19.3.11

LA COCINA O SE PIENSA O NO ES COCINA


En los últimos días se me han ido juntando algunos temas que por casualidad me han ido haciendo pensar, cada uno por su lado, en cuánto de reflexión tiene que haber en la cocina.Creo que la cocina debería tener una base de reflexión en todos sus ámbitos, desde la producción hasta los distintos niveles culinarios (tapas, cocina tradicional, alta cocina, innovación). Creo que las crisis son un buen momento para pararse y pensar. Y lo son porque suscitan cambios, lo cual suele estar bien, pero también huidas hacia delante, lo cual ya no es tan positivo.

Cocinar es, de alguna manera, transformar animales, vegetales y minerales en pensamiento, afirma Quique Dacosta en su blog. La frase, sacada de su contexto, puede parecer altisonante en exceso, pero es así de sencillo: la cocina o se piensa o no se piensa. Y, como en todo, si se piensa es mejor. Pensarla es no dejar nada al azar, conocer los productos, sus orígenes y sus implicaciones (medioambientales, económicas, etc.), la estacionalidad, decidirse por el uso de una técnica o de otra en función de los resultados, de la componente estética, del estilo, de la viabilidad económica, del dónde y para quién se cocina. De pronto ya no hablamos solo de materias primas sino que estamos hablando de implicaciones sociales o económicas, de opciones estilísticas, de cómo alguien se posiciona respecto a la materia con la que trabaja así que, si, ya no hablamos solo de productos, sino de productos intelectualizados mediante el proceso culinario.

Y ahí entra una segunda frase que leía esta mañana en otro lugar. P. Regol habla en su blog de la verborrea pseudointelectual que a veces se encuentra en las ponencias. Y es verdad, ha habido mucho de eso, mucha pose y mucha cocina del discursito, parafraseando a David de Jorge (que con esa definición acuña, en mi opinión, uno de los más demoledores -y más realistas- conceptos que he visto por escrito en años). Y, las cosas como son, hay que ver el daño que han hecho. También ha habido mucha sferificación, mucho sifón y mucho petazeta suelto por los postres de medio mundo, pero eso no desacredita a las técnicas, sino a quienes las usan sin criterio.

Y con la parte intelectual de la cocina defiendo otro tanto: se puede hacer cocina del discursito o se puede tener una cocina con un discurso teórico real. O al menos intentarlo en la medida de las posibilidades. Y esto lo defiendo aquí y donde haga falta. Pero espero que no se me entienda mal: para mi no hay cocina más intelectualizada y con más discurso que la cocina tradicional, la que ha sabido adaptarse a un territorio y a una cultura, entiende los productos y las técnicas para manipularlos, utiliza la tecnología a su alcance y la modifica en la medida de las posibilidades para conseguir nuevos resultados.

Pienso en una leche cuajando arrimada a la lumbre (si eso no es cocina a baja temperatura...), en todos los tipos de trébedes, gramalleiras y demás artefactos para acercar un puchero o una parrilla más o menos al fuego en función de las necesidades, en el uso tradicional de las algas en Irlanda para gelificar. Pensar en utilizar el contenido del estómago de un animal para cambiar el estado físico de un producto o hacer que se disocien sus componentes (o, dicho de otro modo, hacer queso a la manera tradicional) levantaría más de un grito al cielo si se propuesiera desde una cocina con departamento de I+D y cocineros vestidos de blanco de los pies a la cabeza. Y no son técnicas casuales sino fruto de un proceso consciente de búsqueda de técnicas. Un proceso que se extiende en el tiempo y que tal vez no tiene un apoyo teórico evidente, pero que si que se integra en una sociedad y en una cultura y, es más, la modifica. La forma de comer también moldea otros aspectos de la vida. Y eso, desde mi punto de vista, tiene una carga teórica evidente.

Que una cocina tenga un discurso detrás no es malo, que persiga unos objetivos teóricos tampoco. Al menos no en abstracto. La sferificaciones no son malas en si misma. Es malo, si acaso, el uso que se pueda hacer de ellas. Y con la parte conceptual pasa otro tanto. Una cocina medida, reflexiva, con los pies en la tierra me parece irreprochable. Una cocina vacía, que busca argumentos teóricos para llenar sus huecos cae en el terreno del "discursito". Y esa es la que hace daño.

