La última vez que publiqué un post a estas horas fue hace prácticamente un año. Se ve que noviembre me desvela. Entonces escribía desde un hotel en San Sebastián. Hoy lo hago desde Sevilla, pero a no demasiados días de salir de nuevo hacia Donostia. Hace un año me preocupaba darle un cambio de tono al blog y sobre todo la eterna disputa periodistas-bloggers. Hoy no sé si he conseguido cambiar el tono general de lo que publico, aunque algo si que es verdad: ahora publico menos. Respecto a la disputa en cuestión, he arrojado la toalla. Quien ha querido entender que bloggers y periodistas no estamos en bandos opuestos lo ha entendido ya y quien todavía se resista tengo serias dudas de que llegue a hacerlo así que, para qué perder el tiempo y la paciencia.
Lo que si ha cambiado desde entonces es mi modo de ver muchas cosas. Entre ellas los blogs. Y entre los blogs también el mío. He pasado por una cierta sensación de desencanto general que confieso que no me ha dejado de todo. Soy ya de los veteranos en esto de los blogs gastronómicos (los hay más antiguos, más influyentes y mejor hechos, que no me quiero apuntar tantos que no me corresponden), en cualquier caso lo suficiente para haber pasado por la mayoria de las fases por las que, según voy viendo, parecemos pasar la casi todos. He creido que los blogs serían la salvación para lo que se escribe sobre gastronomía. Se me ha pasado. He pensado que es un sector amateur, en el que todos estábamos por amor al arte y en el que era necesario no solo ser honrado sino también parecerlo (y empeñarse en demostrarlo permanentemente). También se me ha pasado. No lo de la honradez, se entiende, sino lo de creer en la buena fé de todo el mundo. He dejado de autojustificarme o de justificarme ante no sé muy bién quién por aquello de excusatio non petita... y porque, lo reconozco, llega un momento en el que uno, no sé si por la edad o por cualquier otro motivo, se vuelve un descreido difícil de reconducir.
También he dejado de creer que ganar dinero con un blog, o a partir de un blog o de cualquier otra manera relacionada con el mismo sea algo intrínsecamente perverso. Allá cada uno con lo que haga y cómo lo haga. Yo, por mi parte, sigo sin ganar ni un céntimo a partir del mio, porque no quiero. Pero en este tiempo he empezado una aventura profesional que en buena medida nace del blog aunque de un modo directo no tenga que ver con él. Y aqui estoy, tan tranquilo. Y feliz, además.
He seguido frecuentando restaurantes muy interesantes, aunque cada vez escribo menos sobre ellos. No son ya la parte que más me interesa de esto del blog. Y lo siento por quienes buscan aquí esa información. La seguirán encontrando, aunque más dosificada.No soy un cronista gastronómico ni pretendo serlo. Hago lo que me divierte y en este momento esa no es la parte que más lo hace. Así de simple.
Tengo pendientes un montón de posts. Algunos sobre estupendos restaurantes (como el Gastromium de Sevilla), otros sobre productos y, por supuesto, muchos sobre mis temas de cabecera: tradición y modernidad, gastronomía y estética y otros temas de esos que a los que vuelvo de manera recurrente. A veces el trabajo y a veces la desgana me hacen irlos acumulando. Pero irán apareciendo, poco a poco. De momento no pienso en arrojar la toalla. Son muchas las satisfacciones que me ha dado este blog, más de las que hubiera imaginado, así que pretendo seguir con él bastante tiempo.
Hoy he vuelto a asistir a un congreso gastronómico, aunque fuese de dimensiones reducidas, y he visto que mi punto de vista sobre ellos también ha cambiado. He encontrado -he creido encontrar- aire fresco. Muchas de las voces eran las de siempre (Quique Dacosta, Francis Paniego, Dani García, Ángel León...), gente a la que he escuchado en muchas ocasiones y a la que, sin embargo, he oido hoy cosas nuevas. Otros eran gente más modesta, propuestas locales que no siempre tienen cabida en eventos de estas características y que, pese a ello, me han parecido un interesantísimo soplo de aire fresco.
Será eso lo que me tiene desvelado, el exceso de cansancio. O el montón de platos que he podido ver (en algún caso probar), o las charlas, o todo lo que viene ahí, en los próximos meses... Sea lo que sea prometo no escribir otro post a estas horas al menos en los próximos doce meses.
Taller Dolcitalia, postres italianos en Sevilla
Hace 19 horas


5 Comentarios:
No te cortes hombre, con lo que mola despertarse leyéndolos!!
:-P
Fíjate, algunos periodistas nos hemos convertido en bloggers también como alternativa a lo que solemos hacer... yo ya tengo dos y todo.
Tenía ganas de saber de ti y pensé que antes de llamar seguro que me enteraba por aquí de tu paradero.
Pronto café con actualizaciones.
Alejandro:
Pues café y actualizaciones cuando quieras.
Muy interesante posto, como siempre.
Uy, no hay que dejarse amilanar por el entorno, Gourmet. Yo comparto la "filosofía" de la que hablas, y me parece que sí, a veces puede entrarnos el bajón, pero un blog personal y sin ánimo de lucro, je, je, creo que hay que tomárselo precisamente así, con la libertad de escribir de lo que le apetezca a quien lo escribe... Y de lo que muchas veces no tiene cabida en los medios convencionales.
Venga, yo te he descubierto no hace mucho, pero disfruto mucho con lo que escribes y con tu estilo...
Un abrazo y ¡ánimo!
Ah, y duerme; se por propia experiencia los estragos que provoca la falta de sueño, je, je...
Publicar un comentario en la entrada