18.9.09

OVOS MOLES DE AVEIRO


Imagen tomada de la cuenta de Flickr de Nocas.

Una de mis pasiones reconocidas (creo que ya he hablado aquí en alguna ocasión de mi radar para las calorías y/o el colesterol) son los ovos moles, una especialidad tradicional portuguesa originaria de Aveiro que consigue que casi siempre que me desplazo por Portugal hacia arriba o hacia abajo acaba acercándome lo más posible a la ciudad porque, si eso es importante casi siempre, en este caso la frescura es crucial. Y es cierto que pueden encontrarse en muchos otros sitios, sobre todo en el tercio norte del pais, pero no es lo mismo.

Como pasa casi siempre en estos casos, el origen de los ovos moles es incierto. La tradición más extendida lo sitúa en el desaparecido Convento de Jesús, probablemente hacia el S.XVI. Lo cierto es que el covento se funda a mediados del S.XV y que, según parece, debido a los votos de pobreza, las monjas no consumían huevos. Del mismo modo, está documentado que en el S.XVI el rei Manuel I hizo una donación al convento de un importante cargamento de azúcar procedente de Madeira. Los ingredientes ya están sobre la mesa: monjas (repostería conventual), excedente de huevos y azúcar.

La tradición dice también que para preparar ovos moles solo hacen falta tres cosas: yemas de huevo, azúcar y el brazo robusto de una abadesa que los revuelva a fuego bajísimo, sin parar y siempre en el mismo sentido, por cerca de dos horas.

Al final la realidad es similar aunque un tanto menos severa. Se prepara un almibar y se mezcla, ya tibio, con las yemas escrupulosamente límpias de cualquier resto de clara. Se revuelven lentamente sobre fuego bajo hasta que la mezcla se despega de las paredes y final de la historia.

Tampoco está claro en que momento el dulce dejó sus orígenes conventuales para convertirse en un reclamo turístico, aunque es probable que lo hiciese con el auge del veraneo del playa en el fresco norte en el primer tercio del S.XX. Lo cierto es que, en el proceso, la pasta de yemas pasó a venderse dentro de unas cápsulas de oblea con formas que aluden al carácter marino del lugar (caracolas, bivalvos, etc.) y dentro de pequeños toneles de madera pintados al estilo de los moliceiros, los barcos amarrados en el canal que atraviesa el centro de la ciudad. Hoy esta presentación clásica se ha convertido en un reclamo kitsch para turistas pero lo importante, lo de dentro, puede adquirirse ya sea en ese envoltorio o en sencillas cajas mucho más discretas.

El ovo mol es, pese a su simplicidad o tal vez debido a ella, un prodigio de delicadeza. La pasta, azúcarada en el punto justo, es todo sabor a yema. consumidos frescos, que es como hay que consumirlos ya que en poco más de 24-48 horas comienzan a resecarse, son una auténtica delicia.

Hoy, como reclamo turístico que son, pueden adquirirse en cualquier pastelería o cafetería de la comarca, incluso en las estaciones de servicio de la autopista. Sin embargo, lo clásico sigue siendo adquirirlos en el centro histórico de la ciudad, donde es tradición que en las pastelerías den a probar una cucharadita de la mezcla, para que se compruebe su calidad y frescura. Una buena opción, recientemente inaugurada, es a la Oficina do Doce, un pequeño obrador abierto al público a modo de centro de interpretación en el que se puede asistir a su elaboración y adquirir ovos moles recién preparados. Se venden a granel o en cajas de hasta medio kilo (creo que hay toneletes de 1 Kg.) y el precio ronda los 15 €/kg.

El ovo mol, que no debe ser confundido con su pariente canario, el Huevo Mol, acaba de conseguir, la pasada primavera, la Indicación Geográfica Protegida y es, en mi opinión, un motivo más para viajar al norte de Portugal.

1 Comentarios:

Maloquesoy dijo...

Portugal es un paraíso por muchos motivos.
Y uno de éllos es su respostería, sin ninguna duda.

Aprovecho para presentarme y decirle que su blog es uno de mis blogs de referencia.

Saludos