Tremenda la pregunta sobre la naturaleza artística de la cocina que retomo a raiz de la intervención de Javier Pérez Escohotado en el IV Foro de Gastronomía de Aragón. Y digo que me parece tremenda porque es una de esas cuestiones más propias de discusiones bizantinas que de un debate en el que sea posible llegar a un punto de encuentro. ¿La cocina es arte?
Difícil pronunciarse. Muy difícil. Fundamentalmente porque todo dependerá de la definición de arte que empleemos, de si utilizamos "arte" como sinónimo de "bellas artes" o como algo más. En el primer caso dejaremos fuera, junto a la cocina, al cine, el cartelismo, el diseño, la fotografía, la videocreación, el arte performativo, el arte popular, etc. Si optamos por una definición más abierta el tema comienza a complicarse.
Personalmente creo que, una vez más, el problema está en las etiquetas. Si no tenemos claro qué es el arte ¿Para qué nos empeñamos? Si el concepto de arte es creciente y cambiante no resulta fácil acomodar en él según qué cosas. Tal vez sea cierto que el arte como tal ha muerto, que la categoría ya no tiene sentido. Desaparecidos los condicionantes que le dieron lugar es difícil mantener el concepto de arte como una categoría momificada.
No me invento nada. Hace ya más de seis décadas el filósofo Etienne Gilson detecto un cambio en ese sentido, de tal modo que algunas experiencias estéticas parecían excluir el disfrute o incluso la posibilidad misma de otras experiencias estéticas. En aquella sociedad francesa de posguerra, en la que por primera vez la cultura se extiende, los medios de comunicación de masas comienzan a imponerse, crece el consumo de información, las visitas a museos, aparece el concepto de ocio cultural, el público dispone de más tiempo libre y más dinero para invertir en él la cultura cambia. Ya no hay una alta cultura, manifestaciones artísticas cultas cerradas en compartimentos estancos perfectamente definidos. Los límites entre lo culto y lo popular se desdibujan, las bellas artes comienzan a sobrepasar sus bordes, nuevas manifestaciones de carácter cultural y estético reclaman ser tenidas en cuenta. Los conceptos de arte, de cultura y de estética reclaman una revisión urgente. Cosas que antes no eran arte comienzan ahora a serlo, cosas que no se consideraban manifestaciones culturales pasan ahora a ostentar esa categoría. Hablamos de hace más de 60 años. Y desde entonces el proceso no ha parado.
Umberto Eco defendió, a comienzos de los 60, que tal vez sería más adecuado hablar de experiencias culturales y experiencias estéticas que de Arte. El arte, como concepto cerrado, aparecía ya como algo que comenzaba a no servir. La experiencia estética, sin embargo, se justificaba al márgen de categorías predefindias por proporcionar placer, por implicar un juicio crítico personal y, desde ese punto de vista, una serie de elementos individuales como la formación, el gusto, la ideología y otros condicionantes. Ahí, en la categoría estética, encontraban acomodo muchas cosas nuevas que no encajaban en el viejo concepto de arte.
Así que, si la cosa ya era válida para los años 50 y 60 del pasado siglo, es perfectamente válido suponer que la categoría "arte" derivada de aquella concepción academicista del S.XVIII, como algo contrapuesto a la ciencia, tal como la analizaba Rousseau, ya no sirve. Y traigo a Rousseau al debate no por pedantería sino para poner en evidencia el hecho de que un debate que ocupaba a la academia dieciochesca tal vez no tenga ya demasiado sentido a comienzos del S.XXI. ¿Seguimos viendo las cosas como lo hacía los intelectuales franceses prerrevolucionarios? Sería muy triste admitirlo.
Pero es que en mi opinión hay más. Aun en la propia categoría de arte, que como digo deja fuera muchas de las manifestaciones estéticas de la sociedad actual, hay cosas que han cambiado. Y aquí las vanguardias históricas, con su revisión más o menos crítica de la historia del arte, tienen mucho que decir. El concepto de estética que se aplica al arte cambia radicalmente desde los salones del Paris decimonónico, continúa su mutación con Cezanne, con los cubistas, los futuristas introducen nuevos elementos, al igual que suprematistas y otras vanguardias. El surrealismo aporta el elemento menos racional, menos elevado. El dadaismo lleva todo lo anterior a las últimas consecuencias: ya no sólo se cuestiona la sociedad sino el papel mismo del arte. Nuevos enfoques para nuevos tiempos. Se introduce lo lúdico, lo recreativo, lo casual, lo gamberro. Cosas que no cabían en el viejo concepto de arte.
