16.10.12

POR JEREZ DE LA MANO DE TIO PEPE

En este mundillo de la gastronomía hay dos ramas que se mueven en paralelo y que de vez en cuando se entrecruzan pero que mantienen, cada una, sus peculiaridades. Por un lado estamos lo que hablamos, escribimos, opinamos o ejercemos de alguna otra manera en relación con la cocina, los restaurantes, los platos y todo lo que los rodea. Por otro lado está la gente que se centra en el mundo del vino. Y si ya es complicado moverte con un mínimo de soltura en uno, no hace falta ni decir lo que supone hacerlo en los dos.



Por eso yo, que me considero un novato absoluto en el mundo del vino, alguien que poco a poco va aprendiendo, que curiosea y que pregunta pero que sigue con la inseguridad del que lo tienen todo aun por recorrer, agradezco tener ocasiones especiales que me permitan aprender un poco más pero, sobre todo, asomarme a lugares especiales, a entornos únicos. No hay mejor manera de aprender.

Y eso fue lo que me permitió la #TioPepeExperience del pasado mes de septiembre: asomarme una vez más a ese mundo fascinante que es el marco de Jerez, conocer desde dentro una de sus grandes bodegas históricas y probar las cosas en su contexto. No se puede pedir más.



Durante 48 horas nos sumergimos de lleno en el mundo de los vinos de Jerez. Y empezamos de la mejor manera posible, en uno de los pagos de las bodegas González Byass a las afueras de la ciudad, con el sol de mediodía de los últimos días del verano, aprendiendo lo básico sobre los suelos de la zona, formas de cultivo, tareas de la viña, etc.  Y pasmándome, una vez más, con esos paisaje mágicos de las viñas jerezanas, con esos suelos blancuzcos y esa luz cegadora que a mi se me hace tan ajena.



Pero si hay algo que me gusta es contextualizar los productos. Y en este caso lo hicimos, acompañando los vinos con una de esas sopas de viña, de jornaleros, tradicionales de la zona, una sopa de tomate aromatizada con hierbabuena que fue uno de los grandes descubrimientos de la escapada.

De allí nos fuimos a tapear por el casco viejo de la ciudad, de lo que ya he hablado en otro post, y a la fiesta de la vendimia que celebraba, al pie de la catedral, la extracción del primer mosto de la temporada: pisa de la uva, bendiciones, banda de música, mozas jerezanas con trajes tradicionales, santos presidiendo la celebración... me imagino que un extranjero no entendería ni una palabra de todo aquello.



Ya anocheciendo, visita a las bodegas. Pasear entre botas firmadas (y dibujadas) por Picasso, Rafael Alberti, Úrculo o el humorista Tono es algo realmente curioso y convierte a las bodegas en un pequeño museo de rarezas artísticas que, aunque solo fuera por eso, vale la pena visitar si se tiene la ocasión.



De nuevo charlas y preguntas sobre los vinos, sobre crianza biológica, sobre el envejecimiento, el papel de las botas en todo esto... probamos un vino de hacia 1900. Toques de madera, casi de barnices, que lo van haciendo difícil. Pero sigue aguantando. Probamos otro, una auténtica reliquia de 1805, denso, duro ya a la vista, muy complicado para beber pero convertido en un auténtico perfume: maderas aromáticas, toques especiados... Son esas rarezas las que te hacen querer saber más.

De camino pasamos por una bodega diseñada por Eiffel. Y ese es otro tema: la arquitectura de las grandes bodegas históricas. No es algo nuevo eso de las bodegas de autor. Y aquí, en González Byass, pasamos de Eiffel al racionalismo de Torroja para acabar cenando en el pabellón decimonónico que servía de lugar de descanso para la familia fundadora.




Más vinos, más sorpresas, presentación de la aplicación para dispositivos móviles que la empresa ha diseñado para proponer maridajes con diferentes cocinas del mundo. Más de 1000 posibilidades diferentes para explorar. Jerez es un mundo fascinante y estar en una de las grandes bodegas, conociéndola desde las tripas, permite asomarse a él mucho mejor.



Visitas al mercado, paseos por el casco histórico, tapéo, cocina tradicional, cocina de los jornaleros. Vivir el vino es eso, vivirlo en su lugar, con sus tradiciones y sus costumbres. Hacerlo de la mano de una bodega como González Byass, con gente como Pepe Ferrer que es capaz de transmitir la pasión por este entorno, y con un grupo de gente que se convierte en un activo más de la convocatoria es un auténtico lujo.

2 comentarios:

Toni dijo...

¡Qué envidia te tengo! ;-). Impresionantes las bodegas del marco de Jerez. Yo habré visitado 6 o 7, entre ellas González Byass, y me encantan, por no hablar de sus vinos únicos que en muchos casos son un auténtico chollo en relación calidad/precio.

Suave como Bizcocho dijo...

La sopa de tomate, que no es sopa de tomate, se llama ajo caliente o ajo de viña, he vivido muchos años en el marco de Jerez y aprendí a hacerla de manos de una hija de jornalero.. está deliciosa.
Estupendo post, aunque reconozco que todo lo relacionado con Cádiz me puede.