
Publica el último número de la Revista Lars Cultura y Ciudad un artículo de Antonio Bonet, probablemente el más influyente historiador del arte español vivo, titulado Los Cafés Históricos y que es, en realidad, un extracto de su discurso de ingreso en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando. Se trata de un texto en el que se entrelaza la historia de la cultura y el arte contemporáneos con la de estos locales y que empieza con una frase que suscribo plenamente: La Edad Contemporánea no se entiende sin la existencia de los cafés.
Afortunadamente, aún quedan algunos de esos cafés históricos, de esas instituciones entre cuyas paredes se fraguaron movimientos culturales, corrientes literarias, revoluciones, manifiestos y todo tipo de tendencias artísticas. En la gran historia de la cultura, y en las pequeñas historias que la forman, hay siempre uno de esos cafés, un lugar que al desaparecer adquirió categoría mítica o que, si se conserva, lo hace decaido, casi agonizante, o bien manteniendo su lustre a base de turistas que, si bien le permiten mantenerse, le cambian por completo la atmósfera.
En España, por desgracia, no son demasiados los ejemplos que conservamos. En Santiago ya solo se conserva, de los históricos, el Derby, sumido en un lento declive propiciado por un nulo cuidado por el detalle y por un servicio tan poco atento como carente de todo gesto de una categoria de cuya existencia el único vestigio que queda son los precios. Cada vez más turistas y menos locales se apiñan en sus incómodas mesas para descubrir sus incómodas teteras, las mismas, seguramente, que sirvieron a Valle Inclán, a Otero Pedrayo y a tantos otros. La última vez que estuve allí el director Mario Gas y Aitana Sánchez Gijón, que aún hoy, diez años después, me sigue pareciendo la última belleza con clase del cine español, se tomaban un café antes de una función.
La gran tertulia de la cultura gallega contemporanea fue, sin embargo, la ourensana tertulia del Volter (ACTUALIZACIÓN: Corrijo el nombre, originalmente publicado como Voltaire, ya que ante la duda me decidí por seguir el nombre que se da en este enlace. Quede constancia del error, de su correccion y de mis disculpas), que ha adquirido ya la categoría de icono cultural. Uno sabe cuando se encuentra ante un icono cultural cuando estuvo allí, o al menos eso dice, cualquier intelectual autoproclamado que por edad, por formación o desde luego por categoría intelectual no parece probable que estuviese realmente. La famosa camilla de Ramón Piñeiro, por ejemplo,es en ese sentido el gran icono cultural de la Galicia Contemporánea. La tertulia del Voltaire lo es también, como lo es, a una escala global, el mayo parisino del 68. Si todos los que hoy dicen haber estado allí, en primera fila, hubiesen estado realmente el Boulevard Saint Michel tendría que llegar, más o menos, hasta el Canal de la Mancha para poder darles cabida. Y la camilla de Piñeiro habría sido, en realidad, de dimensiones artúricas.
Pero, en fin, pasemos por encima del pontevedrés Café Moderno, del lucense Méndez Núñez o del desaparecido Español de Santiago para fijarnos en otras partes del mundo. 
Madrid ha sido, más que ahora, la capital de la tertulia española de café. El Café Oriental, el de Correos, el Nuevo Café de Levante frecuentado por Valle-Inclán, el Café de Pombo y su mítica tertulia, el Colonial, el Jorge Juan o el Lhardy se vieron sustituidos por el Aquarium, el Gijón (segunda foto) -tal vez el único que mantiene aún algo de ese espíritu tertuliano, por el Café de Chicote y, ya en los 70, por un Comercial que era uno de los cuartelillos de una cultura que por entonces estaba revolucionada en todos los sentidos.
Barcelona tiene también sus referencias obligadas en ese sentido. La primera que viene a la cabeza es, sin duda, Els Quatre Gats, pero el Boadas Cocktail Bar o el Canaletas fueron también lugares decisivos en el desarrollo cultural de la vida de la ciudad. Granada tuvo su Rinconcillo -frecuentado por Lorca y situado donde está hoy el restaurante Chikito-, Murcia el Santos...
Pero el del café histórico no es un fenómeno exclusivamente español ni mucho menos. Son varias las ciudades europeas que se disputan su capitalidad. Viena aporta su Café Central (primera foto del post), su Schwarzenberg, su Dommayer o su Museum como argumento; Paris replica con un Café de Flore o un Aux Deux Magots tomados hoy por hordas de turistas estadounidenses y por estudiantes de literatura o de filosofía que se acercan en una mezcla de peregrinación y romería, a ver si se les pega algo. Como tomados están también la mayor parte de los históricos venecianos.
