
Hace dos días Santi Santamaría, dando toda una clase maestra de cómo aprovechar el tiempo, consiguió que una breve rueda de prensa produjese material para la polémica entre cocineros, para el debate tradición/modernidad y, ya de paso, para sembrar la alarma sanitaria. Porque al hablar de la metilcelulosa como un problema de salud pública yo creo que se está creando alarma. Y si se hace en una conversación de taberna puede quedarse en una simple imprudencia, pero hacerlo en un acto público presidido por un ministro es una temeridad. Salvo, claro está, que los datos avalen esa afirmación, en cuyo caso lo que está haciendo es un servición público y dejando en evidencia las carencias del ministerio de Sanidad.
Así que, ante la duda, más vale irse a los datos. Y el primero es ¿Qué es eso de la metilcelulosa y qué tiene que ver con la cocina?. Pues la metilcelulosa es, para entendernos, un derivado industrial de la celulosa que, entre otras muchas propiedades como un ligero efecto laxante en dosis medias, tiene la de gelificar en caliente, cosa que no hacen los gelificantes tradicionales como la gelatina de huesos o el agar agar. Sus usos culinarios son, por lo tanto, evidentes.
Ahora bien, dejando al margen que, como regla general y en el día a día no soy especialmente amigo del uso de productos químicos en la cocina, en la actualidad la metilcelulosa no es ni tiene pinta de llegar a ser a corto plazo un producto cotidiano, así que como aditivo de uso esporádico creo que su uso puede ser admisible. Siempre que no sea peligroso, que esa es la cuestión.
En la rueda de prensa Santamaría definió el uso de la metilcelulosa en cocina como un problema de salud pública y hoy mismo, en declaraciones a La Vanguardia, insiste en que Ingerir más de seis gramos de metilcelulosa puede ser perjudicial para la salud. Así que habrá que revisar la dosis.
Veamos: seis gramos pueden ser perjudiciales. El uso de metilcelulosa como laxante recomienda dosis de entre 0,5 y 1 gramo, es decir, entre seis y doce veces por debajo de la dosis potencialmente peligrosa. Y parece obvio que en cocina emplearemos dosis inferiores a las que provocan efectos a priori tan poco apetecibles a nivel culinario.
Así que conviene seguir: en algunas de esas recetas que circulan por internet y que tanto miedo le dan a Santamaría se propone la dosis de 0,75 gr. de metilcelulosa por cada 50 de producto, con lo cual habría que consumir más de 500 gr. de la receta para llegar a la dosis que podría resultar perjudicial. Pero es que si nos vamos a la madre de la polémica, a la receta del laboratorio de Ferrán Adriá que aparece en la página en la que la factoría Adriá vende el producto en cuestión, veremos que:
1- la metilcelulosa se emplea para elaborar una solución al 3%.
2- Esta solución, y no la metilcelulosa directamente, es la que se aplica en la receta, en cantidades de 0,3 gr. por cada 10 de producto final. De nuevo tendríamos que irnos a más de 200 gr. para llegar a la dosis que alarma al de Sant Celoni. Y eso sin tener en cuenta que hablamos de dosis diluida. Y olvidándonos, de paso, que las raciones que sirven en El Bulli no suelen acercarse ni a los 200 ni a los 500 gr.
Así que por esa parte podemos estar tranquilos. En las dosis adecuadas la metilcelulosa no supone ningún problema. Tendríamos que multiplicar por más de 10 la dosis con efecto laxante demostrado para acercarnos a ese umbral. Y ya antes de llegar a esas cantidades sus efectos secundarios nos harían ver que algo no está del todo bien. Ahí si, si llegásemos a los 6 gr. haciendo caso omiso de sus evidentes efectos laxantes, parece que la dosis de metilcelulosa podría suponer algún riesgo. Pero ¿Qué pasaría si multiplicamos por más de diez la dosis diaria recomendada de alcohol, de sal, de grasas saturadas, de azúcar o de tantos otros productos cotidianos y que consideramos seguros? ¿No serían tan peligrosos como una sobredosis de metilcelulosa?
