6.12.08

RECUERDOS, AROMAS Y RECETAS


Cada uno recuerda como quiere. O como puede. Mi memoria, por lo visto, es básicamente olfativa. En cualquier momento el olor de una habitación cerrada puede traerme a la cabeza recuerdos más intensos que una fotografía. El olor de un pan recién horneado, de las hojas pudriéndose en el suelo o de la sal marina secándose sobre las rocas pueden ser vias más directas a esa parte de mi cerebro que una descripción detallada, una imagen o una batería de nombres que, por si sólos, apenas me dicen nada.

La casa de mi bisabuela paterna tiene el aroma de las uvas madurando en la parra junto a la fuente, de las manzanas cogidas del árbol y abrillantadas contra la manga de la camisa. La de mis abuelos paternos huele a buen pan compostelano, ese que ya es sólo un recuerdo, y a queso de bola. No hace tanto hablaba del vapor de los grelos cociéndose en casa de mis abuelos maternos. El verano tiene el olor de los sargos o las maragotas recién pescados, coleando todavía en el suelo del barco; de los mejillones al vapor, de los berberechos crudos, abiertos uno contra otro; del carbón de las hogueras en las que cocinábamos el resultado de nuestras primeras excursiones pesqueras; de las tardes lluviosas de chocolate y partidas de cartas. La universidad me huele a café y pincho de tortilla y cuando hay alguna etapa de mi vida (y alguna hay) que sólo puedo asociar al olor del mal café de máquina o a una barrita de Kit-Kat es que no ha sido especialmente memorable.

Hace ahora prácticamente un año hablaba aquí de la libreta de recetas de repostería de mi madre. Está visto que este clima favorece el recuerdo y el apetito repostero. Tardes de quedarse en casa, de hacerse un chocolate y puede que un bizcocho. Inevitablemente vuelvo a la libreta de mi madre.

E inevitablemente en los cerca de 35 años de recetas que hay en sus páginas aparecen nombres que ya no están, estupendas cocineras que aparecen aquí asociadas a una receta. Y es cierto que al leer su nombre junto al de un postre o un bizcocho me doy cuenta de que mucha de esa gente está asociada en mi memoria esos aromas.

A Angelita, además de viniendo a casa a ponerme inyecciones (dejemos esa parte a un lado), la recuerdo siempre cocinando o regalando el resultado de sus horas en la cocina. Ahí, en la página 9, están sus galletas duras de almendra. Mi bisabuela Pilar está, junto a su leche frita, en la página 50. Las chulas de Aurités de la página 56 están asociadas a mis visitas de invierno a Vilanova de Arousa.

Junto a las recetas de estas cocineras ya fallecidas están las de muchas otras. Con algunas seguimos teniendo contacto mientras con otras, por esas cosas que a todos nos van pasando, ya no hay relación. Sus recetas están ahí, sin embargo. Las tortitas de Paloma, otro de los recuerdos de cuando de pequeño pasaba los fines de semana en Santiago, la tarta de crema de una de las tías de mi madre y el bizcocho de claras de otra, el bizcocho de chocolate "tipo americano" de Mari Luz, el cake de nueces de mi tia Teresa...

Pasar las páginas de esta libreta es, además de una tentación, un recorrido por los aromas y los sabores de mi memoria. Sus poco más de tres décadas son, poco más o menos, mis casi 33 años, así que cada una de esas tartas, de esas galletas o de esos postres los he probado en casa -y en muchas ocasiones antes de la mano de sus creadoras- en docenas de ocasiones.

No soy especialmente goloso, pero a nadie le amarga una buena receta de repostería casera en una tarde desapacible como la de hoy.

4 Comentarios:

pfgarea dijo...

...bueno, bueno, bueno, y cómo será el olor de esa libreta, no?

Isabel dijo...

Hola,
Yo también pertenezco afortunadamente a ese grupo de personas que tienen basante desarrollado el entido del olfato. Un pequeño olor y viajo con mucha facilidad en el tiempo.
Me gustaría, sin embargo, poder "adiestrar" mi olfato d emanera que pueda ser aún más fino: a la hora de distinguir los ingredientes de una salsa o cuando bebo un vino.
Todo se andará.
¿El bizcocho de hoy es el que aparece en la foto? ¡Qué bueno sería poder leer (y luego hacer) la receta!
Un saludo de una asturiana vecina de Vigo.
Isabel

gorkinha dijo...

Dicen que el olfato es el unico de los sentidos que no podemos recordar (trata de recordar un olor; no lo que ese olor te evoca) pero tambien dicen que es el sentido mas evocador. El que es capaz de sacar los recuerdos mas escondidos.

Buen post...
me voy a tomar un chocolate calliente del Barco de Avila

Salu2

Marisa dijo...

!Ay el olfato! Para bien o para mal, me ocurre lo mismo. Para bien, cuando el olfato resulta evocador;para mal, cuando éste te trae malas experiencias. Mi madre me llama "Doña Olores"
Besos