31.8.06

UNA RECETA Y ALGO MÁS

Hoy pensaba publicar una receta, como corresponde a este blog, ya que últimamente he prestado casi más atención a otros asuntos que a los puramente culinarios, pero la actualidad y un comentario de Joan, de De Vinis Cibisqve, me hacen cambiar de opinión. Aún así, como este blog tiene su parte gastreonómica, aqui dejo la receta, para ir cubriendo el cupo.

CONSERVA DE PIMIENTOS DE PADRÓN

La idea se la debo a Diana, una amiga mexicana, de Monterrey, que me enseño como aprovechar los pimientos de Padrón cuando, como ahora, se acerca el final de temporada. Respecto al nombre, si deben llamarse de Herbón o de Padrón, ya he hablado en anteriores ocasiones, así que hoy no me detendré en ese tema.

Al asunto: Se lavan los pimientos, se le quitan los pedúnculos y se limpia el interior de semillas. Pueden usarse solo pimientos verdes, pero para esta receta también valen (e incluso se agradecen intercalados) los ya maduros, que empiezan a colorearse de rojo y que aquí no se comercializan y son difíciles de encontrar salvo que tengamos nuestra propia plantación. Una vez límpios se ponen en una bandeja de horno untada de aceite de oliva, se acompañan de ajos troceados, se les pone un chorro de aceite por encima y se salan. Si se quiere se pueden añadir un par de ramas de orégano fresco. Se asan a 150 grados hasta que están bien cocinados, se dejan enfriar y se ponen en tarros de cristal (mejor si son pequeños, porque una vez abierta la conserva dura pocos días) cubriéndolos con el jugo resultante de asarlos. Si es necesario se añade un poco más de aceite, hasta cubrirlos, se esteriliza el bote y se almacena unas semanas o un par de meses antes de consumirlos. Vale la pena hacer el experimento.

Y ahora el otro tema.

Me preguntaba Joan por los incendios de este mes. Pues bien, ahora que desde hace un par de dias hace calor parece que vuelven. De momento, hoy se han contabilizado 11 en toda Galicia y al menos tres de estos han sido en nuestra zona. Supongo (espero) que la cosa no llegará a los extremos de hace un par de semanas, pero en cualquier caso no es una buena señal.

Le comentaba en mi contestación que, como ya he dicho en más de una ocasión, me dedico al arte prehistórico. De hecho, centro mi trabajo (que quede claro que en este caso diferencio entre aquello en lo que trabajo y aquello que me sirve para traer el dinero a casa todos los meses, que son cosas diferentes) en el arte rupestre al aire libre de la Edad del Bronce, lo que normalmente se conoce como petroglifos y que, a falta de un catálogo fiable, ronda en Galicia las 5.000 estaciones. Pues bien, estos restos arqueológicos, que para entendernos tienen una antigüedad aproximada de entre 3.500 y 4.000 años, son una víctima más de los incendios. Probablemente no la más vistosa ni la más grave, no olvidemos que ha habido víctimas mortales, pero si una más, una de tantas. Y de la gravedad de las consecuencias nos iremos dando cuenta con el paso del tiempo.

De momento, le decía, no me atrevo a ir al monte a ver los efectos del fuego sobre las rocas porque los ánimos están más que caldeados y es fácil que un adulto solo por el monte con una mochila se vea obligado, cuando menos, a dar explicaciones a grupos de gente con pocas ganas de oir mi "coartada". Y es perfectamente razonable, visto lo visto. Pero aún antes de poder documentar los daños concretos con precisión puedo temerme lo peor. Ya lo he visto en otras ocasiones, a otra escala, pero ya conozco los resultados.

Las rocas graníticas en las que están grabados estos diseños sufren los efectos del calor, se dilatan y se contraen y esto provoca dos cosas, por un lado la desagregación, es decir, que los componentes de la roca (en este caso mica, cuarzo y feldespato) dejen de ser algo uniforme y se "separen", convirtiendo la superficie de la roca en una arena que se desprende con solo pasarle un dedo por encima. Lo habreis visto en algunos monumentos históricos. Otro efecto, tal vez aún más grave, es que la dilatación de la roca forma placas, es decir, pequeñas lascas que a partir de las grietas naturales comienzan a soltarse, como si de las escamas de un pescado se tratase. El problema es que cuando una de esas placas se desprende se lleva consigo los grabados que pudiese haber en su superficie. Grabados que llevaban ahí casi 40 siglos y que no han resistido el efecto del fuego. Y si la aparición de una de esas placas se puede predecir en cierta medida, prevenir, retrasar y minimizar en condiciones normales, en este caso, en el que se forman de golpe por causas imprevistas y de manera masiva el daño es irreparable.

Pero como todo esto puede resultar un poco farragoso, ahí va el ejemplo gráfico de lo que ha pasado. La foto es de la estación de O Rapadoiro, en Campo Lameiro, una estación clásica en uno de los focos clásicos de este tipo de grabados en Galicia. Está tomada el 16 de agosto por un amigo arqueólogo. A pesar de su tamaño la he puesto sin comprimir para que podais abrirla en tamaño original y ver en detalle lo que explicaba más arriba.

Como podeis ver, hay una serie de motivos circulares clásicos y alguna representación de un animal. No teneis ni que ampliar la foto para ver que en la combinación circular de la izquierda hay una mancha blanca: una placa que ya se ha desprendido. Un motivo que ha quedado mutilado para siempre.

Ahora abrid la foto en otra ventana y revisadla a tamaño real. Podeis ver pequeñas placas sobre el rabo del animal, también a la izquierda. Acabarán desprendiéndose y, a la larga, afectando al dibujo del cérvido. Seguid hacia las combinaciones circulares centrales y vereis nuevas placas. Pero es el extremo derecho el que mejor medida da de los efectos del fuego. Allí podeis ver unas cuantas placas de buen tamaño ya sueltas y otras a medio formar. Dadles un par de inviernos de lluvia y temporales, un par de veranos con sol directo y se habrán desprendido. Ahora añadid que los líquenes que forman una pátina protectora en la superficie de la roca han desaparecido y han dejado los grabados mucho más expuestos a los elementos.

Y el petroglifo de O Rapadoiro, que había sobrevivido a casi 4.000 años habrá desaparecido delante de vuestros ojos.

La semana pasada supe que en el petroglifo de A Gurita (Porto do Son, A Coruña), en el que los incendios de hace un par de veranos habían formado alguna placa, ya han caido. Algunos de los animales allí representados se han quedado sin cornamenta. Antes incluso de que conozcamos la razón que llevó a grabarlos se están desintegrando delante de nosotros.

Ahora solo queda pensar en qué habrá pasado con los grabados situados en ese 2% de la superficie total de Galicia que ha ardido que se corresponde, además, con las zonas de mayor riqueza en este tipo de yacimientos: Oia, Campo Lameiro, Cerdedo, Poio, Serra do Barbanza, Carnota...

Tardaremos meses, tal vez años, en saber el alcance real de esta tragedia. Habrá que esperar a que los ánimos se templen y llevar a cabo una tarea de revisión de conjuntos que resultará lenta y costosa, pero ya podemos adelantar que las pérdidas serán gravísimas y demasiado frecuentes.

Llevaba días dándole vueltas al asunto, pensado si publicarlo o no, al fin y al cabo este no es un blog de arqueología, pero los fuegos de esta tarde me han decidido.

30.8.06

VALENÇA Y TUI


Ayer nos fuimos hacia el sur. Aprovechando que no estaba un día demasiado caluroso (bueno, 29 grados en Valença, que para mi es más que suficiente si no estoy en la playa)decidimos bajar hasta Valença, el primer pueblo Portugués si se entra en el pais desde Vigo, para hacer un par de recados y dar una vuelta.

Si, es cierto, como buen Vigués de nacimiento soy de los que nos criamos bajando a Portugal a comprar toallas, sábanas y, ya de paso, café, oporto y todo eso. Y ya se que es cierto que en los últimos años los precios han subido, que con el aumento del IVA en Portugal prácticamente se han equiparado con los nuestros, pero de vez en cuando aún vale la pena acercarse hasta allí y curiosear, porque al margen del precio suelen verse cosas distintas, lo cual con la llegada de la Gourmet 2.0 a las puertas, nunca está de más. Y como además el sitio merece una visita, pues una razón más para acercarse.

Valença es una de esas ciudades fronterizas fortificadas que pueblan todo la linea divisoria entre Portugal y España pero es, además, probablemente una de las más interesantes y, desde luego, con más encanto. Levantada sobre un antiguo campamento romano en una colina junto al Miño (es posible que a su vez construido encima de un castro), el poblado comenzó a fortificarse durante la Edad Media, aunque adquiríó su actual fisonomía en el S.XVIII. En la actualidad tiene dos recintos amurallados unidos entre si por un estrecho pasaje entre fosos. En el interior del mayor de ellos, el que se levanta sobre el río, están las dos calles principales, la Praça da República, donde está la Cámara Municipal (ayuntamiento), una iglesia, una capilla, un miliario romano y una serie de cosas que no pueden faltar en ninguna ciudad monumental portuguesa por mucho que, como esta, sean relativamente pequeñas: La Domus Municipalis, es decir, la antigua sede del ayuntamiento, en este caso de orígen gótico, el empedrado característico de las calles, no apto para tacones, y el Museo dos Bombeiros Voluntarios, figura que aquí desconocemos pero que en Portugal goza de inmensa popularidad y que, al margen de sus funciones obvias, suele funcionar de animador cultural con la organización de eventos, banda de música propia, etc.

