con desconfianza- desde fuera, vamos con las novedades interesantes:
REVISTAS Y PUBLICACIONES DIGITALES:
Ha sido el año de la eclosión definitiva. Y ha sido el año, también, de las equivocaciones. Porque creer que una revista digital es, simplemente, digitalizar un modelo de revista en papel es un error. Un error que, además, alimenta esa jerarquización de la que todos nos quejamos, ya que convierte a la publicación online en la hermana pobre, en la manera de editar lo que en papel sería ineditable. Y hay cosas que, por formato, no serían editables en papel y otras que no lo son, sencillamente, por la falta de interés.
Hay, sin embargo, proyectos de revista digital que entienden el formato, que apuestan por él y que no implican en su apuesta una menor calidad sino, simplemente, una alternativa. Es el caso de la Gazzetta Gastronomica, italiana, que no juega a las "revistas de verdad" porque lo es por derecho propio, sin complejos, con el máximo rigor y la mayor inmediatez, sin tener que travestirse. Me da a mi que de mayor no quiere ser una revista con sus páginas de papel y todo, cosa que ojalá pudieran decir todas las propuestas, por muy formalmente rompedoras y malotas que sean, que han aparecido en estos meses.
No es una revista digital, pero nace en buena medida de ahí y de ahí se nutre. Sin que eso le reste méritos a todo lo demás. EnCrudo mira a internet frente a frente, se nutre de él, lo usa para difundirse y para nutrir un proyecto que de otra manera difícilmente tendría posibilidades. Y no por falta de calidad sino por lo heterodoxo de la propuesta.
BLOGS:
José Carlos Capel ha sido para mi, sin ninguna duda, una de las sorpresas del año. Tras un intento frustrado hace unos años, ha comenzado un blog. Y lo hace realmente bien. No interfiere con su trabajo en prensa, ha sabido diferenciar medios y lenguajes, y ofrece contenidos frescos, interesantes y, sobre todo, conversación. Pau Arenós, más recientemente, ha empezado con una propuesta similar que no es ni los textos que escribe en El Periódico, ni sus libros. Es su blog, que es otra cosa. Carlos Maribona será quien tenga que ser mencionado cuando hablemos del primer crítico gastronómico que apostó en España por los blogs de manera decidida, hace ya unos años, pero Capel y Arenós han sabido ver este año el carácter complementario que todo esto puede tener.
Mikel Iturriaga, un fenómeno paranormal si se hubiera dado hace tan solo un par de años, pero que hoy es el ejemplo de inteligencia, planificación y falta de complejos que demuestra que un periodista puede hacer un blog simpático, desenfadado, sin pretensiones de sentar cátedra y no morir en el intento. Y que puede, además, convertirse en un fenómeno de fans y convencer a un gran medio de que vale la pena apostar por ello.
Juan Echanove sabe aprovechar el tirón de su nombre y de su participación en una serie de éxito para hacer divulgación gastronómica de verdad, sin quedarse en los tópicos y en lo facilón, con nombres, con lugares, moviéndose sobre el terreno. Otra grata sorpresa de este año.
PROPUESTAS GRÁFICAS:
Si, es un blog, pero su principal interés está en la parte visual. http://1080fotosdecocina.com/ es un proyecto colaborativo que editorialmente sería inviable y que nace gracias a este dichoso medio. El medio no es el mensaje (aunque algunos se empeñen, como cenutrios, en achacarnos lo contrario), pero en este caso se convierte en la mejor plataforma posible para un proyecto sencillo y de una rara delicadeza.
Dirty Dishes, el último proyecto de Marta, es una pequeña joya recién descubierta. Una de esas cosas que están ahí, sin mayores pretensiones, hasta que algún día venga un suplemento dominical, como ya pasó con Instagram, y descubra la pólvora. Ese día ganará estatus para algunos, pero la calidad y la originalidad están ya ahí.
Y podríamos seguir. Aunque no creo que haga falta. La diversidad de medios, de enfoques y de planteamientos está ahí, un año más. Viene a sumarse (a sumarse, no a quitarlos del medio a codazos) a todo lo que gente tan interesante como los citados Capel, Maribona o Arenós, como Cristina Jolonch, como Fernando Huidobro, Antonio Vergara, Lluis Ruiz, Eufrasio Sánchez y tantos otros hacen en sus respectivos medios. Y ese es el mejor de los síntomas. Todo lo demás, al final, es ruido. Sólo ruido.












