13.10.08

AHORA LES TOCA A LAS ALGAS


Vivimos en un mundo en el que, por lo visto, todo lo nuevo genera desconfianza y en el que todo lo que genera desconfianza acaba por generar un alarmismo casi siempre contraproducente.

El otro día, hablando con un cocinero y con un periodísta gastronómico me enteré de que en el reciente Congreso de Gastronomía de Pamplona, en el que uno de los temas tratados fue el de las algas, un médico presente en la sesión alarmó sobre los peligros potenciales del consumo de algas en relación, por lo visto, con un exceso de yodo en la dieta y, en consecuencia, con la posible aparición de hipertiroidismo, especialmente en poblaciones proclives.

Está bien que conozcamos esa posibilidad y que sepamos que las algas no son un alimentos inocuo. Ninguno lo es si lo miramos desde la perspectiva adecuada. Pero que conozcamos sus propiedades y sepamos dosificarla no debería dar motivos para la alarma.

Es decir, 100 gr. de algas secas tendrán de media (según el tipo) la cantidad de yodo que un adulto normal necesita consumir durante 15 días o un mes. Puede parecer mucho, así de entrada, pero si le damos un par de vueltas veremos que no hay para tanto ¿Cuántos gramos de algas consume el español medio al mes?.

Tengamos en cuenta que en estas algas secas, que son las que la mayoría consumiremos cuando lo hagamos, ya que son las más fáciles de encontrar en el mercado, la concentración de yodo y de otros componentes es mayor que en el mismo peso producto fresco, ya que se ha eliminado el alto porcentaje de agua, concentrando el resto. Y tengamos en cuenta que una ración de alga seca, antes de rehidratarla, puede rondar los 10 gramos. Repito la pregunta ¿Cuántas raciones de algas consumes al mes?

Con esos datos en la mano nos encontramos con que necesitaríamos consumir unas seis o siete raciones de algas secas al mes (teniendo en cuenta el pequeño aporte de otros elementos de la dieta) para llegar a ese tope. Y tendríamos que mantener ese ritmo durante un tiempo suficiente para que sus efectos se notasen en nuestro organismo. O lo que es lo mismo, si los datos no me engañan, consumir algas en cantidades normales dos, tres, cuatro o cinco veces al mes no entraña ningún riesgo.

Es cierto que un consumo excesivo de algas puede suponer un problema pero no hace falta exagerar. ¿Quién ha oido hablar del latirismo, el neurolatirismo o el favismo, por ejemplo? Pues podría producirlos el consumo excesivo de garbanzos o habas. Y sin embargo las consumimos y no pasa nada. Es verdad que el favismo parece estar asociado a una predisposición genética pero ¿Sabes si la tienes o alguien te ha informado de la posibilidad? Y no pasa nada.

Pero sin irnos a casos concretos de enfermedades más o menos raras, si los garbanzos supusieran un 25% de nuestra dieta (menos si están poco cocidos y un 5% en cerdos) nos podrían provocar una intoxicación por alcaloides que podría resultar mortal. ¿Hay que alarmarse por ello y dejar de consumir garbanzos?

En este caso pasa, poco más o menos, lo que comenté en su momento con el desafortunado asunto Santi Santamaría (¿Qué fue de aquellos riesgos reales para la salud pública, por cierto? ¿Ya no existen o es que no eran para tanto?). Está bien conocer los posibles efectos adversos de los hidrocoloides, carragenatos y cualquier otro producto similar pero, seamos sinceros ¿Alguien consume suficientes como para que supongan un riesgo real? Es más ¿Somos conscientes de la cantidad de ellos que tomamos en alimentos preparados o envasados?

Vuelvo sobre lo que comenté en aquella ocasión. A mi me parece mucho más real el peligro que encierra la panceta, la sopa de sobre, la bollería industrial o la margarina. Y son pocos los que crean alarma sobre ellos.

En la sociedad actual hay tres verdaderos factores de riesgo que si deberían preocuparnos y que si suponen un problema real: consumo excesivo de calorías, consumo excesivo de determinadas grasas y consumo excesivo de sal. Y esos si que son problemas de verdad porque son cosas de todos los días y que difícilmente podríamos evitar. Podemos agrandar la lista con el exceso de azúcares, con los posibles efectos adversos de productos como el aspartamo (presente en muchos alimentos light), con los hidrogenados, con los alcoholes, con los pesticidas o los conservantes, con los transgénicos, con el origen y procesado de alimentos que en principio no suponen riesgos (acordémonos de lo que pasó hace unos meses con una partida de aceite de girasol llegada de Ucrania)... ¿De verdad creemos que es en las algas donde debemos poner el acento? A mi no me lo parece.

Hasta el consumo excesivo de lácteos puede provocar problemas de salud. Creo que deberíamos ser conscientes de todo ello y adaptar nuestra dieta en consecuencia, pero que en general creo que deberían preocuparnos más las bollerías industriales, las comidas precocinadas y otros elementos de presencia cotidiana en nuestra dieta a los que rara vez les prestamos atención que los posibles riesgos de un consumo excesivo de algas por un periodo prolongado. Al menos por el momento ese no es el problema y, al menos por el momento, hay otros asuntos relacionados con nuestra alimentación que si reclamarían atención y medidas por parte de las autoridades. El día que eso ocurra empezaré a creer que hay motivos reales para preocuparse por las algas. Mientras tanto, creo que es solo la prevención (probablemente bienintencionada, ojo) ante la novedad.

2 Comentarios:

Pedro Fraga Garea dijo...

pues da gusto leer algo con toda la lógica que merecen estos asuntos, porque la verdad es que en este tema -de la alimentación en general- las noticias van dando tumbos de un lado a otro de manera bastante sensacionalista; el más claro ejemplo aquí citado: Santi Santamaría, que aprovecho para decir lo muy decepcionado que me dejó su último libro, ya no tanto por el contenido, sino por la forma, tan pobre y desconjuntada. Pero eso, que se agradece esta visión coherente y lógica sobre el uso de los alimentos.

Raquel dijo...

Yo soy mucho más terrenal, aunque me encanta leeros.

Mi intención sólo era recordar un arroz meloso con algas y carabineros que tomé este verano en el restaurante CanRoig de Alcocebre (Castellón). Gran sorpresa las maravillosas algas.