Por todo eso la Fortaleza, o Praça Forte, ya merecería una visita, pero si se le añade que las calles del interior de las murallas se han conservado bastante bien, que cuenta con una Pousada (el equivalente a nuestros paradores) con vistas increibles sobre el Miño y Galicia, algún alojamiento rural que no se queda atrás y un entorno privilegiado donde visitar ciudades amuralladas (Caminha, por ejemplo), castillos (Melgaço), playas, restos prehistóricos, etc., es fácil entender que el tópico de que a Valença solo se baja a comprar toallas de mala calidad no solo es falso sino que es, además. muy injusto.

Actualmente se pasa a Valença por un puente que une España y Portugal por autovía, pero hasta hace no demasiado se pasaba por otro, de hierro, diseñado en el estudio del ingeniero Eiffel, que la unía con Tui, su gemela Gallega. Tui, a pesar de haber sido un centro fortificado, tiene un carácter menos recio, menos militar que Valença, aún así aparece coronada por su catedral fortaleza y son visibles restos de las antiguas fortificaciones. Su empinado casco histórico es uno de los más interesantes de Galicia y sus vistas sobre el río y Valença no tienen nada que envidiar a las que se disfrutan desde el otro lado, a lo que hay que unir las iglesias románicas, el monte Aloia y otros muchos lugares de interés que hay en las inmediaciones. En la parte baja del pueblo, en la antigua carretera que llevaba al puente internacional, aún se conservan algunas de las tiendas en las que se podían comprar artículos portugueses sin pasar por la aduana cuando esto implicaba un pago suplementario.

Pues, como decía, ayer estuvimos callejeando por Valença y, ya de regreso, decidimos parar en el Parador de Tui a tomar algo. Y fue un acierto, porque si bien la cafetería no ofrece nada fuera de lo normal en los paradores, es decr, nada especial en la carta y precios bastante altos, las vistas lo justificaban. Desde la terraza se tiene a la izquierda Tui, tal como se ve en la foto, y hacia la derecha, tras la piscina y el río Miño, Valença (más o menos como en la segunda foto del post). Vale la pena tomarse un café aquí solo por el paisaje.

Ya se que no me ha salido un post especialmente gastronómico, pero quiero que al menos sirva para animar a posibles lectores a acercarse a la zona y, ya de paso, a probar su soprendente gastronomía: la lamprea, las angulas (si teneis la suerte de dar con ellas y poder pagarlas), por supuesto el bacalao, etc.

Y, por cierto, por si os pilla de paso, este fin de semana se celebra Valença Medieval, una feria medieval que seguro que vale la pena.

28.8.06

¿CÓMO ES POSIBLE?


¿Cómo es posible que en pleno agosto, sin demasiada agenda cultural con la que rellenar prensa y programación, arda buena parte de la catedral de San Petersburgo y no se le dedique más que algún breve ese día y nada más? ¿Cómo es posible que en los tres días siguientes nos se vuelva a hablar del tema?

Eso si, sabemos hasta el color de los calcetines de la asistenta de Isabel Pantoja cuando fue a comprar berenjenas al supermercado de su pueblo. A veces me pregunto si de verdad sirven para algo los informativos de televisión y, más en concreto, si la televisión pública estatal cumple su cometido de servicio público como debiera (si, lectores del gremio periodístico, teneis mi bendición para matizarme, corregirme o destriparme a placer por meterme donde no me llaman), porque, sinceramente, he oido hablar mucho más de Julián Muñoz en los telediarios de TVE que de cualquier asunto cultural en el último mes.

En cualquier caso, no me negareis que la foto impresiona.

27.8.06

CENA CON AMIGOS EN CASA


Ayer vinieron a cenar a casa Miguel y Aurora. Miguel es uno de esos viejos amigos a los que conocemos de toda la vida y al que le perdimos la pista cuando se marcho a Coruña a estudiar, hace ya casi diez años. Despues de todo ese tiempo, el invierno pasado retomamos el contacto y conocimos a Aurora, su pareja. Desde entonces nos vemos cada dos o tres meses. Y ayer habíamos quedado para cenar en casa, así que me puse a darle vueltas al menú.

La verdad es que en pleno agosto apetece un menú fresco y no demasiado contundente, así que despues de barajar recetas y variaciones sobre las mismas al final opté por lo siguiente:

Entrantes:

HUMMUS CON ENSALADA DE PEREJIL, MENTA Y TOMATE

Mi receta de hummus puede no ser canónica de todo, pero en casa es la que más nos gusta despues de haber probado cientos de variantes: En el vaso de la batidora o Thermomix se pone un bote de garbanzos cocidos, un diente de ajo grande troceado, el zumo de una lima, sal, dos cucharaditas de Tahine (crema de sésamo), una cucharadita de Zaatar y un chorro de aceite de oliva. Se procesa hasta conseguir una pasta homogénea y se sirve fria. Opcionalmente se puede espolvorear con pimentón o con zumaque.

BABA GHANOUSH

Se trata de una crema tradicional de Oriente Próximo que yo preparo de la siguiente manera: se toma una berenjena mediada bien lavada, se ensarta en un tenedor y se coloca directamente sobre el fuego de un hornillo de la cocina, voteándola periodicamente hasta que está bien cocinada (no es lo más limpio para el hornillo, pero es la única forma de darle el característico sabor ahumado si no tenemos una hoguera a mano). Se retira del fuego, se pela (la piel se desprende muy fácilmente) y se pica. Se añade el zumo de medio limón, un diente de ajo picado finísimo, una cucharadita de pimentón, sal y un chorrito de aceite de oliva. Se sirve frío para untar sobre pan o pan pita.

CREMA DE YOGUR CON CÚRCUMA

Se mezclan dos yogures naturales, el zumo de medio limón o de una lima, un chorrito de aceite de oliva, sal, pimienta negra molida, unas hojas de hierbabuena fínamente picadas y media cucharadita de cúrcuma. Debe servirse fría para untar en panes pita, naan o pappadums.

Todo esto lo acompañamos con unos pappadums especiados que tenía por la cocina.

Como plato principal preparé unas

BROCHETAS DE POLLO CON LANGOSTINOS CON CHUTNEY CASERO DE MANGO Y SALSA GARAM MASALA

Unas horas antes se trocea la pechuga de pollo en dados más o menos regulares y se pone a marinar en una mezcla del zumo de una lima, un chorrito de aceite de oliva, un diente de ajo picado, sal, cilantro fresco picado, menta picada y pimienta negra en polvo. Un par de horas antes de cocinar se añaden los langostinos. Se retiran los ingredientes del marinado como 15 minutos antes de cocinar para que escurran el exceso de líquido.

Se calienta la plancha con un poco de aceite de oliva y se van pasando las brochetas a fuego vivo, rociándolas ligeramente con el marinado mientras se van cocinando.

El chutney de mango lo preparé con mango y cebolleta picada, cilantro fresco, aceite de oliva, sal, pimienta negra y unas gotas de zumo de lima.

La salsa Garam Masala la preparo dorando un tomate picado y media cebolla en aceite de oliva a fuego lento. Una vez cocinados añado dos cucharaditas de Garam Masala, una pizca de asafétida, otra de ajwán y una de amchoor (o una pieza si no está pulverizado). Se mezcla todo bien y se añade un yogur natural (se puede cambiar por el equivalente en leche de coco)y un chorrito de zumo de limón. Se deja cocinar unos momentos y se sirve (al menos yo lo serví así ayer) sobre arroz basmati cocido con una cucharada de fenogreco.

Del postre se encargaron ellos, con una tarta que estaba estupenda.

Cuando se junta una reunión con amigos con el placer de cocinar para ellos, que es de lo que más me puede gustar, la verdad es que se está bien a gusto. Se que hay quien prefiere salir, pero a mi hay pocas cosas que me gusten tanto como recibir a mis amigos en casa y prepararles la cena. Se ve que soy de gustos sencillos.

25.8.06

CORRUBEDO, UN AÑO MÁS



Da cierta morriña eso de no pasar el mes entero en Corrubedo, tumbado al solcete y si demasiado que hacer. Y más aún cuando pasas por tu casa del año pasado y está ocupada por otros inquilinos pero, qué le vamos a hacer, este año tocaba quedarse para aprovechar el tiempo un poco antes de que llegue la Gourmet 2.0, así que solo hemos ido por allá de visita. Afortunadamente, mis padres siguen, como siempre, alquilando una casa en la que les sobran habitaciones (ya les sobraban cuando estábamos mi hermana y yo, así que ahora que yo ya me he independizado hace un tiempo y mi hermana pasa por allí muy de vez en cuando, mucho más) así que hemos podido irnos para allá un par de veces a pasar dos o tres días y no descarto de todo que aún volvamos otra.