Yo no creo que estemos ante un cambio de ciclo en ese sentido. Es cierto que desaparece algún referente y que la ocasión se ha aprovechado para alegar una vuelta a no sé muy bien qué principios. Personalmente me parece que lo que hay, más que eso, es una adaptación a una situación que nos ha pillado a todos por sorpresa, pero que, incluso así, seguirá definida por la diferencia entre quien lo haga con argumentos y quien se suba a la ola a ver si vende. La cocina, ahora como hace dos años, o se piensa o no es cocina. Y pensarla supone planificarla, entenderla y, por supuesto, ser capaz de desarrollarla, ya sea desde un restaurante hiper-tecnológico o dedicándose a la cocina más tradicional.

Por eso me gusta que citas como Diálogos de Cocina (en la imagen, distribuida por la organización) se fijen en esas cuestiones que no son estríctamente culinarias, que resultan tangenciales pero decisivas; que Pascal Barbot, uno de los grandes cocineros franceses actuales, sea capaz de elaborar un discurso propio y, más aún, de comunicarlo; que Quique Dacosta asuma que actuar sobre un ingrediente es actuar también sobre su carga conceptual. Me parece que cerrarse en solo lo contrario, en que la cocina es simplemente cocina, no solo es muy limitado sino que, sinceramente, sería muy triste.

13 Comentarios:

Anónimo dijo...

Era previsible el retorno a la conceptualización de lo tradicional y se veía venir hace al menos cinco años, antes de que la gente descubriese que el rey estaba desnudo... Pero en esa conceptualización, tan cuca ella, parece que faltan dos elementos: el contexto sociológico, creador de atmósfera intelectual y conceptual, y el aspecto convivial. Una vez más, verdades a medias para halagar a maestros que dictan, desde su cálidas cátedras mediáticas, sólo levemente forradas de cocina de sudor y cuchillo, las normas. Probablemente la cocina es algo más que pensamiento, aunque sin duda sin pensamiento no hay cocina, sólo alimento. Pero, por favor, no hagamos pensadores oficiales a gente frecuentemente iletrada, cuyo pensamiento depende a menudo de lecturas brfeves y apresuradas o aún más de la mercenaria crítica o guía que se encarga de proclamar la "verdad". Nos sobran, en expresión de Savater, "pensadores del pienso". Nos faltan pensadores y sobre todo gente que tenga la humildad de los grandes cocineros, franceses, españoles, de antaño, que se definían como obreros de la cocina, aunque eran algo más. Pero no tanto como artistas e intelectuales capeces de hacer escuela de pensamiento y estética sin el concurso de bien engrasadas rotativas.

Juan de Elche dijo...

O se dan nombres y apellidos o esto cada vez se parece más a una actuación de Gila. "Alguién a matado a alguién...".
¿Quién sí puede usar "peta-zetas" y quién no puede usarlas en sus platos?.

Inés Butrón dijo...

No teneis empacho intelectual???:

http://atable.es/?p=494

Por cierto, a alguien le ha gustado mi referencia al Rey Desnudo.
un saludo.

Inés Butrón

Anónimo dijo...

No me puedo creer que ni usted, ni Dacosta, se pongan a "filosofar" o a hacer antropología de saldo, tras haber leído "Cocinar hizo al Hombre" de don Faustino Cordón (1999!), o, por ejemplo, "Catching fire. How cooking made us human" del profesor Richard Wrangham, en Harvard, (donde algunos cocineros españoles van a "enseñar"). Supongo que no antropología...
Por favor, no me invite a leer frases como "Esta alquimia otorga al hombre su esencia".
Zapatero (que no se enfade don José-Luis) ¡a tus zapatos! O como decían en el XIX: "Cuisinières à vos pièces!", remedando con intención grotesca la voz militar -Cela dixit- "Canoniers à vos pièces!".
Señor propietario, le leo y conozco su probada cultura, y espero sepa disculpar este pequeño ejercicio de erudición, con la intención de advertir a navegantes sin rumbo...
Suscribo, además, el comentario de Anónimo 1.

