11.9.07

LA GRANDEZA DE LO HUMILDE


No tenía pensado volver a escribir hoy, pero lo hago para quitarme el sombrero ante los soberbios berberechos que acabamos de tomar. Tendemos a infravalorarlos, a considerarlos los hermanos pobres de almejas y demás familia, a relegarlos a dos o tres preparaciones, pero cuando como hoy tenemos el privilegio de poder disfrutar de un buen puñado de berberechos recién recogidos en una de las zonas más límpias de esa parte del mundo donde se crían los mejores, transportados en agua de mar y abiertos en una vaporera de bambú, en la que se tienen el tiempo justo para que se abran (al minuto, como los sirve y los bautiza Pepe Solla), cuando se toman, aún humeantes con el único aderezo, si acaso, de unas pocas gotas de limón, la tersura de la carne, el frescor de un sabor yodado que recuerda aún al mar en el que estaban hace solamente unas horas los convierten en todo un lujo.

Me crié, en épocas previas a las cofradías que acosaban a los no-profesionales, recogiendo berberechos en los arenales de Boiro y abríendolos allí mismo, en crudo, uno contra otro, para tomarlos así, tal cual, o como mucho con una gota de limón. Otros los abríamos al vapor en casa, o en una lata sobre una hoguera en la playa y, cuando nos cansábamos de tomarlos de esa manera, empanábamos los sobrantes, ya cocidos, y los ensartábamos de cinco en cinco en palillos antes de freirlos.

Los berberechos de hoy me han recordado a aquellos de hace ya más de dos décadas y me han aclarado, una vez más, que aún los productos del mar menos valorados por los mercados pueden encerrar auténticas joyas culinarias.

2 comentarios:

encantadisimo dijo...

Sensacionales los berberechos frescos. Últimamente los he probado sustituyendo el limón por un poco de pulpa (incluyendo las semillas) de maracuyá. Me parece una combinación muy acertada.

vuelalto dijo...

Estoy contigo...me has recordado el sabor a mar que desprende un pequeño manjar tan sencillo.

Qué ricos!!!!