
Foto de Annalibera
Fueron, como en ocasiones anteriores, casi cuatro días de auténtica locura con ponencias desde las diez de la mañana hasta las ocho de la tarde, charlas, encuentros de pasillo, comidas rápidas, cenas, copas y reencuentros. Días en los que intentas aprovechar el tiempo al máximo, no perderte nada, ver a todo el mundo, estar en cada ponencia y en cada mesa redonda. Al final asumes que eres humano y que no puedes con todo, así que acabas seleccionando.
Y este año, además de en muchas otras cosas, me centré en los visitante neoyorquinos al congreso. Nueva York era el territorio invitado, al igual que el año pasado lo fue Japón, y eso permitía ver sobre el escenario a algunos cocineros no demasiado habituales en este tipo de eventos en España. Por otra parte, el boom gastronómico que ha vivido Nueva York en la última década me hacía sentir mucha curiosidad por lo que estos cocineros podían aportar. Por si con esto no hubiera suficiente, la organización me invitó a moderar junto a la periodista Tana Collados un debate con algunos de estos cocineros (David Bouley, que finalmente no pudo participar, Wylie Dufresne, del WD-50, y David Chang, de Momofuku. En la imagen).
¿Mis conclusiones? Es complicado sacar conclusiones a partir de tres o cuatro ponencias y un debate no muy largo, peor aun así tengo la sensación de que hay algunas líneas maestras que se pueden destacar:
- La cocina en Nueva York es, fundamentalmente, un negocio: Uno de los grandes aciertos del congreso fue, en mi opinión, no traer solo a cocineros. De hecho, la ponencia de Drew Nieporent, socio capitalista de Nobu y empresario del sector que ha abierto más de 35 restaurantes en los últimos 25 años, me pareció de lo más interesante. Además de hacer un recorrido por los últimos 40 años de historia de la cocina en Manhattan hizo algo que aquí es muy poco habitual: hablar de dinero, de cifras, de rentabilidad. El pragmatismo estadounidense aplicado a la cocina frente a un cierto idealismo europeo. La cocina no solo es un negocio, pero es en buena medida una cuestión afectada por la economía, así que no está de más hablar de esos temas con la claridad con la que Nieporent lo hizo.
- Lo anterior, que me parece abiertamente positivo, tiene un lado que me gusta menos. La sensación que tuve en algunos momentos, sobre todo en el debate, es que temas que aquí en Europa nos preocupan y nos parecen obvios allí les suenan un tanto extraños. Asuntos como la influencia francesa, el panorama culinario estadounidense en su conjunto (tendencias generales, perspectiva que desde allí se tiene de Europa), el trasfondo cultural de la cocina, etc. Por momentos tenía la sensación de un personaje de Lost in Translation, hablando de cuestiones que aquí están permanentemente en el debate y que ellos no acababan de entender o, al menos, de ver como fundamentales para sus negocios.
Es cierto que Wylie Dufresne es un buen conocedor de la vanguardia española, pero mi sensación -es posible que me equivoque- es que en muchos casos no profundiza en ella y se queda en recursos técnicos o estéticos. No lo sé. Siempre es complicado sacar conclusiones con tan pocos elementos de juicio, pero esa fue mi sensación.
- La influencia casi omnipresente de la cocina asiática y más en concreto de la cocina japonesa. A pesar de que uno tiende a relacionar esa tendencia con los años 90 y en el caso neoyorquino con la llegada de Nobu, lo cierto es que tres o cuatro de los cocineros utilizaron alguna versión de un caldo dashi, Chang preparó una variante del katsuobushi, hubo ajos negros por el escenario, etc.
- El inmenso peso que sigue teniendo allí la cocina francesa. No solo a través de Le Bernardin, Le Cirque, La Cote Basque y otros restaurantes de alto nivel, sino a través de algunos de los cocineros estrella, como Thomas Keller, Jean Georges, Daniel Boulud o David Bouley que, o bien son franceses, o bien se formaron en Francia. No olvidemos que dentro de las generaciones más jóvenes Dufresne trabajó años con Jean Georges, Chang con Boulud...
- Los ingredientes fetiche, que siguen siendo de los clásicos y de los costosos: foie, caviar, trufas, etc. Supongo que la influencia de la alta cocina francesa (no necesariamente la más vanguardista) tiene mucho que ver y que, por otro lado, la clientela manda. Y estoy convencido de que en Nueva York mucha de la clientela de este tipo de restaurantes está dispuesta a gastar cantidades inmensas de dinero pero en productos que sean símbolo de estatus.
