
Varias conversaciones en los últimos días me han tenido dándole vueltas a un tema recurrente en la cocina de los últimos años y que se puede plantear a partir de varias preguntas ¿Es lícito componer un menú de precio elevado a base, fundamentalmente, de productos económicos? ¿Es el precio de la materia prima una orientación fiable sobre el precio de un menú o de un restaurante? ¿Es mejor o peor la carta de un restaurante por incluir productos humildes? ¿Qué es un producto humilde y qué es un producto de lujo?
Un vistazo a buena parte de las cartas de los últimos tiempos nos descubrirá una serie de productos constantes, aparentemente de gama alta que, de alguna manera, parecen estar ahí para darle un extra de categoría al menú. De otra manera no se entiende que en todas partes y en todas las épocas del año bogavantes, foies, vieiras, ostras o mero aparezcan en la propuesta.
Y es cierto que son, o solían ser, productos de gama alta. No voy a discutir aquí el precio del foie, sobre todo si es de calidad y verdaderamente fresco, pero estaremos de acuerdo en que últimamente unos berberechos de primera o unas buenas almejas están por lo menos en la gama de precios de ostras y vieiras de las cuales, además, no siempre podemos garantizar la procedencia (y, por lo tanto, tampoco el precio). Y lo mismo pasa con el bogavante, ya que un ejemplar de Nueva Inglaterra utilizado en la elaboración de un arroz o una caldereta podría dar (o al menos intentarlo) el pego sin llegar ni a un tercio del precio de su primo gallego o asturiano. Pero si en tu restaurante pones un menú con bogavante, ostra y vieira parece que estás más legitimado para cobrar un precio alto que si sirves, por ejemplo, berberecho, navaja y nécora. Eso aunque en el mercado una buena nécora esté muy por encima del precio de un bogavante importado, que un kilo de berberechos extra esté bastante más caro que las ostras y que una auténtica almeja fina esté bastante más cara que una vieira que, además, en no pocas ocasiones es escocesa. Se trata de que los primeros productos mencionados son, sin duda, más aparentes, no de una cuestión de calidad. Pero al cliente medio parece que la propuesta le entra por los ojos y por la cartera antes que por el paladar, porque si cambias vieira por berberecho vendrán las quejas y muchos creerán que le estás racaneando cuando, en realidad, la diferencia de precio no será demasiada.
Y lo mismo con los supuestos pescados nobles. Está muy bien el mero, no lo niego, pero yo, personalmente, me quedo con el humilde pescado de roca. Ponme un buen sargo en su sitio y, aunque vista menos la carta, me quedará al menos tan a gusto. Cámbiame el foie por un buen cabrito bien cocinado y no te pondré ningún reparo. Eso si, es probable que a muchos clientes les guste más pagar por un buen taco de mero que por unos lomos de sardina. Es cierto que al kilo el mero puede ser más caro, pero también es verdad que unas sardinas de primera no son lo baratas que la gente piensa y, sobre todo, si dejamos de medir el menú con el bolsillo, puede que ese pescado económico tenga mucho más interés gastronómico.
¿De verdad es mejor un atún rojo que un bonito del norte? ¿Una merluza austral (desencantémonos, no toda la que nos sirven es de Celeiro) que una buena caballa? ¿un foie de oca que otro de rape? ¿Una mala trufa que una buena seta silvestre? ¿Una hierba de limón, limoncillo o citronella (que si, que tiene nombre en castellano, y varios, aunque en las cartas de los nuevos restaurantes de corte oriental se empeñen en llamarle lemongrass) que un manojo de albahaca o hierbabuena frescas? Olvidémonos de los céntimos y contestemos con el paladar y con la cabeza. 
Podríamos seguir con casquería, casquería del mar, algas (que nunca han sido productos de lujo hasta que el precio de mercado les ha otorgado cierta categoría), legumbres, carnes de segunda (pienso en un buen jarrete o, sin ir más lejos, en las tan manidas carrilleras, cuyo precio sigue sin ser el de un solomillo ni de lejos), pero creo que con los mencionados se entiende.
