11.9.08

EL PLANETA ROJO


Fuerteventura es otro planeta. Si el tópico se empeña en que Lanzarote se parece a la Luna, Fuerteventura debe parecerse a Marte. Es una inmensa roca plantada en medio del océano, apenas a 90 Km. del Sahara, en la que prácticamente no hay árboles más allá de un puñado de palmeras y donde las condiciones de vida son tan extremas que uno se soprende aún de lo poco que sustentaba la forma de vida tradicional. Apenas hay agua, prácticamente nunca llueve, los cauces de los ríos están secos, la vegetación autóctona va poco más allá de algunos tarajales y los únicos animales que parecen adaptarse al lugar son burros y cabras. Hasta tal punto es asi, que uno está tentado de pensar que las cabras que ve a los lados de las carreteras tienen que alimentarse de piedras.

La isla se divide en tres partes. La mayor de ellas, que ocupa casi tres cuartos de la superficie, es el antiguo reino guanche de Maxorata (de ahí el nombre de majoreros de los habitantes de la isla), que abarcaba la llanura del norte, con la montaña sagrada de Tindaya, el Malpaís Grande, una zona arrasada por una colada de lava relativamente reciente (en términos geológicos), y las sierras de origen volcánico de la parte sur.

Al sur de la antigua Maxorata, que es la parte ancha de la isla, se extiende la estrecha península de Jandía, ocupada por el reino guanche del mismo nombre. Se trata de una escarpada sierra que se interna en el mar en dirección a Gran Canaria y que aparece bordeada por playas infinitas. Entre ambos reinos se encontraba una especie de tierra de nadie, Erbania, hoy conocida como istmo de La Pared. Se trata de un istmo arenoso, probablemente surgido en el lugar en el que debió haber un canal entre dos islas, en el que las dunas se extienden de costa a costa y que tradicionalmente funcionó como frontera natural. Aún se conservan restos del muro que lo atravesaba y que le da nombre (algunos historiadores derivan el nombre guanche, Erbania, del bereber Bani, que significa muralla. Desconozco la fiabilidad del dato).

En cuanto a la costa, el sur, sobre todo en Jandía, tiene las mejores playas de arena blanca y fina (Jable), mientras que hacia el norte y hacia el oeste la costa está dominada por acantilados y por pequeñas calas de arena negra. El extremo norte, sin embargo, tiene la mayor concentración de dunas de la isla, en el espacio protegido de Corralejo.

Todo esto hace que la isla sea un lugar tradicionalmente pobre e hinóspito en el que, hasta la llegada del turismo, la población se concentraba en media docena de núcleos de los cuales muy pocos llegaban al millar de habitantes. Por si esto fuese poco, los constantes vientos salados, la presencia de piratas hasta bien entrado el S.XVIII y su utilización como lugar de destierro hasta bien entrado el Franquismo no ayudaron precisamente a su modernización ni a hacer de la isla un lugar atractivo hasta la llegada masiva del turismo en los años 70. Hoy los mayores núcleos de población son lugares que apenas tienen 20 años de antigüedad, como Costa Calma, mientras que otros han devorado minúsculos pueblos marineros rodeándolos de hoteles y urbanizaciones (Corralejo, Morro Jable, Gran Tarajal...).

A pesar de lo dicho Fuerteventura es una isla fascinante. En pocos kilómetros se pasa de la interminable playa de Sotavento a los picos volcánicos de la Montaña Aguda, Tindaya o Montaña Hendida; de los acantilados de Ajuy al Malpaís Grande o a los Llanos de Mafasca. Fuerteventura es una lección práctica de geología y un lugar desconcertante que es capaz de convertir lo inhóspito en atractivo.

Monumentalmente la isla no tiene demasiado que ofrecer, apenas cuatro o cinco monumentos desperdigados: el pequeño pueblo de Betancuria, la iglesia parroquial de Pájara, la Casa de los Coroneles en La Oliva o los molinos de la llanura interior son todo lo que la isla tiene en ese aspecto. Gastronómicamente tampoco es un lugar privilegiado. El clima durísimo la limita a dos elementos básicos: cabra y tomate. La cabra era la carne cotidiana y con su leche se elabora el emblema culinario de la isla: el queso majorero. El tomate, que ha conseguido adaptarse al clima, tiene aquí cualidades únicas, ya que el intenso sol lo hace especialmente dulce y el viento y el agua, siempre ligeramente salados, le dan un toque único que no se encuentra en ninguna otra parte. Así que con tomate, cabra y queso se preparan la mayor parte de los platos tradicionales. A pesar de lo que pudiera parecer, el pescado no tiene aquí la importancia que tiene en otras islas, tal vez por lo escarpado de la costa de barlovento o debido a que la escasa población tendía a instalarse unos kilómetros tierra adentro para escapar de los ataques piratas. Se consumen pescados autóctonos como la sama, el cherne, la vieja, la corvina o, menos frecuentemente, la morena, pero en menor medida que en otras islas. También están presentes otras especialidades canarias como las papas con mojo o el gofio.

Como contrapartida, Fuerteventura es un espectáculo en cuanto a paisajes y a playas. La carretera que desde Jandía va a Ajuy por Pájara recorre dunas, sierras, valles, volcanes y acantilados que van del dorado al rojo, del verdoso al violaceo y del negro al naranja, dejando adivinar las sucesivas erupciones. Es, también, un lugar de playas increibles. No caeré aquí en el tópico de la mejor playa del mundo, ya que últimanente cada lugar con costa parece tener la suya, pero no negaré que es imposible encontrar en Europa muchas playa de 30 Km. prácticamente vírgenes, con el agua transparente y lejos de hoteles, urbanizaciones o hasta carreteras asfaltadas. Fuerteventura las conserva. De momento.

No es, sin duda, el lugar más bonito del mundo, pero es un rincón que vale la pena descubrir por sus paisajes, por su clima y por permitir todavía un turismo que, según las zonas, no está en absoluto masificado. Al menos a mi, la hermana pobre de las Canarias me ha convencido.

A partir del próximo post iré contando cosas del viaje.

1 Comentarios:

el náufragode san barandán dijo...

Hola
me ha gustado mucho tu post de Fuerteventura, aunque he de decirte que eso de la "hermana pobre del archipiélago" no es del todo verdad. Quizás lo fue, pero ya... hay mucha industria del turismo ahi.

Por otro lado, en Fuerteventura he comido yo los mejores pescados de mi vida, en Corralejo, en el Cotillo y en Jandía.

En cuanto a las playas y los paisajes, únicos. No serán hermosos para muchos, pero únicos lo son con creces. Eso sí, el cuidado por el medio ambiente de sus políticos es nefasto (autoconstrucción desmedida, constante construccion al borde del mar, etc) y eso que el consejero de Medio Ambiente del Gobierno es majorero.

Un abrazo