
Los que somos aficionados a la cocina oriental solemos quejarnos de que en España, y aunque en menor medida también en otros paises, los restaurantes chinos, japoneses, tailandeses y demás suelen occidentalizar su oferta. Es decir, puedes tomarte un curry al estilo de Kerala, pero normalmente tendrá bastante menos picante del que esperarías. Y lo mismo te pasará con un curry verde tailandés y con tantas otras cosas. Todos tenemos amigos o familiares que afirman que les gusta la cocina marroquí o india "pero sin tanto picante".
Nunca había pensado, sin embargo, que el mismo proceso se da a la inversa y que en paises con tradición gastronómica diferente nuestros platos se adaptarán también a su gusto. Es el caso de Japón, donde esa cocina occidental niponizada (valga el término, si es que existe) es tan frecuente y tan popular que tiene hasta un nombre: Yoshoku.
Todos sabemos que no hay una única cocina japonesa, sino muchas, desde la tradicional y codificada cocina kaiseki, la comida informal de pequeñas raciones de la cocina izakaya y, por supuesto, la cocina rápida, ya sea en su versión occidental o en la representada por máquinas de fideos instantaneos y cosas por el estilo.
Pero hay otra cocina japonesa que no conocía y que me resulta intrigante. La cocina Yoshoku adapta al gusto nipón recetas clásicas de nuestra tradición. Porque del mismo modo que a la mayoría de los occidentales el miso, el caldo dashi o los copos de atún seco les resultan extraños y no siempre agradables a los japoneses les pasa algo similar con algunos de nuestros ingredientes, con los fondos de carne, con muchos lácteos, etc. Así que si nosotros recortamos drásticamente la cantidad de curry o cambiamos el pescado crudo del sushi por pescado ahumado o por vegetales ellos hacen algo parecido.
No es el único caso de cocina mestiza, ni mucho menos, pero si uno de los que, tal vez por menos conocidos, resultan más curiosos. Podríamos citar ejemplos similares como el de la cocina Nikei, que es la de los japoneses asentados en Perú; la cocina Chifa de la comunidad china peruana; la cocina criolla, que mezcla tradiciones africanas, caribeñas y occidentales; la cocina cajun o del delta del Mississippi, en la que Francia, España y África se encuentran con los productos locales; la cocina de fusión indo-portuguesa de Goa; la cocina postcolonial de regusto francés de Vietnam o Laos (hablan maravillas de sus croissants y baguettes); la cocina luso-pacífico-japonesa-estadounidense de Hawaii...
Del mismo modo que nosotros tomamos las versiones tradicionales del sushi y nos sacamos de la manga, por ejemplo, los California Rolls, la cocina Yoshoku toma nuestra afición por picotear cosas saladas y la convierte en un hojaldre de queso parmesano, sésamo y alga nori. O a unas vieiras a las finas hierbas les añade unas gotas de salsa de soja y mirin. Nuestro Bloody Mary se convierte en un Bloody Wasabi, los gnocchi se sirven con una mantequilla de jengibre, las hamburguesas, llamadas allí Haambaagaas (una especie de transcripción fonética del ingles hamburger), suelen acompañarse de salsa de soja y rábano daikon en juliana o un filete de ternera puede venir acompañado de una mantequilla de algas nori.
No hablo de extravagancias de algún cocinero con ganas de innovar sino de platos que pueden encontrarse con relativa facilidad en restaurantes japoneses de corte occidental. Y tampoco me refiero a los grandes restaurantes franceses o italianos. Pienso, más bien, en el equivalente de nuestros restaurantes de barrio que pueden servir un arroz tres delicias, un cus-cus o algo por el estilo.
En realidad, si lo pensamos bien, no es un fenómeno novedoso en absoluto. De hecho, si radicalizamos un poco la postura la celebre tempura (o témpura, que no acabo de decidirme. Como tampoco tengo claro si es masculino o femenino) no deja de ser el primer ejemplo conocido de la cocina yoshoku, ya que nace en el S.XVII de adaptar al gusto local los fritos de verduras que los misioneros portugueses preparaban durante la cuaresma.
Pero si todos los platos anteriores, con la excepción del omnipresente tempura, pueden ser más o menos frecuentes, si hay un ejemplo de cocina yoshoku que se ha popularizado más que los otros es el de un postre muy común en Tokio, aunque en los últimos años su presencia empieza a decaer. Hablo de Tiramisú al estilo de Tokio, el de la foto. Básicamente es un tiramisú como el que conocemos por aquí pero en el que el cacao se cambia por pasta dulce de judias de soja, el amaretto (o el licor con el que se empapen los bizcochos) deja su lugar al Sake y el aroma se completa con té verde. Pura cocina yoshoku.
