31.3.06

AL ESTE DE LISBOA: ALENTEJEANDO



Si hay una región que destaca dentro de un pais que, por lo general, ha sabido conservar bastante intacto su patrimonio gastronómico, ese es el Alentejo, la región más grande y más pobre de Portugal (es decir, una de las más pobres de Europa), con inviernos heladores y veranos achicharrantes, pero también una región que conserva impresionantes conjuntos urbanos, playas, embalses, castillos... Si además de aficionados a la gastronomía somos aficionados a la fotografía la visita es obligatoria, con la ventaja añadida de que a una hora o como mucho hora y media desde Lisboa podemos visitar algunos de los lugares más interesantes de la región. Además, si entramos en Portugal desde Badajoz en dirección a Lisboa atravesaremos la zona de lleno, así que no hay disculpa.

Saliendo de Lisboa por la autopista, en menos de una hora se llega al primer pueblo puramente alentejano: Montemor-o-Novo, dominado por el castillo. De todas formas, si no vamos muy sobrados de tiempo podemos prescindir de esta visita y continuar media hora más hasta Évora, la capital del Alto Alentejo y la ciudad con la luz más bonita de Portugal, según dicen.


Parte del casco histórico de Évora está declarado Patrimonio de la Humanidad. A la vista de los restos del templo romano de Diana, de su catedral y de las plazas e la ciudad amurallada se entiende perfectamente la razón. Évora es una ciudad alentejana pero, al mismo tiempo, es la principal ciudad de esta parte del pais, así que aunque tiene el ambiente de la región tiene fama de ser más animada que el resto. En cualquier caso, es una parada obligatoria además de un buen lugar para hacer unas cuantas compras gastronómicas.

Uno de los productos gastronómicos más célebres de la ciudad son los Queijinhos de Évora, unos quesitos de oveja de pequeño tamaño que son muy populares en Lisboa. Los hay de otras zonas del Alentejo, pero si encontrais unos buenos de aquí son difíciles de superar. También son conocidos los quesos de Nisa, Serpa y Mértola, más al sur. Otra buena razón para pararse en Évora es que, como principal ciudad de la zona, es un lugar estupendo para encontrar variedad de los distintos vinos de la región, ya que en otros lugares más pequeños la oferta se centrará fundamentalmente en la producción de la zona. Son especialmente conocidos los vinos de Reguengos y los de Borba, pero cualquier otro con denominación de origen, como los de Redondo, Vidigueira, Portalegre o la propia Évora, es una buena compra si os gustan los tintos potentes.


Y los embutidos, uno no puede pasarse por el Alentejo sin hacer acopio de embutidos, de todo tipo y con una variedad inimaginable. Los más célebres son los de Portalegre y Estremoz, al norte de Évora. Y luego, claro está, la repostería, con docenas de variantes, desde la célebra tarta del Convento da Conceiçao de Beja hasta el Queijo de Améndoas o el Pao de Rala además, por supuesto, de las variantes locales de las queijadinhas, a las que es frecuente por aquí añadirles naranja. Además de los platos regionales, desde la simple sopa alentejana, de ajo y cilantro, hasta el gaspacho, pariente cercano del nuestro, o el porco á alentejana.

Desde Évora se puede continuar la visita por la autopista hacia España acercándose a Estremoz, la segunda ciudad de la región, zona productora de estupendos embutidos dominada por el castillo, hasta llegar a una última parada en Elvas, justo antes de la frontera con España.
Pero yo solo haría este recorrido si me pillara de paso hacia España, ya que desde Lisboa comienza a ser una distancia poco práctica para un único día y además estas dos ciudades, a pesar de tener algún interés, tampoco justifican un desplazamiento tan ámplio.

Así que yo lo que haría es comenzar a girar hacia el sur, para ir trazando un círculo que acabe por volver a la autopista, ya de regreso hacia Lisboa. Este recorrido, además, tiene la ventaja de que se sale de la autopista y va avanzando por carreteras secundarias hacia algunos de los pueblos más interesantes de la región. La primera parada obligatorias es Reguengos de Monsaraz, la capital del vino alentejano, lo que por si solo ya justificaría la visita de cualquier gourmet aficionado y, además, uno de los pueblos que mejor conserva la arquitectura típica de la zona. Además, aquí uno se da de golpe con la tranquilidad aplastante del Alentejo, nada que ver con las ciudades más grandes y mucho más próximo al ambiente de los pequeños pueblos del interior andaluz, por ejemplo.

Desde Reguengos se va girando hacia el oeste para pasar por Vidigueira (nueva zona vinícola) hasta llegar a Alvito, el pueblo más blanco del Alentejo. Se dice que es uno de los pueblos mejor conservados y más tranquilos del pais. De hecho, es uno de esos sitios que suelen elegir los lisboetas para desestresarse en escapaditas de fin de semana. Me imagino que algo así como Pedraza respecto a Madrid. Tanto aquí como en cualquier otro lugar del trayecto hay que hacerse con un poco del famoso pan de centeno alentejano y con cualquiera de las variedades de aceitunas que pueden encontrarse a la venta a granel en cubos en supermercados y tiendas.

Después de este exceso de tranquilidad se vuelve a la autopista, pasando por el castillo de Santiago do Escoural, en Montemor-o-Novo, desde donde se regresa a Lisboa en un momento. Además de los productos mencionados, hay que aprovechar la escapada al alentejo para probar platos como las migas, los ensopados de cabrito o de borrego (similares a las calderetas castellanas), la feijoada (guiso de alubias)o cualquier plato de liebre (sobre todo la liebre con feijao (alubia) branco) o de perdiz, si se tiene la suerte de pasar por la zona en temporada.

¿QUIÉN DEMONIOS ERES?

Ayer recibí un comment con este inocente mensaje: Necesito hablar contigo... pero no encuentro tu direccion de mail en el perfil... ¿me puedes escribir a nan_garrido@hotmail.com? Gracias!
Y claro, yo que soy un inocentón, pensé que era alguien que quería hablar conmigo. Como además se da la casualidad de que tuve un amigo en el colegio, hace ya muchos años, que se llamaba Fernando Garrido pues pensé, panoli como soy, "pues nada, igual es Fernando, que hace 15 años que no nos vemos, ha localizado este blog, me ha identificado y quiere contactar conmigo". Y claro, ni corto ni perezoso le mandé un correo desde el mío diciéndole que podía escribirme a esa dirección.

Y como hoy no tenia noticias, pues me puse a buscar por google y metí el famoso nan_garrido. Lo que me encontré es que varias docenas de blogs españoles han recibido en el último par de días exactamente el mismo mensaje de la misma dirección.

Vamos a ver, Fernando era un tipo muy sociable, pero no creo que hasta ese punto, así que me empezó a entrar el mosqueo. Resulta que hay alguien que se dedica a escribir a los blogs a pedir direcciones de email vete tu a saber para qué y voy yo, que más que inocente soy tonto, y le entro al trapo. Así que ahora estoy a la espera de ver por donde me salen con la gracia.

Atentos si recibís mensajes como ese y si teneis novedades mantenedme informado.

ACTUALIZACIÓN 31-03-006: Al final acabo de recibir una respuesta. Por lo visto se trata de un método un tanto heterodoxo para captar muestras para una encuesta. Al final no era tan terrible como me lo pintaban algunos ni tan inocente como inicialmente lo imaginé yo. En fin.

AL NORTE DE LISBOA

Otra escapada muy recomendable desde Lisboa es la que recorre la costa al oeste y al norte de la ciudad. es una escapada que se podría prolongar todo lo que quisiéramos porque siempre habrá algo diez o quince kilómetros más allá que valdría la pena visitar. Aún así, limitándose a la zona que puede visitarse en un día sin demasiados agobios, se pasa por algunos de los castillos y conventos más impresionantes del pais, por ciudades fortificadas, pueblos sobre los acantilados, fortalezas costeras, reservas naturales, molinos de viento, restos arqueologicos y playas más que suficientes.

