
¿Qué precio tiene tu blog? ¿En cuánto valoras tu trabajo? ¿Qué sensación quieres que transmita tu blog?
Desde que el pasado mes de febrero de 2008 se dio a conocer el Código Cociña, un pequeño listado de recomendaciones referentes a una conducta ética y transparente en los blogs, en cuya redacción colaboré y que actualmente suscriben voluntariamente más de 250 blogs de más de una decena de paises, ha sido mucho lo que se ha discutido sobre el tema.
Y aunque hay puntos que parecen ser comunmente aceptados hay otros que resultan más espinosos. Concretamente aquel punto tres que reza:
Señalamos si el producto o el servicio del que hablamos nos ha sido remitido por su promotor o propietario, si hemos obtenido beneficio por ello y si la información que publicamos no ha sido comprobada por nosotros mismos. En la medida de lo posible, indicamos los cauces por los que hemos tenido acceso o conocimiento a ese producto/servicio.
Espinoso asunto el de los regalos y rebajas que puede recibir el autor de un blog. Muy espinoso.
Mi posicionamiento al respecto es claro: En principio no me gusta que me inviten a las cosas. Puedo aceptar una invitación de un amigo, pero no como norma general. Soy un cliente, me gusta ir a los sitios y pagar por lo que recibo. Y esa ha sido la tónica hasta el momento en al menos el 90% de los casos. Pagar por lo que consumo me da una cierta sensación de libertad, me resulta más cómodo a la hora de escribir sin presiones y, además, me parece más justo. No me gusta que la gente trabaje para mi gratis.
Otra cuestión es la de las muestras comerciales. ¿Quiere eso decir que no acepto muestras?. No, claro que las acepto. Pero este no es un blog comercial, así que no se convierten en algo que persiga ni, por supuesto, en algo habitual. Acepto muestras esporádicas con un mínimo de condiciones: me comprometo a hablar de ellas pero siempre dejando claro que son muestras facilitadas por el productor/distribuidor. Y me comprometo a dar mi opinión. Nada más. No escribo un blog publicitario, no pretendo convertirme en una agencia de nada. La prueba es que probablemente el 90% de los productos comentados aquí no han sido enviados por el productor, con el que no suelo, además, mantener contacto alguno.
Hasta aquí bien. Todo claro. Cada uno se impone sus normas y esas son las mías. Normas, además, que parecen de uso bastante común en los blogs españoles.
La cosa empieza a liarse cuando hace unas semanas un grupo de bloggers estadounidenses promueven un Food Blog Code of Ethics, que en muchos aspectos es un calco del Código Cociña (en algunos un calco casi literal) pero que, bueno, dejando eso a un lado aporta algo más a una cierta sensación de buena fe y transparencia en este sector.
A partir de su aparición, que simplemente por el hecho de haber nacido en Estados Unidos y a pesar de hacerlo con casi año y medio de retraso respecto a su precedente europeo ha tenido un eco bastante importante, han surgido, en foros especializados y otros blogs, debates que me parecen un peligro. En muchos de ellos se critica la transparencia respecto a esos regalos y muestras comerciales y en otros se defiende que son una opción perfectamente lícita para mantener los gastos del blog. Es decir, se plantean como una opción comercial.
Lo último, hasta el momento, sale del Australian Foodbloggers Group y da lugar a un texto en el blog The Last Appetite respecto a la relación entre blogs y empresas. Ahí se incluye, entre otras cosas, un texto relativos a los regalos a bloggers que empieza del siguiente modo:
Most food bloggers love free shit; especially meals and the feeling like they’re receiving something exclusive
Lo que traducido de un modo genérico quiere decir que la mayoría de los bloggers adoran cualquier chorrada que sea gratis, especialmente comdida y tener la sensación de que están recibiendo algo exclusivo.
Y esto, que dicho así puede parecer inocente, encierra un enorme peligro, porque el mensaje que recibe la industria puede ser: los bloggers son unos panolis que están dispuestos a escribir bien del infierno siempre que les enviemos un par de muestras gratis.
