5.11.09

LA DICTADURA DEL PLATO CUADRADO (O DEL CAMARERO VESTIDO DE NEGRO)


La verdad es que después de un tiempo hay cosas que cansan. Y otras que, además de cansar, te van demostrando que se han convertido en un pretexto. Un pretexto para las cosas más diversas pero, a fin de cuentas, un pretexto con todas las de la ley.

El plato cuadrado. El dichoso plato cuadrado. Iba a empezar diciendo que maldita la hora en que lo sacaron al mercado. Pero no. Al contrario. A lo mejor en otro momento si pero ahora se ha convertido ya casi en un icono. Espero que se me entienda, ya que no estoy hablando mal de toda esa corriente culinaria con reminiscencias niponas en la que ese emplatado puede tener sentido. Tampoco hablo mal de esos restaurantes de cierta categoría en los que la se cuida hasta el mínimo detalle, vajilla incluida, y en los que de vez en cuando viene un plato cuadrado en el medio de otros. Es más, diría que hasta mi alusión al plato cuadrado es un símbolo, un ejemplo que seguramente podríamos cambiar por las luces ridículamente bajas sobre la mesa, el camarero uniformado de negro, esa música pretendidamente moderna tipo chill-out (o lo que sea), las decoraciones profusas de los platos, preferentemente con reducción de vinagre balsámico... Creo que se entiende por donde voy.

Al final de lo que uno está harto es del quiero y no puedo. O del quiero pero no quiero esforzarme, que también se da. Me refiero a esos restaurantes que tanto abundan, lamentablemente, en los que la comida es corriente, en muchos casos correcta pero sin más, en los que el servicio suele ser voluntarioso pero falto de formación y en los que toda esa parafernalia, el platito de marras, las paredes oscuras, el jarrón con tallos de bambú, las tres piedras en un recipiente con arena y demás son la disculpa, el barniz de modernidad, el pasaporte para venderte que esa imagen tan actual (en un tiempo lo fue), tan exclusiva, tan distinta a todo lo demás que hay en el pueblo o en el barrio está en consonancia con una cocina que presenta las mismas características. Y una factura a juego, claro.

Porque si te sirvo una sardina con cachelos en plato de Duralex y te cobre 19€ por la ración lo más probable es que te mosquées, que me armes un jaleo y que en unos pocos días tenga el local vacío. Pero por no se qué extraña ley de la naturaleza si te sirvo eso mismo en un plato cuadrado (y ya si es negro...), decoro un poco el fondo con unas gotas de balsámico y te lo traigo a una mesa muy de diseño puede que tú estés más dispuesto a pagar y desde luego yo estoy más dispuesto a cobrar sin rubor. Y lo sorprendente es que hay un sector importante de público que entra en el juego. Que si el local está muy agradable, que si es un sitio a la última, que si te las quieres dar de interesante tienes que ir por allí, que si acabo de descubrir un sitio nosedónde...

La cantidad de croquetas normalillas, de platos sin chispa y sin el menor talento para emplatar que habré probado en sitios de estos es para no contar. Cada barrio tiene uno. En las ciudades grandes puede haber varios incluso en la misma calle. Se mueven ahí, en el filo de lo moderadamente caro sin resultar escandaloso, lo que te permite quedar bien en una cita o saliendo con amigos sin dejarte un riñón en el intento. Y ahí han encontrado su nicho de mercado, en gente que quiere gastar ma non troppo, que no sabe demasiado de cocina ni quiere saber, que quiere un sitio fardón, modernito, con los cuatro o cinco vinos de los que se habla... Claro, ahí uno de esos cocineros de siempre, de blanco, con su barriga esmeradamente cultivada asomando sobre el delantal no pega. Rompe la imagen. No puede ser. Unas lentejas servidas en plato redondito y blanco romperían la estética de un sitio tan actual. Mejor ni pensarlo. A lo mejor un sushi de ahumados (que los hay muy baratitos) y queso Philadelphia, un plato con algo de foie (no mucho) con salsa de nosequé (pero muy muy dulce), unas tostas de lo que sea. Las carrilleras no fallan. Presa, pluma o secreto de Ibérico (que tienen un precio razonable, porque ibérico hay mucho en el mercado y el simple nombre, por desgracia, ya no demuestra nada) dan un toque muy moderno y le gustan a todo el mundo. Se venden solas, sobre todo acompañando un vinito carillo. Eso si que está en la linea.