Se sale de la ciudad por la costa, por las primeras playas antes de llegar Estoril, una localidad de veraneo más célebre por su casino y por haber sido el lugar de residencia de Don Juan de Borbón que por ser especialmente bonito. Aún así, tiene una playa que no está mal y unas cuantas casas y palacetes que hacen que te quedes con cara de idiota y no resulta desagradable. Eso si, demasiado masificado en temporada alta, que para algo está a apenas 15 kilómetros de Lisboa. A continuación está Cascais, un lugar similar, pero que conserva un poco mejor el ambiente marinero. Dicen que aquí se come buen pescado, aunque como en cualquier sitio muy turístico, ese pequeño lujo se paga. Si continuasemos por la costa llegaríamos al Cabo da Roca, el punto más occidental de Europa (por mucho que le pese a Fisterra).

Unos diez kilómetros hacia el interior se encuentra Sintra, antiguo lugar de vereaneo de la corte portuguesa que es, sin duda, uno de los pueblos con más encanto de la Península, a pesar de los inevitables autobuses turísticos. Se puede llegar fácilmente en transporte público desde Lisboa, pero es recomendable llevar coche, ya que Sintra se encuentra en pleno corazón de una sierra de paisaje bastante abrupto y mientras el centro se puede visitar a pie, el castillo y el palacio se encuentran a un par de kilómetros por una carretera realmente empinada.

El centro de Sintra conserva bastante bien el ambiente de otra época, con un conjunto de casa bajas y callejas estrechas en el que ninguna desentona. La Praça da República aparece presidida por el Palacio Nacional, con sus características chimeneas, y por un hotel de esos de toda la vida en el que siempre me ha apetecido pasar una noche. Puede verse en la película La Novena Puerta, de Polanski. Aquí en la plaza hay alguna pastelería en la que se pueden probar las Queijadinhas, un dulce típico que en Sintra tiene una variedad local. Están realmente buenas. Son una especie de pequeñas tartaletas de queso horneadas que en otras versiones pueden incluir también naranja, almendra o cualquier otro producto que se les pase por la cabeza, que para esto de la repostería la imaginación portuguesa no tiene límites.

Por una carretera llena de quintas (villas) escondidas en el bosque se llega primero al Castelo dos Mouros, una fortaleza medieval con increibles vistas y, algo más arriba, al Palacio da Pena, un delirio kitsch del S.XIX que parece sacado de un cuento de Disney. Entre cúpulas de colores, azulejos dorados, torreones, miradores y cenadores se va pasando por una serie de salones cada uno más recargado que el anterior (la habitación en la que todo, de las paredes al techo, de las sillas a las lámparas es de porcelana es un buen ejemplo)que dan una idea del gusto de los últimos reyes portugueses. Una vista imprescindible.

De vuelta a Sintra, de camino hacia Mafra, vale la pena parar en alguno de los tlleres de alfarería tradicionales de la zona, sobre todo según nos alejamos del pueblo. Aquí se pueden encontrar algunas gangas y piezas únicas.

A unos 20 minutos al norte está Mafra, un pequeño pueblo en el que se encuentra el conocido como El Escorial Portugués, un convento de dimensiones aberrantes, con cientos de ventanas y fachadas que se prolongan por cientos de metros.

En la costa del ayuntamiento de Mafra se encuentra Ericeira, un pueblo de veraneo bastante popular. Se trata de un pueblo de pescadores colgado sobre los acantilados que ha conservado bastante bien su ambiente y que es, además (como no) un excelente lugar para tomar buenos pescados y mariscos a precios razonables, especialmente en temporada baja.

Desde Ericeira se sigue hacia el norte por una carretera que va costeando y se interna en la región de Estremadura, caracterizada por los molinos de viento. Se va pasando por peqeuñas aldeas con nombres curiosos (Galiza, Gibraltar, etc.) hasta que a unos 35 minutos se encuentra la desviación a Peniche. Peniche se encuentra en una pequeña península rodeada de acantilados. Es una ciudad fortificada que conserva partes de la muralla y la fortaleza del puerto. Por lo demás, es un puerto que conserva bastante su ambientey un lugar de veraneo concurrido, además de otro buen sitio para probar los pescados y mariscos portugueses. A la entrada del pueblo, en Atouguía da Balea, que guarda el recuerdo del pasado ballenero de la zona, hay algunas playas impresionantes. Al borde de la carretera, llegando a Peniche, hay un pequeño restaurante donde tomé uno de los mejores bacalaos que he probado. Y mira que la competencia en Portugal es dura. Una carretera que bordea las murallas de Peniche lleva hasta el cabo, donde se puede asomar a los acantilados y ver en el horizonte las islas Berlengas.

De regreso a la carretera principal por la que se llega de Lisboa se encuentra Óbidos, a quince kilómetros de Peniche.
Me atrevería a decir que Óbidos es el pueblo más bonito de Portugal y uno de los que tienen más encanto probablemente de toda Europa. Es un pueblo amurallado en cuyo interior las casas están impecablemente caleadas, con las esquinas pintadas de colores vivos y con los muros cubiertos de buganvillas. En la parte alta del pueblo hay un castillo (otra Pousada) y es difícil encontrar, en todo el conjunto, un solo rincón que desentone. Las vistas desde el paseo de ronda sobre las murallas son increibles. Además, Óbidos es célebre por sus asados, especialmente de cordero y por una especialidad que se puede encontrar en alguna que otra tienda, el Licor de Merda. No me pregunteis de qué está hecho, que no lo se.

Si hay un sitio al que merece la pena acercarse desde Lisboa, es Óbidos. Hay, además, algún que otro restaurante de fama en el que se puede probar la gastronomía regional, como A Ilustre Casa de Ramiro o Estalagem do Convento. No son baratos (unos 40 euros) pero tengo entendido que valen la pena.

Para sibaritas que puedan permitírselo, en la costa de Óbidos está el Marriot Praia d'el Rey Golf Resort, un cinco estrella lujo con todo lo que cabe esperar de un hotel de esas características y un restaurante con muy buena prensa.

La escapada puede darse por concluida en Óbidos, pero si sobran tiempo y ganas (aunque para eso conviene haber madrugado), yo recomendaría seguir un poco hacia el norte. Son más kilómetros, pero tiene la ventaja de que luego, desde Leiría, se regresa a Lisboa por autopista en una hora y media. San Martinho do Porto es otro pueblo de veraneo en una bahía cerrada con estupendas playas, pero más interesante es su vecina Nazaré. En la parte baja está la playa, con el pueblo turístico, pero en la alta, sobre un acantilado vertical de más de 200 metros, se encuentra la ciudad vieja,Sitio, con la plaza de la iglesia asomándose al acantilado. Unas vistas apabullantes. Y, cómo no, buenos restaurantes para tomar pescado y marisco.

Hacia el interior está Batalha, una iglesia gótica construida por los reyes para conmemorar la victoria sobre los españoles en la batalla de Aljubarrota y que es Patrimonio de la Humanidad. en la plaza hay, además, algunade esas cafeterías-pastelerías típicas de los pueblos portugueses donde se puede tomar un café con cualquiera de las especialidades que ofrecen sin miedo a equivocarse.

A muy pocos kilómetros de Batalha está Alcobaça, un pueblo de mayor tamaño presidido por el monasterio cisterciense, también declarado Patrimonio de la Humanidad y uno de los mejores ejemplos en la Península del primer gótico. Es para quedarse mudo. También aquí en la plaza que se abre frente a la iglesia se encuentran estupendas pastelerías para hacer una paradita.

Desde Alcobaça puede bajarse directamente a Lisboa, aunque es más recomendable subir un poquito más (unos 15-20 minutos) hasta Leiría, la principal ciudad del distrito, para tomar la autopista de regreso. Leiría no es una ciudad con demasiado encanto, sobre todo despues de haber visitado los sitios anteriores, así que tampoco es imprescindible una visita, aunque si se quiere hacer una parada breve, yo recomendaría el castillo. De regreso hacia Lisboa se pasa por Santarem, la capital del gótico portugués, a unos 80 kilómetros de la capital. No la conozco, aunque me han hablado bien de ella, eso si, creo que merece unas escapada, al menos de una tarde, para ella sola.

