21.8.08

TRANSGÉNICOS, MARCAS E INFORMACIÓN POCO CLARA


Hace una temporada sufrimos la que se conoce como la Polémica Santamaría en la que el cocinero catalán, y a continuación unos cuantos más, pusieron el grito en el cielo por los peligros del uso incontrolado de determinados productos. El último en unirse a ese coro ha sido el gurú de las dietas Michel Montignac.

No ha habido nunca, al menos que yo sepa, un revuelo ni remotamente similar motivado por la información poco clara, cuando no incompleta, y por la presencia en nuestra dieta de todos los días de productos cuya seguridad no está en absoluta comprobada. A mi, personalmente, como aficionado a la gastronomía pero como persona que come y va al supermercado a diario me preocupa más lo que hay en las carnes o pescados que me venden, con qué se preparan las patatas fritas o qué lleva el bizcocho que cualquier producto que se use para gelificar o esferificar en alta cocina. Más que nada porque ni gelifico ni esferifico a diario pero si que como carne, pescado, bizcochos o verduras. Y como yo, me temo, millones de ciudadanos de este pais que cada día se meten entre pecho y espalda cosas que no está claro de qué están hechas ni cómo están elaboradas. Ese si que sería, para mi, un problema de salud pública y no los hidrocoloides. Mientras nadie me demuestre lo contrario las grasas saturadas, los hidrogenados, los excesos de sal y de azúcar y unas cuantas cosas más son problemas reales y cotidianos de muchísima gente. Pero está visto que el tema vende menos, porque con eso no se ha creado revuelo.

Viene todo a esto a cuento por el asunto de los transgénicos, productos alimentarios modificados genéticamente que, si bien es verdad que de momento son poco conocidos presentan serias dudas. Y aunque fuera por ese desconocimiento deberíamos andar con cuidado. Porque no está demostrado que provoquen nuevas alergias, pero tampoco está demostrado que no lo hagan y hay indicios inquietantes al respecto. Como tampoco se han estudiado todos sus posibles efectos perjudiciales sobre la salud. No es que no existan a ciencia cierta, es que no se han documentado. Y el problema afecta al maiz y la soja, omnipresentes en nuestra dieta (desde las lecitinas a los caramelos, o desde las harinas a los aceites), así que yo tendría cuidado.

Y eso al margen del problema que suponen en cuanto a la pérdida de diversidad genética y a desaparición de variedades minoritarias. Ese si que se ha comprobado. Y podríamos seguir con cuestiones éticas en cuanto a su nefasta influencia en la producción orgánica, local y a pequeña escala o sobre el papel que le otorga a las grandes multinacionales en el manejo del mercado. Así que, aunque alguien me diga que médicamente no hay nada probado hay motivos suficientes como para mirarlos con recelo.

El pasado jueves Greenpeace actualizó los datos de su Guía Roja y Verde de los Alimentos Transgénicos, que puede descargarse aquí. En ella se incluyen, en la lista verde, las marcas del mercado español que no utilizan transgénicos. La roja, sin embargo, es mucho más dudosa: en ella se incluyen todos las marcas que no han podido (o querido) demostrar que no usan transgénicos. Es decir, son culpables hasta que no demuestren lo contrario. Se trata de una política que no me gusta en absoluto, por lo que la lista roja me ofrece una fiabilidad relativa. Hay en ella, pese a todo, marcas que han sido sometidas a pruebas de laboratorio y en las que se ha demostrado científicamente la presencia de transgénicos. Esas si que me preocupan.

La guía ofrece, además, datos que chocarán a todos esos amigos de las marcas, a los que evitan los supermercados con marcas blancas y compran únicamente determinadas marcas porque se anuncian por televisión y eso, por lo visto, supone algún tipo de garantía de calidad. Pues bien, la guía incluye entre los productos verdes marcas como las de Lidl, Mercadona, Alcampo, Eroski o Caprabo, pero de las grandes, de esas que todos conocemos, aprueba a muy pocas: Nutribén, Santiveri, Calvo, Heinz, Casa Tarradellas, Gallo, Pescanova, Gallina Blanca, Pascual...

Entre las dudosas hay muchas de las que gozan de mayor credibilidad entre los consumidores, pero como dudo de la fiabilidad del listado prefiero no dar nombres. Entre las que si que contienen a ciencia cierta productos transgénicos hay algunas grandes marcas que sorprenderán a más de uno. Entre las más populares están, según la guía, aceites Carbonell y Koipe, chocolates Bimanán (antes Biomanán), galletas Príncipe, Oreo, Chips Ahoy, Mikado, Pim's, Marie Lu, Fontaneda, Yayitas, Petit Ecolier, etc.

Quedan sobre la mesa dos debates: el de los transgénicos y el de las marcas. Como digo, a partir de los datos que cada uno decida lo que quiere comprar y lo que no, lo que éticamente le parece aceptable y lo que es discutible. Eso si, con esas marcas en la cabeza, y comparándolas con todas las que conozcamos de hidrocoloides de uso casero yo, al menos, tengo bien claro dónde está el posible problema de salud pública y dónde el montaje y los intereses ocultos.

1 Comentarios:

Mar Calpena dijo...

Una de las cosas que más llaman la atención, por lo que leo en tu entrada, es que a primera vista la mayoría de las marcas suspendidas corresponden a productos muy procesados, que además de transgénicos a menudo contienen grasas trans y otras lindezas. Creo que deberíamos ser todos un poco más realistas respecto a este tipo de alimentos tan requeteprocesado. Y en cuanto a las marcas blancas, sin desmerecer a otras marcas más caras, te diré que tengo detectado cierto papanatismo entre la peña, que parece creer que con no consumir una marca sin pedigree ya lo tiene hecho todo en materia dietética (cuando a menudo, como pasa con las leches o la pasta, la de la marca blanca y la de la marca "oficial" es exactamente la misma). Gracias por el texto y el link, me parece muy aclarador.