Y ese es uno de los motivos de que siga sin actualizar al mismo ritmo que antes del verano. El otro es que estamos aprovechando estos días para hacer limpieza en casa, ir haciendo sitio (hay que ver la de m..., digamos cosas inútiles que se amontonan en armarios y estanterías en unos pocos años)y, ya puestos, ir montando todos esos muebles de Ikea, colocando lámparas, estantes y demás, antes de que nos pille el toro, que aunque salimos de cuentas el día 20 de septiembre me da a mi que no llegaremos hasta allá.

Pero bueno, hablando de Corrubedo, hubo un poco lo de siempre: bastante sol, bastante viento, playas solitarias, mar batido, algo menos de calor que por aquí... En fin, lo ideal para cambiar de aires unos días.

En cuanto a cuestiones gastronómicas no quiero dejar de mencionar las recetas de verano de mi madre, sus eternos escabeches de jureles, que tanto me gustan, los calamares que compra en un supermercado en Xuño, pescados allí mismo (a veces también hay pulpo), esas conservas de Conserva Directa, de las que ya me he hecho con un lote para el invierno...

Por otro lado tengo que decir que en apenas un año, desde mi famosa lesión de ligamentos del pasado mes de septiembre, han abierto unos cuantos establecimientos por la zona que vale la pena comentar. La primera novedad está en el puerto de Corrubedo y es el Café Ferruxe, del que me hablaron desde el blog De Pinchos. Se trata de un local nuevo, con un curioso suelo acristalado sobre la arena que ha venido a ocupar el local del antiguo Atlantic, un antiguo bar de pueblo que llevaba allí unos cuantos años. La verdad es que está en un lugar privilegiado, con unas vistas increibles sobre el puerto y la bahía. Yo lo conocí hace un montón de años cuando allí había una antigua taberna en la que comprábamos bocadillos que nos comíamos sentados en la roca que había a la entrada. Hace unos quince años la taberna cerró y los nietos de la dueña (a su vez hijos de la dueña del supermercado y hermanos de las dueñas de la cervecería) abrieron el Atlantic. Ahora ha abierto allí el Ferruxe, que no se si seguirá en manos de la misma familia, que es el único sitio con un aspecto un poco actual de todo el pueblo.

A su lado sigue el Bar Pequeño, que desde hace años sirve unos estupendos calamares fritos con cebolla... cuando les apetece, porque no es nada raro llegar y encontrarse con qué, en base a criterios que desconozco, la cocina está cerrada en días, por ejemplo, como un sábado de agosto a las ocho de la tarde. Curiosa política para un sitio de raciones. Pero, en fin, se ve que en Corrubedo falta quien tenga una cierta visión empresarial en esto de la gastronomía, porque la otra opción en el puerto es el Bar O Pósito, con una terraza sobre la playa y que tampoco tiene una gran carta de raciones ni la ofrece siempre.

De la otra novedad en el pueblo, el Restaurante Finisterre (Rúa Delicias), que sustituye al clásico Delicias, no puedo hablar aún, aunque tampoco me tiene una gran pinta. Resumiendo, que aún hoy Corrubedo tiene grandes lagunas en esto de la gastronomía. Mira que lo reune todo para que abras un restaurante de pescados y mariscos y te forres, un sitio de tapeo con vistas... pero nada, aquí siguen con sus bares de marineros del puerto, un único sitio de raciones más o menos normal en cualquier sitio turístico (eso si, con precios en consonancia), la Taberna O Secreto, y el restaurante del Hostal Balieiros, en la carretera del Faro, en el que una vez, hace ya bastantes años, nos llevamos un susto con unas almejas en malas condiciones. No he vuelto, así que no puedo decir si ha mejorado en ese aspecto.

Pero bueno, para buscar algo más, aunque tampoco se prodigue en sorpresas gastronómicas, ahí al lado, a seis kilómetros, está Ribeira, con su magnífica lonja de pescados, con sus estupendas conservas y con algún que otro nuevo local. Paseando por O Rueiro nos encontramos con dos nuevas referencias en este campo. Por una parte la panadería O Cruceiro ha ampliado su oferta de empanadas. Junto a las clásicas ofrecen otras de receta tan sugerente como la de gambas con algas, la de lomo con ortigas o, en el terreno del dulce, las de crema pastelera con piña o melocotón. Un sitio a tener en cuenta para esas tardes nubladas de verano.

En la misma calle, buscando el ultramarinos Jenaro, un viejo local en el que tenían una sorprendente selección de cafés, tes, chocolates o patés, por mencionar algunos, nos encontramos con que, conservando el nombre, se ha convertido en un local de tapas con un aire bastante más actual. La carta de raciones no es especialmente destacable ni especialmente barata, pero el local es agradable y cuenta, además, con un pequeño mostrador en los que venden algunos productos de gama alta y comidas preparadas de su otro establecimiento, A Patela, entre las que destacan las empanadas, como la de merluza con langostinos.

La última nota gastronómica de este paseo por Ribeira fue la excelente lata de Anguila Ahumada en Aceite de Oliva de la marca Conserva Directa que me compré en La Casita de las Conservas, que por un precio de 4,15 euros resultó ser una auténtica exquisitez.

El resto del tiempo lo dedicamos a descansar, a visitar a amigos, a disfrutar de las calitas solitarias y, por mi parte, a preparar la inauguración de la exposición Os Petroglifos do Barbanza: o concello de Porto do Son, en la que participaba y que, por si a alguien le interesa (nunca está de más un poco de autopublicidad) estará abierta estas semanas en el Centro Arqueolóxico do Barbanza, al lado de los castros de O Neixón (Boiro).

En fin, me voy, que hay que seguir trabajando, que ya falta un día menos para que llegue la nueva inquilina y esto está aún sin rematar.

24.8.06

ATLÁNTICO NORTE Y CANTÁBRICO: DÍA 3 (Y ÚLTIMO)

Despues de la paliza de los dos días anteriores y como tampoco hay que forzar la máquina, y menos en las actuales circunstancias, nos levantamos a media mañana. Como no habíamos reservado desayuno en el hotel, recogimos y nos fuimos a darnos un pequeño lujo, que no por ser económico deja de serlo, al menos para mi: un desayuno al estilo Ikea. Me explico: salmón, arenques, pan de anís, zumo, café, algo de ensalada, mermerlada de arándanos, algo de bollería... y todo esto por menos de 7 euros para dos personas. Personalmente me parece una buena manera de empezar el día.

Así que una vez terminado el desayuno me fui, claro, a por el termómetro de horno Fantast, sobre el que había leido en algún que otro blog y al que ya le tenía ganas. Despues, y tras realizar las penúltimas compras para la futura Gourmet, nos pasamos al centro comercial, donde la visita a la FNAC (a ver cuando se deciden a abrir por Galicia, que de momento los más próximos están en Oviedo y en Oporto) es obligatoria para hacer acopio de libros, discos y videos, en este caso una recopilación de ediciones especiales de Tim Burton (Novia Cadaver, Charlie y la Fábrica de Chocolate y Pesadilla Antes de Navidad).

Y de allí, cómo no, a la sección de quesos del Eroski del centro comercial: Queso de La Peral, Gamoneu, Cabrales, Afuega'l Pitu... Vamos, que no serán los mejores de cada tipo (me refiero a que en los respectivos lugares de origen seguro que se pueden encontrar de mejor calidad), pero revolviendo un poco se puede hacer una selección interesante.

Total, que entre unas cosas y las otras nos dió la hora de comer en el centro comercial, así que se planteaba la posibilidad de volver a Ikea o de rebuscar por allí, que fue por lo que finalmente nos decidimos. Despues de unas vueltas vi un cartel que decía "Restaurante Oriental" y, claro, como ya sabeis, a mi si pone oriental ya se me tiene bastante en el bote, así que despues de pensarlo un poco nos decidimos por este, a pesar de que ya sabemos que en España oriental es más bien sinónimo del chino de la esquina de cualquier barrio que del neoyorquino Nobu o del Tetsuya's de Sidney. Resultó ser un restaurante tipo buffet económico, con menú de 7,95 euros. Allí se podía encontrar de todo, desde noodles, sushi o arroz tres delicias a cosas tan poco orientales como croquetas o patatas fritas. Despues de hacerme una selección bastante heterodoxa me fui para la mesa. Tengo que decir que el sushi era lamentable (aunque tampoco cabía esperar mucho más), el pato con almendras similar al que pueden servir en cualquier restaurante chino, los noodles correctos...

En fin, no diré que fuese una experiencia gastronómica especialmente elevada, pero si curiosa.

