30.3.09

OTRA VENTAJA MÁS


Mi tio Javier Guitián, que es catedrático de botánica en la Universidad de Santiago y al que traigo a este blog como voz autorizada más que como pariente (aunque eso no quita que el parentesco haga que me guste más coincidir en la opinión), publicaba ayer en La Voz de Galicia un artículo titulado Contra los incendios, un mundo rural vivo. En él achaca buena parte de la responsabilidad de los incendios forestales en Galicia al preocupante estado de abandono del monte en Galicia.

Un primer dato que me preocupa y me sorprende: en las últimas dos décadas algunas zonas gallegas han incrementado su superficie de bosque y matorral entre un 30 y un 40%. Ese dato,que de entrada puede parecer una buena noticia relacionada con la recuperación de zonas verdes se debe, fundamentalmente, al abandono de tierras de cultivo, de pastos y de zonas de paso. No hablamos de un bosque beneficioso y rentable sino de matorral y zonas abandonadas, de terreno abonado para los incendios. En las zonas más cercanas a la costa tenemos otro problema, relacionado esta vez con la repoblación con especies foráneas, fundamentalmente eucalipto, que también incrementan el riesgo de incendios y que continúan ganando terreno a otros usos del suelo. Esperemos a que llegue el verano para ver cómo los destrozos de los temporales de los últimos meses, unidos a esa situación de abandono del monte, nos van a dar más de un disgusto.

Pero hay otro dato que me parece igualmente sorprendente y que está más en relación con el tema que me interesaba tratar hoy. Las zonas rurales se abandonan, los campos de cultivo son devorados por la maleza, el monte deja de explotarse y por lo tanto de cuidarse. Sin embargo, está más que demostrado que ese entorno rural puede, mediante una explotación inteligente, ser un potente recurso económico y de fijación de población. En los últimos años, junto con el salvaje desmantelamiento de las montañas que están llevando a cabo de manera concienzuda unas canteras de pizarra que hoy ya no parecen el cuerno de la abundancia que se aseguraba hace uno o dos años, algunas iniciativas apuestas en el valle de Valdeorras por la recuperación de soutos, bosques de castañas, para su explotación ordenada. Y ya hay gente ganando dinero (y bastante) con esos bosques que hace nada estaban abandonados. O con el cultivo de setas o de frambuesas, que permiten desestacionalizar la producción. Por no hablar, por supuesto, de la recuperación de viñedos que en esa y otras zonas de Galicia estaban abandonados o semi-abandonados y que hoy están dejando dinero en la comarca.

Lo mismo ocurre con cooperativas agrícolas, empresas de producción ecológica, pequeñas explotaciones ganaderas centradas en la calidad del producto y un largo etcétera. Donde se fija una de esas pequeñas iniciativas se frena la despoblación, se recuperan usos tradicionales del suelo, se crea un cierto flujo económico, se dinamiza el sector turístico y hasta se reduce la desaparición o el expolio del patrimonio monumental y etnográfico.

En Galicia, donde ahora por primera vez en nuestra historia empezamos a tener una red viaria digna (con mucho por hacer todavía, pero infinitamente mejor que hace una década), es posible rentabilizar el monte, los núcleos rurales y hasta algunas actividades tradicionales. Tal vez ya no hablemos de los mismos usos pero hablamos, en definitiva, de darles un uso, de que sirvan para algo, de que se conviertan en un recurso productivo, de que los habitantes de zonas rurales no vean un mal empleo en cualquier capital de comarca como una alternativa mejor. La producción ecológica, las indicaciones geográficas y las denominaciones de origen, las pequeñas explotaciones que priman la calidad, el turismo rural respetuoso con el entorno son alternativas que no sólo benefician al tejido económico y que no sólo incrementan la calidad y la diversidad de la oferta gastronómica. Hablamos de recursos con un enorme potencial para la conservación del paisaje, de los usos del suelo, para minimizar el impacto de los incendios y, al final, para hacer que el medio rural se convierta en una oportunidad y no en la amenaza en la que parece destinado a convertirse por el camino que lleva.

Hay ya iniciativas puntuales que demuestran que es posible y que no resulta tan difícil. Tal vez todos, biólogos, geógrafos, economistas, historiadores y hasta gente con algo que decir en el terreno de la gastronomía deberíamos empezar a pensar en actuar de una manera global, en ir abandonando esa idea de que las urbanizaciones y los bosques de eucaliptos son la única posibilidad rentable (que se lo digan hoy a más de un promotor), y en convertir todo eso que hoy es terreno abonado para los incendios, el expolio y el abandono en una oportunidad.

En la foto uno de los bosques de eucaliptos del valle de Amaía que en cualquier momento serán pasto de las llamas.

4 Comentarios:

ALHOVA dijo...

Siento mucho decirte que no solo provocan incendios los matorrales...es posible que muchos incendios sean así, pero en lo que toca a Terra de Montes esa no es la verdad. El Monte Seixo, un monte que mucho antes de yo nacer tuvo árboles como el pino autóctono hoy es eso que llaman "monte bajo" que solo tiene laxas de piedras y tojos. Esto es así porque durante muchos, muchísimos años recuerdo cada verano desde que era pequeña (y ya tengo 32) fuegos inmensos. En mi tierra puedo decirte que el fuego se prende a posta, nadie lo duda y aún hoy que solo hay tojos se sigue plantando porque no da dinero a la madera, pero lo planta la gente que tiene caballos en el monte porque a los caballos les gustan los brotes que salen de los tojos quemados...y en ese monte solo quedan los molinos eolicos...y estoy convencida que en otras partes de galicia donde la gente tiene ganado en el monte pasa lo mismo...:(

Gourmetdeprovincias dijo...

Alhova:

Es cierto, el monte arde desde siempre. Pero también es cierto, y a eso me refiero en el post, que el estado de abandono dificulta las tareas de extinción, que los caminos están desapareciendo (no hay más que intentar ir a cualquier monte con un mapa oficial para darse cuenta), que la maleza que antes se recogía ahora se acumula...

Claro que ha habido incendios siempre y claro que la mayoría son provocados. Pero los datos son claros y la cantidad de hectareas quemadas en la última década habla por si sola. Y el abandono, la despoblacion y las especies foraneas tienen muchísimo que ver con eso.

Anónimo dijo...

Concordo contigo.
Fará unha década boicotearon ó comisario de UE Fischler que quería protexer ós pequenos productores para salvar a cultura campesiña e a paisaxe. España e outros opuxéronse frontalmente . Así, a Duquesa de Alba é otros aristos con latifundios, cobran millóns de € de UE, e o noso campo morre.
Por outra banda compre manter o antigo equilibrio entre mato ( moi necesario para a maior parte da fauna ), os soutos, explotacións de madeira, fincas agrícolas e de lecer e manter os escasos e por desgracia pequenos bosques virxes.
Xesús

Anónimo dijo...

En Galicia hai monte e monte para todo: para manter gando, para crear unha industria forestal potente, para lecer, para pór en valor o patrimonio arqueolóxico que neles hai...

Falta tomar as iniciativas necesarias para sacar todo ese proveito, sobre todo no aspecto económico, coa industria da madeira. Sei dunhas cantas Comunidades de Montes que se sacan uns cantos "quilos" de cada corta que levan a cabo. Iso si: facendo tamén as súas boas inversións en manter o monte como é debido...