
Estuve en Zaragoza poco más de 48 horas, tiempo suficiente para quedar fascinado por una ciudad asentada sobre culturas que se han ido solapando, como hojas de un libro, a lo largo de miles de años. Pocas ciudades hay en el mundo en las que en un puñado de metros cuadrados podamos pasar de los vestigios romanos a los románicos, mudéjares, renacentistas, barrocos o modernistas. Todo con la presencia musulmana y la arquitectura contemporánea a un paso y con la imponente obra de Bayeu y sobre todo Goya como telón de fondo.
Zaragoza no ha conservado bien su casco histórico. Sin embargo, los innumerables restos de todas las culturas que la han ocupado, desperdigados por una trama urbana que, como en Córdoba, resulta especialmente cómoda para pasear, le dan un atractivo especial.
Tuve la suerte de conocer Zaragoza disfrutando de mi pasión gastronómica, asistiendo a ponencias de primer nivel que, por algún motivo, tengo injustamente relegadas (va siendo hora de repescarlas), disfrutando de algunos de los mejores restaurantes de la ciudad y reencontrando a viejos amigos. Haciendo huecos en el cargadísimo programa, y aprovechándome de lo fácil que resulta callejear por la ciudad, pude conocer algunos de sus rincones. No demasiados, pero si los suficientes como para pensar en una nueva visita que me permita confirmar las excelentes sensaciones de esos días de mayo.
Dormir en Salamanca
Hace 1 día


2 Comentarios:
me alegro que lo pasaras bien por mi tierra y espero que vuelvas pronto.....
Pues eso solo es el comienzo... Tenemos mucho + para disfrutar
Saludos,
crodrigo8
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