Se nos hacía tarde, así que enfilamos la carretera previo paso, eso si, por el café con helado de Macdonalds, al que en anteriores ocasiones confesé mi afición, y no paramos hasta Tapia. Como unos días antes nos había llamado Natalia para invitarnos a cenar en su nuevo piso pensamos que sería una buena idea parar en la pastelería Palermo de nuevo (cosa que teníamos pensado hacer en cualquier caso) y llevarle una selección de sus especialidades. Así que allá nos fuimos desde Tapia a Santiago, con la bandeja entre mis pies para que no se moviese y el aire acondicionado a tope para que llegara todo en perfecto estado. Y llegó, al menos los pasteles, porque nuestros pies tardaron un par de días en recobrar la sensibilidad.

Así que podemos decir que la escapada terminó esa noche en la nueva casa de Natalia, rematando la cena con una surtido de especialidades de la Palermo. No es mal final para un recorrido como este.

23.8.06

LA GALIINA ESTRELLA: BARATO Y SIN PRETENSIONES

Ayer participé en un acto en Raxó (Poio, Pontevedra) a última hora de la tarde. Se trataba de las XI Xornadas de Lingua e Cultura Galegas que se organizan en aquel pueblo, en las que estaba invitado a presentar parte de mi trabajo reciente.

Pero ayer también habíamos quedado para despedirnos de Cristina, que se vuelve hoy para Cardiff, así que mientras nosotros acabábamos en Raxó y tomábamos la autopista hacia arriba, ellos buscaban un sitio para cenar y nos informaban por el móvil. La idea original era la Creperie Cre Cotté, pero por lo visto en verano cierran a las once entre semana (un horario absurdo, en mi opinión) y claro, a nosotros no nos daba tiempo, así que al final se decidieron por bajar hasta La Gallina Estrella, en el Ensanche (C/República Arxentina, 41).

Se trata de un local enorme, una cervecería de esas patrocinadas por Estrella Galicia que, además, sirve comidas. Y como su nombre hace suponer la carta, bastante breve, está centrada en el pollo y sobre todo en los huevos. Hay también dos o tres ensaladas, churrasco, tablas de embutidos y dos o tres carnes, pero su fuerte son las aves. Eso si, sin pretensiones. La carta de pollo lo ofrece a la plancha, con salsa de champiñones, al curry o pechugas rellenas.

Así que, por sugerencia de Eva, que ya conocía el local, nos decantamos por la carta de huevos. Aquí ofrecen media docena de especialidades que se sirven en raciones más que generosas y que bien sirven como plato único. Los Huevos Escondidos se sirven sobre un lecho de patatas fritas con jamón y cubiertos con queso fundido, los Huevos en Nido vienen rodeados de abundantes patatas paja y cubiertos con un picadillo de chorizo y bacon, casi ná. Yo me decanté por los Huevos a la Riojana, acompañados de patatas panadera y una sabrosa salsa de pimiento y chorizo. Todos nos decantamos por huevos, salvo uno de los comensales, que se conoce que venía con hambre, que pidió una chuleta de ternera de 600 gramos con sus patatitas.

No hay demasiado que decir. Los platos son sencillos y están bien. Eso si, son muy abundantes. En mi caso la salsa tal vez estaba un poco salada, pero no hay más pegas.

La carta de postres es igual de breve y sencilla: tarta de chocolate y galletas casera, flan casero y tarta helada. Yo opté por la tarta, que no estaba nada mal, sobre todo para el precio (2,5 €).

Todo esto más las aguas y los cafés (además de unas tostas de pan con tomate cortesía de la casa) por 9,90 por persona. Me pareció muy barato.

En resumen: un sitio para comer económico y en raciones generosas si se anda por el Ensanche compostelano. Comida sencilla no apta para gente con problemas de colesterol o de hipertensión.

22.8.06

ATLÁNTICO NORTE Y CANTÁBRICO: DÍA 2 (Y II)

Con el retraso que ya adelantaba que sufrirían las actualizaciones durante estas semanas de vacaciones retomo el relato de nuestra escapada.

Continuamos hacia Asturias por la costa. Como ya era hora de comer decidimos parar en algún sitio y, como estos sitios de veraneo masivo no me ofrecen demasiadas garantías en temporada alta, se me ocurrió recurrir a la guía Comer en Carretera (edición 2005. Anaya Touring Club), de Ignacio Medina, que llevo en el coche. El lugar recomendado en la zona era Casa Foguete, a pie de carretera, unos tres kilómetros antes de llegar a Ribadeo.

Efectivamente, llegamos allí y el lugar ofrece una carta con menú del día amplísima, más de 25 primeros y 25 segundos a elegir a precios muy razonables (la guía ponía 13 euros. Pongamos que algo más, aunque no llegué a ver los precios in situ). El cualquier caso, la relación calidad/precio debe ser excelente, ya que el comedor, muy ámplio, y el bar estaban a rebosar y había un buen montón de gente esperando. Y digo que debía ser buena porque cuando pregunté me dijeron que teníamos que esperar unos 20-30 minutos (que traducido a horarios reales bien podía ser tres cuartos de hora) y como eran las tres y cuarto decidimos continuar viaje. Eso si, me apunto el lugar para otra vez que pase por allí en temporada baja.

Así que, dado el horario, el hambre y que había que seguir camino, acabamos parando en un hipermercado de Ribadeo y comprando tres o cuatro cosas que nos comimos en una parada nada más entrar en Asturias. No hay más que comentar al respecto. Eso si, ya que la comida había estado, gastronómicamente hablando, bajo mínimos, había que hacer algo. Así que el café y el postre corrieron de la mano de la Pastelería Palermo, de Tapia de Casariego, uno de esos locales a los que estoy abonado y en los que acabo siempre que paso por la zona. Los pasteles de chocolate negro con manzana asada y el de chocolate blanco con cítricos estaban de antología, muy en la línea de los que probamos en anteriores visitas.

La siguiente parada fue Puerto de Vega, un lugar que no conocíamos y del que es nuestra amiga Aurora. El pueblo nos gustó, a pesar de la masificación, de las obras del puerto y del acoso y derribo al que, como tantos otros lugares costeros, está siendo sometido por constructoras e inmobiliarias. En cualquier caso, fue agradable darse una vuelta por su pequeño puerto y subir hasta el mirador que hay sobre el mismo.

Desde aquí, y disfrutando una vez más de las delicias que nos reservan las obras de la carretera Galicia-Avilés, continuamos sin paradas para llegar a Oviedo a eso de la media tarde. Despues de instalarnos en el hotel y descansar un rato salimos a dar una vuelta por la calle Uría (en obras) e inmediaciones hasta la parte vieja. Estuvimos buscando algunos restaurantes que nos había recomendado, pero la mayoría estaban cerrados por vacaciones. Paramos en Casa Fermín, pero el menú degustación (45 euros sin iva ni bebidas) no nos pareció ninguna ganga ni especialmente llamativo. Elaborado si, puede que incluso excesivo en algunos platos, pero no demasiado apetecible, al menos para nosotros, aquel día y a aquel precio.

Así que decidimos cenar en cualquier sitio agradable y barato, sin complicarnos la vida, y marcharnos temprano al hotel, que ya tocaba descanso. Así que acabamos en el Gepetto (C/Campomanes) un local del que ya conocíamos una de las delegaciones gijonesas y que pare una cena barata, sin pretensiones y en un local agradable está muy bien. Porque si en algo destacan los Gepetto es en el ambiente acogedor y en la decoración, muy lograda. De entrante tomamos unas anchoas con queso semicurado y pimientos del piquillo muy buenas y despues optamos por pizzas, que ya nos había tenido buena pinta en nuestra anterior visita. La mía llevaba Gorgonzola y guindillas verdes, una combinación muy buena. Para quien no tenga el estómago delicado por las noches, claro. Todo esto, más las bebidas y una mousse de chocolate por 19 euros por persona.

Y de ahí, paseando por el casco histórico, directos al hotel.

14.8.06

ATLÁNTICO NORTE Y CANTÁBRICO: DÍA 2 (I)


Desayunamos en el hotel. Una de las cosas que más me gustan de viajar son los desayunos de hotel, sobre todo si son buenos (como a todo el mundo, me imagino). De hecho, mi opinión sobre un hotel puede subir o bajar bastantes puntos en función del desayuno. En este caso era correcto, pero no destacable: bollería, zumos industriales, algo de fruta, algún queso y los típicos huevos y bacon. Como estaba incluído en el precio y este era una oferta diré que estaba bien, pero no se convertirá en uno de mis favoritos.

De camino al coche paré en un supermercado en busca de las conservas La Pureza, que me traen de cabeza, y de nuevo obtuve un fracaso, así que sin esperar más salimos hacia el norte.