AL SUR DE LISBOA


Lo bueno que tiene Lisboa, aparte de sus propios atractivos, es que es un lugar excelente para utilizar como base de operaciones y conocer otras zonas. Al estar situada hacia la zona centro (tirando al sur) del pais, permite conocer regiones muy distintas entre si con pequeños desplazamientos. Además, como Portugal no es un pais muy grande, en un radio de un par de horas de coche de la capital se llega a una parte muy importante de las regiones, y si ampliamos ese radio a tres horas, se cubre más de medio país, de Oporto hasta el Algarve.

Pero no es necesario hacer tres horas de coche para encontrar sitios que merezcan la pena. A menos de una hora de la capital, tanto al norte como al sur, se encuentran un montón de sitión que presentan atractivos turísticos, paisajísticos y también gastronómicos.

Saliendo hacia el sur de la ciudad se encuentrar algunos de los paisajes de costa más interesantes del pais. Si se cruza el río por el puente 25 de abril se desemboca en la localidades de Almada, Cacilhas y Seixal, zonas obreras unidas también a la capital por un ferry que tiene unas vistas increibles. Hace ya unos años, de casualidad, paramos en una pastelería al borde de la carretera a la entrada de Seixal, Os Pintos Felizes. Recuerdo que me llamó la atención la cantidad de tartas que ofrecía y la cantidad de gente que había merendando (una costumbre muy portuguesa, esa de merendar de pastelería). Luego descubrí que el sitio estaba lleno con razón, porque la tarta de plátano co nueces que me tomé era de antología. Y las ración equivalía a dos o tres de las que podrían servir en un sitio parecido en España, aunque el precio probablemente era como la mitad. La tarta de chocolate y frambuesas de mi madre tampoco se quedaba atrás.Ni la de café de mi padre. Por supuesto, las probé las tres. Nadie lo hubiera dicho al entrar en aquella especie de bar de carretera sin ningún atractivo aparente (a veces la necesidad de hacer una "parada técnica" te hace descubrir sitios interesantes), pero son de esas sorpresas que se encuentra uno con frecuencia en Portugal, sobre todo si si habla de pastelerías o similares. Cosas parecidas me han pasado en Caminha, en Alcobaça, en Sintra, en Aveiro y en muchos otros sitios.

Desde estos pueblos, que no tienen mayor atractivo, se puede ir hasta Costa da Caparica, de la que se dice que es la playa de Lisboa, con lo que todo eso conlleva: aparcamientos enormes, bloques de apartamentos, restaurantes en primera linea de playa... Aún así, las playas son impresionantes y según se avanza hacia el sur por las carreteras secundarias se va entrando en una zona de paisaje protegido que vale la pena conocer.

Pero si no se va muy sobrado de tiempo es mejor continuar directamente hacia Sesimbra. Antes de entrar al pueblo conviene desviarse unos siete kilómetros hasta el Cabo Espichel (el de la primera foto), con un faro sobre unos imponentes acantilados, a cuyo lado hay un convento semiabandonado. Es un sitio que realmente impresiona. Desde aquí hay que dar marcha atrás y volver a Sesimbra.

Sesimbra es, según muchos, la capital del pescado y el marisco de la zona de Lisboa. Decir esto de un pueblo situado a pocos kilómetros de Setubal, el principal puerto pesquero del pais, es mucho decir, pero parece que es verdad. Sesimbra es un pequeño pueblo de pescadores, o era, porque ahora comienza a estar rodeado de urbanizaciones y bloques de apartamentos (es lo que tiene estar a 40 minutos de Lisboa), situado al pie de un castillo. En el centro, en la zona del puerto y de la playa, hay unas cuantas marisquerías y restaurantes donde probar qué hay de cierto en esa fama.

Sesimbra está al pie de la Serra da Arrábida, protegida por el castillo y por una fortaleza que se levanta directamente sobre la playa. Apenas conserva casco viejo, pero vale la pena acercarse a disfrutar del paisaje y, sobre todo, de las gastronomía local, basada básicamente en el pescado y el marisco.

Desde Sesimbra se puede continuar para internarse en la Serra da Arrábida, uno de los parques naturales más espectaculares del pais. Se entra en el parque por Vila Nogueira de Azeitao, un pueblo conocido fundamentalmente por su gastronomía. Es la capital del Queijo da Arrábida, una versión local muy lograda del Queijo da Serra, y por la repostería, en la que destacan los pasteis de Azeitao, que se pueden encontrar en cualquier pastelería o supermercado de la zona. A la sierra se accede por una pequeña carretera en no muy buen estado que, despues de subir un rato, se asoma a la costa desde varios cientos de metros de altura y ofrece unas vistas increibles de la bahía de Setubal. La sierra cae a pico sobre el mar formando pequeñas bahías, calas y acantilados.


Una de las visitas imprescindibles es Portinho da Arrábida (última foto del post), una antigua aldea formada por media docena de casas de pescadores al lado de una calita, que hoy es una playa muy frecuentada en la que hay algún que otro restaurante colgado sobre el mar. Desde aquí se continúa hasta el Convento da Arrábida, un conjunto de edificios blancos colgados en la ladera que parecen más propios de una isla griega que de la costa atlántica.

La carretera acaba desembocando en Setubal, una de las ciudades más grandes del país y principal puerto pesquero. No tiene demasiados atractivos turísticos, al margen de alguna iglesia gótica, pero sus pescados son conocidos en todo Portugal y, además, tiene fama de ser un lugar donde se come bien y barato. Si quisiéramos continuar hacia el sur entraríamos en la costa Alentejana, donde hay una sucesión de más de setenta kilómetros de playa interrumpidos únicamente por algún que otro pueblo de pescadores, como Vila Nova das Mil Fontes, un lugar de veraneo muy popular entre los extremeños, y en especial en Badajoz, dada su proximidad a esta región (menos de dos horas en coche). Troia (a la que conviene acercarse en overcraft para evitarse un rodeo de casi cuarenta kilómetros), Sines o Grándola son algunas de las localidades principales de este sector de la costa.

Saliendo de Setubal, ya de regreso hacia Lisboa, se encuentra Palmela, un pueblo no demasiado bonito coronado por un castillo que es hoy una de las mejores Pousadas (el equivalente a nuestros paradores) de Portugal. Las vistas desde las murallas del castillo dominan la llanura de la región de Lisboa. Aquí hay una tienda que es un buen lugar para hacerse con algunos productos regionales de calidad: quesos, embutidos, miel, mermeladas, vinos y licores. Es un poco más cara que una tienda convencional, pero tiene la ventaja de que aquí se encuentra todo, sin tener que andar buscándolo por diferentes establecimientos.Recomiendo especialmente el famoso moscatel rojo de Setubal, una denominación de origen no demasiado conocida fuera de la zonad e Lisboa pero que yo compré aquí y que puedo asegurar que vale la pena. Y desde aquí, en poco más de media hora por el pueste Vasco da Gama, uno de los más largos de Europa, se vuelve de nuevo a la capital, a la que se puede entrar por el periférico del aeropuerto o, si se viene aún con ganas de hacer un poco más de turismo, por la zona de la Expo.

30.3.06

LISBOA IV: QUÉ COMER, QUÉ BEBER Y QUÉ COMPRAR



Lisboa, al margen de otros atractivos turísticos que tiene a pesar de no ser una ciudad especialmente monumental, es un auténtico paraiso para el gastrónomo aficionado. En Portugal en general es difícil comer mal y, aunque es cierto que en zonas muy turísticas como el centro de Lisboa uno nunca está libre de poder llevarse una sopresa desagradable, la verdad es que a poco que se tenga algo de cuidado y que se busque con calma se puede comer razonablemente barato y razonablemente bien. Según se va alejando uno de las zonas más turísticas las posibilidades crecen. Eso si, no suele tratarse de locales muy refinados ni de una cocina muy elaborada, sino de la cocina tradicional de todos los días. Lo otro también lo hay, pero se paga, como en cualquier parte. Para los interesandos, aquí van algunos de los nombres esenciales de la alta cocina lisboeta: Tavares Rico, O Farta Brutos, COnventual. Yo he comido en restaurantes de zonas turísticas y en tabernas de zonas residenciales ya un tanto alejadas del centro, en centros comerciales o en terrazas y rara vez me he llevado un disgusto.

