Temporada de cambios. En una semana estaré en Galicia. Mientras tanto, nos hemos mudado de casa. Y antes de irnos todavía nos moveremos un poco. En cualquier caso, llevo unas semanas un tanto desconectado y eso se nota. Menos textos en el blog, pero también menos salidas a comer, menos productos nuevos, menos tiempo para leer.
Está siendo una temporada de cambios. La crisis, que hasta ahora hemos ido sorteando (y que dure) se deja ver ya de manera evidente. Y el que diga lo contrario miente. No hablo de balances de cuentas, que cada uno tendrá el suyo, pero si de la sensación de brazos caídos, de la incertidumbre. Nadie lo dice abiertamente, pero todo el mundo está a la espera. Y mientras tanto las actitudes cambian: los clientes llegan de otra manera, las dinámicas de trabajo son diferentes y, si, también a la hora de pagarte las cosas son distintas. Proyectos por los que peleas durante meses se vienen abajo sin explicación aparente y los golpes llegan, cada vez más, de donde menos los esperas.
Conclusión: toca trabajar más, perder menos el tiempo, optimizar; toca acostumbrarse a que las cosas ya no son como eran, a que el margen de manga ancha que antes te daban no existe y a que nada es seguro hasta que está firmado y en marcha (y aún a veces...).
Y eso quita tiempo. Buscas un local que se adapte mejor a lo que ofreces, lo montas, optimizas recursos, redefines proyectos, negocias, vuelves a negociar, ajustas aquí o allá... y produces. Produces mucho. Si de cada diez proyectos antes salían adelante cuatro, ahora acaban por cuajar dos, con suerte. Así que toca lanzar 20, 30 o los que haga falta. Es época de producción, de sentar bases, de desarrollar ideas. Pero sobre todo es époco de no pararse.
Al mismo tiempo me voy replanteando el blog (y las redes sociales): qué escribo, cómo lo escribo, para quién. Qué estoy contando. Cada vez hablo menos de restaurantes. Muchos de los que he visitado en los últimos meses se han quedado en el tintero. No aportaban nada nuevo. O ya había estado y no había mucho nuevo que contar. Hablo de lo que me gusta, de lo que me sorprende (que por suerte son muchas cosas) pero no quiero hacer un catálogo de visitas. Cada vez me aburren más los blogs que hablan de ellos, de lo estupendo que es lo que ellos hacen o a donde los invitan pero que no me transmiten nada nuevo. Cuéntame algo. No quiero la nota de prensa (yo también la he recibido). No me retransmitas en directo la nota de cata que te va dictando la empresa. Eso no me aporta nada. Trabaja un poco, esfuérzate, crea, cuenta, transmite lo que vives. Una foto de un plato acompañada de un "Guau!" no sirve de nada.
No quiero ser un crítico, no quiero escribir una crónica más. Otra crónica más. Quiero hablar de experiencias, hablar de mi -a veces de mi en tal o cual restaurante-. Lo de "estoy nosedónde con nosequién" ya no me vale. Y los blogs hablando de lo duro que es tener un blog, de los problemas éticos que conlleva también me aburren. Y creo que a los lectores también. A veces está bien, pero en exceso cansan.
Busco cada vez menos al que me cuenta la experiencia exclusiva que el lector nunca va a tener. De vez en cuando lo acepto, todo entretiene, pero me interesa mucho más encontrar productos, lugares, hablar de algo que me ha conmovido y que está ahí para quien quiera disfrutarlo. Y, si, a veces tengo la suerte de participar en alguno de esos eventos exclusivos. Entonces intento contar mi experiencia allí. No soy una marca, no soy un anuncio. El día que lo sea esto se habrá acabado. No transmito notas de prensa, intento transmitir sensaciones.
Leo, escucho. Y mucho de lo que veo no me gusta. No conseguimos transmitir. No siempre. Muchas veces somos simples altavoces promocionales que cada vez llegan menos lejos y que, mientras tanto, están quemando el soporte. Cuatro hashtags simultáneos de otros tantos eventos "exclusivos" que no aportan contenidos y que dejar al lector fuera no sirven de nada. Las agencias (y las marcas) han entrado a saco a por ese filón y nosotros nos estamos dejando. Se cansarán pronto porque lo que les estamos dando (mayoritariamente) no es rentable. ¿Qué comunicas? ¿Para qué? ¿A quién estás llegando? ¿Qué le estás aportando? No lo estamos haciendo bien. Nos hacen caso porque salimos baratos y porque entramos a cualquier trapo que nos pongan delante. Lo pagaremos. Como profesional, pero también como blogger, me preocupa. Y me genera muchas dudas.
Así que esa es la razón de que lleve una temporada poco conectado. Entre lo que hay que trabajar ahora y lo que toca trabajar para los próximos meses el tiempo escasea. En julio tenemos proyectos ilusionantes, en agosto también y en el otoño asoman ya ideas que nos tendrán, una temporada más, moviéndonos por toda España. De Galicia a Aragón, de Andalucía a Castilla, si todo va bien.
