La pequeña localidad de Aguiño (Ribeira, A Coruña)ha tenido siempre fama por sus pescados y mariscos. Una desafortunada campaña turística de los años sesenta la vendía como "La Andalucía de Galicia" pero, afortunadamente, no consiguió calar y hoy Aguiño sigue siendo un pueblo de dornas varadas en la playa, con una pequeña lonja y, a pesar del estropicio constructivo de los últimos años, un lugar relativamente tranquilo al final de la Península de O Barbanza, entre la ría de Arousa y la de Muros.
Hablamos de una zona bastante poblada, con la tercera localidad de la provincia en número de habitantes (Ribeira), con un importante tejido industrial basado en las conservas y en la explotación de la pesca, con uno de los principales puertos de bajura de Europa. Hablamos de una zona situada a tres cuartos de hora de Santiago de Compostela y a hora y media de A Coruña o Vigo, una importante comarca turística bien comunicada con el resto de Galicia. Pese a todo, a pesar de que las condiciones parecerían idóneas, hasta hace nada era una comarca limitada en lo gastronómico a la tradición pura y dura. Y por pura y dura quiero decir, con contadas y honrosas excepciones, producto y más producto sin demasiado cuidado por detalles como servicio, sala, cartas de vinos, ambiente y demás. Allí la genta iba (y va) a tomar un buen pulpo, un buen marisco o una buena caldeirada.
Todo esto, que es una gran ventaja, se convirtió también en una importante traba para el crecimiento de un sector gastronómico que podría haberse diversificado y que, sin embargo, no supo salir del sota, caballo y rey de la tradición local en el que, además, como en todas partes, había unos cuantos nombres de referencia que todo el mundo conocía (Arnela en Porto do Son, O Dolmen en Oleiros, O Lagar en A Pobra...) en medio de un buen montón de restaurantes con propuestas mediocres y poco cuidadas que se escudaban en la excelencia de un producto no siempre tratado como se merecía. Es así como algunos platos auténticamente tradicionales de la zona como las empanadas de pan de maiz o la caldeirada de maragota fueron desapareciendo de las cartas en beneficio de esa nueva tradición de churrascos y pulperías en cada esquina que restó buena parte del interés que la gastronomía de la zona podía tener.
Eso, como decía, está cambiando desde hace tres o cuatro años en los que han ido apareciendo algunos locales con ganas de ofrecer algo más. Hablo de restaurantes que siguen basándose, como es lógico, en el inmejorable producto de la zona pero que cuidan más los detalles y, en ocasiones, arriesgan un poco más y ofrecen alternativas que no vienen a ocupar el sitio de los buenos restaurantes de siempre sino a ofrecer una alternativa. Fue el caso del desaparecido Ameneiro (Ribeira), hoy convertido en salón para banquetes y de algunos otros que, en la medida de sus posibilidades y no siempre con el mismo acierto, han ido apareciendo: Gadus Morhua (Ribeira), La Terraza de Chicolino (A Pobra), un renovado O Lagar (A Pobra), Casa Hermo (Oleiros, Ribeira) y algún otro.
Este es el caso también del restaurante O Carreiro (Aguiño), una taberna de puerto de las de toda la vida, escondida tras la Casa del Mar, que hace un par de años decidió abrir un pequeño comedor separado del bar en el que servir algo más cuidado que las raciones que ofrecen en la barra.
Y han cuidado decoración y ambiente, diseñando una carta pensada para agradar a quien busca cocina tradicional y a quien quiere una visión renovadora de la misma basándose siempre, eso si, en el producto que sale de la lonja del pueblo, a apenas 200 metros, y de la vecina de Ribeira. Así, un primer vistazo a la carta deja ver ocho o diez tipos diferentes de pescado, muchos de los cuales no son fáciles de encontrar fuera de la ría (pienso, por ejemplo, en un plato de pinto que tenían en carta) con preparaciones que van de lo clásico a propuestas más atrevidas. Hay, por supuesto,una selección interesante de entrantes, en los que el producto del mar vuelve a ser protagonista, y una selección de carnes algo más breve, aunque también con cosas interesantes.
El comedor es de tamaño medio, con unas diez mesas, y resulta sorprendentemente acogedor tras entrar atravesando el bullicio de la taberna. El trato es cordial y atento así que, en general, la estancia resulta agradable.