Lo primero que debe saber quien se siente por primera vez a la mesa en Portugal es que siempre nos pondrán en la mesa unos aperitivos "cortesía de la casa". No nos confundamos, nos los van a cobrar. Normalmente suelen ser pan, mantequilla, puede que algún queso o algún pate, incluso aceitunas, unos buñuelos de bacalao... Lo habitual es que nos cubre entre 1 y 2 euros por persona. Pero si no los tocamos y los dejamos en un rincón de la mesa, nos los retirarán y no tendrán derecho a cobrarlos. Muchos restaurantes turísticos se aprovechan de esta costumbre para estafar turistas. Suelen racanear con lo que ofrecen, limitándose a veces a pan y mantequilla salada, y luego cobrar bastante por encima de la media, tres, cuatro o incluso he oido de casos de hasta cinco euros por comensal. Cuidado.

Otra cosa que conviene saber es que los portugueses en general son muy aficionados a las sopas. En todos los restaurantes suelen ofrecer bastantes y a muy buen precios (entre 1 y 3 euros como mucho). Eso si, hay que saber que nuestra palabra "sopa", allí se traduce como sopa, canja, caldo o açorda, según el tipo. Se suele usar canja para la sopa de pollo, sopa suele ser la de pescado, marisco o verdura, aunque a veces puede aparecer como caldo, sobre todo si es más espesa. La açorda es una sopa muy espesa que lleva pan. Y cuidado, el Gaspacho no es exactamente igual que nuestro gazpacho. Por otra parte la sopa alentejana (o açorda si es más espesa), es muy parecida a nuestra sopa castellana, pero aromatizada con mucho cilantro. Teniendo eso en cuenta se puede tomar un primer plato económico y con la seguridad de que estará bueno.


Tanto los gustan las sopas que una de las cadenas locales fast food es A Loja das Sopas (la tienda de las sopas), donde sirven cuencos de tamaño más que aceptable de sopas preparadas a diario. Con media ración tendremos un entrante que equivale a dos platos de sopa de los que nos podrían poner en españa. Y por menos de 1,5 euros. La ración completa sustituye a una comida entera y rara ez subirá de 3 euros. Si encontrais uno de estos, sobre todo en un centro comercial, no es una mala opción para comer rápido y muy barato.

A partir de ahí la comida se organiza como la nuestra, es decir, plato principal y poste (sobremesa en portugués).

¿Y qué pedir?. Bueno, dentro de Portugal Lisboa tiene fama de no tener una gran cocina. De hecho, a los lisboetas se les conoces como Alfacinhas (literalmente comedores de lechuguitas) en contraposición con los Tripeiros (comedores de tripas (callos)) de Oporto. Pero bueno, eso no es del todo cierto, sobre todo si se tiene en cuenta que además de la cocina típica de la ciudad aquí se puede encontrar cualquier gastronomía regional, en especial la alentejana y de las antiguas colonias (Goa, Timor, Macao, Angola, Mozambique, Cabo Verde, Guinea Bissau, Brasil), además de la oferta normal de cualquier gran ciudad europea.

El plato portugués por antonomasia es el bacalao (bacalhau), preparado de mil maneras distintas. Las más comunes son ao forno (al horno), con natas (con nata), á bras (desmigado y revuelto con huevos y patatas, com tudos (cocido con verduras y patatas)... Hay para todos los gustos.

En relación con esto está toda la cocina que tiene que ver con el mar, típica de todo Portugal. Los mariscos suelen ser buenos, pero caros, como en todas partes. Lo más económico, en todo caso, son los Búcios, unas caracolas grandes que tienen como petisco (tapa) en muchos bares. Quizás la forma más económica de probar el marisco sea en arroz. El arroz es otro de los ingredientes que se dominan en Portugal, así que siempre que pidamos uno podemos estar seguros de que será un éxito, desde el arroz de pulpo de la costa al arroz con habas y costilla de la Beira Alta. Entre los pescados más frecuentes están el Róbalo (lubina), la pescada (merluza), el peixe espada (no confundir con nuestro emperador), carapau (jurel), sardinha (sardina), linguado, etc. También son muy frecuentes el polbo (pulpo), ameijoas (almejas) y, algo menos, los berbigoes (berberechos). Un plato tradicional son las Ameijoas á Bulhao Pato (almejas con una salsa de limón y hierbas). El plato más tradicional con pescados es la caldeirada, un guiso con patatas, mientras que la cataplana es típica del Algarve y suele ser algo más cara.

En cuanto a carnes, el plato típico de Lisboa son las Iscas con Elas, láminas de hígado fritas con patatas. Otro plato muy común en la carta de los restaurantes es el Porco á Alentejana, lomo de cerdo guisado. Tambien suele ser común la vitela ao forno (ternera asada). El pollo puede ser ao forno, na púcara (guisado a la cazuela), etc. Otro plato bastante común en Lisboa es el lechón (leitao), sobre todo á bairrada, una forma tradicional de prepararlo al horno. En algunos restaurantes tradicionales, fuera de la zona turística, se puede encontrar el perú (pavo) guisado en su propia sangre.

Los postres más comunes son el Pudding Flan (flan), arroz com leite, leite creme (natillas), Molotoff (una especie de pudding de claras), manga ao Porto o Madeira (mango con vino de Oporto o de Madeira)o las babas de camelo (no se exactamente lo que es, pero es un dulce, muy dulce, de leche). Las tartas suelen ser buenísimas, un poco más dulces que aquí, y en raciones generosas. Conviene no olvidar, para terminar, que el café suele ser más fuerte y más tostado que el español y que el té se llama Chá. Al final el portugués no es tan parecido al español y es muy fácil no entender el nombre de los productos: bolachas (galletas), ervilhas (guisantes), presunto (jamón), etc.

Teniendo todo eso en cuenta no es difícil poder comer bien el Lisboa.


En cuanto a qué comprar, gastronómicamente hablando, yo me decantaría por vinos y embutidos. Los vinos portugueses suelen ser bastante buenos y aparte del archiconocido Oporto, del que se pueden encontrar un montón de variedades y precios, hay otros muy interesantes: Madeira, los tintos alentejanos, de a Bairrada, los vinhos verdes del norte, el estupendo moscatel rojo de Setubal... La bebida tradicional en Lisboa era la Ginjinha, un licor de guindas. Por lo general los productos de pastelería y de panadería son excelentes.

Con todo esto en mente uno ya está listo para su viaje gastronómico a Lisboa y, al menos, para no perderse lo más interesante.

LISBOA III


Del centro hacia el oeste se encuentran otro grupo de barrios interesantes: Chiado, Bairro Alto, Amoreiras, Estrela...

Desde el Rossio se comienza subiendo por el Chiado, el barrio que ardió por completo en 1988 y que fue restaurado para ser uno de los centros comerciales y culturales de la ciudad. En la Rúa do Carmo hay alguna que otra pastelería especializada en frutas confitadas y cristalizadas, desde mandarinas enteras a trozos de melón, higos y casi cualquier cosa imaginable. Por aquí se llega a la Rúa Garret, con varias cafeterías agradables y en cuya parte alta se encuentra el Café A Brasileira, el otro imprescindible de Lisboa, con su figura de bronce de Fernando Pessoa tomando café en la terraza. Tomarse una café aquí vale la pena antes de seguir subiendo hacia el barrio alto y el mirador de Alcántara. Desde aquí se entra en un barrio lleno de anticuarios por el que se puede seguir hacia Amoreiras o, mejor aún, dirigirse a la Praça do Príncipe Real, una de las que conservan más encanto de Lisboa. Desde aquí se entra en otra de las zonas bien conservadas de la vieja Lisboa. Se puede bajar hacia la Praça das Flores, donde la cafetería-pastelería Pao de Canela sirve café con los que según muchos son los mejores scones fuera de Inglaterra.

