
Los gallegos tendemos a creer que en cuestión de mariscos y productos del mar en general tenemos siempre la última palabra. Y puede que la tengamos en muchas ocasiones, pero en cuanto a langostinos y gambas se refiere lo cierto es que no. Ahi tenemos, en mi opinión, que escuchar a los que saben, que probar y que aprender. Me lo han demostrado las gambas blancas de Huelva, los langostinos de Santa Pola que probé en La Ereta, los de Palamós que tomamos en El Celler de Can Roca o la gamba roja de Denia que nos ofreció Quique Dacosta.
Así que cuando el Ayuntamiento de Vinarós me invitó a participar como miembro del jurado del Concurso Nacional de Cocina Aplicada al Langostino de Vinarós el pasado mes de septiembre ni lo dudé. Ahí se combinaban varias cosas que me apetecían: reencontrarme con gente como Juanjo Roda, que ejerce de embajador sin cargo de la zona y sus productos, los amigos de Gastronomía & Cía., que eran parte de la organización y un largo etcétera; probar un producto difícil de encontrar y de muy alta calidad; conocer una zona en la que no había estado...
Y a todo esto se unía un último aliciente no menos importante. De la mano de la gente de Olleta de Verdures (bloggers y sin embargo amigos ;-) )teníamos la oportunidad de acercarnos a conocer Ca Massita, un horno histórico de la localidad, con más de un siglo de existencia, en el que descubrimos recetas habituales de la zona, completamente desconocidas para mi y, lo que me pareció aun más interesante, otras recetas históricas practicamente desaparecidas y que la gente de Ca Massita no solo ha recuperado, sino que se ha preocupado de divulgar a través de un recetario recientemente editado. Pasar un rato con ellos, escuchando historias sobre las recetas, la vida en la panadería y cómo todo eso encuentra su sitio en un negocio actual fue una de las grandes experiencias del viaje, sin ninguna duda.
Pero no quiero desmerecer con esto a la organización del concurso que me llevó hasta allí. Gracias a ellos las poco más de 24 horas que pasé en el pueblo se convirtieron en una degustación constante de langostinos, preparados de todas las maneras imaginables, y de visitas interesantes: desde la lonja, donde asistimos a la subasta de pescado, al recién rehabilitado mercado, el paseo marítimo, etc. La joya de la corona, en todo caso, es el soberbio Santuario de Nuestra Señora de la Misericordia, que domina la llanura costera desde una colina a unos kilómetros del centro. Un ejemplo de arquitectura barroca mediterránea, colorista y al borde del exceso (incluso tuve la suerte de poder colarme en el camarín de la Virgen, algo permitido a muy pocos. Pero, eh, alguna ventaja tenía que tener ser historiador del arte), en cuyas caballerizas, además, tuvimos la suerte de poder disfrutar de la cena de gala servida por Luis Arrufat, antiguo miembro del equipo de El Bulli y actualmente en el Casino de Castellón. 
De todos modos, y más allá de la degustación pura y dura de langostinos(en la cual me sigo quedando, pese a todo, con las clásicas preparaciones a plancha o cocidos), seguramente lo más interesante de la visita fuese todo lo que aprendimos sobre el ecosistema del Delta del Ebro, ya no solo en relación con el langostino (que también) sino en cuanto a la producción de arroz, de almejas, de aceite procedente de olivos milenarios, alcachofas y un largo etcétera.
Reconozco que lo desconocía prácticamente todo respecto a las condiciones necesarias para la existencia de una población de langostino de calidad, así que me sorprendió saber que la escasa salinidad del agua marina en la zona del Delta (debida a la aportación del Ebro), la existencia de importantes bancos de arena, la aportación de materiales orgánicos transportados por el río y una temperatura templada del agua con escasa fluctuación a lo largo del año convierten a la zona en un lugar de características difícilmente repetibles, lo que explica la excepcionalidad de los langostinos que allí se capturan.
Un lujo de visita que me descubrió no solo un producto (del que ya había oido hablar pero del que ahora puedo opinar en primera persona y con cierto conocimiento de causa), sino también una zona poco conocida y a la que vale la pena acercarse.
16.11.10
LANGOSTINOS DE VINARÓS
Lo firma
Jorge Guitián
a las
01:34
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1 Comentarios:
Fuá, que grande!
Joer, me has bloqueado con el post i no sé que decir. Sólo se me ocurre decirte gràcias!
Bueno, si, otra cosa: hasta pronto! Ya sabes que en Ca Massita te esperan /esperamos para continuar aprendiendo juntos...
Un abrazo, amigo! ;-)
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