Me han hartado. Esos sitios me han cansado. Está harto uno de ser benevolente, de autojustificarse pensando en la buena voluntad de sus propietarios, en que se esfuerzan en hacer cosas a pesar de que puedan tener ciertas limitaciones... No es cierto. Casi nunca es cierto. Si te quieres esforzar y ser honesto no te disfrazas. Vendes lo que hay. Y lo que tiene que haber es buena cocina, de un estilo o de otro, pero buena, honesta, sin máscaras. Como dice David de Jorge, cocina sin bobadas. Y de eso es de lo que me he cansado, de las bobadas.

Seamos sinceros: en muchos, muchísimos de estos restaurantes de los que hablo pagas alegremente 40 o 45€ por comidas que, con suerte y siendo objetivos, valen 25. El resto es el plus de modernidad, el impuesto que pagas por ir a un sitio cool. Y no lo vale. Todos sabemos que Ikea y hasta el bazar chino de la esquina también venden platitos cuadrados y biberones para salsear. Dejémonos de hipocresías. Efectivamente, hay vajilas de auténtico lujo que son, en si mismas, pequeñas joyas que complementan a lo servido. Pero no están en estos restaurantes, desengañémonos.

Me imagino que se me habrá notado el mosqueo. Es más cansancio que otra cosa. Pero es que lo del postureo me tiene harto. Cuando quiera una dosis de tendencias ya me compraré la Citizen K o cualquier otra de esas revistas. O ya iré a un sitio que no siga aferrado a topicazos desfasados hace un lustro.

Me interesa el diseño, pero el de verdad, el que aporta algo, el que no está ahí porque si, para disfrazar otras ausencias. Me gustan los restaurantes en los que una cocina creativa y de vanguardia está acompañada de un equipo profesional a la altura y de detalles -si, también la vajilla o la cubertería- en consonancia. Pero me han cansado esos restaurantes en los que la cocina es lo que es pero toda la tramoya que hay por encima pretende legitimar unos precios que no se corresponden con la realidad. A un restaurante se va, básicamente, a comer y a disfrutar de la comida. Sea del tipo que sea y del precio que sea. Y yo disfruto más unas xoubas fritas en plato de loza de toda la vida en la Taberna Vikinga de Catoira que un arroz meloso de verduritas de temporada que no deja de ser la paella de verduras del restaurante de carretera de toda la vida pero acompañado del pretexto del platito de marras, el camarero de negro y demás.

Y no, no voy a dar nombres. No hacen falta. Los conoces. Tienes en mente varios en tu barrio, en tu pueblo, en tu ciudad aunque esté a 1000 Km. de la mía. No voy a dar nombres porque no me gusta hacer daño a propósito y porque, más que probablemente, el último es tan solo la gota que colmó un vaso que hace demasiado que venía llenándose. Y no sería justo.

Me interesan la cocina y la gastronomía. Me gusta comer bien. Me apasiona ver a gente que trabaja esforzándose por dar lo mejor que tiene y lo que mejor sabe hacer. En eso es en lo que quiero gastar mi dinero y de lo que quiero hablar. Lo otro, el postureo, el sitio al que hay que ir, lo de descubrir ese nuevo sitio que va a ser un pelotazo dentro de muy poco, las cartas con salmón y bacalao como columna vertebral de su oferta de pescados, las verduras de temporada que son siempre las mismas independientemente de la temporada... Eso no es lo mío. Porque nunca he disfrutado de verdad en un restaurante de esos, porque nunca he aprendido nada, porque ni el primero consiguió sorprenderme. Y porque si cuando piensas en ir a un restaurante la sensación que tienes es de aburrimiento, ahórrate el viaje, gástatelo en un par de buenas pizzas y una película y saldrás ganando.

Ahí queda uno de mis propósitos para ese 2010 que ya se aproxima. Caeré en algunos de estos restaurantes, sin duda. Pero no hablaré más de ellos, no los justificaré. No vale la pena. A mi me interesa la cocina, la de verdad, la de la gente que sabe lo que hace o hace lo que sabe hacer sin disfraces y sin complejos. Y de eso es de lo que quiero escribir aquí.