Por esta zona está el restaurante mítico de Lisboa: Tavares Rico. Es propiedad de los dueños del ultramarinos Tavares y es uno de esos lugares que necesitan reserva y una cartera bien llena.Con decir que Catherine Deneuve dice que es su restaurante favorito creo que os hareis una idea. Pero lo bueno del Tavares Rico es que debe su nombre a que a su lado está Tavares Pobre, la versión económica (entre comillas) con la que comparte cocina. Es especialmente célebre su brunch de los domingos. Volviendo hacia el centro se puede pasar por el barrio de A Lapa, en el que se encuentran algunas embajadas y el que dicen que es el mejor hotel de la ciudad, A Lapa Palace, para acabar llegando al mirador de Santa Catarina, con buenas vistas sobre el río y, como no, alguna que otra terraza donte hacer una paradita.

Si continuásemos hacia el oeste, bajando por la Basílica da Estrela (aunque este recorrido, por largo, vale la pena hacerlo en coche o en autobús) llegaríamos al barrio de Belem, famoso por su torre, por el convento de los Jerónimos, por el centro cultural, por el Museo Nacional pero, sobre todo, por la Pastelaría de Belem y sus pasteis de nata que, curiosamente, no llevan nata. Son unas tartaletas de crema tostada al horno realmente antológicas. Las encontrareis en toda Lisboa (y en medio Portugal) pero las originales reciénhechas, las mejores, solo aquí. Eso si, a veces hay que hacer cola. En cualquier caso, si no os animais, la inmensa mayoría de los pasteis de nata que encontrareis en el centro, sin ser lo mismo, os darán una idea bastane aproximada de este dulce.

Gastronómicamente, una última opción desde el centro de Lisboa sería subir por la Avenida da Liberdade y pararse en alguna de las terrazas acristaladas de sus jardines. También se podría optar por entrar en alguno de los centros comerciales (shopping) de la avenida y dirigirse a alguno de los restaurantes que ofrecen, porque hasta para eso de la comida rápida los portugueses tienen una mentalidad culinaria especial. Pero de eso hablaremos en otro post.

LISBOA II


Al este del centro se encuentran algunos de los barrios más curiosos de Lisboa. Saliendo del Rossio se puede comenzar bajando por A Baixa para comenzar a subir hacia la catedrá (Sé). No hay pérdida, está perfectamente indicada. Eso si, aquí comenzaremos a darnos cuenta de que Lisboa no fue pensada para los turistas con ganas de andar. Las cuestas y los adoquines harán que lo tengamos presente permanentemente.

Justo al lado de la catedral se encuentra la iglesia de Santo Antonio, construida sobre la casa natal del santo. En esta placita está la que probablemente es la major tienda de artesanía de Portugal, Santos Oficios. Conozco al dueño, Homero, y puedo asegurar que aunque no es barata todo lo que ofrecen es artesanal y de la mejor calidad. La otra sorpresa agradable de la zona es A Estrela da Sé, una vieja taberna reconvertida en restaurante de comida tradicional. Aunque es inevitable que sea un tanto turística, ya que está al lado de la catedral, es de las mejores opciones del centro para comer algo típico, de buena calidad y razonablemente barato. El dueño es muy agradable y está casado con una chica gallega, de As Neves, así que tiene cierta predilección por los clientes españoles. Muy recomendables los Carapauzinhos con molho de pao (jureles con salsa de pan), de lo más barato de la carta.

Se sigue subiendo al lado de la catedral, por una zona con unos cuantos anticuarios, hasta el mirador de Santa Luzía, con una vista estupenda sobre el barrio de Alfama y el río. Es un buen sitio para hacer una parada en cualquiera de los bares y tomarse, por ejemplo, un zumo de naranja con algún petisco (una tapa, para entendernos). Aquí al lado está el Muralha Mourisca, creo que en el Largo das Portas do Sol, donde se puede tomar un café en una sala excavada en la antigua muralla árabe de la ciudad o, si el tiempo acompaña, en la terraza. Desde aquí se puede subir al castillo de Sao Jorge, visita turística obligatoria que se puede acompañar de un refresco en una de las caras terrazas que miran a la ciudad. Las vistas lo merecen. Y las piernas, despues de la subida, también. Otra opción es bajar por Alfama, el antiguo barrio árabe de la ciudad, que es el que mejor se conserva. Aquí, en algunos restaurantes y tabernas se puede comer el mejor pescado de la ciudad, sobre todo sardinas. Eso si, por las noches conviene no aventurarse demasiado por las callejas. Más de un turista se ha llevado un susto por imprudente. Una tercera opción sería continuar subiendo, unos 15 minutos a pie, hasta la Basílica da Graça, instalada en uno de los miradores con mejores vistas (especialmente al atardecer) y menos frecuentados de la ciudad. Si no tenemos ánimo para caminar todo el trayecto desde el centro, una media hora cuesta arriba, siempre se puede tomar el tranvía hasta la Rúa da VOz do Operario o hasta Portas do Sol, y nos ahorrará la mitad de la paliza. Para bajar ya es otra historia. Como dicen en Lisboa, cuesta abajo "tudos os santos ajudan". Otro buen lugar para comprar un refresco en el kiosco y disfrutar de la puesta de sol.

Otra opción para visitar esta parte de la ciudad es arrancar de la Praça do Comercio y comenzar a avanzar por las calles donde se instalaba un antiguo mercado, a orillas del río. Los nombres siguen recordándolo: Rúa dos Bacalhoeiros (calle de los bacaladeros), Campo das Cebolas, Jardim do Tabaco, Terreiro do Trigo... Es una zona donde aún se pueden encontrar algunos viejos ultramarinos y tabernas donde probar la cocina lisboeta sin adornos para turistas, sobre todo al pie de Alfama y de Sao Vicente de Fora. Si coincide el día se puede continuar hasta la Feira da Ladra, similar al Rastro madrileño pero de tamaño mucho mayor, en la que se puede encontrar de todo. Eso si, cuidado con carteras y cámaras.
Si continuásemos por la orilla hacia el este (mejor tomar el metro) llegaríamos al recinto de la Expo 98, con algunos ejemplos interesantes de arquitectura, locales de copas y algún que otro restaurante de moda.

Seguiré en la tercera entrega.

LISBOA


Me pide un lector unas recomendaciones gastronómicas sobre Lisboa y yo, que en el terreno culinario soy un admirador declarado de todo lo que tenga que ver con Portugal, recojo la petición encantado, porque hace ya un tiempo que no hablo de esa ciudad.

No se cuanto tiempo va a estar en la ciudad ni si se va a limitar a ella o va a acercarse a conocer otras zonas próximas (cosa que le recomiendo), pero ahí van mis recomendaciones, fruto de unas cuantas visitas a la ciudad a lo largo de los últimos 18 años y de aún más lecturas.

