
Hemos dejado el país y hemos tomado el barco. Esta frase de Nietzsche fue uno de los símbolos de la actividad cultural en Europa, y muy en especial en Alemania, tras la I Guerra Mundial. En un país en ruinas, económicamente quebrado y con la moral desaparecida se daban las condiciones para que, en todos los ámbitos, se intentara partir de cero y construir algo mejor. Y el terreno cultural no fue una excepción. La segunda oleada de expresionismo o la Bauhaus son buenos ejemplos de cómo esa situación fue el caldo de cultivo para nuevas manifestaciones.
Del caos existente solo se podía salir avanzando. Y avanzar suponía aceptar la situación y plantearse transformarla, adoptar nuevos principios, asumir la técnica y la tecnología como algo beneficioso y, sobre todo, plantearse transformar la sociedad, convertirla, también mediante el arte, en algo mejor y más justo. La Bauhaus se planteaba que hasta una alfombra debía ser reflejo de su tiempo y aportar algo para mejorar el mundo.
Y lo mismo pasó en la cocina. En 1926 la arquitecto austríaca Grete Schütte-Lihotzky diseño la que hoy se conoce como Cocina Frankfurt, una cocina concebida para ofrecer la mayor comodidad en el mínimo de espacio, con costes asumibles y pensada para la vida moderna; una cocina apta para los pisos de las clases trabajadoras que facilitase la vida de las amas de casa y que usaba para ello los avances tecnológicos y de diseño. Se instalaron 10.000 solo en Frankfurt. Y por primera vez se puso de manifiesto que la cocina no tenía por qué ser una estancia de servicio sino que podía ser un lugar cómodo, una parte más de la casa pero que, sobre todo, era un lugar de trabajo y como tal tenía que ofrecer las mejores prestaciones.
Todo esto hoy suena poco sorprendente. Pero en 1926 y propuesto por una mujer en una Alemania que empezaba a dejarse querer por el nazismo la cosa era muy distinta. Algo tan simple como los elementos de almacenamiento en una cocina suburbana de clase humilde podía aspirar a transformar el mundo. Que Schütte-Lihotzky fuese luego una militante anti-nazi y posteriormente una comunista convencida no es casual sino, más bien, una evolución casi lógica.
Esta temporada el MOMA le está dedicando a la Cocina Frankfurt una exposición en la que se analiza esta pequeña joya del diseño como lo que es, un hito en la historia de la cocina contemporánea, una de esas aportaciones silenciosas que pasan desapercibidas pero que aportan mucho más que tantas otras que ocupan portadas y titulares.
Dormir en Salamanca
Hace 1 día


3 Comentarios:
Me encanta. Hace ya cinco años (cómo pasa el tiempo) estuve en Londres visitando una exposición en el Victoria&Albert Museum (qué grande es y qué poco lo conoce la gente) sobre lo que los anglosajones llaman "Modernism" (nada que ver con el "modernismo" en españa, que se usa más para los edificios de Gaudi y otras mamarrachadas por el estilo). Y allí estaba la cocina Frankfurt, entre otros muchos elementos de aquel gran cambio:
http://www.vam.ac.uk/vastatic/microsites/1331_modernism/highlights_18.html
En ese link, justo debajo de la foto, hay links a un vídeo sobre la cocina. Igual ya los habías visto, pero bueno.
Pace e gioia!
Sir A. W.
Si me empiezas citando a Nietzsche, ya me tienes pillado...
Los edificios de Gaudí una "mamarrachada"????? Increíble.
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