25.2.10

LLAMAME GITANO, ROSA DÍEZ.

Habrá a quien le parezca que ser gallego es algo malo, que llamarle a alguien gallego es un insulto. A mi no. A mi lo que me parece insultante es que a alguien, a estas alturas del partido, le parezca un insulto.

Hay veces en las que es la boca la que nos pierde, porque el lenguaje, que tiene estas cosas, es muy cabrón y a veces va más rápido que nuestro sentido de lo políticamente correcto. Y aunque nos agarremos a la famosa quinta acepción del diccionario, esto no es Costa Rica, Rosa. Por eso aquí coño quiere decir una cosa y en Chile otra, por eso concha no significa lo mismo para mi que para un argentino. Por eso aquí nadie entiende gallego como un insulto. Porque no lo es en el español de España ni en la cabeza de nadie normal que hable ese idioma que tú y yo manejamos. Y me da igual que la acepción esté contemplada por la máxima autoridad del idioma, Rosa, porque también lo están determinadas acepciones de gitano o maricón, por ejemplo, y siguen sin gustarme.

El problema no está en el diccionario sino en la cabeza de quien lo usa. Hay gente para la cual gitano es un insulto. Y eso no hay diccionario que lo cure. Y para otros, sea en la acepción más peyorativa o en cualquier otra, lo es gallego. Qué le vamos a hacer. Como decía, el diccionario señala los significados, no la carga que cada uno le otorga a las palabras. Y tú, Rosa, mañana te agarrarás al diccionario, a la dichosa quinta acepción o a lo que te apetezca, pero eso no hara cambiar el significado que tú le das a una palabra cuando la utilizas en un contexto concreto, acompañada de una sonrisa irónica, alardeando de ingenio. Es eso, el contexto, justo la parte que no era intencional, la que no resulta ni tan ingeniosa ni tan irónica, lo que resulta insultante.

Soy gallego. Puedes llamármelo. Puedes incluso, si quieres, darle la acepción que te apetezca, sea o no peyorativa, porque seguirás sin insultarme. Será tu actitud la que resulte insultante del mismo modo que si me llamas gitano o maricón. Serás tú la que cargue esas palabras con significados que solo caben en formas de pensar que son, esas si, ofensivas.

Llámame gallego. Llámame gitano. Llámame lo que quieras. Luego háblame de Unión, pero sobre todo de Progreso o de Democracia. Hazlo, aunque ahora que sabemos de qué va el juego puede que me pare a pensar si tú y yo le damos a esas palabras el mismo significado. No sería la primera vez que para nosotros dos una palabra significa cosas radicalmente distintas. Si ha pasado con gallego nada impide, desde mi punto de vista, que pase con unión, con progreso o con democracia.

7 Comentarios:

Restaurante Don Chiringo dijo...

nos unimos a tus palabras Jorge,
también puede llamarnos gallegos...

Eduardo dijo...

Sabes que yo creo que es un tema como nos pasa a los baturros. Más que un insulto es un lugar común. No es como cuando lo dicen los argentinos o (te lo aseguro) los portugueses, con tono insultante. Cuidado con la prensa. Y yo no defiendo a la señora, porque esas chorradas no son educadas. Pero como aragonés, que somos objetivo del cachondeo de toda España, te recomiendo que te lo tomes deportivamente. Lo digo sinceramente. Las declaraciones son una gilipollez que no merecen tu enfado. Un saludo y felicidades por este pedazo de blog.

neco dijo...

Estoy de acuerdo con Eduardo, hay lugares comunes sobre gallegos, andaluces catalanes, moros, yankees, bilbainos, leperos y lo que quieras. Yo no le daría mayor importancia. Lo peor de los políticos no es lo que dicen, es lo que hacen....sobre todo con nuestro dinero.

Gourmetdeprovincias dijo...

Eduardo, Neco:

Estamos de acuerdo. La cosa no tiene mayor importancia, pero tiene una poca más cuando la dice alguien que es una representante pública, que ha sido votada por unos cuantos miles de gallegos (entre otros) y cuando demuestra una sensibilidad tan limitada para evitar tópicos, estereotipos y prejuicios como el que queda de manifiesto en sus declaraciones.

Por lo demás, efectivamente, es un tópico, como los que se aplican a catalanes, vascos, maños, andaluces, etc.

pepe de barakaldo dijo...

Es que para los vascos los gallegos nunca fuimos santo de su deboción. Fuimos allí a trabajar como leones y a fuerza de ese trabajo, con humildad y sin su preotencia, logramos sacar adelante a nuestras familias, muchas veces con la única esperanza de regresar a nuestras casas en galicia.
Lo se de buena tinta, nunca les gusto que los gallegos porsperaramos en su país, sind arese cuenta que gracias a muchos gallegos los altos hornos y los astilleros Euskalduna crecieron y fueron lo que fueron.

Il Trovatore dijo...

De acuerdo contigo, menos en una cosa:"..si tú y yo le damos a esas palabras el mismo significado".

En el caso de Rosa Díez creo que todos le damos el mismo significado a la palabra gili...as.

Saludos.

Anónimo dijo...

Jorgue, enhorabuena por tu texto, admiro tu diplomacia al escribir, se nota que dominas la técnica narrativa, a mi me pierden ciertas cosas.
es curioso como una "defensora" de la unión, progreso y democracia (creo que no entiende bien el significado de estas palabras, o al menos no predica con el ejemplo), cae en el clasismo mas representativo de la España cañí en su significado mas peyorativo, como enseña el plumero una "señorita española" disfrazada de demócrata y progre porque es lo que vende, señora Diez, por favor, no solo pida disculpas a los miles de gallegos que le votaron pensando érroneamente que era usted una digna representante de los ideales que proclaman sus siglas, háganos un favor a todos los "gallegos" (en el sentido de la palabra que usted quiera) y no nos haga la faena de tenerla que ver por estos lares perdidos de la mano de Dios, porque tendremos que hacer algo que usted no hace aún a costa de que nos apetecería lo contrario, que es respetarla, como persona y representante pública de miles de españoles, porque nosotros no la insultaremos como ha hecho usted, no le faltaremos al respeto, porque señoritos españoles en esta tierra ha habido y habrá muchos, estamos acostumbrados a su presencia, no necesitamos que nos evangelice usted con sus modales de señorita progre, déjenos en nuestra ignorancia rural, nuestra cultura, nuestra maravillosa lengua (que usted detesta), y nuestras bárbaras y celticas costumbres (que imagino que para usted son muestra de salvajismo atroz), señora Diez, DÉJENOS EN PAZ, Gracias.