Gourmetdeprovincias dijo...

Juan de Elche:

Yo creo que está claro, son técnicas que puede usar cualquiera que las utilice con sentido. De la misma manera que ocurre con las técnicas pictóricas, escultóricas o cinematográficas. No todo el mundo las emplea de la misma manera ni todo el mundo las acaba de entender, lo que acaba por restarles interés.

Como sabes, en este blog no soy muy partidario de dar nombres de gente que hace mal las cosas, así que me centro en quien creo que las hace bien. ¿Quién puede usar peta-zetas?. Yo creo que ese es un ejemplo anecdótico y una de esas técnicas con menos recorrido. Pero hablando de otras técnicas más interesante ¿Quién puede usarlas (cocción al vacío, gelificantes, destilaciones...)? Pues en primer lugar, sin duda, quien las ha desarrollado. Y, a partir de ahi, quien las sepa usar. Así de simple. En cocina, como en música, hay recursos que pierden totalmente el sentido si se utilizan solo como elemento escénico.
Pero no hace falta que ponga ejemplos basados en mi experiencia: si has probado alguna de esas técnicas en varios restaurantes en unos la habrás visto mejor resuelta que en otras. De eso se trata.

Gourmetdeprovincias dijo...

Anónimo:

Entre "cocinar hizo al hombre" "How cooking made us human" y "esta alquimia otorga al hombre su esencia" no veo grandes diferencias más allá de las estilísticas.

En cualquier caso, mi texto no pretende hacer antropología, sino un análisis cultural de base. Lamento haber dado una sensación equivocada. Lo que defiendo es una concepción culinaria de la cocina como algo más que el trabajo físico sobre los alimentos. Me interesa la cocina en cuanto está relacionada con la cultura, con la tradición y con los modos de vida. Y es por eso por lo que la cita que menciono de Dacosta, como el encuentro de San Sebastián me resultan especialmente interesantes.

Un saludo

Gourmetdeprovincias dijo...

Inés:

Gracias por el enlace. No comparto tu opinión, en lineas generales, pero me parece muy interesante. Creo que tener distintos puntos de vista sobre el tema es una ventaja.

Un saludo.

Anónimo dijo...

Con el debido respeto manifiesto que hasta ahí podíamos llegar: que entre los textos de los sabios Cordón y Wrangham y los de Dacosta sólo haya diferencias estilísticas. Lamentará haber dado una sensación(?) equivocada, pues procure no hacerlo, porque lo entiendo como una absoluta banalización.
En cuanto a su “análisis cultural de base” no entiendo a qué disciplina recurre para hacerlo: podría ser antropología filosófica, no? De todos modos vamos a dejarnos de divertimentos blogueros porque si le interesa la cocina en cuanto está relacionada con la cultura, con la tradición y con los modos de vida y como algo más que el trabajo físico sobre los alimentos… eso es precisamente lo que viene haciendo el hombre desde el neolítico, por lo menos.
Deduzco que no leía a INÉS BUTRÓN, un fallo, aunque no se puede llegar a todo. Sin embargo IB le lee a usted y firma, con razón.
Ah, sí, a David de Jorge hay que tenerle respeto, se lo ha ganado, y porque, además, puede lanzar un “trabucazo” de cuidado…
Inés Butrón, lo del “Rey desnudo” lo hemos leído desde niños o adolescentes, vía Andersen, o El Conde Lucanor. A mi Anónimo 2 también me ha gustado.
Por cierto, en los blogs existe algún inconveniente en citar a otros que han escrito obras o post previamente?
Saludos.

Gourmetdeprovincias dijo...

Anónimo:

Lamento no haberme explicado bien. Obviamente, mezclar el ámbito investigador con el culinario sería un error, y es por eso por el que no meto a Cordón y a Dacosta en el mismo texto. Por el primero siento una admiración que hace años que hice pública a través de este blog; por el segundo, considerando que se trata de un cocinero (no alguien del ámbito académico) y además autodidacta, siento también una gran admiración en el sentido de que, pese a ello, ha sabido intuir cuestiones que están más allá de la práctica culinaria.