Por otra parte, no podemos olvidar que en ese sentido la normativa europea es bastante estricta con los productos potencialmente peligrosos. Por eso no se pueden comercializar en Europa ingredientes culinarios como el polvo de cochinilla o algunos aceites de mostaza o semillas de determinadas variedades de amapola, por ejemplo. Sin embargo, en la lista de aditivos alimentarios aceptados por la Unión Europea, que puede descargarse en .pdf aquí, encontraremos que, en la categoría de Emulsificantes y Agentes Espesantes (clasificados con los números del E-400 al E-500) aparecen diversos tipos de metilcelulosa con los números E-461, E-464, E-465 y E-466. Es decir, la Unión Europea no sólo avala la seguridad de el empleo de la metilcelulosa en la industria alimentaria sino que admite al menos cuatro variedades diferentes.
Y habrá quien me diga que esa lista es la de los productos químicos que se usan en la industria y que, como tales, pueden resultar peligrosos. Efectivamente, por eso hay que seguir las instrucciones del fabricante. Pero no olvidemos que en la lista de estos números E aparecen otros ingredientes tan terribles como la cúrcuma, la clorofila, los taninos, el caramelo natural, la sacarina, el ácido cítrico... así que si, efectivamente, hay que tener prudencia. Pero tampoco está de más relativizar.
Llegados a este punto surgen varias preguntas lógicas:
- ¿Puede considerarse un problema de salud pública el uso de un producto en dosis al menos diez veces por debajo de las cantidades que podrían empezar a suponer un riesgo?
- ¿Puede hablarse de riesgo para la salud pública por el uso de un producto aceptado por la Unión Europea como ingrediente alimentario y aprobado para su distribución, venta, uso en hostelería y consumo particular por las autoridades sanitarias españolas?
- ¿Puede considerarse un producto que, además de todo lo anterior, se consume de manera esporádica (reconozcámoslo, no son demasiados los que van a El Bulli tres veces por semana), como un peligro potencial para el consumidor?
Dicho lo cual, me gustaría saber cuales son las medidas que propone, las denuncias que ha realizado o las acciones que está llevando a cabo este cocinero respecto a otros productos potencialmente perjudiciales para la salud (al menos en dosis diez veces superiores a las habituales) y que se encuentran en la dieta de todos los días y probablemente en la carta de su restaurante: tabaco, alcohol, grasas saturadas (hablamos de aceites de palma o de coco, pero también de foie, por ejemplo. O de mantequilla), grasas hidrogenadas, cafeina, teina...
Tras todas estas reflexiones me pregunto si las afirmaciones de Santi Santamaría no serán fruto de la precipitación. Hablar en esos términos de un producto o del trabajo de otros profesionales cuando los datos reales son los que son es, además de una imprudencia y una enorme falta de oportunidad, probablemente una torpeza de dimensiones que no ha sabido calcular.
Repito que no animo desde aquí al consumo indiscriminado de productos químicos, pero si a conocerlos y a saber qué son, cómo se usan y cuáles son sus posibles riesgos si es que existen. Lo demás es demagogia o desconocimiento. O mala leche.
15.5.08
EL SUPUESTO PELIGRO DE LAS METILCELULOSAS
Lo firma
Gourmetdeprovincias
a las
09:49
Etiquetas: actualidad gastronómica, opinión, productos
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7 Comentarios:
Estaba leyendo hace uno días un libro sobre el Bulli, y era genial leer la emoción suya y de su equipo, en el momento en que descubrieron como gelatinizar en caliente. Podría hacer una lista enorme de la cantidad de recetas que se han inventado desde este descubrimiento, por quedarme solo en este invento, porque Adriá tiene decenas. Y ya no solo hablando de nueva cocina, inventos que han permitido la recuperación y celebración de las llamadas recetas tradicionales.
Lo increíble de la actitud de Santamaría, que puede ser necesaria (la oposición)es que le falta coherencia. Escribe con la mano lo que borra con el codo y flaco favor le hace a la comida que defiende, atacando a quien jamás a atacado, sino mas bien defendido ese tipo de comida.