Ahora bien, es verdad que con la misma estamos ante un terreno abonado para ganar unos céntimos extra al cliente: si cambiamos lenguado por sardina y bogavante por berberecho a lo mejor el margen de beneficio es mayor, es cierto, pero eso depende de la integridad del cocinero y de su propuesta. Igual que no se trata de poner producto de lujo por las buenas, tampoco se trata del producto humilde por el producto humilde. Es decir, no deberíamos caer en aquellas trufas cocidas en champagne y acompañadas de foie, pero tampoco deberíamos caer en las pieles de patata servidas a precio de colmenillas. Si defiendo que los clientes deberíamos pensar primero en el resultado del plato más que en el coste neto de las materias primas que lo componen, también defiendo que el cocinero debería pensar antes en el plato que en ahorrarse unos centimillos en la elaboración.
Soy de los que defienden que un plato a base de productos humildes puede resultar sublime, pero no me gustaría que nadie utilizase como excusa mi argumento para seguir cobrando lo mismo pero gastando la mitad en producto. Es decir, bienvenido sea el bogavante de vez en cuando y en platos que valgan la pena; que sigan viniendo a la mesa foies y becadas cuando corresponda. Y lampreas (oscilaciones de precio al margen) y percebes. Y centollas y liebres, pero que no dejen de venir, junto a ellos, unos humildes berberechos, una seta que no esté especialmente de moda, un buen plato de legumbres o unos simples callos. Si se cocinan con honradez, mirando al plato y no a la cartera, aseguro que yo seré de los que tampoco miren al precio del producto y si al resultado. Siempre que todos juguemos limpio en ese terreno hay terreno para encontrar nuevas cosas interesantes.
24.8.08
LO HUMILDE, LO LUJOSO, LO APARENTE
Lo firma
Gourmetdeprovincias
a las
21:28
Etiquetas: ensayo gastronómico, opinión
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9 Comentarios:
Para mi gusto no hay productos mas humildes que otros,sino buenos, medianos y malos. Y me da tanto fastidio que me cobren barato y me den un producto malo, solo porque ese alimento entre dentro de los denominados "menores", como que me cobren una fortuna por algun destacado "bicho" cuya procedencia es dudosa o no la publicitada en carta.
Creo que hace falta mas control. Venimos de hacer un viaje por Bretaña, donde vimos, por poner un ejemplo, que las ostras, salvo que te metas en un estrellado Michelin, salen mas o menos lo mismo en caulquier sitio, varian por su numeración (es decir calidad) y si llegan a tener algun aderezo particular, pero degusté docenas a casi el mismo coste.
Y notamos también que no había ningun empacho en poner de estrellas los mejillones, las lapas,los caracoles, que peleaban a la par dentro de unas mariscadas descomunales.
Siendo zona turística donde las hubiera (Cancale,Saint Michel) los precios eran ajustados. Si pedías una langosta, se pagaba a precio de langosta, pero si pedías, lo fresco del día, los precios eran muy ajustados. De hecho segun la oferta y demanda en lonja de cada día, notabas grandes variaciones de un pescado a otro.
La picaresca siempre existirá, pero sería bueno esperar que un día en un restaurante llegue a nuestra mesa un plato que hace unos meses salía 20 a 15, "porque está de temporada y tiene mejor precio". Pero dudo que caiga esa breva.
Saludos
Magnífico post y muy buena reflexión.
Coincido con Sole. Precisamente en Cancale hace unos años vi unas mariscadas impresionantes a unos precios muy decentes.
En cuanto a lo de los precios, como dice Sole seguro que no cae esa breva. Aquí en Asturias al parecer ha bajado considerablemente la afluencia de comensales en lo que va de año y nuestros hosteleros van y suben los precios una media del 5,5%. Y luego se quejan...