Podría poner fotos tomadas por mi en un buen puñado de estos sitios para ilustrar el post, pero ¿Para qué?. Todos las conocemos.

Mañana volveré al tono conciliador de siempre.

24 Comentarios:

Anónimo dijo...

Pues no sabes cuanto me alegro de ver lo que aquí escribes, yo amante de la cocina bien hecha me doy cuenta que, por desgracia, son muchos los que se nutren de todo lo que aquí cuentas y eso es una injusticia de orden mayor, hay grandes restaurantes que lo hacen estupendamente, y por culpa de los primeros no funcionan como deberian,y es lo que llaman cocina confusión, confunden a una mayoria de gente.

Haber si entre todos los amantes de la buena mesa ponemos lo que cada uno pueda de su mano y apoyamos de una vez lo bueno y criticamos lo que confunde.
Jorge tú en ese sentido creo que si pudes aportar mucho desde tu blog.

cucharadepalo dijo...

He disfrutado este post como pocos.

Los restaurantes de este tipo que tengo cerca de casa se caracterizan por su "ensalada con queso de cabra y vinagreta de balsámico y miel", sus carpaccios mediocres, su salmón como plato estrella de la carta y el coulant (no casero) como postre. Y por los 10€ que te endosan de más en la cuenta, por supuesto.

Quizás los primeros parecían originales, ahora ya parecen franquicias.

Monaguillo dijo...

hace mucho que no leia un post con tanta verdad y tanta razon.....

alguno se lo deberia imprimir y colgar en la cocina :)

ahh no hace falta que vuelvas al tono conciliador... yo prefiero este jeje


un saludo

Toni dijo...

Tienes más razón que un santo. El post también se le podía aplicar con algun retoque a la legión de malas vinaterías que tanto abundan ahora.

Glotón dijo...

Tarde piaches, amigo.

Yo como adicto a la comida de la que disfruto como pocos llegué a esta conclusión hace ya unos añitos. Desde que me impuse el límite de 300 euros mensuales para comer todos los fines de semana fuera con mi mujer y que actualizados con el IPC ahora son ya 317, disfruto como un enano porque son muchos los restaurantes 'modestos' que hacen comida seria y con una adecuada relación calidad-precio. La última gran timada me la hicieron en uno que sí voy a nombrar porque está muy de moda y me pilla lejos: Astrid y Gastón en Madrid. 185 € por una comida que en ningún caso debió costar más de 60 y en un entorno de una pijería insoportable en la que el camarero nos perdonaba la vida al explicar cada plato.
La penúltima fue aquí en Galicia en un restaurante que se defiende mucho desde esta página y que no nombraré. 170 € por dos menús degustación y un vino. 'La almeja' estaba buena, 'la bolita' de queso de naviza que venía en cajita de madera también y los crocs naranjos del chef son muy vistosos pero a mí allí no me van a volver a ver. Las almejaS están igual de buenas o mejores en muchos restaurantes de la comarca ferrolana, el queso de naviza me gusta tomarlo en dosis suficientes para que las papilas gustativas se enteren y los crocs me importan un pimiento.

Ahora viene al pelo una genial frase de gomaespuma: En los restaurantes, generalmente a medida que aumenta el precio aumenta la calidad, hasta llegar a un cierto límite en que empieza a disminuir la cantidad. Sssacto.

Tengo visto algún 'cuadro' que consistía en un lienzo en blanco colgado de una pared. En la restauración ya falta poco para que en algunos sitios sólo se vea el plato cuadrado y el plato se llame 'Reducción sublimada de vapor de arenque nórdico al humo de eneldo'. El esnobismo humano no tiene límites...

tomy dijo...

Pues si, estoy de acuerdo, pero toda esta confusión no es sólo en lo que concierne a la gastronomía, yo creo que se da en múltiples facetas de la vida, el quiero aparentar, el quiero estar a la última,lo fashion... vamos que el balsámico no sólo se usa en una biberón para pintar unas "rayicas" en el plato y cobrar 10 euros más, es un estilo de vida

Txaber Allué Martí dijo...