25.11.08
COCINA YOSHOKU
Lo firma
Gourmetdeprovincias
a las
18:53
Etiquetas: cocina, gastronomia, yoshoku
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9 Comentarios:
Apreciado GdP:
Este post es de matrícula de honor. No sé cuáles son tus fuentes, pero me parece una información de lo más interesante. Todos las culturas adaptan recetas ajenas a sus gustos o mejor aún, a sus posibilidades, porque los ingredientes a veces no están disponibles. Nace con ello una cocina fusión por necesidad, como por ejemplo paellas criollas que pretenden ser valencianas. Sólo comentar que después de Japón, es en la costa Oeste de Estados Unidos donde se puede comer el mejor sushi, de ahí el california maki. Esto es porque la población de origen japonés es muy importante. En cuanto a la traducción fonética al japonés de hamburger, es muy imaginativa pero habría que meditar qué sentido tiene. En resumen, para alguien como yo que vive expatriado, tus palabras están llenas de sentido e invitan a la meditación de aquellos fundamentalistas aferrados a la tradición (leáse alternativamente como caverna)
saludos
Enric
Enric:
Hay un libro que me puso sobre la pista del tema, aunque luego, a pesar de que tiene cosas interesantes es terriblemente confuso. Se trata del libro de Jane Lawson "Yoshoku: comida japonesa al estilo occidental"(Edimat, 2008). Como verás, desde el título es confuso, ya que el yoshoku es comida occidental al estilo japonés y no al revés. A partir de ahí mezcla algunas recetas auténticamente yoshoku con otras que son todo lo contrario, adaptaciones occidentales de platos japoneses, como el sushi con ahumados. Pese a todo, dado que es un libro barato, vale la pena darle un vistazo a las muchas recetas aprovechables.
El resto, una vez en la pista, ha sido informarme un poco más.
Saludos.
Gourmet,
Si me permites abusar de tu amabilidad, me gustaría conocer tu opinión acerca del restaurante Shunka, un japonés de Barcelona del que me han hablado muy bien y al que pienso ir dentro de unos días. Lo conoces o tienes alguna referencia?
Lo compararías con Shiratori o está más en la línea Kabuki?
Gracias anticipadas. Ah... y ya que estamos, si tienes alguna sugerencia/recomendación de algún otro restaurante barcelonés, ya sería la repera.
Saludos.
Larpeiro:
Estuve en Shunka hace un par de años. Estaba solo, con prisa y comí un menú. Pero aun así me encantó. Y sentarse en la barra a disfrutar del trabajo de los cocineros es todo un espectáculo. Si te gusta la cocina japonesa te lo recomiendo sin ninguna duda.
El mismo dueño acaba de abrir otro local en la misma linea. Se llama Koyshunka y puedes leer comentarios de Capel y de Regol (busca Koyshunka en Google y son los primeros resultados).
No es barato, pero en mi opinión lo vale.
Ya me dirás si te he ayudado y, en su caso, tu opinión del local.
Muchas gracias, Gourmet.
Leeré los comentarios que me recomiendas sobre Koyshunka, pero en un principio únicamente tengo pensado visitar el original, del que me comprometo a dar mi opinión en este mismo post a mediados de diciembre cuando regrese de Barcelona.
Muy interesante como todo lo que escribes.
Fíjate que cuando empecé a leer tu post y vi la foto pensé "uy, eso se parace a un tiramisú??" jeje
Si es que tengo un ojoooo jajajaja
Milu.
Te dejo un link que igual te puede interesar.
http://www.kirainet.com/cerdo-iberico-japonesizandose
Muy interesante el blog. Te invito a visitar mi sitio haciendo click aquí.
Ya he regresado de Barcelona y, como lo prometido es deuda, paso a comentar mi experiencia.
Respecto a Shunka: esperaba algo más del local, no pude conseguir sitio en la barra pese a reservar con bastante anterioridad (parece estar muy solicitada), tomé el menú degustación (Ostra+Sabagaki+Requesón de huevo con ceps¿?+Nigiri de sepia+Almeja con sake+variado de Sashimi+Espardenyes+Gamba de Palamós+Ternera a la plancha con salsa de pasta de soja)y debo confesar que me gustó. Me sorprendió que pese a que el equipo en su integridad está formado exclusivamente por japoneses combinan su cocina con bastantes elementos de la cocina local. A destacar la exquisita amabilidad con la que fui tratado y la paciencia franciscana que tuvieron a la hora de explicarme cada plato.
Esperaba menos, y me sorprendió muy gratamente, un local llamado Dos palillos. Albert Raurich (antiguo jefe de cocina de el Bulli) está al frente de este curioso local dividido en dos partes: la entrada, con una barra de tapas típicamente españolas, y en su interior una barra con veintipico plazas de tapas japonesas, en la que durante dos horas me surtieron con muchísima variedad no exenta de gran calidad. Muy recomendable.
El momento gastronómico estelar del viaje fue mi incursión en Abac. Menú degustación con maridaje de vinos, elegidos por la amabilísima y encantadora Nerea, asistente del sumiller (precios prohibitivos. Ojo!) y gin-tonic de Martin Miller's mientras fumaba un Davidoff en el Lounge al acabar de cenar. Una pega: no entiendo porque en el lounge se reserva la mejor zona para los no fumadores cuando se supone un espacio pensado para la tertulia acompañada de copa y puro.
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