Cualquier recorrido gastronómico por la ciudad debe empezar, en mi opinión, en la Praça do Rossio, el centro de Lisboa. Aquí, en su lado sur, se encuentra Tavares, uno de los clásicos de la gastronomía, ya no solo del pais sino que me atrevería a decir que de toda Europa. La impresionante variedad de quesos y embutidos del escaparate ya dan una idea de lo que se puede encontrar en este ultramarinos clásico, de los de toda la vida. Aquí se encuentran los mejores quesos de Portugal, entre los que recomiendo sin ninguna duda el Queijo da Serra o su pariente el Queijo da Arrábida. Aún así, como no son baratos, si queremos gastar algo menos podemos comprar alguno de los Queijinhos Alentejanos, pequeños quesos de tamaño ración, de la variedad de Évora, de Estremoz o de cualquier otra zona de esa región a unos 2 euros la pieza. Otra buena opción es el Queijo Sao Jorge, de Azores. Lo mismo pasa con los embutidos. Aquí es donde los españoles descubrimos que Chouriço no siempre es equivalente a nuestro chorizo y que la variedad es infinita. Desde la Alheiras frescas de Mirandela a los embutidos alentejanos, el Salpicao (parecido a un chorizo), etc. Lo mejor es dejarse asesorar o, en todo caso, dejarse llevar por la intuición, que en un sitio como este es difícil que falle. Otras compras recomendables en Tavares son las conservas y los patés (por ejemplo el de sardinas es un estupendo aperitivo).

Ya que estamos en el Rossio podemos optar por acercarnos a la cafetería Nicola, una de las clásicas de la ciudad, a tomar un café en la terraza (sabiendo que nos van a cobrar como en cualquier sitio turístico del mundo) o, justo al otro lado de la plaza, a la Pastelaria Suiça, otro clásico, con una terraza igual de recomendable en la que siempre se puede acompañar el café con un impresionante pastel.

Justo al lado del Rossio está su gemela, la Praça da Figueira. En la misma acera que Tavares, pero ya en esta segunda plaza, se encuentra una pastelería que notareis que está siempre abarrotada. Y con razón. Cualquiera de las especialidades que ofrecen está bien, aunque no hay que olvidar que los portugueses suelen preferir la repostería más dulce que nosotros. En esta misma plaza, en el lado que está al pie del castillo, encontrareis el Mercado da Figueira, una especie de mezcla entre supermercado y mercado callejero que últimamente está un poco de capa caida, pero que merece una visita, sobre todo para hacerse con algún producto local interesante. Tiene una buena selección de frutas tropicales.

De esta plaza sale hacia el río la Rua dos Douradores, en cuyo tramo inicial encontrareis un montón de restaurantes turísticos con camareros que intentan atrapar turistas al vuelo. En uno de los de la mano izquierda, como a unos 100 metros de la plaza, tomé un arroz con pulpo antológico. Tan bueno que repetí años despues y seguía siendo igual de bueno. No recuerdo el nombre, aunque me suena que llevaba un nombre masculino, algo así como "O Solar de Fulanito", "Casa Menganito". No es una gran orientación, pero es la que hay. En cualquier caso, antres de entrar en uno de estos, como encualquier sitio turístico, atención a los precios, a si incluyen bebidas, impuestos, servicio, etc. Mucho cuidado, los precios en terraza suelen ser bastante más altos (no siempre lo avisan) y puede que, incluso, el precio que os ofrezcan sea el precio en barra, así que al sentaros en una mesa os dareis cuenta de que la cosa sube. Atención a ese tipo de tretas y os evitareis algún que otro disgusto. Se de quien entró en alguno de estos llamado por su económico menú turístico y acabó pagando más de 40 euros por persona por una comida corrientucha. Pero bueno, tampoco quiero alarmar, no es nada que no pueda pasar en las zonas más turísticas de Madrid, Barcelona o Sevilla, por ejemplo.

Volviendo al Rossio hay que buscar la calle Primeiro de Dezembro, que corre paralela a la plaza al pie del Convento do Carmo. En ella está uno de los muy pocos supermercados del centro y, justo enfrente, una interesante tienda de cafés y chocolates.

Si seguimos por A Baixa llegaremos al Terreiro do Paço o Praça do Comercio, a orillas del río. Gastronómicamente lo más interesante es el café Martinho da Arcada, el más antiguo de la ciudad, frecuentado en su época por Fernando Pessoa, que hoy es un centro turístico más, pero que no deja de merecer una visita. Desde aquí podemos dirigirnos a la orilla, a la zona de Os Cais (muelles), que se ha convertido en los últimos años en zona de copas y tiene algún que otro restaurante de moda que no he probado. La otra opción es ir hacia el ayuntamiento y seguir por la Rúa do Arsenal, donde se instalaban antiguamente muchos de los comercios del puerto y en la que aún se encuentran las mejores tiendas de bacalao, en las que además se puede encontrar una buena selección de productos de las antiguas colonias, entremezcladas con pequeños bares en los que todavía se puede comer bien y barato, aunque eso si, no tienen ningún encanto. Lo que más llama la atención son las miles de formas en las que se vende el bacalao: entero o en piezas, según zona de origen, calidad o grado de salazón, lomos, cogotes, cochas, lenguas, hígados ahumados, bacalao desmigado o en hebras... Todo un mundo.

Y hasta aquí mi primera entrega sobre Lisboa. Por no alargarme en exceso, prefiero ir escribiendo distintos posts.

29.3.06

SUCEDÁNEOS


Via el Cocinillas On-line me entero de que en la recién clausurada Alimentaria una empresa ha presentado las Chovas, un sucedáneo de anchoa que cumple el mismo papel que las gulas respecto a las angulas.

Anatema!!! tocarme a mi las anchoas!!!, hay que tener valor. Si hay un producto que considero que gana muchísimo al prepararlo en conserva es este pescadito, que no es que fresco esté malo, pero que bien conservado alcanza un nivel difícil de superar.

Vamos a ver, lo de los sucedáneos lo entiendo cuando nos resulta difícil por escasez, por precio o por lo que sea adquirir un producto. Así, como una racioncita de angulas de verdad nos puede costar fácilmente 50 o 60 euros de nada, pues es lógico que aparezcan un sustituto que se le parece (ligeramente) y que, aunque no es lo mismo, nos permite quitarnos el mono si dejarnos la paga extra. O el surimi, una forma fácil de utilizar sobrantes de pescado (no necesariamente partes de peor calidad, sino sobre todo migas y recortes) para preparar una versión económica del marisco, para alegría de pizzerías de medio pelo y restaurantes económicos varios.

Pero la anchoa, sin ser especialmente barata, de momento es asequible. Todos nos podemos permitir gastar un par de euros de vez en cuando en una latita de calidad aceptable. O incluso, si queremos economizar, en los grandes supermercados podemos encontrar esas anchoas de peor calidad, más saladas o con más espinas (o en muchos casos con un extra de ambas) y más baratas, pero que me imagino que aún con eso serán mejores que un sustituto artificial.

Porque, vamos a ver, no me negareis que ante una buena anchoa del Cantábrico o ante un buen bote de anchoas de L'Escala o de Collioure hay poco que discutir. Pocas cosas tan buenas como una anchoita de Santoña, suavizada por el aceite, acompañada, por ejemplo, de un queso con personalidad. O unos filetes de anchoa de L'Escala recién sacados y recién lavados acompañando una ensalada de esas que dominan en Cataluña, por ejemplo con bacalao, escarola,aceitunas, ya sabeis. Por no seguir hablando, por ejemplo, de las acciughe italianas en pizzas, pastas, ensaladas...

Y, claro, teniendo esas joyas gastronómicas a mano me pregunto sobre la necesidad de buscarles un sustituto. Tal vez la única ventaja que les veo es eso de que se pueden usar en guisos y nos evitan el exceso de sal de las originales, pero para eso está ya, por ejemplo, la pasta de anchoas que tanto se usa en el sur de Italia. O la simple capacidad de dosificar del cocinero.

No lo se. A lo mejor resulta que luego las pruebo y me encantan. Pero de entrada no acabo de verles el sentido ni el espacio en el mercado. Ya veremos.

28.3.06

CAMBIOS EN LA TELEVISIÓN


Hacía ya una temporada que no hablaba aquí de la televisión pero creo que debido al estreno ayer del la nueva cadena, La Sexta, es un buen momento para retomar el tema.