Y desde esa base las llamadas neovanguardias dan un paso más. El Pop introduce la cultura de masas, lo seriado, lo intrascendente, lo comercial. EL hiperrealismo, el minimal, fluxus, los happenings exploran los nuevos límites y los llevan un poco más allá. La concepción tradicional de arte ya no sirve. Ahora el arte puede también provocar, ofender, divertir sin más, buscar la notoriedad mediática. El arte ya no es arte.
Y en ese territorio en el que el arte ya no es arte, en el que cabría discutir si sigue teniendo sentido la palabra "arte", aparecemos nosotros empeñados en descifrar si la cocina es arte o no. En ponerle a todo, una vez más y de manera reduccionista, una etiqueta, en seguir con los compartimentos estancos, en aferrarnos a conceptos antiguos.
Si el arte ya no es arte, o no es lo que antes era el arte, ¿Qué sentido tiene preguntarse por la naturaleza artística de la cocina? Únicamente servirá si, de alguna manera, intentamos devaluarla. La cocina es cocina, pero es también experiencia estética. Supongo que eso no lo pondremos también en duda. Y si es experiencia estética, fruto de una sociedad contemporánea a la que las tradicionales categorías artísticas se le han quedado pequeñas ¿Para qué empeñarnos en nada más? ¿Qué le aporta a la cocina que la etiquetemos o no como arte?
La cocina es cocina, es una manifestación cultural de la sociedad actual y está cargada de connotaciones estéticas. El arte, por su parte, está pendiente de una redefinición. Yo no me empeñaría en el estéril debate de si la cocina es arte o no. Por ahí creo que no llegaremos a ninguna parte.
Dormir en Salamanca
Hace 1 día


9 Comentarios:
Como me dijo un guía cuando visité por primera vez el museo Reina Sofía...
"... el arte (helarte) es morirte de frío"
Arte, técnica, negocio, iconografía, disciplina...
Concuerdo, "cocina es cocina". Lo digo como diseñador y como amante de la buena mesa.
Muy buen artículo.
Saludos.
Querido Gourmet: ya sabes que el tema puede gustarme más que el comer. Y claro está que es una frase. Si hablamos, como parece, de artes visuales (pintura y escultura, vídeo, performances, cine) claro está que la cocina sólo participa en parte de esa categoría. o sea que no vale. la vista es el primer sentido que se aplica a la cocina pero no el primordial.
Ya hace tiempo que se habla, cansinamente, de la muerte de la pintura y de la escultura como tales. Hace ya bastante más de un siglo. Pero ni el impresionismo acabó con el romanticismo ni las vanguardias con el impresionismo ni siquiera la guerra, ni el hambre ni la desolación con las vanguardias. Mientras tanto, y estoy convencido que así sigue, la cocina no ha tenido nada que ver con las artes visuales ni siquiera como consecuencia. Las artes ya hace tiempo que no son siete, ni las bella ni las siniestras. pero la cocina, en el entretanto, se ha espabilado pero como cocina, como sentido del gusto que es el que le da sentido (y permíteme el chiste) y probablemente nada más. No se cocina sólo para ser comido, claro está, pero estoy convencido de que darle más vueltas a las desgastadas tuercas de la Cultura y hasta de la Civilización (ambas con mayúsculas) para añadir la cocina a una lista ya caduca de por sí, no sirve absolutamente para nada. Ni el Arte ha muerto (pero ¿quién se atreve a decirlo?) ni la Cocina es la octava o la novena o la décima de las Bellas Artes. Fíjate que ya casi no quedan escuelas de Artes y Oficios y proliferan como locas las Esvuelas de Hostelería: ¿Arte o Artesanía? ¿Arte Bella u Oficio Artístico?. Que Ferrán Adriá fuera seleccionado para la Dokumenta pasada no ha hecho más que confundir. De todas formas, y ya acabo, ¡bendita confusión!
Muy bueno tu comentario sobre Mc Donalds, sensato, equilibrado e independiente.
Permiteme que lo califique de "liberal", tal y como yo entiendo el ser liberal.
Gran gran artículo.
Yo creo que al arte lo hace quien lo mira. Digamos: sería el punto de vista el que crea el panorama. Entonces una piedra en una vitrina (o un mingitorio, ja!) podrían ser arte. Todo depende de los sentidos que les atribuyamos.
La verdad que no sé si la cocina es arte, pero en todo caso me gusta pensar que la cocina y el arte "se tocan".
Igual... me queda flotando una pregunta. Creo que si hay algo que define al arte es esa cosa de "el arte por el arte", su fin en sí mismo más allá de su utilidad. En ese sentido, por ejemplo, el diseño no sería arte, porque lo que tendría que primar en el diseño es la funcionalidad y no la expresión artística.