- En relación con lo anterior, la escasa presencia en las ponencias del producto americano. Más allá de los ramps (una especie de puerro silvestre del sur de Estados Unidos) que trajo Dufresne, creo que no hubo nada netamente norteamericano. Y fue una lástima, porque creo que una de las grandes bazas de la cocina de ese pais es, por ejemplo, la variedad de pescados y mariscos del Pacífico. Me hubiera gustado ver algo más de reivindicación de ese tipo de ingredientes. Por otra parte, si que hubo una reivindicación del producto ecológico y de la producción responsable, pero luego esto no necesariamente aparecía plasmado en unos platos que, como decía, estuvieron dominados en muchos casos por foie y caviar.
- La impermeabilidad general a las tendencias más comunes en Europa. Casos como el de Dan Barber (que no estaba) o, en menor medida, el de Wylie Dufresne son pequeñas rarezas dentro del panorama general. La tónica está más en una cocina afrancesada, de corte más clásico o bien en una actualización más informal de una cocina de fusión de clara raiz asiática que arranca de finales de los 80 o de los primeros 90. Keller o Boulud representarían el primer caso, Nobu o Chang el segundo.
Es curioso, en definitiva, cómo parecemos mirarnos desde lejos y como con cierto recelo. Unos y otros tomamos cosas puntuales del otro, pero parece que vamos más por libre de lo que yo imaginaba. Me sorprendió mucho la desvinculación de la mayoría de los presentes de la vanguardia culinaria europea, ya sea la española, la nórdica o cualquier otra. Y me sorprendió también la falta de un discurso teórico de fondo en el ejercicio de cocina que pude ver. La sensación es que para ellos -al menos para la mayoría- la cocina es un negocio, una forma de ganarse la vida, y desde ese punto de vista les interesa dominarla técnicamente y, sobre todo, dar con la fórmula que le interese al cliente. Cada uno desde su formación y sus intereses, claro, pero sin que en general parezca haber un sentido de pertenencia a tal o cual corriente, un intento de que la cocina sea algo más. No lo sé, igual estoy jugueteando con ese eurocentrismo que suelo criticar, pero esa fue mi sensación.
En cualquier caso, me pareció realmente interesante poder llegar a estas conclusiones, equivocadas o no, a través de las palabras de los propios cocineros. La verdad es que después de estos días puedo decir que mi visión de la cocina neoyorquina es diferente. Ni mejor ni peor, pero si distinta.
Descubriendo la gastronomía alicantina
Hace 4 días


8 Comentarios:
Bueno, posiblemente puede establecerse paralelismos entre su insularidad en lo gastronómica con la que mantienen en lo político, en lo cultural... No creo que sea una cuestión de eurocentrismo, en pocos diarios norteamericanos verás secciones de internacional como las que tenemos aquí, pocos ciudadanos de cultura media te podrán citar escritores de fuera de sus fronteras (como mucho, algún otro angloparlante)... Es la aplicación a la cultura de la Doctrina Monroe, esa que sostenía que los asuntos de fuera de los USA no eran cosa de los americanos. http://es.wikipedia.org/wiki/Aislacionismo
(Y perdón por el rollo...)
Mar:
Es que lo curioso es que la percepción que yo tenía era otra. Es cierto que aquí nos llega información sobre todo de los más inclinados hacia Europa, como Dufresne o, en Chicago, Achatz, o bien de esos otros más dados a la fusión (como Chang), pero la verdad es que hay todo un sector de cocineros como Keller, Jena Georges, Boulud, Bouley... que son de escuela francesa, pero de alta cocina más clásica (casi diría que pre Nouvelle Cuisine) que, sin embargo y pese a esa evidente filiación francófila, se consideran New American Cuisine.
