
La cocina y la gastronomía suelen tender a ser eurocentristas y, más en concreto, meditarraneocentristas. Hasta si se me apura diría que hasta hace nada eran básicamente francocentristas. El paradigma era el francés y todo se medía según esa escala.
En la última década, afortunadamente, la cosa ha cambiado y, sin que esto suponga quitarle méritos a la cocina francesa, históricamente la más importante sin ninguna duda y aún hoy un peso pesado del sector, el panorama se ha abierto y otros lugares han empezado a tener algo que decir. Primero España e Italia, de la mano de gente como Arzak, Adriá o Cracco; después Reino Unido con Blumenthal y en menor medida Ramsay; a continuación los Estados Unidos con la explosión de Keller, Trotter, Cantu y algunos otros; últimamente Escandinavia, primero con Mathias Dahlgren y ahora con Redzepi y su esfera.
Pero seguimos, básicamente, en un esquema gastronómico occidental y mediterráneo. Hay excepciones, como la Nueva Cocina Escandinava, pero es lo habitual. Desde luego nos movemos en un sistema que en el 90% de los casos mira a occidente. Aunque también eso ha comenzado a cambiar en la última década.
Con la eclosión de los chinos y japoneses a partir de mitad de los años 80 se abrió la puerta a una nueva generación de cocineros de aquella parte del mundo con cosas que aportar en el campo de la cocina innovadora. El primero en alcanzar reconocimiento internacional fue Tetsuya Wakuda, afincado en Sidney, seguido por otros como Seiji Yamamoto en Japón o Jereme Leung en China.
En los años siguientes nuestra cocina occidental, mientras se miraba en el espejo una y otra vez, descubrió el sudeste asiático y ahí llegó, pasada la mitad de los 90, el momento de la cocina tailandesa y, en menor medida, de la vietnamita y de la indonesia. Niguna de ellas ha tenido hasta la fecha figuras de importancia internacional, pero su influencia ha sido palpable. Tal vez en esa apertura de horizontes hacia Asia habría que citar a dos cocineros concretos. Por un lado Nobu, el japonés afincado en Estados Unidos previo paso por Perú, que occidentalizó algunos conceptos nipones, niponizó algunos conceptos occidentales y, de paso, aportó cosas peruanas a la mezcla. Y hablo de los 80, no de anteayer. Habría que concederle su mérito también al descubrirnos algunas cosas del Pacífico que luego, pasadas por Jean Georges Vongerichten, han conseguido que la cocina polinesia tenga su hueco en algunas cosas que se hacen en la vanguardia estadounidense en estos momentos. Y no sólo alli. Pensemos que el Abalon (nuesta oreja de mar de siempre), que empieza a estar de moda como penúltimo descubrimiento en algunas de las cartas más a la última, ha llegado a nosotros por ese camino. Pero nos vamos del tema. El segundo personaje clave en la introducción de la influencia asiática en la alta cocina europea es Olivier Roellinger con su querencia por hierbas, especias y aromas sutiles que tantas veces remiten a la antigua Indochina.
Estamos ya en el cambio de siglo y tenemos una cocina Europea que se ha abierto a otros paises más allá de Francia y que ha asumido la influencia oriental. Pero hasta una fecha que podemos situar hacia 2005 - 2006 nuestro esquema universal y unificador de lo que debe ser la alta cocina no aceptó nuevas influencias. Fue por esos años cuando, por un lado, surgió con fuerza el fenómeno de la Nueva Cocina Escandinava, aparecida casi como un contrapunto a la cocina mediterránea. Pero la otra influencia decisiva fue la americana.
Por un lado, paises como Venezuela, México y -con mayor fortuna entre nosotros, aunque no sé si necesariamente gracias a propuestas más interesantes o simplemente por la lotería de las modas- Perú aparecieron en el panorama con técnicas y productos revolucionarios. Hoy los ceviches y tiraditos están a la orden del día y el uso limas y ajíes ya no resulta tan extraño en la alta gastronomía.
Por otra parte, a través de Adría y sus discípulos, la América amazónica ha aparecido como el gran territorio inexplorado y la gran mina de nuevas oportunidades gastronómicas. En la parte de los últimos años del catálogo de recetas de El Bulli la referencia al Amazonas es constante. Y tras esa tendencia está, fundamentalmente, un hombre: Alex Atala. El cocinero brasileño ha sabido, desde su restaurante DOM de Sao Paulo, aportar una nueva cocina amazónica que ha calado -está calando- muy hondo. Dani Redondo y Helena Rizzo, desde su restaurante Maní, también en Sao Paulo, son, por el momento, la última incorporación a este fenómeno que todavía está eclosionando. ¿Quién había oido hablar, hace cuatro o cinco años, de tucupí, de caviar de okras, de cupim? ¿Quién puede negar hoy, escuchando a Adriá, leyendo a Xavier Agulló o revisando la lista de invitados a congresos, que el futuro va, entre otras cosas, por ese lado?