El año pasado escuché al periodista Pau Arenós diciendo aquello de que "el cocinero crea para sí mismo". Supongo que la frase lleva al máximo el intento de asimilar la cocina y el arte. Es válido lo que plantea, pero la verdad disiento profundamente con él. Creo que lo primordial de la cocina es justamente que se crea para otro, para hacer feliz a otro, recibiendo por supuesto una contrapartida, sea en forma de dinero o, en el mejor de los casos, de cariño. La pregunta: ¿es algo malo crear para otro? Para mí eso no rebaja a la cocina, aunque la aleje del arte. Más bien al contrario, la enaltece.
En suma: la cocina y el arte podrán andar ahí, coqueteando cada tanto un poco. Está buenísimo que eso pase. Pero please, nunca perdamos de vista que antes que nada la buena cocina es amor, purito amor.
Manuel:
Está claro que la postura que defiendo en el post es un tanto radical. Creo, sin embargo, que mi postura está bien resumida en esta frase tomada de uno de sus párrafos:
Si el arte ya no es arte, o no es lo que antes era el arte, ¿Qué sentido tiene preguntarse por la naturaleza artística de la cocina?
Sí sí, algún sentido tiene que tener. Las preguntas siempre tienen sentido. Despertarnos reflexiones como éstas en un sábado nublado y gris, por ejemplo. A mí me flasheó el título del post. Me hizo reír y pensar.
Ya lo dijo Danto al ver la Brillo Box de Warhol: el arte ha muerto. Pero ha muerto en el sentido de que ya no existe el relato histórico occidental del arte como tal, aquel que ha guiado la historia del arte desde que el arte se desligó de la artesanía. Aunque en realidad el fin lo puso Duchamp al darle la vuelta a un urinario y señalarlo como obra de arte. Más allá no se puede ir; ahora lo que importa es que vale todo, es la autoridad del artista la que decide qué es arte y qué no. Y obviamente la autoridad que marque el "mundo del arte"...
Y es que para mi, es arte lo que nosotros consideramos que sea arte. Cada uno tendrá su visión particular y luego estará la que el "mercado" del arte tenga, pero, de entrada, hoy todo es perfectamente válido.
Si hablamos de experiencia estética, la cosa varía un poco... Podemos obtener esa experiencia de algo que en otro momento no consideraríamos artístico. Kant lo definía algo así: la obtención de un placer derivado de poner en marcha nuestras facultades mentales al recrearse en la mera forma de un objeto, desligándolo de cualquier utilidad o contexto. Entonces sí que se puede obtener una experiencia estética de la cocina. Como de muchas otras cosas.
Pero yo no creo que discutir sobre poner o no qué etiquetas nos lleve a alguna parte. Es un mundo demasiado abstracto y relativo, y lo único que hacen las etiquetas es limitar. Y puesto que hoy el arte se define por la absoluta autonomía, me parece absurdo. Que cada cosa sea lo que tiene que ser, y quizá evolucione hacia vías más estéticas o quizá no lo haga. Pero lo bonito es poder encontrarse experiencias estéticas inesperadas, sin necesidad de que se imponga por regla.
Para mí sí que la cocina puede tener una naturaleza artística. Porque considero que el arte es una de las pocas cosas que nos diferencian de los animales, el ahcer algo que no sirve para nada para nuestra supervivencia como especie. Querer destacar, querer llamar la atención de los demás, querar dejar una huella en el mundo, querer expresarnos mediante formas y objetos. Un cocinero puede desarrollar sus platos con cierto sentido artístico, y me parece totalmente válido que eso se valore. Pero no creo que sea bueno pensar que toda la buena cocina debe tener ese "algo" artístico (que además sería difícil de definir o acordar).
Porque además, sólo hay que pensar en el arte del pasado. Las primeras imágenes religiosas (por poner un ejemplo) del paleocristiano nos pueden parecer "feas", mal hechas, sin proporciones, sin perspectiva... pero sin duda forman parte de nuestra historia del arte. Y cuando sus autores las crearon, no pensaban en estar haciendo "arte", sino un fin claro (adoctrinamiento religioso). Entonces, ¿lo artísticamente válido sólo es aquello que nos parece "bonito", "original" o "bien hecho"?
Un plato no tiene porqué ser una maravilla artística para ser bueno, y a la vez, puede ser una preciosidad a los ojos a la vez que al paladar, que nos haga sentir la necesidad de inmortalizarlo en una foto.
Pero etiquetar no me gusta. Sólo impone límites, y a través de la historia vemos cómo no hemos hecho más que romper etiquetas y crear otras constantemente.
Me temo que he escrito demasiado y desviándome bastante del tema. Si es que no se puede dejar hablar libremente a alguien sobre lo que le gusta :P
En cualquier caso, un tema muy interesante sobre el que reflexionar.
Magníficos posts, como siempre.
Un saludo
El arte és acedor de sensaciones, la gastronomia también.
Buena lectura és el libro de la participación de ElBulli en la Documenta de Kassel.
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