De acuerdo en que si la comida no es buena no hay nada que hacer. Pero no debemos olvidar que un restaurante incluye muchas otras experiencias casi tan importantes o incluso más. ¿Qué me dices de la compañía? ¿De los clinetes que tienes en la mesa de al lado? ¿De los lavabos?... Si tienen gente es porque están haciendo algo bien. Ahora, si no se come bien, a mi no me van a ver el pelo (aunque eso de verme el pelo está difícil)

Gourmetdeprovincias dijo...

Txaber:

Está claro que han dado con una demanda del mercado, pero de ahí a que lo que ofrezcan me parezca interesante hay un trecho. Por lo demás, respeto a quien los defienda, pero no es mi caso.

deivid dijo...

gracias por el guiño! salud!

Antigourmet dijo...

Genial post, hace poco nosotros hablamos más o menos de lo mismo en el post "Contra los platos cuadrados":

http://www.antigourmet.com/2009/03/20/contra-los-platos-cuadrados/

¡¡Saludos!!

Gourmetdeprovincias dijo...

Deivid, era de justicia. Con lo poco que me gustan los gastro-palabros que cada dos por tres se inventan, para un concepto que hay que si me gusta, el de "cocina sin bobadas" lo suyo era acreditarlo como corresponde.

Nos veremos por tu pueblo en unos días.

Gourmetdeprovincias dijo...

Antigourmet:

No había visto el post, pero tienes razón, se complementan perfectamente.

Saludos.

Carlos Fariña dijo...

Totalmente de acordo.
Estou farto das reduccións de Módena (de bote por suposto), dos escalopes de foie conxelados, dos rissotos que non son mais que arroz cocido con nata, do " de temporada" durante todo o ano, ...
E si ben é certo que existe un público para este tipo de locales, xente que disfruta mais contando a donde foi que da comida que lle sirven, tamén o é que quen debería cambiar esto somos os profesionais da hostelería.

Un saúdo

neco dijo...

G de P:no se si llego a tiekpo de responder a tu pregunta en salssa de chiles pero yo en plan informal me iría a la zona de las calles Menorca, Ibiza y Dr.Castelo, al lado del Retiro donde hay varios sitios interesantes y entre ellos la taberna Laredo con muy buena barra y vinos por copas y muy cerca el Arzabal aunque aquí la barra es pequeña y puedes tener dificultades para encontrar sitio, pero como digo, hay muchos sitios por la zona

Carmen Albo dijo...

No puedo estar más de acuerdo contigo, Jorge...creo que esto ya te lo he escrito antes, ¿no?.
El verdadero problema, porque lo es, o la razón de que este tipo de establecimientos existan, es porque los admite el mercado. Como tu decías hay demanda para este tipo de locales. ¿Por que?, fácil, porque hay muchos consumidores de este servicio que no tienen ni idea de comer, y mucho menos de cocinar.

El problema es ese, a alguien que no tiene ni idea de comer, le pones en un plato, (si es cuadrado ni te cuento), un medallón de foie micuit,(5€), con unas rayas en el susodicho plato de reducción de Pedro Ximenez Carrefour (0,20€) y un manojito de hojas de ensaladas variadas montado en aro, eso sí, (0,30) y con un aliño que a ser posible sólo sepa a miel (0.15)y le cobras 27,90€...y queda chiflado. Y quedará porque su standar de calidad, de imaginación y capacidad culinaria es nula.
Los que sabemos comer, y sabemos,( en mayor o menos medida), cocinar, no valoramos , afortunadamente, esa disposición de elementos en un plato cuadrado.
Te habrá pasado mil veces, estar en un restaurante pensando.... esto lo hago mucho más rico yo.
Eso si,también hay sitios maravillosos y sorprendentes. Desde los de cocina de auténtico artista, con lujo, diseño y toda la parafernalia del mundo, hasta los del guiso de xoubas en platos desportillados debajo de una parra al borde del mar. Quizá otro tipo de lujo
Por esos dos tipos de lujo, acepto pagar con gusto, y pagar el precio...justo.

