28.4.09

HABLANDO DE GASTRONOMÍA EN EL INSTITUTO DE VALGA


Esta mañana, gracias a la invitación que me hicieran dentro de las actividades culturales que la Comisión de Normalización Lingüística del Instituto de Ensino Secundario de Valga (Pontevedra) organiza, tuve la ocasión de charlar con chavales de 2º de E.S.O. en un encuentro bajo el título de Cociña, Gastronomía e Internet.

Dentro de estas jornadas, que cada año dedican a una temática y que este año se centran en la nutrición, están programadas otras actividades, como la presencia de especialistas médicos en alimentación o la organización de recitales poéticos, obras de teatro, etc. Mi aportación, por lo tanto, estaba relacionada con el mundo de eso que suelo llamar blogastronomía. La idea era explicarle a los chavales que la gastronomía es algo que nos afecta a todos de manera constante y decisiva y que tecnologías como internet, con toda esa variedad de blogs, videoblogs, podcasts, redes sociales y demás, nos pueden ayudar a acceder a un mayor número de conocimientos y a enfocarlos desde nuestros intereses particulares. Y que al final, por resumir, todos vamos a comer varias veces todos los dias de nuestra vida, así que más nos valdría tener una relación cordial con la alimentación.

Empezamos charlando de cómo la cocina y la gastronomía se relacionan con todos los campos de conocimientos (pusimos ejemplos sencillos tomados de la física, la química, la biología, las matemáticas o la historia) y de cómo, aunque no nos demos cuenta, vivimos inmersos en una tradición cultural que marca de manera decisiva lo que comemos y cómo nos relacionamos con la comida. Todo, por supuesto, explicado para la óptica de alumnos de 2º de E.S.O.

Desde esa base la charla fue derivando hacia los blogs, utilizando el mío como ejemplo, como manera de acceder a más conocimientos, de compartir los tuyos, de generar relaciones, etc. Hablamos de videoblogs, hablamos algo de fotografía gastronómica, intenté que les quedara claro que la comida no sólo entra por la boca, que tiene mucho de estética, de ritual, de cultura.

No sé qué éxito habré tenido, pero si conseguí picar la curiosidad de alguno de los chavales, que naveguen un poco curioseando, que utilicen Google para buscar algo que les llame la atención en relación con la gastronomía, la cosa habrá sido un éxito.

Por otro lado, al tiempo que les proyectaba imágenes y videos, aproveché para ir haciendo una pequeña encuesta sobre sus hábitos gastronómicos y sus prejuicios al respecto. Son datos aproximativos pero que me parecen sintomáticos y muy reveladores.

Por un lado, hablando de tradiciones gastronómicas locales, un porcentaje muy elevado de los asistentes no fueron capaces de identificar un timbal de lamprea, una receta tradicional de la comarca. Hablamos de más de un 80%. Por otra parte, más de un 90% no fue capaz de identificar un rape a través de la fotografía. Y aproximadamente un 80% prefiere la carne al pescado. Hablamos de un ayuntamiento en la desembocadura del río Ulla que se autoproclama "Cuna de la Ría de Arousa".

Por otra parte, un porcentaje muy elevado es capaz de reconocer a Karlos Arguiñano, mientras menos de un 10% reconoce a Ferrán Adriá en una fotografía. Dato revelador para los que tendemos a movernos entre aficionados a la gastronomía.

Pero si hubo algo que no me esperaba es que, al preguntarles por cocina más creativa, después de ver imágenes de platos de El Bulli, de Marcelo Tejedor o del Dos Cielos, se mostraron mucho más receptivos de lo que imaginaba. Al preguntarles si ese tipo de platos les parecían, hablando claro, una tomadura de pelo, aproximadamente un 20% de ellos contestó que si. Sé que algunos se habrán callado por timidez, pero quiero destacar que les insistí mucho en que fueran sinceros, que yo no soy profesor y que su opinión no se tendría en cuenta ni para bien ni para mal, que lo que me dijeran se quedaba en aquella sala y que no tenían motivos para ocultar su verdadero punto de vista. Con eso y con todo, y aun teniendo en cuenta las salvedades que indico, el porcentaje de respuestas afirmativas fue mucho menor de lo que imaginaba. Probablemente mucho menor que si hiciésemos esa pregunta a un grupo de adultos no especialmente aficionados a la gastronomía.

Los últimos 20 minutos los dedicamos a preguntas y respuestas, a hablar del tipo de restaurantes que les gusta, de comidas exóticas, a resolver dudas y a todo lo que les apeteció comentar.

Para mi fue una experiencia nueva y muy entretenida y espero que al menos para algunos de ellos sirviera para conocer cosas nuevas y despertar su curiosidad. A mi, desde luego, me enseñó bastante de cómo esa generación más joven se enfrenta a la gastronomía.

Dado que la charla fue impartida a menores y en un centro público no incluyo imágenes de la misma. Ilustro el post con una foto del río Ulla a su paso por Valga.