Sinceramente me parece irresponsable crear una ola de alarma, por algo que obviamente solo viene respaldado por una broncarabietaenvidiamalaleche contra quien vende dicho producto.
Tal vez el señor Santamaría pretende que quienes nos disputamos las mesas de Adriá, huyamos en estampida hacia su restaurante, al que tengo muchas ganas de ir, pero que sus pataletas lo ponen en los de "para mas adelante".
No está mal, una voz que discrepe, eso genera debate y el debate crecimiento, pero tal vez debería imitar a quien ataca, que con elegancia y trabajo, acalla cualquier crítica.
Currado post, sí señor.
Lo que yo digo: Santamaría le tiene envidia a Adriá. Fijo.
Entre los cocineros hay una actitus bastante "cainita" que no debe sorprendernos. Sucede incluso en nuestra ciudad ó en Galicia e general ó entre miembros del mismo grupo. Así que entre estos llamados "gurús" mediaticos debe ser la leche.Cuestión de egos, envidias, en fín lo que en todas la profesiones de la vida.
Quedémonos con lo grandes cocineros que son todos, las opiniones de cada uno son respetables y es cuestión de cada uno darle más ó menos importancia. Al menos yo, voy a esos sitios a disfrutar de una buena comida. Lo que opinen Santi de Ferrán ó viceversa al menos a mí me la trae floja.
Tengo la conviccion de que el papel higienico es tan inocuo como la metilcelulosa que lo compone.
Enric Murio
yo una vez meti el dedo en un bote de CALCIC y casi me muero.akello kemaba la de dios. soy cocinero en un conocido restaurante del norte de españa.creo ke tenemos la cocina ke merecemos, es decir, la ke el publico demanda, eso si, la mayoria de las veces influenciados por los medios, ke sehacen eco de los gurus de la nueva cocina con todo el merchandasing ese ke se traen alrededor.la gente es borrega ysi dices muchas veces ke el foie de pato con peta-zetas y sirope de coca-cola es una exquisitez se lo creen.creo que la cocina deberia ser mas honesta.investigar esta muy bien,pero con ingredientes sanos.de todos modos, todo esto no deja de ser una moda pasajera, como cuando en los 80 con los pelukeros
Bueno, peligrosísimo el calcic (cloruro de calcio, lo tienes a patadas en todos los quesos). Pues si te quemaba el calcic, haber metido el dedo en aceite a 180ºC, eso si que quema.
La metilcelulosa es todavía menos peligrosa de lo que comentas, porque aún llegando a esos niveles, el efecto laxante es ligero, y solamente con un consumo continuado a esos niveles se llega a síntomas de deshidratción. Seguramente Santamaría tenía en sus manos una información de estas que circulan por internet de lo malísimo que es algun aditivo, se dio cuenta que era uno de los productos del Bulli,y vio una oportunidad de criticar con argumento (¡vaya argumento!).
Por cierto, discrepo de la falta de futuro de la metil. Y también me parece incorrecto decir lo del "uso de productos químicos" en la cocina. A ver, que diferencias hay entre cloruro de sodio (sal) y cloruro de calcio (calcic, para los usuarios de texturas el bulli). O si es más química la metilcelulosa que la gelatina (porque para elaborar las hojas de gelatina que tenemos en la cocina se necesitan una serie de procedimientos químicos y físicos, tan agresivos o más que los que se usan para elaborar metilcelulosa).
Me ha gustado mucho el post.
Saludos
Puede que los motivos de Santamaría al atacar a Adriá fueran provocados por envidia, de todas manera, siendo o no perjudicial para la salud, admiro el tiempo dedicado por Adriá para llevar a cabo su cocina, pero no su cocina en si, pues es mas un fisico que un cocinero y en el camino por innovar pienso que perdio un poco las raices...sinceramente si fuera a utilizar algun elemento perjudicial seguro que todo su equipo lo consulto mil veces primero antes
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