Italia, al margen de la citada ciudad, que es ya casi más un parque temático, no se queda atrás y ofrece algunos de los mejores ejemplos: el Pedrocchi de Padua estaba cerrado cuando visité la ciudad. Tuve que conformarme con un Espresso en la terraza del vecino Café Cavour. Si que pude permitirme, sin embargo, el caro lujo de un capuccino nocturno junto a la ventana del Café Rivoire, frente al Palazzo Vecchio de Florencia. Probablemente el lugar más propicio para un ataque agudo de Sindrome de Stendhal, aunque el salón de te romano Babington's, al pie de la escalinate de la Piazza di Spagna no le va demasiado a la zaga. 
Algunos de los mejores ejemplos se conservan, aunque mucha gente tardaría en adivinarlo, en Portugal. Lisboa ha convertido en iconos culturales (otra vez el dichoso término) y turísticos su Martinho da Arcada o A Brasileira. Suelen estar hasta la bandera de turistas, como lo está el Nicola, que ha perdido casi todo su encanto, o la terraza de la Suiça, en pleno Rossio, pero sentarse en una de las mesas del fondo en A Brasileira, mirando hacia la calle a una hora en la que aún no tengan demasiada clientela, sigue siendo un momento especial. Pese a todo, pese a ser la hermana pobre y obrera, el mejor ejemplo de café histórico de Portugal, de la Península y probablemente de Europa lo conserva Oporto. Su Café Majestic (tercera foto)es una auténtica joya a la que hay que acercarse.
Parece que el café histórico con sus tertulias es un fenómeno europeo continental, probablemente heredero de los dieciochescos salones parisinos. Desde luego en la cultura anglosajona no tiene la misma presencia social ni cultural que de este lado del Canal. Los anglosajones parecen ser más amigos del club o del pub, de la bebida solitaria o en pequeños grupos separados por mamparas, muretes y reservados. No hay grandes cafés históricos en Londres como tampoco los hay en Nueva York. Allí su lugar lo ocupa el pub, el club de jazz o el restaurante. Tal vez la única tertulia más o menos equiparable a las continentales sea la que tenían en Oxford los Inklings, un grupo de profesores y escritores entre los que estaban C.S. Lewis y Tolkien, que se reunía en el pub The Eagle and Child, para ellos The Bird and The Baby. 
Pero si hablamos de fenómenos culturales europeos -y el café histórico lo es- tenemos que hablar, necesariamente, de la más europea de las ciudades americanas. Del Café Tortoni de Buenos Aires (última foto) fueron habituales Alfonsina Storni, Gardel o Borges, que pasó allí casi tantas horas como en las confiterías -la Saint James, la Richmond- a las que era tan aficionado.
Vale la pena leer texto de Bonet, lleno de datos para los aficionados a la historia, a las anécdotas culturales y para los que, como yo, sean también amantes del buen café.
30.10.07
CAFÉS HISTÓRICOS
Lo firma
Gourmetdeprovincias
a las
21:20
Etiquetas: cafés, gastronomía, personal
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10 Comentarios:
En Barcelona, por desgracia, esto de los cafés ha desaparecido: el Zurich, uno de los grandes clásicos, se rehizo y perdió toda su gracia; els 4 Gats es ahora un restaurante donde no se come demasiado bien y dedicado, también, a la turistada. Queda algún bar histórico, pero café donde se haga la tertulia y con tradición...me temo que es una especie ya extinta aquí.
Yo me quedo con el Café Tortoni, de los que apuntas en tu post. He tenido la gran suerte de estar un par de veces, incluso en los reservados de socios, de pequeñas tertulias establesm, de clubes que viven en él, y es un lugar muy especial.
Joan
Me permito meter cuña con unos párrafos extraídos de un articulo de César González Ruano.
La bohemia madrileña se movía, además de en la referida calle Ancha, con los cafés de la Reina Victoria y de San Bernardo, y de por la calle de Preciados -café Várela-, en la Puerta del Sol, adonde se iba a la conquista del duro y a entrar en los cafés Colonial, Universal y Lisboa, este último -como el Castilla, de la calle de las Infantas- muy monopolizado por gentes de teatro. Los bohemios llegaban también al café de Platerías, en la calle Mayor; al Gran Café Social de Oriente -donde iban Barradas y Cansinos-Assens-, en Atocha, y a los cafés de San Millán y San Isidro, en la calle de Toledo. Casi todos estos cafés tenían vicaría, que es donde se formaban las peñas. Otro café de la bohemia fue fue el Español, frente al Teatro Real, donde solían ir los Machado, y el de las Salesas, frente a la iglesia de Santa Bárbara, al que bajaba Julio Romero de Torres con su galgo y su amiga de turno.