Pasamos por Ortigueira donde, dado el tráfico y la cantidad de gente por las aceras decidimos no parar y continuamos de un tirón hasta Espasante, nuestra primera etapa. Es un lugar que no conocíamos y que nos gustó mucho. Y eso a pesar del día, nublado y con lluvia ligera e intermitente. El pueblo, pequeño (puede verse en la segunda foto), tiene playas impresionantes a sus dos lados y está al pie de la Punta da Garita, si no me equivoco con el nombre, que tiene unas estupendas vistas hacia Estaca de Bares y, sobre todo, hacia Ortegal (primera foto del post).

Desde allí bajamos al puerto, tras el cual (concretamente detrás de una calita que hay tras el espigón principal) está el castro de Punta dos Prados. Se trata de un castro modesto, aún apenas excavado, así que la visita para los turistas no es especialmente llamativa. Eso si, para aquellos algo más aficionados a la prehistoria el castro de Espasante tiene un tesoro: el monumento con horno (tipología clásica de los castros tardíos del norte de Portugal muy influenciada por el sistema romano de termas) más septentrional del que se tiene noticia.

De vuelta al coche continuamos hasta Estaca de Bares atravesando O Barqueiro y Vila de Bares. Primero optamos por subir al Semáforo, un antiguo edificio de señalización contruido en la parte más alta del cabo, a más de 300 metros de altitud, que hoy se ha reconvertido en un pequeño hotel. Las vistas, hacia todos lados, son espectaculares y el hotel no está mal, aunque si se hubiesen cuidado un poco más los detalles podría ser un sitio inolvidable. Eso si, los precios me parecieron un tanto elevados (cuestión de opiniones, me imagino). Es cierto que es un lugar único en España y que el paisaje y las vistas son difíciles de igualar, pero la categoría del hotel es la que es. Estuvimos allí tomándonos un café y disfrutando de las vistas del jardín y las terrazas antes de bajar hasta el faro. Desde la última vez que había estado allí, hace ya unos cuantos años, parece haberse convertido en uno de esos lugares de turismo masivo, así que no estuvimos demasiado tiempo.

De regreso hacia la carretera principal bajamos a Porto de Bares, una pequeña aldea colgada en la ladera del cabo y al lado de una de las playas que más me gustan en Galicia. Uno de esos lugares aislados, sin masificar y sin destrozar por las nuevas construcciones que tan poco abundan y que tanto me gustan. A pesar del día decidí bañarme en la playa, en la que estábamos prácticamente solos, y resultó que el agua estaba realmente buena.

Continuamos atravesando Viveiro, otro de esos lugares costeros que parecen no parar de crecer (casi 15 minutos para atravesarlo en coche de lado a lado) y la siguiente parada fue en San Martiño de Mondoñedo, que a pesar de su nombre se encuentra en Foz. Se trata de una preciosa iglesia románica que tiene una curiosa historia y que vale la pena visitar.

13.8.06

FUEGO (II)


Bueno, como decía hacia el final de mi largo post anterior sobre este tema, ya está. La cosa parece que empieza a remitir (muy ligeramente) y pasamos a la fase del ataque, la descalificación y la foto de los políticos. Y para muestra un botón. Ahí está Núñez Feijoo, candidato del PP a gobernar Galicia en las próximas elecciones, con su camisita blanca remangada, su pantaloncito de pinzas -todo muy de ir a apagar incendios-, sin despeinarse, colaborando con una manguerita ridícula de las de regar las lechugas en cualquier casa.

Lo que no se es si carece de asesores de imagen, de sentido del ridículo o de las dos cosas porque, vamos a ver, ¿Quién se puede creer que eso que está haciendo sirve para algo? ¿No debería, en lugar de ir de punta en blanco a hacerse fotos a los montes, haberlo pensando cuando era Conselleiro -es decir, hasta el año pasado- y haber puesto los medios para que esto no pasase y, ya de paso, ahorrarse el papelón de la foto de marras? ¿O es que de verdad alguien cree que eso que está haciendo en la foto sirve para algo, que está colaborando con algo y que ese hombre cree, de buena fe, que eso es lo mejor que puede aportar? En cualquier caso, y visto el nivel de cara dura al que se puede llegar, yo propongo que al próximo incendio se vaya con una regaderita metálica, de esas de regar petunias, zapatos de golf, un polo Lacoste rosa y un jersey verde pistacho anudado sobre los hombros. Solo así puede superar lo de hoy.

Por no hablar, por ejemplo, de la foto de Mariano Rajoy de pantaloncitos blancos por los montes de A Pobra. Está claro que ese hombre solo había visto un monte una vez, en una foto, y que no le había gustado, porque hay que ser del género tonto para ir a visitar los efectos de un incendio de pantalones blancos. En fin.

Ya se que habrá quien me acuse de citar solo a políticos del PP pero, que quereis, es que son los que se han hecho fotos que dan pie a estos comentarios. Por aquí han estado desde Zapatero hasta medio consejo de ministros, conselleiros del BNG, presidentes del PSOE y alcaldes de todo tipo y, si bien es verdad que algunos mejor hubieran hecho en quedarse callados, las fotos que he visto de todos ellos eran, al menos, un poco menos patéticas.

Y ¿Qué tiene que pasar para que el Rey se deje caer por aquí? ¿Que a la Infanta de turno le pongan una placa en un amarre del náutico de Baiona?¿Que la Asociación Gallega de Degustadores de Bolos de Torresmos (por ejemplo) decida enviarle un botafumeiro-sonajero a la Infanta Leonor?. No es que a mi me haga especial ilusión que venga o que deje de venir pero, hombre, ya que está a sueldo de todos los ciudadanos, tampoco pasaba nada si dejase un ratito las regatas, se montase en ese helicóptero que usan para desplazarse de playa en playa, de yate en yate e hiciese como si le importara algo. Aunque solo fuera por justificar el sueldito. Vamos, digo yo.

Y eso por no decir que creo sinceramente que el de los "hilillos de plastilina en estiramiento vertical" mejor haría en estar calladito esta vez (creo que ya habló la anterior bastante más de lo que debería). Aparte de dejar esos preciosos pantalones blancos para el pantalán de turno y, por sugerir algo fuera del ramo estético, haber hecho algo más cuando fue ministro. Que sus añitos tuvo.

Y para quien no entienda la sensación de tomadura de pelo ante esas fotos, voy a proponer un ejercicio. Primero mirad la foto del esforzado Núñez Feijoo haciendo todo lo humanamente posible por acabar con los incendios. Y ahora mirad esta otra. No creo que tenga que decir nada más.

11.8.06

Y II


Continuamos hacia el norte por Valdoviño y por la enrevesada carretera de Cedeira, que tiene tantos paisajes espectaculares como curvas. Ante la masificación, y como ya la conocíamos de otra visita, decidimos no parar aquí y continuar directamente hasta el Cabo Ortegal, más o menos a media hora en coche.

El Cabo Ortegal es el segundo punto más al norte de la Península Ibérica, solo por detrás de su vecina Estaca de Bares. Es también el punto que marca el límite entre el Atlántico y el Cantábrico pero, datos geográficos al margen, es uno de los paisajes más impresionantes de la costa gallega y me atrevería a decir que uno de los cabos más espectaculares de la Europa continental.

Desde el puerto de Cariño hay unos cuatro kilómetros de carretera que, de pronto, sale del bosque para dejar ver los acantilados y los farallones al pie del faro. Desde aquí se llega en un par de minutos al faro, colgado a más de 120 metros sobre el mar en una pequeña plataforma en la que apenas hay lugar para media docena de coches. Hacia cualquier lado las vistas son espectaculares: al este y sudeste se abre la Ría de Ortigueira, con la Estaca de Bares al fondo; al norte los farallones y el mar abierto; al oeste los acantalidados de la Serra da Capelada, probablemente los más espectaculares de Europa, cubiertos de hierba hasta el mismo borde.

Soprendentemente no es un lugar muy masificado. Es cierto que el acceso desde las principales ciudades, centros de veraneo (con la excepción de Ortigueira o de Viveiro) y vías de comunicación no es precisamente cómodo y que en las guías y en los folletos suele quedar a la sombra de la Estaca (por motivos geográficos, porque paisajísticamente es más espectacular esta cabo, en mi opinión. Y desde luego mucho más tranquilo, pero aún así imaginaba que habría más gente. En cualquier caso, si teneis que quedaros con solo una o dos visitas cuando paseis por la costa norte gallega, esta debería ser una de ellas.

De regreso hacia la carretera paramos en Cariño -el de la última foto-, un pequeño puerto colgado sobre las rocas, donde quería buscar las conservas La Pureza, de las que ya he hablado en otras ocasiones. Al final no encontré la fábrica (solo di con la de Conservas Ártica) ni las vi en el supermercado, así que nos conformamos con tomarnos un café en un bar (acompañado de un canapé de sardina, por cierto. Una combinación cuando menos curiosa)y regresar a Ferrol, que desde allí está a unos tres cuartos de hora.

