Por casualidad el otro día volví a hacer noche en Coimbra. Volví a dejarme los pulmones subiendo por Quebracostas, a pasear por la zona de la universidad o a lo largo del río. Lo de patinar al elegir restaurante para la cena, una trampa para turistas, si que fue nuevo: la demostración de que el turismo a gran escala va llegando también aquí con los daños colaterales que conlleva. Restaurante Calado e Calado (si ellos no tienen escrúpulos en intentar sacar 10€ suplementarios yo tampoco tengo problema en dar el nombre y recomendar mantenerse lejos), para que conste.
Pero el tema no es ese. De lo que quería hablar es de la imponente tradición de repostería de origen conventual que mantiene Portugal y que en la zona centro (eje Alcobaça-Coimbra) sigue viva y presente en cafeterías, pastelerías y hasta areas de servicio de autopistas. En España tenemos también todo un recetario conventual sorprendente, pero por desgracia no siempre es bien conocido y, además, suele resultar difícil de encontrar más allá de los muros del convento donde se elabora tal o cual especialidad. En Santiago, sin ir más lejos, se pueden probar estupendos almendrados, pero hay que ir a comprarlos al torno de las monjas de Belvis. Y lo mismo podría decir de galletas, pastas, bizcochos, etc. En Portugal también hay mucho de eso, pero conjugado con obradores que venden versiones, por lo general bastante fieles, al público que va a merendar o a tomar un café acompañado por algo dulce en cualquier pueblo.
Como era la primera vez que Anna visitaba esa zona del pais hicimos una inmersión completa, de lo más sencillo a clásicos locales, como demuestran las imágenes. Y no es que yo sea un gran conocedor, pero si que me he interesado por las distintas especialidades en viajes anteriores lo suficiente como para ir conociendo algunas cosas básicas.
Empezamos por los bolos de arroz, un clásico de los desayunos de cafetería, sencillo, sin más pretensiones, la versión local de una madalena, con la peculiaridad de la adición de una parte de harina de arroz en la elaboración de la masa. Siempre que entro en Portugal por la mañana paro a tomarme un café con uno de estos.
Pasteis de Tentugal, originarios de un pueblo cercano a Coimbra, donde se preparan al menos desde el S.XIX. Son una especialidad única por la delicadeza de la masa de finísimas láminas que recubre el relleno de yema, que recuerda a una pasta filó. Son uno de mis favoritos.
Ovos moles. Otro de mis favoritos y una receta más de origen conventual. Son el clásico entre los clásicos en la ciudad de Aveiro y no son muy fáciles de encontrar más allá de unas decenas de kilómetros a la redonda desde esa localidad. Coimbra, por suerte, está aun dentro de los límites. Siempre me sorprende que con tan poco se consiga tanto.
Queijadas. Son uno de los grandes clásicos de la repostería tradicional portuguesa, especialmente en la zona centro-sur. Son célebres las de Oeiras, las de Sintra o las de Évora, aunque en zonas más al norte también hay pueblos con bastante tradición en su elaboración, como Murça. La primera queijada del viaje, bastante normalita, la tomamos en un área de servicio cerca de Abrantes. La segunda, mucho mejor y del estilo de las que he probado en otros viajes en Sintra, ya en el centro de Coimbra.
Allí mismo probamos una variante nueva para mi, las queijadas de Pereira, una localidad cercana a Coimbra en cuyo convento se desarrolló esta versión cubierta de masa también por su parte superior.
Continuamos la degustación con un pastel de nata al estilo de los del Belem, aunque hay que decir que un tanto menos refinado, ya sea por el tamaño, más grande, o por la crema del relleno.
Finalizamos con una barrigas de freira (barrigas de monja, en español), otro dulce conventual tradicional de la zona, de origen incierto y multitud de variantes, que es como una empanadilla de masa rellena de una pasta de yema y almendras.
Y podríamos haber continuado, porque la verdad es que los expositores de las pastelerías resultan de lo más tentador en esta ciudad, pero incluso yo tengo un límite y pasando apenas 12 horas en la ciudad creo que nos fuimos con una idea representativa y, sobre todo, asumible de lo que se puede encontrar allí.
Dormir en Salamanca
Hace 2 días


4 Comentarios:
Una vez más Jorge, nos regalas un post interesante, y además para mi soorprendente, por hablares de una forma tan involucada, de mi cultura gastronómica... me hiciste hechar de menos alguna de la mejor respostería portuguesa: os pastéis de nata! Aunque los mejores son sin duda, os "Pastéis de Belém" :)
So unha curiosidade; si por se acaso te dá a "moriña" dos Bolos de Arroz, poides atopálos eiquí en Santiago, na "miña" rúa, na panadaría das Casas Reais... ;)
Estás hecho un especialista, la verdad es que yo no era nada golosa y desde que vivo en Portugal aprecio mucho más los dulces, también hay que reconocer que no son nada complicados de hacer aunque son peligrosos, te puedes convertir en adicto.
Besos.
oh yum yum! These desserts looks so good. I'm not to familiar with Portugese goodies, but I could sure get used to them very quickly.
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