
Hace unas semanas abrieron a un paso de casa un restaurante árabe. Ya antes de entrar se ve que no es un restaurante árabe con pretensiones y, además, el própio rótulo (Restaurante-Tetería-Kebab) se encarga de confirmarlo situándolo a medio camino entre un restaurante árabe de esos que hay en cualquier ciudad de mediano tamaño y un kebab de los que ahora salen como hongos.
La rumorología local dice que es del dueño de la desaparecida Haima de Habibi, de Santiago, que a su vez se dice que era el dueño del desaparecido restaurante árabe que hubo hace unos años en Bertamiráns en el local en el que acaban de cerrar A Cociña de Inferno (con ese nombre...) y que, a su vez, parece que era el dueño de aquel primer restaurante árabe que abrió en las faldas del Monte Pedroso hace ya unos años.
Pero pese a todo, a mi me pones un sitio con comida árabe, magrebí, oriental o india a tiro y por muy básico que sea, por muy limitada que sea la oferta allí acabo yo más pronto que tarde. Además, el pasado fin de semana habíamos entrado a tomarnos un te de menta (y a inspeccionar el sitio, todo hay que decirlo) y, si bien es evidente que es un local de comida barata que no aspira a más, con una carta muy limitada, el ambiente está algo más cuidado que en el típico Kebab. Tanto es así que por las tardes suelen tener gente tomándose algo.
Así que aprovechando que hoy, jueves santo, con casi todo cerrado, eran las dos y media y no teníamos comida preparada nos fuimos para allá.
El menú ofrece cuatro o cinco variedades de kebab, tres o cuatro entrantes, otros tantos principales y postres, un par de especialidades por encargo, café aromatizado, te de menta y poco más. Lo tienen expuesto a la entrada, así que el sitio no llama a equívoco.
Y cuando entras, aunque es evidente que el local se ha readaptado con lo mínimo desde el anterior bar que lo ocupaba, lo cierto es que el típico decorado de este tipo de restaurantes no te hace estar a disgusto. Desde luego nada que ver con los locales de comida rápida turca que todos conocemos.
El problema viene cuando a la hora de pedir, con solo cuatro mesas ocupadas, te encuentras con que pides cuscús de pollo y no tienen. Bien, pues la opciones que te quedan son pocas: o te vas al cordero, o una berenjena rellena de arroz o pescado del día. O recurres a la sección de kebabs de la carta. Y de nuevo te encuentras con que algunos no los hay. Dos de dos, no está mal. Así que entre que la carta es limitada y la mitad no la tienen la cosa se convierte (salvando las distancias) en algo parecido a lo que te ofrecen en Casa Marcelo: tu vienes y nosotros te servimos lo que tengamos.
Al final optamos por falafel y taboulé de entrantes, y dos mega-pollobab (si, si, el nombre se las trae). 
Primero llegó el falafel. Correcto. Luego, según nos cambiaban los platos, nos avisaron que el taboulé se serviría lo último porque el trigo estaba en remojo.
La ración del famoso mega-pollobab es muy abundante, sabrosa y se sirve con patatas fritas o arroz, dos salsas y ensalada por 5 euros. Para lo que cuesta no está nada mal. Despues de esta, efectivamente, nos trajeron el taboulé que no es, ni mucho menos, el más flojo que hemos probado. Abusa un poco del pepino, para mi gusto, pero no está mal.
Al final decidimos no pedir postre.
Todo esto más las aguas y té de menta para dos costó 23 euros.
Resumiendo: en este pueblo, en el que las alternativas son escasas, siempre se agradece la posibilidad de variar, aunque sea limitada. Desde ese punto de vista está bien tener el Ax-Quid a mano. El local, aunque básico, no está desagradable y lo cierto es que se puede comer correcto y abundante por muy poco dinero.
Lo mejor: los kebabs. Son baratos, abundantes y no están mal. Además, el servicio es amable.
Lo peor: la carta ya de por si es limitada, pero además, al menos hoy, no tenían algunos de los platos. Y que en un restaurante árabe barato falte el cuscús de pollo es como que en un andaluz para turistas falte el gazpacho.
Así que, aunque el sitio no me entusiasmase, creo que se convertirá en una alternativa a las pizzas que encargamos a veces al italiano de la esquina. Es decir, por seis o siete euros y conociendo sus limitaciones, puedes pedir algún buen plato y tomarlo allí y llevártelo para casa. Eso si, no pidas más.
No es un gran restaurante árabe, pero tampoco es un kebab cutre. Vale para salir del paso en casos como hoy o si, simplemente, te apetece tomar algo distinto, no muy elaborado, por poco dinero. Y además no es desagradable para tomarse un té de menta a media tarde. Si estuviese en una ciudad más grande seguramente no lo tendría en cuenta, y tampoco recomendaría desplazarse para probarlo, pero habiendo las alternativas que hay por aquí o si nos pilla de paso...
5.4.07
RESTAURANTE TETERÍA AX-QUID
Lo firma
Gourmetdeprovincias
a las
21:29
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2 Comentarios:
Pois por minutos non coincidimos na porta. Xa estarías ti dentro cando eu aparquei na porta para comer en Tivolino, na esquina de enfronte. Uns papardelle con gambas e boletus que, en realidade ulían e sabían a caldo de polo. Os boletus estaban no prato, pero non se deixaban sentir. ¡Que lle imos facer!
É que o Tivolino vai en picado. Empezou ben (para o que era) pero logo comezaron a escatimar nas racións, nos ingredientes, a suprimir as botellas grandes de agua... ¿5,50 por un postre?
Mesmo as pizzas, que non estaban mal, xa non son o que eran: mais pequenas, menos ingredientes e mais saladas. Prefiro as de A Fonte.
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