23.2.08

V XANTANZA


Se nos acumula el trabajo. Apenas repuestos de la sobredosis de gastronomía de la pasada semana, poníamos de nuevo rumbo esta mañana hacia la Xantanza de invierno.

En esta ocasión, tras mucho pensarlo, decidimos un cambio radical de estilo. Después de cuatro Xantanzas consecutivas en restaurantes de cocina más creativa, de menú degustación y todos ellos del Grupo Nove (si bien cuando estuvimos allí Yayo Daporta aún no formaba parte del grupo), nos apetecía algo diferente, de corte más tradicional. Dada la época, nuestro interés se dirigió hacia doña Lamprea y, aprovechando que contamos en el grupo con un blogastrónomo nacido y criado a orillas del Ulla, hicimos uso de sus conocimientos para que nos asesorase.

De esa manera llegamos a la Taberna Vikinga de Catoira, un local que ya nos había recibido camino de Cambados hace casi año y medio y que sigue ofreciendo unas generosas y muy sabrosas tapas, en esta ocasión un revuelto de champiñones, una carne asada con patatas, un raxo (lomo de cerdo) adobado y una segunda ronda de carne asada en poco más de media hora que estuvimos allí. Pero la estrella de nuestra visita a este local, que si ya causó buena impresión la primera vez ahora sigue igual de bien, fue un invitado inesperado al que nos invitaron a visitar a la cocina: un señor rape de... 27 kg. En mi vida había visto nada parecido al animalito. Qué bárbaro.

De allí al Mesón a Rúa, de conocidos de nuestro corresponsal en Catoira y otra parada muy agradecida, donde nos esperaban con un Ribeiro colleiteiro, unos mejillones y una empanada. Todo esto antes de comer. No está mal.

Y de allí, por la calle principal del pueblo, a Casa Emilio, una casa de comidas de las de toda la vida, situada frente a la estación de tren y conocida por su especialidad, la lamprea. Efectivamente, el cambio respecto a anteriores convocatorias fue radical, y no solo en el menú. Frente a la decoración y el ambiente de las anteriores ocasiones nos encontramos con un comedor de casa de comidas de las de siempre, abarrotado y ruidoso.

Allí abrimos el menú con un buen salpicón de mariscos de los de toda la vida, fresco y agradable en un mediodía templado como el de hoy, acompañado de un albariño Martin Codax (hay que decir que los vinos fueron seleccionados por la casa y estaban incluídos en el menú). Mención aparte para el riquísimo pan (el de la primera foto).

Continuamos con unas cigalas a la plancha, bien de punto y estupendas de frescura y de calidad, que acompañamos con el mismo vino.

El plato fuerte, nunca mejor dicho, vino con la lamprea, preparada al modo tradicional, con la sangre aprovechada para la elaboración de la salsa y acompañada de arroz en blanco y pan frito. Reconozcámoslo, el bicho es realmente feo. Como comentaba alguien en la mesa, al igual que debió pasar con el pulpo o con la centolla, el primero que se decidió a hincarle el diente debía tener un hambre insoportable, porque el aspecto del animal, tanto vivo como ya guisado, no es precisamente seductor.

Pese a todo, un blogastrónomo (y menos un blogastrónomo gallego, criado a base de centollas, pulpos, botelos, percebes y otras lindezas culinarias) no se para en estas menudencias. Eso permite probar un producto atípico, único, algo que es pescado pero que casi recuerda más a una carne, con una personalidad marcadísima y un punto graso que puede llegar a cansar si se toma en grandes dosis. La lamprea no es comparable a nada, no recuerda a nada. Sabe a lamprea. Y hay quien la ama y quien la odia, pero es muy raro el punto intermedio.

Aún así, como en todo, si el producto, por especial que sea, está cocinado por una mano experta el éxito está casi garantizado. Nos comentaba el camarero que estos días están vendiendo unas 20 lampreas al día entre semana y más de 30 diarias en fin de semana (una lamprea da unas tres o cuatro raciones). Y lo entiendo perfectamente. A lo mejor de la temporada le quedan apenas 15 días y en Casa Emilio la preparan estupendamente, conservando la firmeza de la carne pero sin que resulte dura, con un sabor suave y con una salsa perfectamente trabada. Realmente buena.

Casa Emilio no es un lugar con encanto y el centro de Catoira, una vez visitadas las Torres de Oeste, no tiene mayor interés, pero aún así vale la pena acercarse, entre enero y marzo, para probar esta auténtica joya de la cocina gallega que, en esta ocasión acompañamos con un Pesquera Crianza 2005 propuesto también por la casa.