Visitamos el restaurante con la Gourmet 2.0, así que decidimos pedir más entrantes de los que hubieramos pedido en caso de ir solos, para que ella se centrase en esas cositas de picar. Mientras esperábamos llegó a la mesa un aperitivo cortesía de la casa, primera sorpresa del día, compuesto por una brocheta de bonito y pimientos aromatizada con hierba luisa y una mini-ensalada de jamón de pato con lechuga, tomate cherry y moras. Agradable comienzo.
El primer entrante que nos sirvieron fue una ración de pulpo a la parrilla estilo O Carreiro
, abundante y sorprendentemente bien de precio visto lo visto en lugares más turísticos (8,50€). Las patas del pulpo, de muy buen tamaño, se pasan por la plancha abiertas a lo largo, se sirven sobre cachelos (patatas cocidas con piel) y se acompañan de una allada. Una manera diferente y agradable de tomar pulpo. Bien.
A continuación llegó el plato más flojo del menú, pedido pensando en la pequeña pero que, aún así, no nos convenció. Aparecía en la carta como Cuajada de Pisto y era un revuelto de verduras sin nada especial. También pensando en la pequeña pedimos unas croquetas de marisco agradables y servidas también en ración generosa.
Como plato principal ella optó por una merluza con tomate estofado al tomillo fresco, una merluza con tomate de las de toda la vida, buena pero sin nada especial. Yo me decidí por una raya rellena de grelos e ibéricos. Todo un acierto. De nuevo una ración más que generosa (constante de la casa, parece que tras una llamada de atención por parte de la clientela. O al menos eso me cuentan). La raya, melosa y estupenda de punto, se acompaña con unos grelos (si, ya sé que no es temporada) salteados con tiras de jamón y con unos cachelos. Buen plato en el que el producto es el protagonista pero se acompaña con un contraste de sabores potentes que, lejos de enmascararlo, le dan un aire nuevo.
A la hora del postre los dos nos decidimos por un bizcocho de chocolate con su helado y crema de café, bueno aunque con alguna salvedad. El bizcocho estaba bien pero un poco seco de más para mi gusto. La crema de café me gustó mucho más.
Es dífícil calcular el precio exacto por comensal, ya que en esta ocasión éramos dos y medio, pero teniendo en cuenta lo que hubiésemos pedido si no nos acompañase la pequeña, pagamos, incluyendo aguas, cafés y pan, unos 32€ por persona. El precio medio a la carta con un entrante, un principal y postre, es de unos 30/35€ más bodega en la que, eso si, un vistazo a la carta me hace pensar que los precios son tirando a altos.
La sensación global que nos deja el restaurante tras esta primera visita es, en lineas generales, buena. Que nadie crea que estoy hablando de un local de alta cocina ni comparando con nada. Digo, simplemente, que dada la relación calidad/precio, la oferta que hay en la zona y el afán por hacer agradable la visita el resultado es bueno. Claro que hay cosas que se podrían pulir, pero me parece que, en la zona sur de la Península de O Barbanza O Carreiro es una alternativa más que razonable para quien quiera algo más ( o algo diferente) que el restaurante de toda la vida y para quien busque un lugar tranquilo sin que la cuenta se dispare.
Seguro que repetiremos.
O Carreiro está frente al puerto de Aguiño, tras la Casa del Mar. La única dirección que encuentro en Google es Carretera Xeral, Aguiño, así que más vale quedarse con la referencia que propongo. El teléfono es 981-840695
16.8.08
RESTAURANTE O CARREIRO
Lo firma
Gourmetdeprovincias
a las
21:34
Etiquetas: O Carreiro, restaurantes
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3 Comentarios:
¡¡¡8,50€ el pulpo!!! Eso es un milagro.
Bienvenido Jorge.
Tomo nota de este local porque en mis escasas escapadas al sur del paralelo Muros siempre dudo y acabo en el peor lugar posible.
Gracias como siempre...
De todos es sabido que en el pais vasco hay tradicion cultura y amor por la gastronomia. Pues asi es, y me enorgullece decir que he encontrado algo equiparable a grandes restaurantes de San sebastian y bilbao.
Precio medio por persona de 35 euros la relacion calidad-cantidad y precio es acojonante( con perdon)
Me sorprendieron con unos pescados increibles( un rape con salsa de boletus para mi y un sargo de 2,5kg para mi mujer, que no pudo terminarlo) de elaboracion mimosa, cuidando el detalle.
A estos pescados los precedian el arroz con bogabante, y las cortesias de la casa.
Ademas y por sorpresa aparecio un violinista en directo que no esperabamos y la verdad que me encantó.
Yo repetiré( volveré a tierras gallegas) y repetiré, visitando la zona, que es una maravilla natural.
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