A Epernay se llega desde Paris por una autopista monótona que atraviesa durante un par de horas paisajes muy similares. Pero al cruzar el Marne la cosa empieza a cambiar y comienzan a verse grupos de árboles hacia el sur. Cerca de Reims se deja la autopista y la carretera se interna en el Parque Natural de la Montagne de Reims, atravesando kilómetros de bosque. De pronto, sin previo aviso, el paisaje se abre a la Côte des Blancs y ahí todo cambia. Hasta donde llega la vista se extienden parcelas de viñedos por las laderas y en medio aparecen algunas aldeas: Hautvilliers, Cumieres, Moussy...
El hotel no puede ser más tópico. Y seguramente por eso me encanta. Habitaciones con tela de flores en las paredes, un comedor que se abre a un jardín (de estilo francés, claro) con macizos de rosales, fuentes y un cesped perfecto. La comida continúa con los tópicos: mousse de salmón, ensalada de canónigos, salmonete sobre sus higados encebollados, terrina de foie, jamón de Bayonne. Todo muy informal, en plan picoteo, pero francés hasta el túetano. De vuelta en la habitación, antes de salir, un cuenquito con macarons.
Nos trasladan directamente a los viñedos de Moet et Chandon, al sur de Epernay. Allí, en medio de parcelas de Pinot Blanc hay un pequeño chateau en medio del bosque. Inmediatamente me recuerda al Moulinsart del Capitan Haddock. Nosotros nos quedamos a un par de kilómetros, en medio de miles de cepas en las que esa tarde empieza la vendimia. Y he tenido la suerte de poder participar en este acto en el que, además, se van a dar toda una serie de circunstancias fuera de lo común. La primera de ellas es que en esta inauguración de la campaña participará la actriz Scarlett Johansson, imagen actual de la marca. Y de pronto, cuando estamos ya todos metidos entre las hileras de espalderas, recogiendo un puñado de racimos y haciéndonos las fotos correspondientes (reconozcámoslo, no todos los días participa uno en la vendimia en Champagne. Y mucho menos en las propiedades de una maison historica), hay un revuelo de fotógrafos y gente que se arremolina.
Tardo en verla. No es muy alta, todo hay que decirlo, pero allí está, apenas a un par de metros. Reconozco que en persona tiene algo que hace que entiendas eso de la fotogenia y aquel tópico de personas a las que la cámara adora. Sesión de fotos de rigor y le endosan una cestita y una tijera de podar. Tengo a Scarlett Johansson vendimiando apenas a unos pasos. Creo que si en ese momento me pinchan no sangro. Y no es que fuese un fan incondicional de ella antes de aquel día pero, caramba, uno no se ve en una de estas todos los días. Acabamos la tarde sentados al sol, tomando un Moet Vintage Rosé en medio de los viñedos. Absolutamente decadente, lo sé, pero el momento tuvo su encanto.
Al anochecer nos llevan al centro de Epernay. Nos enseñan el Hotel Moet, el antiguo palacete de los propietarios originales de la bodega, y nos trasladan a los jardines. Allí, al pie del arbol de los tres emperadores, charlamos un rato, seguimos probando variedades de champagne y acabamos bromeando con uno de los camareros, que había estudiado unos años en Valencia y se hizo cargo del grupo de españoles.
Y cuando creía que la cosa no podía dar más de sí nos bajan a las galerías. 28 Km de túneles excavados bajo la ciudad desde el S.XVIII llenos de botellas históricas. Han apagado las luces y solo unas velas en el suelo nos van indicando el camino. Está claro que se han propuesto impresionarnos. Y conmigo lo consiguen. Al dar una esquina nos encontramos con otra sorpresa más. En la Galerie Imperial, inaugurada para Napoleón y solo abierta en ocasiones muy especiales, han instalado una mesa luminosa de 70 metros de largo. Puedo decir que he cenado en la misma mesa que Scarlett Johansson. No creo que sea necesario entrar en detalles sobre a qué distancia estábamos uno del otro, exactamente.
Con la cena, continúa el desfile de champagnes míticos. Me quedo con la boca abierta con un Rosé Imperial 1990, una gozada que no se encuentra en tiendas (y que aunque se encontrara me temo que estaría por encima de mis posibilidades). Nos sirven un pescado (de río ¿Lucio?) con crema de acederas. Me gusta mucho más el segundo plato, un guiso de buey y bogavante con nabos y puerros tiernos.
Para el postre nos suben a una galería superior, decorada un poco como un club nocturno. Alli descubro que los macarons no solo me gustan, sino que me fascinan. De los helados, el de pimiento rojo me parece excesivo. Me gusta mucho más el de jengibre. Me encuentro un poco fuera de sitio entre algunos famosos franceses, modelos, prensa que persigue a Scarlett Johansson -que cumple con su papel, hace acto de presencia, aguanta un rato y se marcha-, pero disfruto del momento. No hay demasiadas oportunidades de verse en algo como aquello.
Nos retiramos pronto. A la mañana siguiente hay que darse un madrugón indecente para volver a Paris. Y antes aun queremos parar a ver unos viñedos de Pinot Meunier. Apenas 24 horas en Francia en las que me asomo por primera vez a lo que supone una casa mítica de champagne y a todo un mundo de lujo, fiestas y famoseo que, lo reconozco, no es lo mío pero que no deja de tener su gracia, visto así, desde fuera. Me quedo, en cualquier caso, con la copa de champagne al sol en los viñedos, con las vistas del chateau y con la posibilidad de haber vendimiado -aunque fuese una vendimia de cartón piedra- en los terrenos de una de las propiedade míticas de una de las zonas vinícolas míticas del mundo. Que me quiten lo bailado.
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Hace 2 días


8 Comentarios:
Que maravilla de post Jorge... !!
Una crónica evocadora, pero este año no te tengo envidia porque he podido participar también en una vendímia. Sin ese glamour, claro. Pero el glamour ni lo tengo ni lo necesito.
Aunque la escena decadente del rosé al atardecer sí que me despierta una punzada de envidia.
Y tampoco estaba Scarlett.
Pero a riesgo de recibir más de un comentario sarcástico...para mi esta chica es un caso de OVERRATED total.
Ya, si, pero es lo que pienso.
Cosas tipicas y tópicas querría hacerlas yo todos los días, je, je
starbase; muy de acuerdo en el tema Scarlett.
Un saludo.
Fantastico Post y envidia total.
No se como sentirme al pensar que, con lo que disfruto de estos vinos, lo peor de la vendimia que describes me pareció el propio champagne, y no solo porque Moet no sea precisamente de mis favoritos...
Me recuerda a esa descripción de James Bond (por cierto, amante del Dom Perignon) como "un agente decadente de una potencia occidental corrupta". Viva la decadencia.
Saludos!
Y pa llevar maleta, ¿no necesitas a nadie?. Vaya envidia insana me recorre los túetanos.
Lo de los viñedos ya genera gusano de envidia. Pero lo de las cavas y la Johansson, los convierte en mariposas y los echa a volar.
Espero verte pronto en Santiago.
La Scarlett podía haber ido a la peluquería antes. ;-)
Hace usted unos comentarios interesantes, pero decae en la frecuencia. Por favor, no siga la línea de otros blogs y no se deje vencer, si es posible. Nos interesa la reseña de un profesor que sabe de lo que habla ( a veces patina, como hacemos todos). No se desanime, colega.
Gracias por el comentario. En absoluto me desanimo respecto al blog, simplemente en esta temporada cuento con algo menos de tiempo para el blog. Espero poder volver a retomar el ritmo en cuanto me sea posible.
Un saludo
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