12.9.10

SABORES DEL VERANO


El de 2010 ha sido un verano atípico por muchas razones. No ha habido viaje ni días en la playa, ha tocado quedarse trabajando, aunque eso ha propiciado un par de desplazamientos que también han dado su juego y, por lo tanto, también las rutinas culinarias de estos meses de agosto se han visto modificadas respecto a las de otros años. De todos modos, al igual que en veranos anteriores, ha habido toda una serie de visitas y sabores que se quedan ahí, en el recuerdo, y que creo que vale la pena reseñar.

Ha sido el caso de ese escabeche de jurelitos de mi madre que es para mi uno de los sabores del verano desde que tengo memoria y que este año tomamos en Porto do Son, uno de esos platos con los que he crecido, que ya mi abuela preparaba antes que mi madre y que ahora mi hija esta aprendiendo a disfrutar (y cuya receta tengo ya en mi poder, por cierto). Un plato que asocio irremediablemente al verano, seguramente porque es ahora cuando el pescado azul está en su mejor momento y cuando, en consecuencia, la receta sale como tiene que salir. O de esos caramuxos (bigaros) que son otro de los sabores que relaciono con el mes de agosto, acompañados generosamente (para algunos excesivamente) con laurel y con los que, de niños, nos entreteníamos intentando sacar la carne del animal con un alfiler. Este año los probé de esa manera, pero también en una estupenda tapa llamada Mar que la gente del Garum presentó a la tercera edición del concurso Santiago(é)Tapas. Dos visiones completamente diferentes de un sabor de esos que me transportan un par de décadas hacia atrás en el tiempo.

Y continuando con los sabores del mar tengo que hablar también de los estupendos berberechos de Rianxo, cocinados apenas al vapor, que tomamos en Pandemonium (Cambados), una auténtica delicia que, en mi opinión, demuestra que este humilde molusco está a la altura de otros mucho más codiciados y mucho más caros. Pero no todo es mar en el verano. Está, por ejemplo, la curiosa tortilla de pimientos de Padrón de la Taberna Vikinga (Catoira) o, por mencionar algo mucho más sencillo, el sabor de los tomates que en estas semanas venden en el mercadillo de mi pueblo y que me recuerdan, aunque solo sea por una temporada, que los tomates tenían aroma, que son una explosión de sabor en la boca y que esos otros que consumimos durante todo el año comparten con ellos únicamente el nombre.

Pero este verano ha sido también época para los cócteles. Desde el gintonic del madrileño Gin Club al estupendo Dry Martini del Gimlet de Barcelona, sin olvidarme del Tom Collins con Bourbon del Milano, también de la ciudad condal. Y siguiendo con sabores de estos meses tendría que mencionar también el curry verde de ternera del Bagkok Café (Barcelona), los desayunos con manteca colorá en Sevilla o hasta un riquísimo pan de Friol (Lugo), elaborado con trigo del pais, que todavía pude probar ayer.

Sabores de una temporada que gastronómicamente suele quedar a la sombra del otoño y que, en mi opinión, tiene al menos tanto como éste que aportar.

3 Comentarios:

Anónimo dijo...

amigo gourmet, supongo que te refieres al verano de 2010.
Saludos

Gourmetdeprovincias dijo...

Obiviamente. Corregido, gracias.

Saludos

sampedro dijo...

Comparte esa receta de escabeche...por dios....:-)...

Lo de los tomates es "asín"...los del mercado de abastos y los de mondoñedo, nada que envidiar a eses raf de nueva generación....