12.9.10

EL BULLI, LA LIBERTAD CREATIVA Y EL CÓDIGO ABIERTO


Es curioso esto de la cocina contemporánea. Por no saber, no sabemos ni cuando situar su inicio, que para unos está en Careme y La Varenne y para otros en Escoffier. Así que si nos cuesta situar sus orígenes, mucho más nos costará ir delimitando sus etapas o su evolución. O lo que es lo mismo, ahí entramos en un terreno en el que hay opiniones para todos los gustos, por lo que esto no pretende ser más que la mía.

Para mi, desde un punto de vista evolutivo, hay cuatro grandes saltos en la creación de la cocina contemporánea (entendiendo por tal la posterior a la del antiguo régimen): una fase inicial representada por los mencionados Careme y La Varenne, que partiendo del sistema culinario anterior empiezan a sistematizar métodos; una segunda etapa, de conformación definitiva, ejemplificada por Escoffier, quien codifica el sistema que regirá la cocina durante prácticamente un siglo; una tercera etapa en la que la Nouvelle Cuisine supone una puesta al dia del código escoffieriano, adaptado a las necesidades de la sociedad de finales del S.XX, y una última revolución que nace en El Bulli y que puede ejemplificarse con el libro El Sabor del Mediterráneo (1993).

Es un esquema de mínimos, reduccionista si se quiere, en el que se quedan fuera muchas cosas que, aun siendo importantes, tal vez no tuvieron el eco trascendental de esos cuatro hitos pero que, aun así, merecerían nombrarse: la Nueva Cocina Vasca y su esfuerzo por adaptar el esquema de la Nouvelle Cuisine a la tradición gastronómica vasca; la revolución de lo ecológico y lo local de Alice Waters y sus seguidores en la bahía de San Francisco (el interés reciente de Charlie Trotter por el crudismo, sin ir más lejos, no está totalmente desvinculado de ese fenómeno); la reivindicación de las cocina regionales en la europa posterior a los años 60 (el éxito del libro French Provincial Cooking en el Reino Unido, por ejemplo); la revolución de la cocina televisada (de Julia Child a Keith Floyd, Oliver, Stein, Barry Vera, Nigella, America's Test Kitchen,Ramsay, Arguiñano, José Andrés, o los programas de Gambero Rosso), eclosiones creativas más o menos aisladas como la de Josep Mercader en Cataluña, la influencia de la cocina japonesa en occidente, el boom de las cocinas de América del Sur (especialmente Brasil y Perú), la Nueva Cocina Nórdica...

Pero incluso en ese esquema en el que ya me he quedado con tan solo cuatro referencias podríamos afinar más y quedarnos con dos: Escoffier, que es el que sistematiza todas las aportaciones precedentes y las impulsa de cara al futuro, y El Bulli, donde se recibe ese legado, se reinterpreta y finalmente se abre.

Estos días he estado releyendo Mi Cocina, de Escoffier, y me he dado cuenta de que, en esencia, quitando los signos propios de una época, esa cocina es la que se ha seguido elaborando en la mayoría de los restaurantes de alta cocina hasta el cambio de siglo. Es decir, Escoffier adaptó las formulas clásicas, las recetas de salsas de Careme, y las incorporó a un sistema apto para la cocina profesional contemporánea, un esquema combinatorio en el que producto principal, salsa y guarnición se van combinando dando lugar a todas las elaboraciones clásicas. Pensemos en los platos de la mayoría de los restaurantes y veremos ese esquema de producto + guarnición + salsa. Una fórmula fácilmente reproducible en restaurante, en la que la mayoría de los elementos pueden prepararse con antelación y por separado. Esa es, probablemente, la primera gran revolución que da lugar a la cocina contemporánea.

Y en ella hemos vivido, con las lógicas actualizaciones, de las cuales la de la Nouvelle Cuisine fue sin duda la más importante, hasta hace menos de 20 años. Es entonces cuando algo cambia. O, más bien, cambian muchas cosas. En esa época (entre finales de los 80 y primeros 90) en España muchos cocineros empiezan por vez primera a publicar sus recetarios y sus opiniones gastronómicas. Es el caso de Arzak, Subijana, Santamaría, Berasategui... De algún modo aquello que podemos denominar "código cerrado" en el que el cocinero se limitaba a transmitir recetas perfectamente codificadas, empieza a tambalearse. Ahora las recetas se acompañan con reflexiones, datos sobre el producto, sugerencias, etc.