A última hora de la tarde habíamos quedado con mi tio, que está trabajando temporalmente en la ciudad, así que aparcamos y nos fuimos con el a tomar algo a la terraza del Bla Bla Café , probablemente el local más agradable del centro, que está en la esquina de la calle Real con la plaza de Amboage. Despues del trote de todo el día yo ya estaba un tanto cansado, así que os podeis imaginar como lo llevaba la futura madre, así que nos fuimos al hotel a descansar un rato antes de salir a cenar. Total, que mientras descansábamos vimos la carta del servicio de habitaciones y resultó ser sorprendentemente barata, así que cenamos en la habitación. La cena estuvo bien, aunque sin nada especial, pero lo sorprendente fue el precio: como primer plato ella tomo una ensalada y yo un revuelto de jamón con setas. De segundo ambos pedimos entrecot a la plancha con patatas y verduras a la plancha y de postre una tulipa de helado. Todo esto más el agua por 10 euros por persona. Sigue soprendiéndome el precio en un servicio de habitaciones de un hotel, pero la verdad es que nos solucionó la papeleta y permitió a la futura madre de la GOurmet descansar un poco más antes del recorrido del día siguiente.


Porque esto fue solo el primer día.

10.8.06

ATLÁNTICO NORTE Y CANTÁBRICO: DÍA 1 (I)


Salimos a media mañana, con un día precioso, y en poco más de tres cuartos de hora nos plantamos en Pontedeume, primera etapa de este itinerario por el norte. Pontedeume es una pequeña localidad marinera, una de esas villas históricas que abundan en Galicia que se han ido quedando atrás y que han pasado de ser uno de los centros de poder en la edad media a tener apenas 5.000 habitantes en su casco urbano y a estar a la sombra de sus dos vecinas grandes, A Coruña y Ferrol.

Pero además de eso Pontedeume es un lugar muy agradable, a pesar de de que en verano se pone hasta la bandera de foráneos en bermudas atrancados absolutamente por todas partes (algo que, como veremos, no es una exclusiva de este pueblo y que, por desgracia, cada días es más frecuente en más sitios). Pero es igual, abstrayéndose un poco es posible disfrutar de la empinada calle principal de su casco histórico, de los edificios modernistas que aparecen aquí y allá, de su iglesia, de los restos del palacio urbano de los Andrade, del que solo queda la torre, o de las vistas del puente sobre la desembocadura del Eume, ya convertido aquí en ría. Callejeando dimos por casualidad con el Ultramarinos Charo, a un paso del ayuntamiento, donde compramos algunas de las mejores frutas que probamos en mucho tiempo: unas uvas blancas realmente sabrosas, unas nectarinas igual de dulces y unos higos antológicos. Lo digo por si pasais por allí y estais hartos, como yo, de esa fruta insípida de hipermercado.

Pontedeume tiene, además, otros atractivos turísticos que en esta ocasión no teníamos tiempo de disfrutar, pero que apunto para la próxima: la cercanía del las Fragas do Eume, el castillo de los Andrade, las ruinas de Centroña...

A escasos diez minutos por autopista está Ferrol, la principal ciudad del norte gallego. Aunque está situada en un entorno realmente privilegiado la verdad, todo hay que decirlo, es que la ciudad no es bonita, ni mucho menos. Surgida en el S.XVIII a partir de la pequeña aldea de pescadores que hoy se conoce como la ciudad vieja, la historia de Ferrol es básicamente militar. Diseñada por los ingenieros militares ilustrados (como su "gemela" italiana, Trieste), toda su vida ha girado y gira alrededor de lo militar o de la construcción naval. Creo que la foto da buena idea de lo que es la ciudad: buenos paisajes, monumentos militares no demasiado espectaculares, y la industria naval por todas partes. Por lo demás, no tiene demasiado que ofrecer. Eso si, como base de operaciones, que es como la utilizamos nosotros, está inmejorablemente situada.

Salimos a comer y, despues de dar una vuelta, acabamos en el Café da Vaca (C/Dolores, 34), un sitio que nos tuvo buena pinta y que tiene la placa de "Recomendado por la Guía Routard 2006", lo cual hasta ahora ha demostrado ser una orientación fiable en el sector de los restaurantes económicos. Y esta vez tampoco falló.

El local, agradablemente decorado, tiene dos comedores, una para fumadores en la parte baja y otro en el primer piso. Ofrecen un menú de nueve euros y una selección interesante de crepes y ensaladas, además de algún entrante y tres o cuatro carnes y pescados a precios muy razonables.Una cocina sencilla y sin pretensiones. Ella se decidió por el menú: judías verdes salteadas con jamón, hevos rellenos de atún y marisco gratinados al horno con patatas, flan casero y bebida. Por mi parte opté por unas tostas de jamón y salmón como entrante, correctas y abundantes, y por una crepe, Genovesa creo que se llamaba, de quesos, entre los que dominaba claramente el Gorgonzola. De postre -la camarera nos aviso de que todos excepto los helados eran caseros- opté por una estupenda tarta de chocolate y frambuesas, aunque había una terrina de queso y tofe que me hizo dudar. Todo esto más mi agua con gas por 25 euros. Me parece una opción excelente para comer barato y en un lugar agradable en el centro de Ferrol. Además, para los interesados en el tema, tienen una surtida y variada carta de vinos y hasta una selección de vinos dulces en la carta de postres que va de varios moscateles al Oporto o al Vin de Gel y a precios también muy razonables. Otro punto a su favor.

Despues de acercarnos paseando hasta el Parador a tomarnos un café, como aún era temprano decidimos aprovechar la tarde fuera de la ciudad. La primera parada fue la costa de Meirás, en Valdoviño, unos 20 kilómetros al norte. De allí es mi amiga Rosa, concretamente de la aldea de Taraza, y por si no llegase con sus constantes relatos sobre su pueblo, últimamente Germám también me había hablado sobre las ruimas militares de la zona, las mismas sobre las que no hace demasiado publicó Manolo. Así que teníamos que parar por allí. Y no nos arrepentimos. La primera parada fue en la Praia do Río y de allí pasamos a la Punta Frouxeira, dominada por un faro de reciente construcción (1992) y estética más que dudosa, pero con unos acantilados y unas vistas impresionantes. Por si con eso no llegase, toda la punta está perforada por túneles que conducen a antiguas baterías que se abren sobre los acantilados o a pequeños bunkers que dominan el horizonte, como el de la última foto. Sabiendo algo de las ambigua política de Franco durante la Segunda Guerra Mundial, sobre los submarinos nazis que frecuentaban nuestra costa o sobre lugares como A Campa dos Alemáns (bastante lejos geograficamente, por cierto) no es difícil que la imaginación vuele en sitios como este.


De allí continuamos hacia el norte, pero como ya me estoy alargando mucho eso sera tema del siguiente post, que tampoco se trata de agotar a nadie.

Por cierto, mientras escribo, y para que nadie me llame exagerado, se está reavivando (por cuarta vez) el incendio que hay aquí al lado de casa, el de la primera foto del post de ayer.

FUEGO


Está claro, vivo en un pais de imbéciles. Y me explico, para que nadie me acuse de insultar de forma gratuita. A nadie que no sea un imbécil le entra en la cabeza la psicosis que se desata todos los veranos con los incendios mientras todos los años, este último también y me temo que los siguientes será igual, se deja el monte abandonado, acumulando maleza, hojarasca y ramas muertas, es decir, combustible para los incendios del verano gallego. Ponemos las condiciones para que ardan pero luego nos quejamos de que arden.

Por trabajo llevo desde 1999 pateando monte (con épocas de mayor intensidad y otras de menos) para la localización y análisis de arte rupestre de la Edad del Bronce que, como sabeis, es mi tema de investigación cuando no ejerzo de Gourmet. Estoy harto de encontrar caminos que figuran en los mapas pero que han sido devorados por las zarzas, bosques en los que no puedes ni poner un pie porque la maleza te llega hasta el cuello, zonas enteras que se talan y en las que se dejan abandonadas las ramas, cortezas y demás despojos de procesar la madera... Todo eso año tras año, despues de cada temporada de incendios.

Estoy harto de ir al monte en días laborables, en fines de semana y festivos, al amanecer, a media mañana, por la tarde o al anochecer, en la zona de costa y en el interior, en zonas de sierra, en valles, en zonas boscosas o de rocas, en zonas con pistas forestales o de monte bajo, con buen tiempo, con tormenta, con un sol de justicia, lloviendo o con temporal del viento. Y en todo este tiempo, en los cientos y cientos de veces que he ido, a pie, dejando el coche en aldeas o en cruces, que he recorrido laderas enteras de punta a punta y vuelta hacia atrás, que he ido con equipos de investigación, iluminacion artificial o que hemos estado horas documentando un conjunto de grabado,s solo una vez !SOLO UNA¡, hace como unos seis años, me paró una patrulla del Seprona. Y eso porque pensaron que estaba adiestrando perros. Todas las demás he andado a mi aire, sin que nadie, absolutamente nadie, me molestase ni se preocupase por lo que estaba haciendo. Y esto en un pais cuyo principal problema mediomabiental son, probablemente, los incendios.