Lo curioso es, por un lado, que cuando vienen a Europa no vienen con producto americano, sino que se basan en producto de la alta cocina clásica europea (creo que eso no es un acierto) y que, además, cuando hablas con ellos hay como un cierto desinterés (como norma general. Habrá excepciones, claro) hacia cuestiones más teóricas. La sensación es que cuando les preguntas por esos temas lo primero que les viene a la cabeza es "si, vale, puede ser pero ¿qué tiene que ver eso con mi restaurante? Lo que me interesa es que la gente entre por la puerta y haga cola para conseguir reserva. Todo eso que me comentas está muy bien, pero mi negocio no va por ahí". Ya digo, simplificando mucho. En el debate se hablo, por ejemplo, de Adrià o de Bras, pero la imagen que me quedó es que en ese sentido su visión es mucho más pragmática que la europea.
En este sentido, puede ser también un ejemplo el show de Gordon Ramsay y su pesadilla en la cocina.
Aunque sea escocés, creo que ahí actua exáctamente como comentas cuando compone las cartas: mira que restaurantes hay alrededor, busca un nicho libre y eso es lo que cocinan. No le he escuchado ninguna teoría filosófica sobre porque cocinar una u otra cosa. Sencillamente aquí hay negocio y vamos a por ello.
Lo primero que hay en un restaurante antes que la cocina, e incluso que el edificio, es una sociedad mercantil o una personalidad jurídica del propietario con fines mercantiles...El Derecho define claramente las sociedades mercantiles como organizaciones sociales "con ánimo de lucro" ... algunas vedettes de los fogones se olvidan de que son empresarios antes que cocineros. El beneficio comercial no es malo en sí mismo, de hecho un negocio económicamente sano es fiable y proyecta esperanza de futuro.
es que teneis que tener en cuenta que la visión de restaurante en Europa y EEUU es totalmente distinta.
En Europa, nos guiamos por restaurantes "con sentimiento", que aporten más que una buena comida, de ahí los grandes templos gastronómicos franceses, españoles, etc. en EEUU eso no pasa, a un sitio se le considera bueno cuando está lleno continuamente, y si para eso se necesita hacer agresivas campañas de marketing, publicitar con un famoso al lado, etc. se hace, se toma como parte del negocio, porque no es mas que eso, un negocio para ganar dinero. No existe el cocinero romántico que anhela tener su pequeño restaurante para dar de comer explicando su postura y filosofia culinaria, allí se monta un restaurante para poder montar otro, y otro, y otro, y desplazarme de uno a otro en un Porsche o un Hummer porque soy un empresario de éxito.
tampoco se esmeran mucho en emplear sus productos autóctonos, (los tienen y muy buenos), los pescados y mariscos del pacífico, las carnes de la zona de Texas, etc. es más fácil formarse en cocina clásica francesa y "copiar" su historia, que crear la propia, lleva demasiado tiempo y generaciones.
A mi no me dicen nada ninguno de ellos, proyectan esa imagen de cocinero-empresario sin demasiados escrúpulos ni principios, para, no todo vale con tal de alcanzar el éxito.
Además, y ahondando en la sociología de salón, está todo el tema de la ética protestante y el capitalismo, el rollo este de que tu éxito en tus negocios es un reflejo de tu fe y tu capacidad de trabajo. Si se relee el "Confesiones de un chef", de Bourdain, más allá de todo el discurso de sexo, drogas, rock'n'roll, lo que trasciende es que el factor económico tiene una trascendencia muy superior a ningún otro. Quizás sea también por eso que hemos hablado alguna vez: es como si mayo del 68 nunca pasara por las cocinas de los USA, con lo que, como dice Anónimo, la consideración del cocinero como autor no se da.
A ver!!! Bourdain es un chef que hace tiempo dejó de cocinar para dedicarse a showbusines, pero claro, el hombre se lo curro entre fogones. Pero Eric Ruper si es un chef e prestigio, es no de los pocos chef humildes que conosco. Y su comida a falta de ser algo super elaborado, es sencilla y sublime.
Ootro chef, grande pero 100% desordenado es Susur Lee, una de las mejores cocinas de fusión que he probado.
En América tenemos cosas buenas, a pesar de no estar en la madre Europa.
No entiendo por que molesta el sentido mercantl que tienen los americanos, si El bulli da pérdidas, entonces donde está en sustento de la alta cocina.
Alta cocina, es diversión para el chef siempre que pueda permitirselo.
¿Quién ha dicho que el restaurante El bulli da pérdidas?
Este año 2010 declararon de ganancias más de 80.000 euros. y esas ganancias son netas, pues si por ejemplo están pagando un local o grandes inversiones estas están incluidas en los gastos.
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