Estupenda reflexión como siempre GdP;
Se juntan demasiadas cosas pienso yo en todo este asunto porque un trabajo adecuado con producto menos aparente, de precios, tal vez, ajustados tambien al resultado, puede parecernos, en una visión subjetiva de esos precios, "peor" de lo que realmente es.
Si ceno en un restaurante que no conozco y un plato, que me ha gustado, a base por ejemplo de sardina, se me cobra a una cantidad que, aparentemente, es exajerada, mi criterio, subjetivamente si, puede cambiar, a pesar de los pesares.
Creo de todos modos que la vida son tendencias. Durante buena parte de los años 80 un buen amigo ganó millones de pesetas manejando un bibalvo (creo) conocido como Oreja de mar. Toneladas se vendieron, lo habia en todas partes (estoy rodeado de puertos de mar) a precios escandalosos en algun caso, pero.... despues de unos años se redujo la demanda y actualmente casi no queda oferta de este marisco, que ademas vio muy regulada su extracción por el "atraco" pegado al mar durante años.
Llegara un tiempo, seguro, en que la tendencia llevara a que la gente, por medio de una mayor verificación y control de la procedencia de determinadas carnes y pescados, acabara pidiendo aquella pieza o aquel pescado menor en la actualidad, pero que "bordan" en tal o cual sitio.
Al tiempo...
¡Hola a todos!
Creo que tiene que ser una causa efecto el precio de la materia prima con el precio final de un plato en el restaurante. No puede costar lo mismo un lomo de sardina a la guachu guachu en una cocina de autor, que un espeto de sardinas en la playa de Benalmadena. El precio en el mercado será el mismo en ambos casos, pero el trabajo con esa materia prima es distinto en ambos casos. Pero ojo, sin escudarse la cocina de autor en que tiene más labor su plato para meter un leñazo de cuidado.
Digo yo, que no digo naa.
Salud y buenos alimentos.
¿Y qué tiene que ver el foie con el cabrito? y además ¿qué tienes en contra de los scallops? Mas aún,¿qué vale una buena tortilla de patatas? ¿lo que vale en patatas y los huevos?
Enric Murio
Enric:
No me malinterpretes. Obviamente no tienen nada que ver. De lo que me quejo en el post es de que determinados ingredientes más aparentes (lo cual no les resta nada en absoluto) sean omnipresentes en las cartas. Me pueden gustar mucho las vieiras, como es el caso y hasta el punto de haberles dedicado el pasado mes de enero un texto monográfico con ocho recetas, o me puede encantar el foie, pero cuando todo el mundo sirve foie, bogavante, vieiras, ostras y poco más se corre el riesgo de aburrir. Y cuando lo hacen en Vigo, en Cuenca, en Cádiz o en Palencia, más que aburrir hace sospechar.
A lo que me refiero es a que unos humildes berberechos, por ejemplo, si son de calidad y están bien tratados a mi me interesan al menos tanto como unas ostras. Y probablemente, además, no exista una gran diferencia de precio (o puede que incluso la diferencia no sea la que cabría esperar. Unos berberechos del máximo calibre y de la Ría de Arousa son bastante más caros que una ostra convencional). Sin embargo, como la ostra viste más una carta, las encontrarás en todas partes.
Con el ejemplo del foie y del cabrito me refería a dos productos que me gustan y que exigen cierta mano en la elaboración. Sin embargo, ¿Cuántas veces encuentras foie en un menú por cada una en la que hay cabrito? Yo no creo que sea casual.
Algún amigo cocinero me ha comentado que el día que retira del menú determinados productos de esos
aparentes algún cliente le llama la atención. Como me han comentado que determinados pescados más "pobres" se usan menos porque la gente prefiere que le sirvan mero o merluza, aún a pesar de que la elaboración pueda tener menos interés.
Las mismas preguntas que te haces tu me las hago yo en el blog. Prefiero pagar 50€ por un buen menú a base de producto humilde y más barato que lo mismo por otro con esos productos de gama alta en elaboraciones ramplonas, repetitivas y no siempre logradas.