Y ahí aparece El Sabor del Mediterráneo, un libro que de alguna manera sintetiza los resultados de una década de trabajo en El Bulli. Y con él aparece el "código abierto" gastronómico (no me apunto el tanto, la idea esde Toni Massanés). De pronto, el abanico de posibilidades se abre. Ya no hablamos de recetas sino que se revisan los conceptos relacionados con éstas. Pero, aun más, se abre por completo el esquema escoffieriano, se rompe. No se sustituye, pero se proponen alternativas. De pronto nos encontramos con un libro de alta cocina en el que se va más allá de la consabida fórmula de producto, guarnición y salsa.

Estamos ante una ruptura creativa absoluta, similar a cuando la pintura abandona el lienzo o a cuando la escultura incorpora nuevos materiales (pienso, por ejemplo, en el Arte Povera). El esquema que había regido la alta cocina durante 80 años se pone en tela de jucio y ya no es la única referencia válida. Ahora otras posibilidades son posibles. Y con este cambio, en apariencia trivial, se abre una infinidad de posibilidades. De alguna manera la libertad creativa absoluta llega a la cocina.

No es fácil juzgar los hitos históricos cuando se está cerca de ellos (temporalmente, quiero decir), pero tengo la sensación de que algo así es lo que ha pasado. Y creo que ahí reside la verdadera importancia de El Bulli y de Ferrán Adrià, y no tanto en platos, técnicas o productos concretos. Lo importante es que proponen un cambio de paradigma, un cambio que tiene validez universal y que no pretende arrasar con todo lo anterior sino, simplemente, proyectarlo hacia el futuro como una evolución lógica.

Tengo la sensación de que esa ruptura del esquema, esa apertura del código, son los que han llevado a esa fórmula de espacio para la investigación creativa que ahora se está formulando para la nueva etapa de El Bulli, del mismo modo que creo que es ese planteamiento el que ha llevado a una aproximación consciente de la cocina al mundo de la reflexión estética. No son gestos casuales. Al menos no lo parecen. Y lo cierto es que vistos así, desde fuera, e intentando contextualizarlos a un nivel histórico resultar realmente emocionantes.

9 Comentarios:

lamagiadelfogon dijo...

Muy interesante post (como siempre), además de coincidir con todo lo que dices.

Toda la razón sobre el legado que ha dejado El Bulli, aunque lo único malo que ha salido de todo esto, son los sitios que quieren aprovechar el "efecto Adriá", y nos dan "gato por liebre" o más que esto, ofrecer un producto que no tiene personalidad, llegando a realizar copias made in China.

La Buena Pitanza dijo...

Acaba Vd. de resumir en pocas palabras la evolución de la cocina en los últimos años, sus momentos clave, y hacia donde apunta su futuro. Admirable. Totalmente compartida su reflexión por mi parte. Sitúa y da valor a la labor y la obra del mas grande cocinero español de todos los tiempos. Un saludo. Luis (la Buena Pitanza).

Severne dijo...

Me gusta la exposición de la evolución de la gastronomía que haces en tu post. Sintetizando, parcelando, pero también apuntando otras soluciones.
La idea de los códigos cerrado y abierto la veo algo más complicada de captar, no es tan "inmediata" como el resto de la reflexión.
La palabra "Libertad" es quizá la más apropiada para hablar de El Bulli, su significado y su importancia. También el concepto de la "Estética" al que aludes hacia el final de tu artículo (el concepto, aquí, sería intercambiable quizá por el de "Arte"). Y hay otras palabras o ideas que creo explicarían a El Bulli: democratización y (de alguna manera, imbricada con ella) el adjetivo "sociológico": vienen a tener relación con la apertura de la cocina a la sociedad, y con la participación de ésta en la gastronomía, una sociedad cada vez más culta y más preocupada por la estética y el arte. Y más ocupada por el Placer que proporcionan ambas cosas. Y más despreocupada por los códigos de todo tipo…Y es que la expresión "código abierto" parece querer encerrar un oxímoron que dificulta la comprensión de la idea que se quiere expresar.
Para concluir: creo que Adriá pasará a la historia por introducir la libertad absoluta en la cocina, por equipararse sin complejos a un artista, a un creador y por llevar la alta gastronomía hasta los Simpson.
Magnífico artículo, como tantos otros posts de tu blog.
Gracias y un saludo

Pardini dijo...

Muy interesante tu post...me quedo por este blog.

Un saludo.

starbase dijo...

Desde mi humilde taburete percibo las cosas de forma similar. Aunque desde luego no las he reflexionado ni analizado tan a fondo.

Cuando en estos últimos meses he aprendido también que hay argumentos válidos para cuestionar algunos comportamientos de la cocina que ha nacido de esta revolución Bulliniana a la vez ha enraizado en mi cabeza mucho más la idea de que El Bulli ha sido distinto a todo lo demás incluso a los que han caminado a su lado.

