30.8.08

VACAS FLACAS


Se veía venir. Hasta aquí parecía que no había crisis, que la situación podía afectar a la venta de automóviles o de pisos pero que el sector gastronómico estaba a salvo. Eso parecía o eso se empeñaban en vender desde algunos sectores.

Ha pasado medio año de crisis reconocida y, a pesar de lo dicho, empieza a haber datos que dicen más bien lo contrario. Reconozco que no hay por ahora datos oficiales y lo que publico a continuación viene de diferentes fuentes, así que son datos relativizables y no cifras indiscutibles. Con eso y con todo creo que hablan de una tendencia tristemente clara:

- En el primer semestre del año han cerrado cerca de 500 pequeños restaurantes en España.
- Según algunas fuentes en lo que va de año el número de reservas ha bajado, de media, un 30% y la facturación incluso más porque el gasto en vino, por ejemplo, se ha recortado.
- Según otras fuentes, la afluencia de clientes a restaurantes en julio y agosto ha descendido entre un 10 y un 20% en zonas turísticas. Y hablamos de la mejor época del año.
- Según algunos distribuidores de bebidas, la demanda de vino cae en picado y sube la de aguas y cervezas. Obviamente ni el volumen de negocio ni el margen de beneficio es el mismo.
- Las cadenas de comida rápida están notando un importante incremente de facturación. Es evidente que si ellos suben es porque otros bajan y que quien antes comía a base de menús del día de 10€ hoy, en muchos casos, se conforma con un McMenu de 5.

Y lo gordo viene ahora. Los turistas se vuelven a sus casas, la gente tiene menos tiempo libre para salir a comer, la vuelta al colegio, la vuelta a casa, la vuelta al trabajo... Además, muchos clientes potenciales renegociarán en este trimestre su hipoteca y, si no hay una gran sorpresa, no van a recibir buenas noticias. El paro sigue subiendo y veremos qué pasa con los combustibles en cuanto crezca la demanda en otoño.

Estas cifras abstractas están encontrando ya su plasmación en la realidad. La primera víctima con cierto nombre ha sido el restaurante sevillano Atarazana, que acaba de anunciar que cierra.
Y empiezan a surgir rumores sobre restaurantes madrileños conocidos que no abrirán tras la vacaciones o que cerrarán por reformas por tiempo indefinido.

Estamos ante un panorama desolador. Desolador en primer lugar para quien se atrevió con la aventura de abrir un restaurante, pero también para sus empleados, para el sector gastronómico en general, ya que empieza a perder así la inercia que lo había situado en un momento de oro, y en última instancia para nosotros, los clientes y aficionados.

No pretendo regodearme en la desgracia ni levantar ampollas y espero sinceramente que el daño que sufra el sector sea el menor posible y, en cualquier caso, que mis amigos, conocidos y aquellos a quienes admiro sean capaces de capear un temporal que se anuncia largo y sostenido pero que acabará por pasar.

Sin embargo, resulta cuando menos chocante que frente a la evidencia de estos datos, frente al crecimiento prácticamente nulo (si no negativo. Eso lo veremos) de la economía española, frente a los sueldos congelados los precios de los restaurantes no bajan. De hecho, suben. No hay datos oficiales, pero el único que he leido, relativo a Asturias, avisa que los precios han subido en lo que va de año más de un 5% de media. Una subida del 5%, un descenso en la clientela del 30%... no me salen las cuentas.

No sé si el dato será exacto o aproximado, pero parece realista. No hay más que revisar el archivo de este y otros blogs, comprobar los precios de los restaurantes hace uno, dos o tres años y ver qué cobran ahora. Espero que la euforia de tiempos pasados no hinchase en exceso la burbuja y que los precios, en lugar de ajustarse a la realidad, no se situasen en un peldaño al que empieza a haber gente que no llega o que no quiere llegar porque sus prioridades son otras.