Recuerdo como memorables, por ejemplo, el arroz de bogavante de Pepe Vieira, la ensalada de bogavante y corazones de tomate de Casa Gerardo o el huevo con caldo de centolla de El Mercadito, pero al mismo nivel pongo la navaja con grasa de avellana de Casa Gerardo, la lasagna de sardinas y queso de Arzúa de A Estación o los garbanzos con ajoarriero de El Rincón de Antonio. No sé si queda claro mi planteamiento.
Por lo demás creo (intuyo que como tú) que una buena tortilla de patatas no tiene precio. Y si viene en un bocadillo de buen pan con un tomate que sepa a tomate de verdad es, para mi, una auténtica experiencia gastronómica.
Como dejar entrever en tu comentario, medir la tortilla por el precio de las patatas y los huevos no tendría sentido, como tampoco lo tiene medir un menú por el precio de sus ingredientes estrella. Están muy bien, pero algo que para mi vale al menos tanto es el trabajo bien hecho, la sensibilidad, la creatividad y el sentido común que encierren los platos, sean a base de langosta o de riñones de cordero. Eso es lo que, en mi opinión, no puede cuantificarse económicamente y, si nos limitamos al precio por Kg. de producto en muchas ocasiones estaremos cometiendo una enorme injusticia.
Espero haber sido más claro ahora.
Saludos.
Has sido muy claro en tu comentario y en tu post. Ya es hora que empezemos a valorar lo excelso de loa alimentos por su calidad y no por su "pedigree". Porque nos encontramos con restaurantes en un puerto de mar que en su carta figura "solomillo al foie", a mi también me encanta el foie, pero en su contexto, no hasta en el bar de la esquina. Y claro hay que recuperar la sardina, los pescados de roca y otros alimentos "menores" (solo menores de precio) y dejar los bogavantes, centollos etc. para degustarlos en ocasiones. Hay que desconfiar de las cartas en las que incluyen estos alimentos a un precio "dudoso" y también en los mercados. No se pueden comprar cigalas, langostas baratas, no puede ser, hay que desconfiar.
Y volviendo a la materia prima, el mejor restaurante del mundo "El Bulli" en su carta de 32 platos no incluye materias primas caras, convierte en sublime lo sencillo y además no se cuestiona el precio.
Hay mucho para hablar de este tema.
Enhorabuena por tu post. Es uno de los que mas me han gustado y que mas comparto.
Saludos
Carmen
Tienes razón en todo. Sólo quería provocar un poco. En Gran Bretaña el foie está prácticamente vetado por razones que todos conocemos. El cabrito lo mismo. Pero mi tortilla de patatas es la mejor en quinientos kilómetros a la redonda y por supuesto no tiene precio. Creo que debemos volver a una cocina sensata de ingrediente local, aunque parece que el bogavante, el foie y el solomillo son alimentos básicos de la especie humana a juzgar como muy bien señalas, por las cartas de restaurantes de todo tipo. Otra cosa es la pornogastronomía que es por lo general descaradamente cara, casi siempre necia e insostenible hasta la extinción de determinadas especies.
Saludos de un amigo.
Enric
Hola a todos:
Coincidiendo en gran parte de vuestros comentarios no hay que olvidar que una "caballa" puede ser deliciosa pero es una "caballa" y que si su precio de mercado es 1-2 € Kg en temporada no me parece de recibo cobrar 20 € por una ración de la misma , se cocine como se cocine.
Es evidente que las materias primas pueden ser de calidad independientemete del precio. El mercado no fija valores económicos por el sabor, normalmente atiende a la disponibilidad y la demanda.
Por cierto , los tan nombrados berberechos también tienen sus calidades y en plazas como las de O Grove en verano puede oscilar el Kg entre los 6 y los 14 € en función de su calibre , por lo que algo que en principio consideramos barato puede llegar a ser caro (1 kg de bereberechos sin concha son apenas 250 g).
Por cierto recuerdo unos bereberchos que en la carta aparecían con el nombre de XL en A Casa dos Martínez hace unos 4 años...
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