Y esa explicación que yo he entendido como que la revolución no está en las técnicas ni en los instrumentos sino en la evolución del flujo de elaboración del plato (que ojo, no deja de ser un cambio de modelo de negocio)...esa revolución es la verdadera fuerza que ha cambiado el eje alrededor del cual giraba la cocina profesional.

Perdón por el tocho.

DANINLAND dijo...

Me parece que en ocasiones lo que se cuenta, en especial sobre El Bulli y Adriá se sobre intelectualiza.
Reconozco el valor de revolución y síntesis de "El sabor del mediterraneo", pero no tanto lo que comenzó a suceder más adelante; me explico:
Se muestra el fin, los cambios de orientación y el supuesto motivo o factores que inducen los cambios. Todo muy bonito, pero si actualmente acercásemos la mirada, para ver lo que existe tras la capa superior, ¿que veríamos?.
Yo creo que tal ejercicio, nos llevaría a la posible conclusión que el fin, es vender y los medios estén apoyados por la industria química alimentaria. Y esto se conseguirá más rápido promoviéndolo a modo de escuela, que desde un restaurante.

Si el resultado será comer un 10% de productos comestibles y un 90% de pura química, que utiliza para transformar el producto, la cosa ya no luce a tanto nivel y la mencionada revolución, no habrá logrado una EVOLUCIÓN positiva para nosotros, los consumidores.

¿Nos llevará la última "gran revolución gastronómica" a pagar cantidades de dinero desorbitadas, por viles sustitutos de los alimentos naturales, que logran abaratar el proceso culinario, pero que son debastabores para nuestra salud?

Sin ánimo de criticar el total de la historia del laureado y revolucionario restaurante, creo que en los últimos años, están haciendo más daños que otra cosa.
Pero bueno, supongo que, del mismo modo que de cualquier hecho histórico conocido, se podrá aprender, para evitar tropezar en la misma piedra en el futuro y no consentir que se nos engañe con tanta facilidad.

Por este blog he leído alguna entrada al respecto de las carencias en el sistema de cultivos, ganadería y productores al servicio de la humanidad. Los problemas y las posibles soluciones, donde ojalá se actúe cuanto antes.

Un saludo.

DANINLAND dijo...

Me parece que en ocasiones lo que se cuenta, en especial sobre El Bulli y Adriá se sobre intelectualiza.
Reconozco el valor de revolución y síntesis de "El sabor del mediterraneo", pero no tanto lo que comenzó a suceder más adelante; me explico:
Se muestra el fin, los cambios de orientación y el supuesto motivo o factores que inducen los cambios. Todo muy bonito, pero si actualmente acercásemos la mirada, para ver lo que existe tras la capa superior, ¿que veríamos?.
Yo creo que tal ejercicio, nos llevaría a la posible conclusión que el fin, es vender y los medios estén apoyados por la industria química alimentaria. Y esto se conseguirá más rápido promoviéndolo a modo de escuela, que desde un restaurante.

Si el resultado será comer un 10% de productos comestibles y un 90% de pura química, que utiliza para transformar el producto, la cosa ya no luce a tanto nivel y la mencionada revolución, no habrá logrado una EVOLUCIÓN positiva para nosotros, los consumidores.

¿Nos llevará la última "gran revolución gastronómica" a pagar cantidades de dinero desorbitadas, por viles sustitutos de los alimentos naturales, que logran abaratar el proceso culinario, pero que son debastabores para nuestra salud?

Sin ánimo de criticar el total de la historia del laureado y revolucionario restaurante, creo que en los últimos años, están haciendo más daños que otra cosa.
Pero bueno, supongo que, del mismo modo que de cualquier hecho histórico conocido, se podrá aprender, para evitar tropezar en la misma piedra en el futuro y no consentir que se nos engañe con tanta facilidad.

Por este blog he leído alguna entrada al respecto de las carencias en el sistema de cultivos, ganadería y productores al servicio de la humanidad. Los problemas y las posibles soluciones, donde ojalá se actúe cuanto antes.

Un saludo.

younganissa dijo...

Me ha gustado tu referencia a Josep Mercader, del Motel Empordà. Cuando este señor murió hace unos 30 años, no se publicó una triste nota en ningún periódico. Y Mercader era el cocinero más importante de Cataluña!

Inés B. dijo...

Breve pero correctísima el esquema sobre la evolución de la cocina en el último siglo. Sin embargo, estoy de acuerdo con el comentario sobre la excesiva intelectualización de la cocina contemporánea. Quizás necesitemos un siglo más para analizarla con un lenguaje específico propio de cualquier otra disciplina artística.