Nunca más he visto a la Guardia Civil, ni al Seprona. Alguna que otra vez, muy aislada, me he cruzado a algún agente forestal en moto, pero muy pocas. Así que entiendo que la sensación de impunidad del pirómano (sea patológico, profesional o aficionado) es absoluta y las condiciones inmejorables. Si prendes fuego al azar en un punto elegido sobre el mapa es más que probable que sea una zona llena de maleza o madera muerta a la que, además, cualquier brigada va a tener serios problemas para acceder. Y eso es igual a las afueras de Ourense, en los montes que limitan con Portugal, en la Serra da Capelada (Cedeira, A Coruña) o en los bosques que hay al lado de mi casa. Y lleva siendo igual años. Y todos los años se repite la misma cantinela y los mismos propósitos de enmienda. Y al llegar el otoño los bosques siguen abandonados, los caminos comidos por la maleza, los cortafuegos desapareciendo. Igual que el año anterior.

Es por eso por lo que hablo de pais de imbéciles. Porque solo en un pais de imbéciles es posible que esto se repita año por año y que todos miremos para otro lado, culpemos a los pirómanos que prenden el bosque por placer, a las inmobiliarias, a venganzas políticas o incluso a los narcotraficantes, pero seamos incapaces de ver que, si bien estos pueden estar actuando, si el monte estuviese en unas condiciones aceptables el daño que causarían serí ínfimo al lado del que están causando.

Ya se que políticamente sería una medida muy impopular obligar a los propietarios de montes (sean particulares o comunidades) a mantenerlos en unas condiciones de seguridad mínimas bajo amenaza de multa o expropiación pero, vamos a ver, si yo tengo una casa en ruina que es un peligro para los viandantes, o un coche que no está en condiciones, me multan y me obligan a retirarlo o a repararlo, mientras que con el monte no. Es obvio que el monte, aún limpio, ardería igual, pero con menos fuerza, con más dificultades para extenderse y con más facilidades para los equipos de extinción para acceder a el.

Y por otro lado ¿Para qué está el ejercito, esos miles de personas a sueldo del estado, acuertelados a la espera de nosequé mientras el pais arde de punta a punta? ¿No sería más razonable que esos soldados, que están cobrando por estar sentaditos en el cuartel, estuviesen patrullando los montes, persiguiendo pirómanos y colaborando en las tareas de extinción? ¿O de verdad es más lógico que sigan en los cuarteles, haciendo maniobras estúpidas o aprendiendo a desmontar el arma reglamentaria y cobrando a fin de mes, mientras la gente tiene que defender su casa del fuego con un cubo de agua y una rama de pino?

Así que está bien, sigamos culpando a los políticos, a los constructores o a los enfermos mentales y olvidemos que los propietarios de los montes tienen unas obligaciones y que los responsables desde la administración deben hacérselas cumplir. Olvidemos que para el dueño de un monte es más fácil y más barato dejarlo arder y luego cobrar la indemnización que mantenerlo en condiciones. Olvidemos el daño medioambiental, la masacre faunísitica, el daño irreparable a los suelos y a los acuíferos e incluso al patrimonio arqueológico (no es el primer grabado de 4.500 años de antigüedad que veo destrozado por la acción del fuego sobre la roca. Y me temo que este otoño veré unos cuantos más)y sigamos, como imbéciles, centrando nuestra preocupación en que este verano se nos están marchando los turistas porque el humo les nubla el sol.

Lo siento por la gente a la que le están ardiendo bosques, pastos, cultivos, animales o incluso casas o coches. Pero incluso ellos van a desviar la atención hacia otro lado y nos pasaremos unos cuantos meses discutiendo si es responsabilidad del gobierno central o del autonómico, del ayuntamiento o de la Xunta, del Delegado del Gobierno o de Protección Civil, mientras la maleza vuelve a crecer, los caminos vuelven a cerrarse y el año que viene volveremos a estar en la misma situación. O mucho me equivoco.


Así que mientras la situación no cambie, y me temo que no tiene trazas de cambiar, tendré que seguir pensando que este es un pais de imbéciles. Y esperando para ver que montes son los que arden el año que viene.

Otro día hablaré del triste papel de los convocantes de manifestacines inútiles, del intento estéril del algunos (pocos) artistas o intelectuales por hacer manifiestos o actos de protesta. Están bien, pero no sirven de nada. Y cada vez, por reiterativos, sirven de menos. Sobre todo porque dentro de un mes pasarán los incendios y todos, ellos y los demás, nos olvidaremos del monte hasta mediados de junio del año que viene. Entonces puede que surjan plataformas, escritos de protestas, manifestaciones y caceroladas, pero ya no servirán para nada. Como ya no sirven este año.

NOTA: La primera foto está tomada ayer a la noche desde la ventana de mi dormitorio. Es solo un trozo de uno de los muchos incendios que estos días hemos tenido por la zona, en este caso el que ayer a la tarde obligó a desalojar parte de la urbanización en la que viven mis padres. La segunda foto está tomada el pasado mes de agosto en los montes de Queiruga (Porto do Son, A Coruña), zona en la que despues del incendio no se tomó ninguna medida y que estos días está volviendo a arder. La única duda que tengo es si volverá a arder el año que viene o tardará dos. Pero que volverá a arder lo tengo clarísimo.

Tengo problemas para subir la primera foto. Lo intentaré más tarde.

6.8.06

UN SECRETO BIEN GUARDADO: RESTAURANTE EL MERCADITO

Ayer cenamos en el Restaurante El Mercadito (C/Galeras, 8. Santiago). La otra vez que habíamos estado allí, en marzo, nos había gustado mucho, pero siempre te queda un cierto miedo a encontrarte, al volver unos meses despues, con que la oferta gastronómica ha cambiado a peor, el servicio es menos atento o algo por el estilo. Pero afortunadamente no fue así. En cuanto al título de este post, se refiere a que a pesar de que lleva ya una buena temporada abierto, tal vez algo más de un año, sigue sin ser un restaurante demasiado conocido. La ubicación no juega a su favor, a unos 400 metros de la catedral pero en una zona que no es ni turística ni comercial y, aunque se va haciendo una clientela, la verdad es que cuando hablas del el, incluso con gente aficionada a la gastronomía o que suele salir a comer fuera en la ciudad, una buena parte no lo conoce.

Inicialmente habíamos pensado en ir a la Arrocería Mediterráneo, pero como estaba cerrada por vacaciones acabamos reservando aquí (con bastante suerte, pues era su última noche antes del cierre de verano. Como ya comenté la voez anterior El Mercadito tiene su propuesta estrella en el menú degustación, una selección de cinco platos a la que ahora han añadido un segundo postre y que ha subido de precio ligeramente (34 euros sin bebida) y que supone un recorrido por una cocina de autor técnicamente impecable y a un precio que no es ninguna exageración para lo que se ofrece. Pero, además de esa opción y de poder comer a la carta, tiene una tercera posibilidad, más económica, por la que nos decidimos ayer, que permite conocer otro de los puntos fuertes del restaurante: lo que ellos llaman el "Menú p'arrocear", que consiste en un primer plato a la carta, un arroz (mínimo para dos personas) y un postre también a la carta. Cuesta 19,50 sin café ni bebidas, lo que dados los precios que suele haber en cualquier restaurante no me parecía, antes de entrar, nada caro. Y al salir mucho menos, pero vayamos por partes.

Al final éramos cinco a la mesa. Como entrantes pedimos el huevo cocinado a baja temperatura con pisto y espuma de patatas (2 raciones), uno de los platos estrella de la carta y del que el jefe de cocina, Gonzalo Rei, parece estar muy orgulloso, ya que siempre lo recomienda, una escalivada con calamares de anzuelo (otras 2 raciones)y un sashimi de caballa marinada en aceite con chocolate picante, también recomendación del cocinero.

El huevo ya lo conocíamos de la otra vez. Sigo pensando que es un plato aparentemente sencillo -aparentemente- pero muy logrado. La escalivada estaba estupenda, con unos calamares de sabor intenso en su punto exacto. Por su parte la caballa, presentada sobre una placa de pizarra engrasada, estaba logradísima. El sabor suave del pescado combinaba perfectamente con el del aceite, que lo realza, mientras el chocolate le da un contrapunto simpático muy curioso. Sin que los otros estuviesen nada mal, este me pareció el mejor de los entrantes.

En cuanto a arroces pedimos un arroz a banda (3 raciones) y un arroz negro (2 raciones). Ambos en su punto exacto, de sabor intenso pero no excesivo y realmente sabrosos. Para mi gusto estaba mejor el arroz a banda, pero cualquiera de los dos es más que recomendable. Como postre los cinco pedimos coulant, servido esta vez sobre una crema aromatizada con licor de naranja.


