Por suerte, y a pesar de que la carga de trabajo está siendo más que notable, no atravieso una época especialmente estresante. Y que dure. Pero en cualquier caso siempre se agradece un fin de semana relajado, con tiempo para quedarse en casa, pasear si prisa, reencontrarse con viejos amigos y tomar el aire.
Eso es lo que hice hoy. Empecé el día desayunando en una cafetería, cosa que me encanta hacer los fines de semana cuando tengo tiempo, antes de poner rumbo a la Serra do Barbanza, que está que estalla en amarillos del comienzo de la primavera. Tras un paseo más que fresco, de vuelta hacia casa con parada para comer en A Casa dos Martínez, donde Enrique Castillo sabe cómo redondearnos la jornada a los que somos ya algo parecido a clientes asiduos.
Comparto con Enrique -y él lo sabe- la pasión por los libros de temática gastronómica, así que visitar su restaurante es siempre una garantía de entretenimiento. Como si con su estupendo arroz negro con chipirones y cola de gambón no hubiese suficiente.
Por la tarde, sobremesa relajada paseando primero por Padrón y con un buen rato leyendo la prensa y los suplementos dominicales sin prisa, con la sensación de tener todo el tiempo del mundo.
Un fin de semana en el que no hicimos nada especial (entiéndase que no hicimos nada fuera de lo habitual, porque comer bien y reencontrarse con viejos amigos son siempre cosas especiales) y que, sin embargo, deja un excelente sabor de boca.
Dormir en Salamanca
Hace 3 días


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