Tengo que comenzar por confesar mi decepción ante la Televisión Digital Terrestre, al menos en comparación con lo que se nos prometía y que a día de hoy sigue siendo una posibilidad futura aunque remota. De momento los canales digitales, que recibo gracias a R sin gasto adicional (afortunadamente no fui de los que se compraron el descodificador de marras) emiten fundamentalmente refritos, documentales viejos, series aún más viejas y algún que otro partido de futbol añejo recuperado de los archivos. Nada por lo que quisiera pagar ni un céntimo. Anuncian que la situación es provisional, mientras no se emita para un público más ámplio, pero me temo que esa situación provisional va para largo y que, además, están creando el hábito entre los espectadores de seguir dándole al botón del mando al llegar a esa cadena. Un hábito difícil de corregir, por cierto. Similar a la gente que se creó el hábito de pensar que el cine español es malo por definición y hoy se niega a ver cualquier película producida en esta parte del mundo (y hablo de la televisión, que lo de pagar por verla en cine o en video no es una opción en ningún caso). Da igual que intentes convencerlos, simplemente tienen un hábito adquirido y ahora no hay quien los baje de la burra. Si bien es verdad que la inmensa mayoría del cine que producimos por acá se empeña en darles la razón. Pero esa es otra historia y debe ser contada en otra ocasión, que decía el otro.

Así que la gran revolución que se anunciaba para finales de 2005 y que a los usuarios de R nos llegó en marzo de 2006 se ha quedado, de momento, en agua de borrajas (y me pregunto yo que tendrán las pobres borrajas para que su agua tenga tan mala prensa).

La otra gran revolución, la llegada el pasado otoño de la nueva cadena, Cuatro, tampoco ha sido como para lanzar cohetes. Empezó con bastante fuelle, aunque con una línea ideológica tan marcada, una televisión progresista, moderna, urbana, con vocación de contemporaneidad, que se olvido de que más o menos el 90% de la población española no responde a ese cliche. Es decir, que es una televisión que no está pensada para ellos. Lo que explica que sus audiencias rara vez suban del 10%, con batacazos tran estrepitosos como el 5% de media de Channel Nº4, que era una de las apuestas fuertes, el 10% raspadito de Eva H (que es un poco como los pimientos, si abusas acaban por repetirse) la eliminación de la parrilla de Deborah Ombres, o como se escriba, que por mucho que se empeñe es una sosa, aparte de antipática, y eso sin tener en cuenta que no creo yo que España esté preparada para tener en la sobremesa a un travesti dirigiendo un concurso. No hablo de mi, hablo de España, ese pais donde di si dia no algún maromo asesina a su pareja. Y luego está Gabilondo, que a pesar de sus esfuerzos no ha conseguido cuajar.

Pero bueno, no todo ha sido malo en esa cadena. Me gusta el programa 1 Equipo, los informativos de Gabilondo, aunque no los veo a diario, me parecen interesantes, tal vez por estar a medio camino entre la televisión y la radio. Y luego están las series, que son lo que salva a la cadena. Del fenómeno paranormal de éxito del Tercer Milenio del charlatan de feria Iker Jiménez, ese presentador que en lugar de vender crecepelos en carromatos en las ferias basa su negocio en vender patrañas, prefiero no hablar, aunque eso si que dice mucho de nosotros como pais.

En cuanto a las series, nunca he visto Medium (esos temas y yo no acabamos de entendernos) y Anatomia de Gray no consiguió convencerme, pero tengo que reconocer mi afición por House. Un poco harto ya de los chistes manidos de Los Serrano y su famosa escobilla y del "poquito de por favor" del otro (a ver si los guionistas de este pais son capaces de superar su propio éxito e inventar un segundo chiste ingenioso, en lugar de recrearse hasta la nausea en el primero que les salió) agradezco muy sinceramente poder sentarme una vez a la semana a disfrutar de un poco de humor distinto y, sobre todo, inteligente. Especialmente ahora que CSI, que nunca fue de mis favoritas, comienza a teñirse de esas moralejas reaccionarias de su versión der Miami y que el sentido del humor que había en la versión inicial de la serie va dejando paso a esa filosofía de "eso os pasa por malos" que tan poco me gusta.

Pero este post, que ya se está alargando más de la cuenta, surgió a raiz de la inauguración de La Sexta. Al margen de que lo poco que vi, con Emilio Aragón al piano y un grupo de humoristas ya un tanto trillado, me parecio bastante ñoño, le doy, de momento, un voto de confianza. Aunque solo fuera por las series que anuncian en su parrilla: Surface, Todo el Mundo Quiere a Raymond y Los Soprano. Es cierto que la primera no consiguió engancharme. Vi el primer capítulo en versión original y me convenció de no ver el segundo. Dudo que en español la cosa mejore. Y sobre todo creo que las 21:30 no son horas de ese tipo de series. Desde luego no para mi.

De Todo el Mundo Quiere a Raymond no tengo opinión de momento, aparte de que venga avalada por todos los premios imaginables en Estados Unidos, aunque lo de que esté programada para las 18:30 no me parece nada bueno. Lo que si que me parece una gran noticia es que por fin alguien se decida a programar Los Soprano en abierto. Y a las 22:30. Una hora estupenda.

En fin, que despues de las decepciones de los últimos meses, espero con un cierto escepticismo lo que esta nueva cadena tenga que ofrecer. Aunque mantengo la esperanza.

Y en un par de semanas empieza Perdidos. Para los fanáticos diré que yo ya voy por el capítulo 11 de esta segunda temporada y que si os gustó la primera esta no os va a decepcionar.

El Diario del Gourmet

Ayer en El Diario del Gourmet (Localia TV Santiago, a las 19:45) estuvimos hablando de aceite de oliva. Se trataba de explicarle a la gente aquellos detalles que suelen ser menos conocidos sobre ese producto, así que nos centramos en explicar las diferencias entre el aceite de oliva extra virge, el aceite virgen, el refinado o el de orujo, estuvimos hablando de plas propiedades beneficiosas y terapeuticas del aceite y de sus ventajas a la hora de utilizarlo en la cocina.

Despues de eso estuvimos hablando de los diferentes tipos de aceites que se pueden encontrar en el mercado, de las denominaciones de origen en España y de los aceites monovarietales más frecuentes: hojiblanca, picual, arbequina, cornicabra, etc.

Para terminar estuvimos enseñando unas aceitunas cornicabra y arbequinas, para que se viese claramente que de frutos tan diferentes es lógico que salgan aceites igualmente distintos.

Como recomendación del día, en lugar de aconsejar como siempre algún restaurante, aconsejamos a los espectadores que, aprovechando el mal tiempo de esta temporada, se animen a preparar algo sencillo en casa, como unas naranjas caramelizadas (que Alejandro, por supuesto, probó en directo), que son sencillas de hacer, con ingredientes que todos tenemos por casa y con resultados excelentes. Además, pueden servirnos desde para tomarlas así, tal cual, hasta para decorar un bizcocho, una bebida o incluso un plato de aves o de cerdo.

Un Link

Para los que vivimos en pueblos y ciudades con librerías generalistas en las que, con suerte, encontramos una estantería (o un estante) dedicado a libros de cocina, un link que no debeis perder:

Aliana Gastronomía

Una librería gastronómica madrileña con una selección excelente de libros de cocina y gastronomía. Acabo de pasarme por la sección de cocina regional y he visto un libro de cocina andujareña que tiene muy buena pinta. Y otro de cocina marinera de Huelva. Y otro que se llama Calahorra entre fogones. Y otro de recetas canarias. Y otro de cocina granadina. Y otro...

Y la política de gastos de envío y de pagos no está mal.

27.3.06

CARAMELIZANDO


Ayer a la tarde, como no estaba un día para dar muchos paseos, decidimos quedarnos en casa. Una de esas tardes de domingo de sofá, remolonear y, al final, algo de cocina. En este caso, como hace unos días volví por Boiro a por limones y como había leido una receta en un libro que compré en enero en Oporto, me decidí a caramelizar pieles de cítricos. Pero despues de darle un par de vueltas, y dado que tampoco me apetecía complicarme demasiado, abandoné la receta de ese libro (de cocina toscana, editado por Könemann en portugués. No se si hay edición española, aunque me imagino que si) y me preparé la mía propia, mucho más sencilla, claro.