Me encantó este post y sus comentarios. Cuando sea mayor, espero tener post así en mi blog.

neco dijo...

Comida para desdentados como diría mi admirado Abrahan García .Enhorabuena por el artículo

Anónimo dijo...

Anque en Portugal hay mucho disto, son los falsos contenidos mas siempre llenos. En los mas trendy no se va a comer se va para ver e ser visto

Anónimo dijo...

A lo que dice C Fariña tiene toda la razón pero yo le hago una pregunta ¿cuantos profesionales de hosteleria conoces?, hay muy poquitos por desgracia, y entre los pocos que hay trabajan para empresarios que solo ven cifras a final de mes, dandoles igual como se trate el producto, etc pero si es rentable todo vale, y los pocos que tienen negocio propio ves que las estan pasando canutas, ya que nadan a contracorriente, educar a un publico es muy complicado y más aún cuando los precios por regla general son mas economicos en los locales de moda de "platos cuadrados y milpintadas de módena y demas culis de bote".
Cambiar esto de momento parece una misión imposble, creo que la alta gastronomia tiende a desaparecer,la gente prefiere pagar dos veces 30 euros y comer del montón por decir algo y no 60 y salir una, ademas de cargarnos la gastronomia nos estamos cargando tambien a esos pocos que les gusta ejercer su trabajo lo mejor que saben, es una lastima, lo quedeberiamos hacer es aportar a estos pocos que lo hacen bien unas cantas comidas al año, dentro de las posibilidades de cada bolsillo, hacerles una buena propaganda, y criticar sin piedad ninguna aquellos que distorsionan y confunden, al menos haremos algo, a mi no se me ocurre otra cosa, desdeluego auguro un cierre de muchos buenos locales, si les ayudamos alguno quizas sobreviva.
Un saludo.

Ibán dijo...

Qué bueno, creo que has nombrado muchísimas de las cosas que vengo rumiando (en silencio) desde hace mucho tiempo: el plato cuadrado creo que sirve como perfecto ejemplo te todas ellas. Que si el vinagre de Modena (reducido o sin reducir), que el foie por aquí y por allá, no sabes cómo te comprendo. Yo aún diría más; en una ciudad pequeña, en un pueblo, pues es casi comprensible; al fin y al cabo todas las modas llegan más tarde y tiene hasta un cierto toque de inocencia que te hace hasta sonreír... pero en una capital. Yo, sinceramente, en cuanto me plantan el plato cuadrado: ese santo grial de lo moden-no, de las pretensiones, de la falta de ingredientes y/o técnica... pues me pongo malo.
Enhorabuena, creo que has "verbalizado" algo que muuuuuuuuuuuchos pensamos. Que no decaiga.

Anónimo dijo...

