Este año, por segunda vez consecutiva, tuve la suerte de formar parte del jurado del concurso de tapas Sevilla en Boca de Todos, coordinado por Horacio Mangas, que en tres años ha conseguido convertirlo en una referencia en la ciudad.
Para mi, que voy conociendo Sevilla poco a poco, es una oportunidad estupenda de saber de sitios nuevos, de moverme por barrios que frecuento menos y de conocer lo que se está haciendo en la ciudad. Así que cuando me propusieron participar en el jurado que se centraría en el barrio de Los Bermejales ni me lo pensé. Es una zona que está a unos 3 Km. del centro y por la que apenas me muevo pero que cuenta con una interesante vida en cuanto a tapeo se refiere.
Mi favorita allí fue la tapa que propuso el Sanbers, llamada Capricho Andaluz. Aunque habitualmente soy de los que piensan que en estas cosas menos es más, en este caso la propuesta, muy compleja, me gustó: salmorejo sin pan en la base, un canutillo de ijada de atún, fresas, sandía, almendra, huevas de pez volador, aceite aromatizado con naranja. Pero el resultado, sorprendentemente, era equilibrado.
Me gustó también mucho la ostra que proponía el Berlín, un local de copas del barrio, y que se servía con huevas de pez volador, algas y acompañada de un gintonic.
Finalmente, de las siete tapas a concurso en el barrio pasó a la final el capricho andaluz del Sanbers. Y yo tuve la posibilidad de estar también en el jurado de la final. Allí se probaron las 12 tapas finalistas, pero se valoró también el servicio de sala de los cinco locales seleccionados. Así que no se trataba solo de probar las tapas y valorarlas. Había que estar pendiente también de la soltura de los camareros, de los errores que podían cometer, de su capacidad para salir de los pequeños aprietos en los que teníamos que ponerlos (preguntarles por los ingredientes de tal o cual tapa, pedir simultaneamente cuatro o cinco bebidas distintas...) y de juzgar cómo se desenvolvían ante dos pruebas fijas para todos: servicio de café y de espumoso. Desde el modo de descorchar la botella a la atención prestada a las copas, todo puntuaba. Me pareció una modalidad muy interesante.
Al final, tras una larga deliberación los 9 miembros del jurado nos pusimos de acuerdo en que la cosa estaba entre dos tapas. Sinceramente, a mi me habría valido con que ganara cualquiera de las dos. Estaban en polos opuestos, en cuanto a concepción de la propuesta, pero me parecieron igualmente acertadas. La primera de ellas, que es la que finalmente ganó el concurso este año, era el capricho andaluz del Sanbers. Una tapa de corte contemporáneo y barroco que compitió hasta último momento con la ijada de atún y su arroz de la Taberna La Sal, del barrio de Santa Cruz. En este caso hablamos de un plato de corte más tradicional y de elaboración mucho más sobria, si bien la técnica para ligar el arroz, empleando la gelatina resultante de la cocción de la pieza de atún, me pareció realmente interesante. Al final, segundos clasificados, que tampoco está nada mal.
Casi 100 tapas participantes, casi 30 ensaladillas concursando en el certamen de la mejor tapa de ensaladilla de la ciudad, 12 finalistas... Me parece que las cifras hablan por si solas del éxito de la convocatoria. A ver qué sorpresas tenemos en la edición del año que viene.


1 comentario:
Yo siempre que he ido a un concurso de cocina me han dicho que soy una papa.
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