Un saludo.
Só un matiz: o bar de Ourense chamábase “ O VOLTER”, e era onde se reunía toda a farándula e bohemia da cidade. Tivo o seu cumio dende os anos 50 aos 70. Pasaron por alí, entre outros que eu vin: Quessada, Prego de Oliver, Acisclo; tamén Otero Pedrayo, Blanco Amor e Xocas.
O seu dono, o Tucho, bo bebedor de viño e xogador de dominó con mala leite, xa morreu hai unha morea de anos. O bar estaba nun baixo dun edificio que chimparon hai dous ou tres anos e que acaban de reconstruír.
Por certo, o rótulo do VOLTER tenno exposto o dono do bar Queixo, que está a carón do antigo Volter, e onde, por certo, cómese o mellor queixo de Arzúa en Ourense.
Un saúdo
Anonimo:
Moi agradecido pola información. A verdade é que tiña a dúbida, xa que o teño visto escrito dasd dúas formas, pero ó final decidínme pola erronea ó seguir este link: http://www.culturagalega.org/noticia_arquivo.php?id=4625
No que se cita como Voltaire.
Agora mesmo o corrixo, en calquera caso.
Yo, santiagués de pura cepa, he ido media docena de veces al Derby, la mayoría de ellas "obligado" para acompañar a gente de fuera que le sonaba la leyenda de local de rancio abolengo.Y la verdad es que es bastante rancio, sobre todo el personal....de "sobraos", vaya.
Ahora prefiero tomarme el cafecito en el restaurado casino de la Rua del Villar escuchando el piano de fondo ó en el en Azul de toda la vida, anque ya no esté el dueño de siempre y que el local haya pasado a manos de un notario con posibles que no hace más que coleccionar negocios hosteleros (azul, alameda, ...)...Señor, a dónde hemos llegado!
Bonito tema has elegido, en mi ciudad Bilbao, el año pasado cerró el Boulevard, un clásico donde había tertulias literarias entre otras actividades, está pendiente de si se vuelve a abrir, pero ya veremos...todavía nos quedan el Iruña y la Granja, son vestigios de otra época sin prisas y donde la conversación era el motivo para quedar a tomar algo
Saludos
Picheleiro:
Tienes toda la razón. Creo que lugares como el Azul o el Miami, tal vez el Suso, son vestigios de una segunda época de tertulia de café en Santiago. Otros como el Avenida, el Pepe's o el Royal han ido desapareciendo. Es cierto que los de esta generación no tienen ya el mismo encanto (de hecho el Miami o el Azul están ya tan desfasados que a punto están en convertirse en lugares de diseño de época), pero allí siguen las tertulias más veteranas de la ciudad.
Últimamente, con esto de vivir en la periferia y con la Gourmet 2.0, frecuento menos los cafés compostelanos, y menos aún a esa última hora de la tarde que tanto me gusta, pero cuando lo hacía (y cuando puedo hacerlo) me gusta el ambiente casi rancio del Paradiso, la terraza sobre el jardín del Costa Vella o, por irme a uno más nuevo, los sofás del Terra Nova.
Albertobilbao:
Por desgracia van desapareciendo en todas partes. Aquí ya solo nos queda el Derby (y en ese estado en el que lo tienen), calcula los que quedan de los mencionados (que solo eran unos pocos) en Madrid... Por lo que veo Bilbao, una de mis asignaturas pendientes, tampoco se escapa.
La verdad es que es una pena que se hayan perdido las buenas costumbres de tomar un cafecito en animada tertulia. Las prisas del trabajo, los hijos ó como en tu caso vivir a las afueras de la ciudad.
De esos sitios con encanto que citas añadiría el Metate, que me trae recuerdos de mis no-asistencias a la facultad de económicas. El Paraíso Perdido todavía lo frecuento cuando salgo a tomar alguna copa, como al Galo (y las conversaciones con su peculiar dueño, el aventurero Jorge) ó el Modus.
Sugerencia para futuros post...donde tomar un buen gintonic en Compostela.A ver si coincidimos en gustos.
Saludos!
O Volter que recuerdos. Desde Madrid.
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