pues yo lo siento mucho pero no entiendo esa fobia a lo cuadrado, al foie, a la reducción de lo que sea, etc.
creo que lo que se debe juzgar es el producto utilizado, el proceso de preparación y sobre todo el resultado, que mas dá que vaya en un plato cuadrado de diseño y carísimo o uno de duralex de 1€ (los veo cada vez en mas restaurantes, y como lo retro se lleva, hasta me gustan).
Lo que creo que nos ha saturado es el abuso indiscriminado de rayitas de reducción de Oporto, Módena, Pedro Ximenez, etc. productos todos ellos, maravillosos, pero en abuso resultan vulgares y decadentes, ¿no nos pasaría lo mismo si nos diesen de tapa en todas partes, que se yo, centollo por ejemplo?, cada vez que sales a tomar unos vinos, a cenar con los amigos, etc. que te pusieran centollo de una u otra manera, ¿no pasaría lo mismo??seguro que si.
Creo que eso no es mas que el reflejo de modas mal entendidas y peor asumidas, lo mismo pasó cuando se instauró la nouvelle cuisine y todas las salsas eran a base de natas, costumbre que aún hoy perdura en muchos sitios, el problema no es que se ponga de moda, el problema es que al ser su uso tan cotidiano se vulgariza, se descuida su trato y nos encontramos con salsas, reducciones, en definitiva comidas, que son impresentables en todo su contexto, y si eso sigue funcionando, solo refleja dos cosas, que muchos compañeros cocineros son totalmente conformistas y no se preocupan de estar al día, informarse, experimentar y evolucionar, y que los clientes tienen mucha menos idea y es eso lo que reclaman.
A mi hoy día, me reclaman que la salsa pimienta, curry, uvas, etc. parten de la nata como base, yo odio los lacteos en las salsas sobre todo de carnes, pero está tan asumido que es costumbre, y por tanto es ley.
Creo que si partes de los productos antes nombrados, los tratas con el respeto que merecen, y te preocupas de que su proceso de elaboración sea el correcto, el resultado es muy bueno, yo trabajo una línea de escalope de foie congelado y es espectacular, y una nota, Mugaritz, Berasategui y Arzak, al menos que yo sepa, trabajan escalopes de foie congelados, y os podría explicar el porqué en ocasiones es mejor esto que el fresco pero sería un post demasiado largo, los risottos se pueden conseguir auténticas maravillas sin natas, solo eligiendo el grano adecuado, un buen fondo vegetal o animal, y el proceso adecuado, las reducciones, si se respetan los índices de acidez, temperatura de reducción y densidad, puedes conseguir grandes jugos sin que resulten azucarados, acaramelados, etc y que valen para muchas cosas además de "rallar" los platos, cosa hortera donde las haya.
De todas formas hay que respetar a quien lo haga, sinceramente para mi, el que se dedida con mayor o menor conocimiento a esto de la cocina, ya merece un respeto, porque es una profesión dura de coj... aunque eso sí, cuando algún proveedor me ofrece algún producto tipo (caldo concentrado, reducción gourmet de....., etc), automáticamente procuro tenerlo lejos de mi cocina.
El término "de temporada", ha perdido totalmente el sentido desde que tenemos aviones que te ponen una papaya en Enero en plena maduración, pero si que comparto que se abusa indiscriminadamente de este término faltándole al respeto totalmente con verduras congeladas y de dudosa procedencia.
En este apartado estoy de acuerdo con Santamaría que un restaurante debe ser fiel a los productos de la región en la que reside, aunque yo no lo limitaría de esa forma, ¿por qué no puedo tener unas buenas alcachofas catalanas si estoy en Galicia?.

delokos dijo...

Y cuando conoces todo lo que, a nivel de hootelería profesional, se vende ya cortado, cocinado y preparado "listo para emplatar" (carrilleras estofadas, foies, coulants congelados, chocolates, cremas... y mucho más) comprendes que, aún encima de la "estafa" por el plato cuadrado, muchos sitios ni cocinan, se dedican simplemente a calentar y emplatar lo que previamente han comprado congelado o preparado.

Siento ser tan críptico, pero a buen entendedor (y conocedor de lo que se vende en hostelería profesional) pocas palabras bastan ;-)

Carmen dijo...

Aquí sucede lo mismo, platos cuadrados o el excelso diseño étnico-moderno montado en algún producto muy mexicano. Eso sí, las porciones son ínfimas, sale uno con un hoyo en la panza y otro en la cartera.

eSedidió dijo...

Parabéns pola sensatez do artigo. O día que cambie vostede o nome ao blog pido directamente a súa canonización :-) :-).
De todos os xeitos, non lle resulta mosqueante/preocupante tanta unanimidade? Eu é que hai moitos anos que non entro en locais dese prezo, máis que nada porque son persoa de poucos posíbeis e o meu orzamento de fin de semana para comer fóra coa santa debe ser de 20 euros tope, ou sexa, as cañitas e a tapa sempre e cando sexa de balde. Pero paso por diante e están a tope, ou polo menos a medias, meu. A ver, que pasen e comenten os adoradores dos pratos cadrados, que haber hainos, e algunha vantaxe terán.
A ver se agora vaise poñer de moda o anti-lechuguinato, e eu sen enterarme.....

Gourmetdeprovincias dijo...

eSedidió:

Xa sabe vostede que o meu nome de guerra, se ben é certo que mal escollido no seu momento porque non pensei en que moita xente o malinterpretaría, non ten que ver co que moitos lectores me achacan. A estas alturas, tras máis de cinco anos, o certo é que me resulta complicado pensar en cambialo.

En calquera caso, gracias pola opinión.

Saúdos