Los postres, los habituales en este tipo de establecimientos, fueron a la carta: por allí pasaron una tarta de chocolate, una tarta de queso al horno, fresas con naranja, queso con membrillo y alguna que otra excentricidad, como no podía ser menos. Con los cafés llegaron los licores. Y tras ellos los momentos más o menos surrealistas. Con el comedor ya casi vacío, un grupo de una mesa contigua sacó un karaoke y nos deleitó la sobremesa con un repertorio selecto de Nino Bravo, Dani Daniel, Tom Jones y Sinatra. Definitivamente, esta Xantanza fue diferente.

Terminamos la jornada en el paseo marítimo de Carril, disfrutando de la agradable temperatura de la tarde y de un mar como un plato y pasando un buen rato en una terraza para volver, remolones y ya anocheciendo, a los coches y cada uno hacia una dirección diferente.

Me permitireis que, dado que el menú fue pactado, no entre en detalles del precio, aunque diré, para quien quiera acercarse a Casa Emilio, que no me parece que sus precios sean en absoluto descabellados. Me agarro a aquello del Código Cocina de indicar el trato, cuando menos de "conocidos de la casa", que nos dispensaron y no entro en pormenores. Obviamente, lamprea o cigalas no están en el sector económico de la carta, pero teniendo eso en cuenta y la calidad de las elaboraciones no me parece una mala opción en este tipo de restaurantes.

Hubo tiempo, aunque poco, porque a las cosas no hay que darles más importancia de la que tienen, para hablar esos temas menos agradables que teníamos pendientes. Cuando el ambiente es bueno y la predisposición positiva la cosa no se alarga y no pasa a mayores, así que seguimos con nuestras bromas, con nuestras conversaciones más o menos gastronómicas e incluso alguno hizo intentos tímidos (o no tanto) de emular al León de Gales. Momentos blogastronómicos para el recuerdo. ¿O era para el olvido?.

Tras todo esto tan solo queda felicitar a César por la elección del lugar, del menú y de los otros sitios que visitamos. Hay que felicitar también a los Blogastrónomos por lo que creo que es una apertura de miras muy enriquecedora y, sobre todo, por su voluntad de que nada nos amargue la fiesta. Y ahora, a empezar a pensar en la siguiente, de la que no tengo ni la menor idea ni del estilo, ni del lugar ni de cual será su planteamiento, porque hoy, envalentonados por vinos, licores y lampreas pusimos sobre la mesa propuestas de lo más tentador, pero también de lo más variopinto. Es una buena señal, en cualquier caso.

Me alegro de ser un Blogastrónomo Galego, de disfrutar de vez en cuando de la compañía de este grupo de eso que podríamos llamar "gastrochalados" y "enochalados" y del éxito de estas Xantanzas. En la próxima, como apuntaba hace unos días, esperamos volver, ahora que se ha recuperado la calma, al esquema de siempre, con lo que es posible que podamos contar con nuevos Blogastrónomos que nos acompañen.

Si, lo sé, había dicho que no publicaría hasta mañana. Pero ya me conoceis. Si no lo hace el Gourmetdeprovincias...

6 Comentarios:

Manoel Foucellas dijo...

Sé valiente y concreta la excentricidad, si te atreves ;-) (Firmado: la lamprea de Gales)

Sole dijo...

Foucellas, no povoques que tengo videos comprometedores que puedo hacer públicos!!!!

césar dijo...

Jorge, magnifica descripción dos feitos. Axiña fareinos chegar a Taberna Vikinga, Mesón A Rúa e por supuestisimo a José da Casa Emilio.

Unha vez máis grazas por todo o que estás facendo en beneficio do grupo


Unha aperta

Gourmet de provincias dijo...

César:

Esta vez Gracias a Chus e a ti. Foi un éxito.

delokos dijo...

El rape es de miedo, desde luego... tú dirás que el primero que se comió una lamprea debía tener un hambre insoportable... y yo añado que, el primero que se comió un rape, debía tener aún muchísima más, je, je...

Me alegro que lo pasáseis tan bien; nada como una buena reunión de amigos para olvidar los problemas... espero que podamos coincidir algún día en una de estas...

Un abrazo y sigo leyendo vuestras crónicas,que veo en el lector que hay bastantes... a ver qué más secretos contáis...

PD: Insistiendo en lo del otro día, me ha gustado ver la lamprea cortada, pero no separada... es una señal de calidad y buen hacer...

Gourmet de provincias dijo...

Delokos:

Seguro que nos veremos pronto en una Xantanza. Será un placer.