Mientras tanto, en los pocos ratos libres, va siendo ya hora de ir tomando un aliño o un salpicón en Bajo de Guía, unas tortillitas de camarón Casa Balbino (Sanlucar) o de explorar los guisos marineros de la Bahía de Cádiz. Ahí un gallego como yo, que cree que lo sabe todo sobre el pescado, tiene mucho que aprender. No es sea mejor o peor lo que aquí se encuentra, pero es distinto: raya con naranja amarga, majados con almendras y pan frito, guisos con romero, adobos con comino, frituras impecables. Toca ponerse al día.
Conducimos sin prisa entre Jerez y Trebujena, entre viñedos y campos de trigo ya dorados. Descubro un interesante vino de Lebrija al que no se puede llamar fino por esas cosas de las denominaciones de origen. En unos días estaré bañándome en el lago de Sanabria y poco después en la Ría de Muros. Pero mientras tanto sigo revisando libros, tomando notas, explorando el nuevo barrio, conociendo nuevas tabernas. Ayer descubrí una panadería con buenos panes de hogaza. Y sigo trabajando en nuevos proyectos. El primero verá la luz en menos de un par de semanas.
Un casi soliloquio gastronómico
Hace 1 día


5 comentarios:
Respeto, como no podía ser menos, tu decisión de no hablar de restaurantes pero es una pena. Gracias a tus post he visitado algunos que de otra manera probablemente no hubiera conocido.
Toni:
No renuncio a hablar de restaurantes, pero si de cualquiera o de cualquier visita. He vuelto a restaurantes en estos meses y he decidido no escribir porque no había nada nuevo que decir. Y he ido a algún otro, nuevo para mi, que no me dijo nada.
Cuando voy a alguno que me interesa lo cuento, como hice hace unas semanas con Echaurren. Pero renuncio a contar cualquier visita que no me diga demasiado. Y últimamente esas son muchas. Me estaré haciendo mayor.
Saludos
Comparto muchos de los comentarios que haces, Jorge, y muchas de las críticas (y autocríticas) que propones. Lo hemos comentado recientemente y era la base de una de mis líneas de argumentación: algunos se dejan muy, demasiado fácilmente. Y puede que eso signifique pan para hoy, pero será hambre seguro para mañana.
Estuve el otro día en una presentación del método de trabajo que sigue para sus puntuaciones la Guía Peñín. Se trata de un hermoso harakiri: por lo menos a mis ojos. Total transparencia la suya, para decirte que deciden a voleo y a simple husmeo la puntuación de un vino. "Esto huele y sabe a 89" (sic!). Escribiré sobre ello porqie se merecen una opinión sincera a un ejercicio de transparencia nada usual en una empresa, Peñín, que ahora mismo emplea a 15 personas y factura 1,5M€ al año. No es poco para los tiempos que corren en un negocio editorial del mundo del vino.
Pero a lo que iba: en esa sesión, dos compañeros bloggers del vino se enorgullecían de que ellos NO gastaban un euroe en vinos. Siempre bebían gratis. Y yo les dije, sin más, "pues qué pena porque sólo bebéis lo que os dicen que tenéis que beber".
Así van las cosas. No se trata ya de que quedemos los que quedamos de aquellos que empezamos (recuerdo bien la charla de Manolo Gago en Girona, Fòrum gastronómicp penúltimo, cuando sintetizaba, cual vate griego, las edades en la vida de un blog). Se trata de que los que están ahora no saben dónde van en su inmensa mayoría. Y se están plegando, tanto enoblogs como gastroblogs, a los cantos de sirena que les van a dar vino gratis o cuatro eurillos a cambio de vender une pequeña alma que no va a durar ni dos días en el purgatorio de la tal empresa.
Hay que reinventarse cotidianamente, Jorge, si uno quiere tener voz y espacio en la red.
Un abrazo y buena estancia en tu tierra. Pronto voy a soltar la tercera entrega de mi Iter Gallaicum. Y sí, hablaré de restaurantes que me gustaron mucho.
Saludos,
Joan
¡¡¡Honestidad!!!
Eso es lo que falta en el mundo de la gastronomía en este país.
Honestidad y rigor.
Si todos los que se dedican a hablar o escribir de gastronomía, lo hiciesen solo por las emociones que les transmite un restaurante, un producto, una elaboración culinaria o la limpieza de un local... nuestra profesión sería mucho más respetada.
Absolutamente de acuerdo con el post.
Muy interesante lo que cuentas. Sin haber seguido tu trayectoria en el blog (hace poco que lo visito) ni conocerte bien, se aprecia a la legua tu honestidad y tus principios como bloguero. Sigue así.
Publicar un comentario en la entrada