Todo esto más los cafés y las bebidas (como siempre, aguas y aguas con gas), por 109,80, es decir, 21,95 por persona. La relación calidad/precio me parece excelente, muy por encima la mayoría de los restaurates que conozco. Si el menú degustación que ofrecen me parece una opción estupenda, aún a pesar de la subida de 5 euros, este otro menú, más de diario, me parece al menos igual de recomendable. Creo que es muy difícl comer mejor en Santiago por un precio similar. Y eso sin tener en cuenta que el servicio es atento y agradable, que el local resulta acogedor y que tanto lo que pedimos a la carta como lo recomendado por el cocinero resultó todo un éxito.

Así que me reafirmo en todo lo dicho en marzo y confirmo a El Mercadito como mi restaurante preferido en la ciudad sin ninguna duda. Volveré. Y no he de tardar demasiado, que además tengo curiosidad por ver su menú degustación de otoño.

NOTA: Como siempre, salí sin la cámara, así que las fotos las hizo Eva con el móvil. En cuanto me las envíe las subiré. ACTUALIZACIÓN 20:32: Fotos subidas. Por cierto, mañana nos vamos de escapada, así que no actualizaré hasta el jueves.

4.8.06

VACACIONES


Con unos días de retraso, pero por fin han llegado las vacaciones de verano. Me guardo una semana para el otoño, para cuando llegue la nueva Gourmet, para prolongar un poco el escaso permiso de paternidad. Total, que al final este año me tocó quedarme una semanita más y, aunque la verdad es que se me hizo larga, lo bueno es que ya pasó.

Ahora a disfrutar de las vacaciones, que ya hacían falta. Este año no cierro el chiringuito, como el pasado, pero como me conozco, ya aviso que es más que probable que no sea capaz de mantener la regularidad de otras temporadas. El verano me pide dormir, desconectar y salir de las rutinas del resto del año. De todas formas haré lo posible por sobreponerme a mi ánimo perezoso. Al menos un poco.

De entrada la primera parada está prevista para primeros de la próxima semana. Como ya anuncié hace unos días nos vamos a la costa cantábrica gallega y, aprovechando la proximidad y dado que nos gusta, nos acercaremos también un poco hasta Asturias. Serán solo tres días, pero seguro que son suficientes para desconectar, disfrutar del sol y hacer nuevo acopio de provisiones.

Pero bueno, antes de eso espero actualizar al menos una vez.

En cualquier caso, buenas vacaciones para los que las estais empezando. Y ánimo para el resto.

3.8.06

REENCUENTRO


Ayer llegaba Cristina de Cardiff. Hacía ya algo más de tres meses que no venía por aquí, así que quedamos para vernos. Aprovechando, además, que María había llegado un par de días antes de Girona para pasar las vacaciones, que Pily ya no está con exámenes y que Alejandro se marcha a Londres en un par de días, quedamos todos por primera vez un mucho tiempo.

Primero estuvimos en la terraza de la parte trasera del Van Gogh Books Café (Rúa Travesa), local del que ya hable hace un par de semanas. A mi me gusta más sentarme dentro, pero dada la tarde que hacía y que además está en una de esas raras zonas de la parte vieja de Santiago que no se llenan de turistas, la verdad es que pasamos un rato muy agradable.

Desde allí bajamos a la nueva Cervecería Porta Faxeira (Porta Faxeira, 15), que abrió hace unas semanas en el local que ocupaba el Alameda, la terraza más codiciada por los turistas, una de las más caras y en la que era frecuente ver a cualquier famoso que se pasase por la ciudad: de Cela a Miguel de la Quadra, de Esperanza Roy a Torrente Ballester o a Ramón García, por mencionar a algunos de los que vi yo a lo largo de los años.

Fuimos al piso de arriba, que Eva llama La Atalaya y que, efectivamente, tiene unas vistas estupendas sobre la Porta Faxeira, el comienzo del Franco y el arranque de la Alameda. El sitio está bien, aunque un tanto desangelado en cuanto a decoración, para mi gusto, pero las vistas y la tranquilidad (estábamos solos en toda la parte de arriba mientras por la calle pasaban riadas de turistas)lo compensan. Tienen una carta de pinchos y raciones que no está mal, aunque no son especialmente baratos: brochetas, ensaladas, postres...

Al final pedimos un combinado de pinchos (en la carta no se especificaba mucho. Solo decía que eran diez, dos de cada tipo, así que al final pedimos 2). Resultaron ser fundamentalmente unos canapés acompañados de alguna otra cosa. Por lo general no me parecieron baratos (30 euros por las dos raciones, es decir, 1,5 euros por pincho). Las cucharas de salpicon de gambas con merluza estaban bien y probablemente lo valía, pero el resto no me parecieron nada destacable y, desde luego, se pueden tomar bastante más baratas en otros sitios: una tostada de ensaladilla con atún, otra de pimiento del piquillo con crema de setas, una de salmón ahumado y otra, la menos creativa, con un par de boquerones y un poco de cebolla, todas sobre una rebanada de baguette.

En cuanto a platos dulces, la tarta de yogur con nata cubierta de chocolate caliente que pidió Cristina tenía una pinta estupenda y el gazpacho de zanahoria y no-recuerdo-qué-más con helado (creo que era de manzana) tampoco tenía mala pinta.

En resumen, un sitio que no está mal pero que no me parece especialmente acogedor. La carta tampoco es mala pero sin ser emocionante. Me parece que tira un poco hacia arriba de los precios (las ensaladas están entre 8 y 12 euros, las brochetas entre 7 y 15, los postres a partir de 5...). Un sitio agradable para tomarse algo con buenas vistas, aunque en este caso lo mejor fue la compañía, sin duda.

Y, como última nota de la reunión, decir que se está fraguando una cena (o dos) para los próximos días. La Arrocería Mediterráneo, en la que estuve el pasado jueves y sobre la que escribí el viernes, tiene bastantes papeletas para caer este fin de semana, mientras que Cristina quiere llevar a unos amigos canarios a conocer O Fogar do Santiso. Se van a ir con un recuerdo inolvidable, eso si. Por cierto, ¿Alguien sabe si sigue cerrado?

NOTA: Como no tengo foto del local y no parece que tenga web, dejo esta foto de las vistas que tiene desde la terraza hacia la Alameda.

UNAS NATILLAS

Aprovechando que el otro día Mari Carmen nos trajo unos huevos de las gallinas que tiene en su casa de Vilar de Calo (Teo), y dado que llevaba dándole vueltas a la receta del Crumble de Melocotones un par de días, sin decidirme, al final decidí tirar por el camino del medio, renunciando al Crumble, pero no a los melocotones, y dándole uso a esos huevos tan buenos.

Y el resultado no por sencillo fue menos bueno:

NATILLAS AL AROMA DE AZAHAR CON MELOCOTONES

Por un lado preparé una natillas según la receta de la Thermomix, aunque reduciendo un poco de azucar (3 huevos, 60 gramos de harina, 80 gramos de azucar en polvo aromatizada con piel de limón, una cucharada de Maizena, una cucharada de agua de azahar, una pizca de sal y 600 gr. de leche. Dejo la receta porque, aunque no tengais la Thermomix también podeis prepararla. Lo único que cambia es el mezclado de ingredientes y los tiempos de cocción). Una vez listas las pasé a un recipiente para horno y las dejé enfriar. Lo de las natillas aromatizadas con azahar lo probé por primera vez en Túnez y me gustó tanto que se convirtió en un clásico de mis (escasas) incursiones reposteras.

Cuando tuvieron la suficiente consistencia les coloqué por encima mitades de melocotón en almibar y las metí en el horno con el gratinador a tope hasta que se doraron.

Valen la pena

2.8.06

ORGANIZANDO LA ESCAPADA


Continúo organizando nuestra escapada de la próxima semana a Ferrol y la costa norte de la provincia de A Coruña. Mi amiga Rosa, que es de Meirás, más o menos entre Ferrol y Cedeira me ha confeccionado una lista de lugares recomendados por toda la comarca que dejo a continuación por si a alguien más le pudiera servir de ayuda o por si alguien los conoce y quiere dejar un comentario.

Es una suerte tener amigos de casi todas partes de Galicia. Así es difícil perderse.

XUBIA: Casa Tomás.
Casa Paco.

CARRETERA FERROL - MEIRÁS: O Parrulo.

CARRETERA FERROL SERANTES: El Castaño.

MEIRÁS: Os Percebes.
O Gitano.

CEDEIRA: Náutico (especialidad en bonito en rollo).
O Kilowatio (especialidad en marrajo).
O Forno de Gonzalo (panadería especializada en empanadas)

PANTÍN: A Ramalleira (fines de semana callos)

MOECHE: Casa Pena.

FERROL: Casa do Monte (junto al hospital Arquitecto Marcide)
Gabia (restaurante del Hotel Almirante)
O Pataquiña (C/Dolores)
El Caserío Vasco (junto a Plaza de Callao)

¿Falta alguno que considereis imprescindible? ¿Os parece que sobra alguno?

Aún hay tiempo para recomendaciones