Cuidado, cuidado. Ahí cada uno decide, claro. Pero están en juego cosas muy importantes. La primera, la credibilidad de cada uno. La segunda, la credibilidad de conjunto. La sensación de que no hace falta dinero para comprarte y que con dos o tres botellas de bebida te tienen en el bote es una bomba a punto de explotar.
Personalmente, y repito que cada uno aquí es libre, aunque hay opciones que me gustan más que otras, creo que ese tipo de relación sólo puede ser buena para el blog si es esporádica y transparente. Si quieres convertirte en una página de anuncios está bien, todos tenemos nuestros gastos, pero asume que eso tiene sus riesgos. Y que tu credibilidad, tu supuesta independencia y aquella cierta frescura que se nos atribuye a los blogs está en juego. Tú decides, claro.
Es un tema espinoso, complicado, pero a mi personalmente no me gusta nada tener la sensación de que soy el perro faldero al que tenemos contento por un buen rato dándole una chuchería. Al final tengo la sensación de que es una cuestión de valor, de qué valor le das a tu blog y al trabajo que haces en él. Y ahí puedo pecar de purista pero yo, al menos, le doy algo más de valor que un par de cajas con muestras de aceite, conservas o vino. Si alguien me las quiere mandar, aquí estoy, podemos hablarlo (prefiero, de hecho, hablarlo de antemano) y no pasa nada. Probablemente llegaremos a un acuerdo y hablaré del producto en cuestión. Pero no como norma habitual. No voy a hacerlo todas las semanas ni reiteradamente para una misma marca. Y no voy a hacerlo porque no quiero que mi blog sea visto por nadie de esa manera que explica el autor australiano. No quiero que los lectores tengan la sensación de estar revisando la sección de anuncios, no creo que la industria crea que tiene una herramienta publicitaria casi gratuita y fácil de manipular y no quiero, en defintiva, tener la sensación de que me vendo por una caja de cerveza. Personalmente valoro mi trabajo en algo más.
Creo que en general en España llevamos un buen camino en ese sentido. En los blogs, en general, prima una cierta transparencia en ese sentido. Por eso creo que el hecho de que desde el entorno anglosajón, donde las cantidades que se mueven son otras y las tentaciones obviamente mayores, se empiece a cuestionar qué pasa por aceptar regalos o por no hacerlo público no es algo que beneficie a nuestra imagen. Es un debate que habrá que tener, que aquí tal vez quedó pospuesto por la crisis, pero que está ahí y que creo que puede marcar en buena medida la sensación de transparencia que un blog sea capaz de transmitir.
Taller Dolcitalia, postres italianos en Sevilla
Hace 3 días


3 Comentarios:
Aquí estoy en Minnesota, con una taza de café devorando con tantas ganas los escritos suyos. Desde el estilo de escribir hasta el tema en sí mismo me encuentro completamente cautivada. Y no tengo nada que venderle. - Joan
Me ha encantado tu comentario, he visto algo muy interesante en la web del mordisco, elclubdelmordisco.com, también con buena selección de productos. - Andreu
Los blogeros sois nuevos en el barrio, pero el problema que tratas es muy serio en otras actividades, como por ejemplo la medicina. Un ejército de representantes de laboratorios farmacéuticos están al acecho contínuo y pesistente para informarles de las últimas novedades de sus catálogos y a la vez les motivan con obsequios de diferente calibre. Desde chorradas como un stick memory a viajes al Caribe para asistir a un congreso, pasando por reuniones en pistas de ski son frecuentes, especialmente para los que son considerados líderes de opinión o algo así. Naturalmente esto no puede hacer mella alguna en las preferencias de estos profesionales sobre lo que tienen que recetar o no. Así que no te hagas mas pajas mentales y resígnate a aceptar que el mundo es así. Si quieres jugar a eso, juega, es legal. Si no, nadie te lo va a agradecer, pero me parece mejor que lo guardes para tí mismo y tu conciencia. Se duerme mejor, créeme.
Enric
Publicar un comentario en la entrada