Espero, en definitiva, que las vacas gordas no nos hiciesen perder el sentido común y que ahora las vacas flacas no nos pasen factura. Hace meses hablé de esa escalada de precios y eso me costó unas cuantas críticas y un buen montón de matices. Los acepté. Espero que la realidad no demuestre ahora que estábamos ante una situación frágil y pasajera y que el sector sea capaz de sobreponerse. Pero tengo claro que ante la crisis existe una única fórmula: adaptarse. Y si eso supone no seguir subiendo precios habrá que estancarlos. O bajarlos. De la misma manera que cuando las cosas fueron bien se subieron y nadie se quejó. Creo que un pequeño moviemiento a tiempo puede evitar disgustos. Las administraciones anuncian austeridad. Y eso incluye el gasto en comidas oficiales, que son el seguro de más de uno. Las tarjetas de empresa ya no se sacan con la misma alegría de hace seis o siete meses. Y los particulares... las cifras son las cifras.

Veremos qué depara el otoño.

4 Comentarios:

Anónimo dijo...

Si hace poco hablabas de restaurantes que abusaban del producto de lujo, hoy nos cuentas que el sector está entrando en crisis. Como siempre, unos pocos podrán continuar alimentándose de solomillo y caviar pero la mayoría, tengan o no posibles, mirará el bolsillo porque los tiempos que se avecinan no son halagüeños. Así que el negocio tendrá que adaptarse para ofrecer precios ajustados de productos mas humildes pero bien elaborados.
¡Aleluya!
Enric

Toni dijo...

No me extraña que no te salgan las cuentas con respecto a Asturias. Ni a tí ni al premio Nobel de matemáticas.
Los hosteleros asturianos debe ser que se perdieron los capítulos de Barrio Sésamo en los que explicaban la relación entre demanda y oferta.

Anónimo dijo...

En esto, como en el caso de la vivienda, lo que habrá es un ajuste severo. Quien no ha sido honesto, honrado, quien no ha apostado por la calidad y ha pensado en duros, le esperan malos años.
No es normal ni lo ha sido, toda esta bacanal de nuevos valores y creadores culinarios. Los que hayan hecho las cosas bien, estoy seguro que seguirán, reduciendo sus ingresos pero no perderán sus puestos de trabajo y sus negocios.

Ahora es el momento, también, de pedir explicaciones a críticos y palmeros que en su día subieron a las alturas a cocineros sin base ni fondo de armario.

De todas formas, así son las cosas. Un mecánico que de rejonazos y no remate la faena es carne de cierre. Un cocinero-empresario también.

Un saludo

Roberto

Ose dijo...

Tienes mucha razón en lo que cuentas. Se ha abusado y mucho. Todo aquel que quería montar un negocio y no sabía de qué, veía en la restauración la gallina de los güevos de oro. Reducir una salsa y decir que llevaba 20 horas cociendo ha sido pábulo para que algunos atracaran de manera desconsiderada. Y en todo ello también ha participado el comensal, ya que ha habido un cierto snobismo que muchos han aprovechado. Y por supuesto los bancos, que aflojaban dinero a diestro y siniestro a los negocios y ahora que la cosa va de culo han cortado por lo sano, dejando tirado a todos y sobre todo aquellos que tenían abierta una línea de descuento, las han cerrado todas y el problema del cobro se plantea como mayor problema que vender un kilo de filetes.
Respecto a las cifras te podría dar las mías, ¡horrorosas!. Siempre he ido comparando las ventas con las de años anteriores y desde hace 3 meses ni se me ocurre hacerlo, ¿para qué?, ya sé que he bajado del orden de un 40%, que ahora vendo mas rabo, carrilleras y jarrete que solomillo. Y que las bodas que agasajaban a sus invitados con paletillas de lechal, solomillo de ternera o chuletas de blanca, tan solo son un recuerdo del pasado.
Podemos adaptarnos, cierto y verdad, es mas tenemos la obligación de hacerlo pero la herida se a abierto y aun no ha dejado de sangrar y por supuesto va a tardar en cicatrizar, … y mucho.