1.6.09

RESTAURANTE RODERO

El restaurante Rodero (C/ Emilio Arrieta 3, Pamplona) es, desde hace años, la referencia en Pamplona en cuanto a cocina creativa pero asentada en el territorio se refiere. Eso, en una ciudad que, aun en una visión superficial, parece atravesar un excelente momento de forma culinariamente hablando dice mucho. Y una visita al local, una primera aproximación a la cocina de Koldo, lo confirma.

Llegamos un poco justos de tiempo entre sesión y sesion del congreso Navarra Gourmet y nos ofrecieron el menú de verduras que esos días tenían en carta, diferente a su menú degustación habitual pero similar en planteamientos y que, de alguna manera, nos permitió ver cómo se desenvuelve Rodero con el producto más identificablemente navarro.

El primer plato fue la anchoa con jengibre, ajo negro y aceite D.O., un guiño desde el producto del norte, la anchoa, de cierta tradición en el tapeo de Pamplona. Y digo que un guiño porque este producto tradicional se combina y se trata desde una óptica claramente influenciada por Oriente, con el matiz sutil del jengibre y el contraste potente del ajo negro. Inmejorable carta de presentación.

Lo siguiente, con un giro hacia el que sería el otro hilo argumental de la sesión, fueron los espárragos blancos y verdes con anisados. Si antes llegaron los guiños asiáticos ahora nos instalamos de lleno en el producto de la huerta navarra. Estupendo juego de texturas de los espárragos con el único toque de los anisados para realzar la suavidad del producto principal. Un plato elegante y muy agradable.

De nuevo producto de la huerta y juego de texturas en las estupendas verduras en menestra, diferentes texturas. Un plato tradicional puesto al día sin artificios, con sabores limpios y sacando lo mejor de cada producto. Me quedo, personalmente, con las alcachofas.


A continuación el txuri ta beltz (blanco y negro) de coliflor y morcilla. Sorprendentemente suave a pesar de que los ingredientes, potentes, aparecen perfectamente identificables. Una de las sorpresas del menú y uno de los platos más sabrosos del recorrido.

El arroz con chipirones, vieira de coco y cilantro, en realidad unos chipirones con arroz más que un arroz con chipirones, vuelve sobre la influencia asiática y lo hace, en este caso, pasando por Tailandia a través de esa falsa vieira de coco combinada con el cilantro y los chipirones. Desenfado y una cierta dosis de juego en un plato realmente sabroso.

El rodaballo a la brasa de limonero con pilpil cítrico es una vuelta al producto puro y duro, apenas resaltado por los toques cítricos. Una hermosa porción de la zona ventral del pescado sobre un lecho de suave pilpil. Tal vez uno de los platos que menos me sorprendieron del menú, por aquello de que la combinación pescado -pilpil de limón la he probado ya en unos cuantos sitios, pero aun así muy sabroso.

Hasta aquí acompañamos la comido con un Gran Feudo Chardonnay agradable, fresco y perfectamente escogido para acompañar a las verduras.

La parte salada del menú llegó a su fin con el cordero ecológico con perretxicos y verduras cevichadas. Muy bien de punto la carne, melosa y plena de sabor, pero pese a todo no fue un plato que me sorprendiese especialmente, aun resultado más que correcto.

Con la carne nos sirvieron un Gran Feudo Viñas Viejas 2004 estupendo para aguantar el tirón de la carne potente del cordero sin llegar a hacerle sombra.

Con la primera parte del apartado de postres llegó la etapa más impactante del menú, es decir, aquella que de alguna manera busca sorprender más basándose en el artificio técnico. El primer ejemplo, a modo de puente entre las dos partes de la comida, fue el gin tonic Ice Evolution, una esfera ultracongelada de aspecto minimalista sobre un fondo de tónica excesivamente amarga para mi gusto. Refrescante, aunque personalmente matizaría un poco más la potencia de algunos de los ingredientes.

En la misma línea efectista, en este caso basándose en el trampantojo, la fresa, vainilla y amapola, una crema helada de fresa y vainilla moldeada como una fresa natural cuyo aspecto se acaba con un pedúnculo fresco de fresa auténtica y unas semillas de amapola. Realmente bonito, aunque no fuese el postre que más me gustara.

La guinda del menú la puso un soberbio almendra, amaretto y salvia, una delicia de postre mucho menos impactante que los anteriores pero, para mi gusto, mucho más interesante. De nuevo el juego sobre las posibilidades de un mismo producto, en este caso la almendra, en el que a través de texturas y diferentes tratamientos se exploran distintos matices. Suaves toques de almendra verde, el amargo del licor y el toque herbaceo y pontente de la salvia. Me encantó.

Lo cierto es que salí muy contento del restaurante Rodero. Todo funcionó a la perfección, desde la compañía al impecable y amabilísimo servicio de sala, desde esa aproximación a una cocina navarra actual y sin estridencias al saludo del cocinero al marcharnos. Tengo que decir que para mi el restaurante Rodero fue, sin ninguna duda, el descubrimiento de mi estancia en Navarra y diría que uno de los restaurante más interesantes que he conocido en los últimos meses. En un ambiente discreto, tranquilo, concebido para agradar al cliente Koldo y su familia ofrecen una experiencia gastronómica netamente navarra pero, sobre todo, con una marca personal inconfundible.


Un restaurante que recomiendo vivamente y al que no me costará nada volver en cuanto tenga ocasión.

El menú de verduras que se sirvió durante el mes de mayo tenía un precio de 70€ incluyendo IVA, vinos, aguas y café. Habitualmente sirven un menú de 56€, otro de 69 y, entre semana, uno de 37,50, además de la posibilidad de comer a la carta.

7 comentarios:

bepoº dijo...

si ya decia to que te tenias que pasar por aqui...
es uno de los pocos lujos que tenemos en la capital...
(no asi en la comunidad, que hay algun otro)

Gourmetdeprovincias dijo...

Bepoº:

Era visita casi obligada y la verdad es que no defraudó. Al contrario. Pero te diré que me sorprendió encontrar una buena cantidad de restaurantes con una propuesta más que digna: los citados Alex Múgica y Rodero, Enekorri (que será el siguiente), Europa, Alhambra, etc.

Habrá que volver con calma para conocer otros y para acercarme, como apuntas, a esos otros sitios de Navarra que valen la pena. Por cierto, entre ellos me hablaron especialmente bien del Molino de Urdaniz.

Jãvi Antoja dijo...

Molino de Urdaniz es alta alta altamente recomendable Jorge. Un abrazo.

Gourmetdeprovincias dijo...

Esta vez viajaba sin coche. Pero está anotado para la próxima.

Gracias.

Toni dijo...

Estuve hace unos 2 ó 3 años en este restaurante y también me gustó mucho. Veo que sigue en forma. Además el menú degustación sin marisco. ¡Aleluya!.

El Molino de Urdániz imprescindible. A mi me gustó mucho en mi visita.

bepoº dijo...

no solo el molino...
maher tambien merece parada...
o no?

habra sitio en ese coche???
; D

Gourmetdeprovincias dijo...

Seguro que si. Siempre podemos apretarnos un poco!