Asia ya ha aportado cosas, América también. Nadie hubiera dado un céntimo hace una década por Chicago como destino gastronómico y hoy cuenta con tres de los más interesantes restaurantes del mundo. Y digo Chicago, pero podríamos hablar de Nueva York, de California... hasta de Las Vegas. Algo está cambiando. Hasta Oceanía ha tenido su pequeña cuota de protagonismo a través de la reivindicación de productos de Nobu y Jean Georges, a través de Tetsuya o de restaurantes como el Rockpool de Sidney, considerado uno de los 100 mejores del mundo.
¿Y África? ¿Qué pasa con ese continente? ¿Es que no tiene nada que aportar? ¿Es que no cuenta con una riqueza y una diversidad cultural pasmosa? ¿No tiene acaso selvas y sabanas plagadas de productos desconocidos? Un continente que va de las tradiciones magrebies a Ciudad del Cabo, de las grandes islas del Índico a los pequeños archipiélagos del Atlántico algo tendrá que ofrecer, digo yo. Veamos, sin embargo, cual es su aportación a la alta gastronomía actual.
La resumiré de la manera más clara: Cero. La aportación ha sido cero hasta la fecha. Occidente, como en tantos otros terrenos, le sigue dando la espalda.
África cuenta con dos únicos restaurantes que en los últimos años han sido considerados entre los 100 mejores del mundo. Los dos se encuentran en Sudáfrica, uno de los paises más occidentalizados del continente (hablo de esa parte de Sudáfrica que va a restaurantes, cultiva vinos y demás), ambos en Ciudad del Cabo, probablemente la ciudad más occidental del pais. Ambos están en suburbios de clase alta, occidentales y turísticos, en resorts idílicos entre viñedos. Ambos hacen, básicamente, cocina de influencia francesa. Hablo de La Colombe y de Le Quartier Français.
Con todo el respeto para estos dos restaurantes, seguramente excelentes ¿Es eso representativo de África? ¿Es eso todo lo que África puede ofrecer, un simple remedo de nuestra cocina francesa, mediterránea con toques de modernidad exáctamente iguales a los que podemos encontrar en la Costa Azul, en Berlín, en Boston...?
¿Es eso o simplemente, una vez más, nos estamos olvidando de África?
Me cuesta muchisimo creer que nadie encuentre nada, absolutamente nada, de interés en las cocinas fascinantes del Magreb, en los productos del África ecuatorial, que la influencia del paso de los indios y de los árabes, que la fusión con los europeos no aportasen nada.
Me cuesta muchísimo creer que asomándome a la vertiente sur de la serranía de Ronda, aquí, en nuestra Europa modernísima y multicultural, pueda ver, apenas a un tiro de piedra, un continente inmenso que, por lo visto, está culinariamente vacio.
No me lo creo. Lo siento, pero no me lo creo. Llegará un día, mañana o dentro de cinco años, en el que algún gurú de la modernidad culinaria -de la modernidad culinaria que se fija y se cierra en Europa- descubrirá África. Y, entonces si, los congresos, los eventos, los cocineros y las publicaciones de relumbrón le dedicarán charlas, coloquios y portadas. Entonces habrá quien se adjudique el mérito de haber descubierto -para nuestra Europa tan ocupada en mirarse al ombligo- tal o cual producto fascinante. Ya está ahí, no hace falta que esperemos a que venga nadie a descubrir América.
África está ahí, podemos verla literalmente desde Europa (una de las experiencias que más me han hecho reflexionar, si soy sincero), abandonada, olvidada. Cocinar japonés ya no es una novedad, ir el sábado a tomar Pisco Sour y tiraditos es moderno, reivindicar los pescados amazónicos es lo más de lo más. Por el momento. África aún no existe.
Habrá que esperar a que alguien nos la descubra. Así de duro. Así de triste. Así de limitado.
19.7.08
EL CONTINENTE OLVIDADO DE LA GASTRONOMÍA
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Gourmetdeprovincias
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21:24
Etiquetas: ensayo gastronómico
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12 Comentarios:
Aunque no sea temática de este post, querría saber si en Santiago, por eso de la relación C/P, me debería decantar por El Mercadito o por Casa Marcelo. He leído que el cocinero del primero se ha ido.
