17.1.12

LA RESERVA DE ANTONIO


Torremolinos es, en el imaginario de la mayoría de los españoles, uno de los ejemplos clásicos del urbanismo salvaje de los 60 y 70, torres de apartamentos comiéndose prácticamente la arena de la playa, calles estrechas más propias de un ensanche de periferia de una gran ciudad que de un lugar de veraneo, hoteles baratos de calidad discutible en muchos casos, viajes organizados... No digo que la realidad responda a este tópico -aunque en buena medida lo hace- sino que esta es la imagen que suele tenerse.

Y confieso que entrar en la ciudad, enorme para lo que uno se espera, en un anochecer de invierno, con ese aire casi fantasmal de los grandes núcleos turísticos en temporada baja y casi todo cerrado salvo algunos pubs ingleses, no ayuda a deshacerse de esa idea preconcebida. De todos modos, al llegar a la Plaza del Remo, en la playa de la Carihuela, se encuentra uno con un local que rompe con todos esos tópicos.

La Reserva de Antonio es el último establecimiento que se ha unido a una cadena muy popular en Málaga y provincia y que tiene en La Reserva 12, en la capital, su buque insignia. Se trata de un restaurante que aspira a servir cocina marinera y producto local de calidad, sin más. Y en mi opinión, visto lo visto, lo consigue más que de sobra.

Local muy amplio, distancia entre las mesas, decoración de corte marítimo (tonos azules y blancos, detalles marinos...) y una zona de barra en la que picar. Allí arrancamos con un poco de jamón Joselito, al que no le voy a poner adjetivos porque creo que sobran, alguna tortillita de camarón, aceitunas, etc. Todo con una copa de champagne Andre Clouet. Del resto de la bodega, dado el tiempo pasado desde la cena, siento no acordarme.

Ya en la mesa empezamos un auténtico festival de cocina malagueña del mar, una auténtica exhibición de producto fresquísimo y de recetario sencillo perfectamente ejecutado.

Las gambas, cocidas y a la plancha, perfectas, firmes, enteras, sabrosísimas. Me quedo con las cocidas, que mantienen su sabor más intacto, aunque no le hago ascos a ninguna de las dos preparaciones.

Después llegaron los boquerones, también magníficos. Ir a la costa malagueña debería ser sinónimo de una buena fritura de boquerones pero, todos lo sabemos, ese tipo de clásicos sencillos basados en la frescura del producto no siempre son fáciles de encontrar. En este caso, fritura impecable, no excesiva (se ve bien en la foto), nada aceitosa, crujiente pero finísima, dejando que domine el sabor del pescado.


Y a continuación los salmonetes. Soy un fan declarado del salmonete del Cantábrico, el de roca, de tamaño mucho mayor, y había probado los del Mediterráneo en otras ocasiones, pero estos se llevan la palma, sin duda, con ese sabor profundo pero suave del pescado fresquisimo y con un tamaño perfecto para comérselos enteros, cabeza incluída -con su sabor más potente- en los ejemplares más pequeños. Fritura igualmente ligera y poco aceitosa (en la blonda de los platos puede verse el poquísimo aceite sobrante).


Pequeña pausa en el capítulo marino del menú para tomar unas alcachofas con jamón, estupendas de punto, todavía ligeramente firmes, aunque con un poco de vinagre de más para mi.


Y llegó una de las especialidades de la casa, una lubina salvaje a la sal que se saca entera a la sala, donde se rompe la costra y se porciona. Dos ejemplares enormes, limpiados de manera impecable por los camareros. Soy gallego, con familia de las rías. No es fácil impresionarme con una lubina. Pero aquí lo hicieron. En el punto exacto, jugosa, potente, acompañada por unas estupendas patatas al vapor y por unas verduras en juliana.


Para finalizar la fiesta, la chuleta de vaca, que les llega directamente del País Vasco. Muy bien de punto y plena de sabor, aunque reconozco que la que preparó Mikel Zeberio a continuación estaba todavía mejor.

Selección de postres tradicionales, vinos dulces, más champagne, copa de Talisker y charla hasta la madrugada. Pero esa es ya otra historia.


¿Precios? En este caso fui invitado, así que no puedo concretar, pero el precio de una comida media a la carta en este restaurante rondará los 40-50€ más bodega. Evidentemente la lubina y las gambas encarecen, y las raciones de fritura no son especialmente baratas si se comparan con lo que se puede encontrar por ahí, pero desde mi escasa experiencia en ese terreno puedo decir que la diferencia de calidad justifica más que de sobra la diferencia de precio.

La Reserva de Antonio me ha parecido el sitio perfecto para quien quiera probar unas buenas gambas, una estupenda fritura o una soberbia lubina a la sal. Puede sonar sencillo, pero ¿Quién puede recomendar un sitio que sirva estas cosas, aparentemente simples, y que garantice frescura y calidad al nivel que lo hacen aquí?



4 comentarios:

Gemma Ramos dijo...

Hola Jorge como malagueña decirte que me ha gustado mucho tu descripción de la cocina marinera de ese restaurante. Puedo recomendarte otros, si vienes por aquí, en Málaga capital donde a precios bajos tomarás unas buenas raciones de pescado fresco.Mi último descubrimiento el bar instalado en las instalaciones del Mercado del Carmen (en pleno barrio del Perchel), raciones abundantes y pescado exquisito a precios bajos.

Un saludo
Gemma Ramos
http://cocinandodesdemalaga.blogspot.com/

Jorge Guitián dijo...

Gracias Gemma:

Me apunto tu propuesta y te preguntaré cuando vuelva.

Saludos

El Oteador de los Mercados dijo...

Viendo todas esas delicias los ojos me están haciendo "chirivitas" de emoción.

Konishywa Panque dijo...

Como ya bien lo dices, las cosas más sencillas son las más difíciles de lograr, y que en la simpleza radica la complejidad.

Me gustó mucho la entrada.

http://cicciogourmet.blogspot.com/