A lo que se refería mi afirmación es a que las tres citas manejan una misma idea de partida: la cocina es uno de los hechos diferenciales de la especie humana. Cada uno lo expresa de su manera y en su ámbito. Obviamente, la comparación no iba más allá.

Respecto a los otros temas, a Inés Butrón la leo, aunque igual con la frecuencia con la que debería hacerlo, desde hace tiempo.

Y en cuanto a la disciplina desde la que enfoco el texto, que no pretende ir más allá del simple apunte de unas ideas genéricas sugeridas por una serie de textos muy diferentes, es la mía. Es decir, no pretendo hacer un análisis riguroso de la cuestión, pero no puedo evitar ser historiador del arte y que uno de los temas en los que más me he centrado a lo largo de mi carrera sea el de las implicaciones estéticas de las diferentes manifestaciones artísticas, tanto aquellas consideradas artes mayores com aquellas otras que entran en un terreno más discutibl y sin duda más polémico.

De todos modos, no pretendo hacer un estudio estético en profundidad. Ni este sería el lugar ni yo, probablemente, la persona adecuada.

A David de Jorge le tengo un gran respeto, aunque cuando hemos discrepado lo hemos hecho de manera abierta sin ningún problema. Y en cuanto a lo del rey desnudo, aplicado a este mismo caso, hubo una encendida polémica en el blog de Santi Santamaría hace más de un año.

En cuanto a lo de las citas en los blogs, en este post en concreto se cita a tres autores (con link a la fuente). Y esa es la práctica habitual al menos en este, donde literalmente hay cientos de citas a otros blogs y referencias bibliográficas expresas. Es el caso de la obra de Faustino Cordón, sin ir más lejos.

En cuanto a su afirmación respecto a la cocina y el neolítico, entramos un terreno realmente complejo, ya que si bien existen evidencias de práctica culinaria desde el paleolítico superior, lo cierto es que asociarlas a prácticas culturales de otra índole resulta más complicado, salvo que entremos en cuestiones mágico-rituales que, también en este caso, están mucho más allá de mis objetivos en este blog.

Saludos

Philippe Regol dijo...

Hola Jorge, Como puedes imaginar últimamente no he entrado mucho en los blogs, pero hoy me he asomado al tuyo y te quería dar las gracias por las palabras simple amables que tienes para mi blog.
Me ha gustado este post sobre el “discursito”. De acuerdo sobre el reconocimiento de
la cocina como lenguaje, conjunto de signos "significantes" que el observador gastronómico, critico o cronista tiene que decriptar pero últimamente , como lo dices, se nos ha ido un poco "la pinza"...Ph.R.

Inés Butrón dijo...

Efectivamente, se nos ha ido "la olla" y podemos empezar a caer en el ridículo más espantoso, o en una falta de ética. En los tiempos que corren no se puede alardear de experimentos culinarios sin herir sensibilidades. Evidentemente, en todos los ámbitos hay despilfarros que claman al cielo -justificados o no con reflexiones más o menos intelectuales-, pero el hambre sigue existiendo y hay que ser muy escrupuloso con este tema si no queremos tener a toda la opinión pública encima nuestro . Y con razón:
http://atable.es/?p=525

Inés Butrón dijo...

Efectivamente, se nos ha ido "la olla" y podemos empezar a caer en el ridículo más espantoso, o en una falta de ética. En los tiempos que corren no se puede alardear de experimentos culinarios sin herir sensibilidades. Evidentemente, en todos los ámbitos hay despilfarros que claman al cielo -justificados o no con reflexiones más o menos intelectuales-, pero el hambre sigue existiendo y hay que ser muy escrupuloso con este tema si no queremos tener a toda la opinión pública encima nuestro . Y con razón:
http://atable.es/?p=525

hampers dijo...

Thats very interesting way of looking at cooking. It is a very artistic slant on food.