Johnny Degustación
Buenisimo post Jorge. La cantidad de conocimiento que esa cabecita es capaz de atesorar nos asusta a los mortales que hemos olvidado hasta como se acentua (si es que algun día supimos hacerlo jaja)
Creo que, aunque pueda parecer otro tópico generalizador de esos tan lamentables, lo que falta es quien se atreva a decir que Africa es algo mas que hambre y miseria.
Es muy dificil comercializar en esta Europa de la hipocresía como modo de vida que de Senegal nos llega tal convinación de especias impensable en oocidente, mientras al lado de ese restaurante muere gente de hambre y enfermedades curadísimas para el primer mundo.
O que tal casa de comidas del Magreb lleva decadas aplicando una receta tradicional de tal y cual producto autóctono que formula un plato extraordinario y original. Pero en la casa de al lado un niño murio de inanicion y su madre de difteria.
No digo que no suceda, es mas, estoy seguro de la cocina es tambien un hecho cultural en toda Africa, con miles de propuestas tradicionales en todos los extremos del continente. Lo que veo complicado es que alguien se atreva a desentrañar esos hechos y aplicarlos como se hizo con la cocina asiatica en los últimos años a riesgo de ser tachado de frívolo o insensible y aprovechado. Aunque lo haga de modo totalmente altruista o incluso buscando el ayudar en su miseria a alguna gente de esa parte del mundo.
Nos encantan esas marcas de ropa tan chachis y tan caras hasta que descubrimos que niños de diez años cosian en condiciones infrahumanas esas prendas. Como si no lo supieramos ya antes de que se hiciese público.
Es mas. Al lado de la casa del Magreb de antes tambien hay un taller de costura donde Zara ensambla sus pantalones, tan chachis y tan baratos... Pero esa es otra historia.
Por cierto, feliz domingo. Feria medieval en Corcubión. No se cabe en el pueblo. Enorme despliegue de producto artesano que por la tarde degustare y haber si soy capaz de fotografiar para poneros los dientes largos...
Un saludo
Johnny:
El cocinero de El Mercadito, mi amigo Gonzalo, sigue allí, al pie del cañón, como siempre. Estuve tomando un café con ellos el pasado miércoles. Eso si, cierran el 27 por vacaciones hasta finales de agosto.
En cuanto a cual elegir, dependerá de gustos, de presupuesto (Mercadito está en 42 el menú y Marcelo en 60), de si ya conoces alguno.
Si no has probado ninguno, igual Marcelo sería la primera opción. Pero ten en cuenta que es menú único y sorpresa y que últimamente es básicamente a base de pescados, algo de verduras y algas.
La oferta de El Mercadito es más convencional en ese sentido: aperitivo, dos entrantes, pescado, carne y dos postres.
Creo que en cualquiera de los dos saldrás contento. No sé si te habré ayudado mucho, pero a mi personalmente me costaría decidirme.
Jose Luis:
Gracias, pero no es para tanto. No tienes más que ver mis posts para darte cuenta de que eso de la acentuación, cuando escribo apresuradamente, tampoco es mi fuerte.
Respecto al tema, creo que en cualquier momento, como ha pasado con el Amazonas, cualquier cocinero estrella descubrirá África y, entonces si, todos hablaremos de lla. Pero de momento está ahí, olvidada.
Gracias por tus indicaciones.
Las apunto.
Johnny Degustación
Cabría aducir los ejemplos de Marcus Samuelsson en Merkato55 y Fátema Hal con su Mansouria como exiguos representantes de alguna de las cocinas del continente, pero sinceramente, creo que los tiros no van por ahí.
África, desgraciadamente, tiene que resolver problemas alimenticios bastante más serios que su aportación a la alta cocina contemporánea. La aparición de una alta cocina va irremisiblemente unida a un desarrollo económico y cultural de una capa suficientemente amplia de la población, cosa que todavía no ha sucedido en dicho continente.
Esta condición, pienso, es también necesaria para que empiecen a permear productos de esa región en la culinaria occidental, más allá de los que ya todos conocemos. No veo a ningún primer espada metiéndose a explorador de productos de aquella zona sin ningún guía --léase cocinero local que haya alcanzado cierta notoriedad-- que desbroce, y mucho, el camino. Se necesitan embajadores como Atala, Acurio o Toshiro, y éstos, necesitan que se den unas condiciones económicas que hoy quedan muy lejos.
Pedro:
Estoy de acuerdo, pero en parte. No creo que Marruecos o Sudáfrica tengan peores condiciones económicas que Perú, por ejemplo. Y si extendemos la cosa a la Península Arábiga, diría que Dubai o los Emiratos tienen mejores condiciones que cualquier pais sudamericano.
Creo, efectivamente, que lo que dices es cierto, pero que las condiciones en paises como los mencionados, puede que en Tunez y en algún otro, son suficientes o, cuando menos, similares a las que puedan darse en América o en el sudeste asiático.
Respecto al terrible problema del hambre, recuerda que tanto la mayor parte de Brasil, como Perú o, por ejemplo, Vietnam, Tailanda, Indonesia, etc. no son paises que estén exentos de esa problemática.
Es decir, sin duda ese será uno de los motivos, pero no creo que sea el único.
Mi geografía está bastante oxidada, pero si no recuerdo mal la Península Arábiga no pertenece a África, sino a Asia. Pero vamos, que quizá el desierto que rodea a Dubai o EAU y la pobreza de productos tengan bastante que ver con la ausencia de una cocina elaborada. Para hacerse una idea del concepto de un festín por aquellos lares, hay unas páginas en Los Siete Pilares de la Sabiduría, de T.E. Lawrence aka Lawrence de Arabia, que vienen al pelo.
En cuanto a los datos económicos, por tomar datos del FMI de PIB per cápita, Perú ocupa el puesto 84, Brasil el 79, Túnez el 88, Marruecos el 116 y Sudáfrica, sí, el 77. En éste, la ausencia de alta cocina autóctona puede que tenga más que ver con el origen europeo de la hasta ahora clase dominante y el poco tiempo --relativamente hablando-- que llevan en el país. Algo parecido sucede en Australia, diría yo.
El carácter no tribal de las culturas del sudeste asiático, con monarquía y aristocracia en muchos de ellos, quizá pueda explicar por qué allí hay una cocina para clases pudientes que no se ha desarrollado, aún, en África.
Pedro, respecto a la Península Arábiga por eso digo lo de "Y si extendemos hasta". En cuanto a la falta de materia prima, eso no ha impedido que, por ejemplo, Yemen tenga una cocina tradicional fascinante, así que punto de partida en la tradición si que habría.
Por otro lado, esté el hecho de que Ducasse o Santamaría tengan restaurantes en Dubai, así que público e interés por la alta gastronomía también hay. Falta, por lo que parece, el nexo de unión entre los dos factores.
Respecto a los datos que me das (que agradezco, porque no los conocía), verás que Brasil y Sudáfrica están en posiciones equivalentes y que Tunez y Perú también, así que ese no puede ser el único factor. Incluiría en la ecuación la existencia de centros empresariales de importancia (como pueden ser Sao Paulo o Ciudad del Cabo), los centros turísticos, el movimiento de visitantes, etc.Piensa que suelen ser esos grandes polos económicos y/o turísticos los que aglutinan la oferta gastronómica y las principales novedades.
Ten en cuenta, además, que los Emiratos Árabes ocupan el puesto 16 de ese ranking, Omán el 41, Arabia Saudí el 42, que México o Venezuela están a la altura de Botswana o Gabon, que Perú está a la altura de Argelia...
Y con esos elementos en juego, sigo pensando que hay lugares de África (como de su vecina Península Arábiga) con condiciones suficientes para aportar cosas.
Pues discreparemos amistosamente, Gourmet de Provincias. Ignoro todo sobre la cocina tradicional yemenita. Por ignorar, hasta ignoro si ese es el gentilicio correcto.
Las diferencias de despensa natural entre los países de los que hablamos me parece abismal. También la existencia de culturas sedentarias, no tribales y con un alto grado de sofisticación en la cocina que aún hoy es patente, como México y Perú.
Que Ducasse o Santamaría tengan restaurante en Dubai lo único que demuestra es que en Dubai hay dinero abundante y que es el más occidentalizado y con costumbres más laxas de la zona.
Efectivamente, hay otras variables que influyen en la ecuación, pero tanto turismo como centros empresariales se traducen en una mejor economía, siquiera a nivel local o regional.
Así que yo sigo pensando que a África, sobre todo al África subsahariana, le queda mucho pero mucho que avanzar antes de aportar algo más que anécdotas, aunque sea en forma de cocineros tan interesantes como Hal y Samuelsson.
Si quieres, nos jugamos una cena. De aquí a cinco años revisamos la cuestión y decidimos quién paga.
Hace por lo menos 6 años que en Amsterdam hay restaurantes etiopes, de cocina tradicional, muy interesantes y curiosos.
Absolutamente recomendable. Un saludo
Pedro:
Pues, como dices, discrepamos amistosamente. Eso es lo bonito de estos debates. Reconozco que me faltan datos para seguir argumentando.
Anónimo:
Tienes razón, como hay excelentes restaurantes magrebíes en Paris o hasta algún senegalés de calidad en Nueva York. Lo que falta es que eso se asimile a la alta cocina occidental.
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