Se cortan rodajas finas de naranjas y limones (y pomelos si se tienen) y se ponen en una bandeja sobre papel de horno. Se pone el horno a fuego muy bajo, unos 70-80º, y se deja como hora y media. Las frutas deben quedar deshidratadas pero no quemadas.

Cuando se sacan se prepara un jarabe espeso con una taza de azucar, media de agua y el zumo de medio limón y se hierve a fuego muy bajo para que espese, con cuidado de que no se queme y se convierta en caramelo. Una vez listo, se retira del fuego y se van sumergiendo las rodajas de frutas en él, para que queden bien empapadas. Se colocan sobre un papel antiadherente y se dejan secar. Cuando están listas se les da un segundo baño de jarabe, para que queden más cristalizadas.

Si se hace con cuidado quedan de lo más resultón. Eso si, si no os gusta el amargo de la piel de los cítricos elegidlos con la piel fina, porque si usais limones caseros, como hice yo, correis el riesgo de que os resulte demasiado fuerte.

Y dentro de apenas hora y media El Diario del Gourmet en Localia TV Santiago. Mañana haré un resumen.

PANORAMA DESOLADOR


Me uno a las quejas de hace unas semanas de Sao Mai relativas a la venta online de productos gastronómicos en España. El panorama, salvo por muy honrosas excepciones, es desolador. Para llorar y no parar. La cosa, a grandes rasgos, se divide en tiendas de delicatessen que venden una selección de productos (muchas veces una selección curiosa, por decirlo de alguna manera) a precios muy por encima de los del mercado y en tiendas online de productores y cooperativas. En este segundo caso es en el que me voy a centrar hoy.

Llevo unos días buscando la manera de hacerme con un buen aceite de oliva, de esos de primerísma calidad difíciles de encontrar en el mercado gallego. He probado algunos como el Castillo de Tabernas, los aceites Viana, de Sierra Mágina, o algún que otro D.O. Priego de Córdoba que me han gustado y que aquí no son fáciles de encontrar (el primero más). El caso es que me gustaría ir probando otras denominaciones de origen y aceite de otras variedades de aceituna, por ejemplo aceites del Bajo Aragón, D.O. Les Garrigues o Siurana, además de aceites de Cornicabra, por mencionar algunos.

Y ahí es donde me encuentro el problema. He visitado más de 30 páginas de productores (no sé si habrá muchas más), cooperativas y tiendas especializadas y me he encontrado con lo siguiente:

- Aproximadamente el 70% no venden online.
- De los que tienen tienda online, en un 30% aproximadamente no funciona.
- De las que funcionan aproximadamente un 20% no pone precios. Es decir,pides y pagas, pero no sabes cuanto.
- De las que funcionan y ponen precios (normalmente bastante más altos que en el supermercado, aunque te conformas porque se supone que estás comprando un producto de máxima calidad) aproximadamente un 75% carga unos gastos de envío que se pueden clasificar como altos o muy altos (hasta 22 euros por envío, lo cual unido al precio del producto no está nada mal).
- Además, aproximadamente la mitad cargan un extra (de hasta 3 euros por paquete) por envío contrarrembolso.
- De los restantes, es decir, de los poquitos que ofrecen unas condiciones aceptables (para mi) para hacer la compra, la inmensa mayoría, digamos un 80%, solo vende cantidades superiores a 20 litros por envío y la que vende cantidades más pequeñas se queda en 12 litros.

Luego hay unas cuantas empresas y cooperativas que venden directamente al consumidor, pero no online, sino por teléfono (ese miedo al correo electrónico tan arraigado como difícil de explicar). En ese caso normalmente tienes que llamar para que te expliquen las cantidades mínimas, el precio y las condiciones.

Ante todo esto, por supuesto, aún no he comprado. Me niego a tener que andar haciendo llamadas y a tener que discutir con el telefonista de turno si es mucho, o poco, o que si esto o lo de más allá. Me niego a que me cobren 20 euros por mandarme una caja desde Jaén a Santiago. Si puedo comprarme una guitarra eléctrica en Colonia y que me la manden por menos dinero, entiendo que me están tomando el pelo. Me niego a comprar 20 litros de nada así a ciegas. No dudo que el aceite será buenísimo y que todo lo que pone en su página será cierto, pero primero me gustaría probar, no sé, tener la opción de pedir un par de botellas y decidir si el producto me gusta tanto como para pedir 20 litros y gastarme 120 euros (más gastos de envío).

Resumiendo, que no acabo de entender esa estrategia comercial y dudo mucho que hagan grandes ventas a través de su tienda online. Dudo que sean muchísimos los clientes dispuestos a comprarse 20 litros de un aceite a 5 euros el litro, sin haberlo probado previamente y pagando una burrada por el transporte.

Así que, impresionado como Sao Mai por el poco jugo que se le está sacando en España a este tipo de negocio, de momento seguiré limitándome a comprar mis botellas de aceite una a una en el supermercado, en el Club del Gourmet o cuando viaje a zonas productoras, como ya hice en su momento en Zamora o en Granada.

Debemos ser el único pais desarrollado (dicen) en el que un cliente quiere comprar un producto a través de internet y además está dispuesto a pagar más, siempre que sea algo razonable y justificado, y no puede.

25.3.06

RESTAURANTE NEIRA


Hoy comimos en uno de esos restaurantes de comida casera que realmente valen la pena. Muchas veces bajo esa denominación se ocultan restaurantes que no quieren complicarse la vida y que no ofrecen nada en cuanto a calidad ni servicio, pero otras son locales que ofrecen una cocina sin complicaciones, basada en las recetas de toda la vida y en preparaciones tradicionales, sin cuidar demasiado la decoración ni ese tipo de detalles pero al final eso apenas importa, porque uno va allí a lo que va, es decir, a comer bien y barato, no a disfrutar del acogedor comedor ni de las piruetas técnicas del jefe de cocina.

Y uno de estos es el Restaurante Neira, un lugar en el que antes de entrar ya sabes que vas a comer estupendamente, de manera abundante y sorprendentemente barato. Está en la aldea de Solláns (ayuntamiento de Teo). La mejor forma para orientarse, desde Santiago, es tomar la carretera de Padrón y al llegar al alto del Milladoiro, en el semáforo del centro del pueblo, tomar la desviación a la izquierda. No lo recuerdo, pero debe haber un cartel que ponga "Solláns, Luou, A Ramallosa" o algo así. Una vez en esa carretera no hay pérdida, se encuentra como a un kilómetro y medio. Y si no lo encontraseis así, una vez en O Milladoiro preguntad por la carretera de Luou, el restaurante está como a mitad de camino.

Como decía, el sitio no tiene ningún atractivo visual. Es una casa más de la aldea, con un pequeño cartel. Se entra por la taberna y de allí, si hay sitio, te pasan al comedor a través de la cocina. El comedor tiene unas ocho o diez mesas y al lado hay un patio emparrado con otras cuatro o cinco mesas para comer en verano. Eso es todo.

La carta es de lo más sencillo: caldo, sopa, tortilla, cocido, algunos pescados, algunas carnes y poco más. Pero este sitio es famoso sobre todo por dos cosas: el pulpo y la zorza. El pulpo lo preparan á feira (con o sin patatas), con almejas, en vinagreta y de alguna manera más. Y según dicen de todas está estupenda. La zorza (para entendernos el lomo preparado como para rellenar chorizos y posteriormente frito) es uno de los platos típicos de la cocina gallega y, aparte de la calidad de la materia prima, no tiene mayor secreto. Aún así es muy (demasiado) frecuente que te la sirvan demasiado grasa. Aquí no. Si he de ser sincero, creo que es la mejor zorza que he probado. Otro de los imprescindibles de su carta es el bacalao. Lo he probado a la plancha, que es una de las preparaciones en las que menos se le pueden camuflar los defectos y el mal desalado y está para nota.

Hoy nosotros pedimos unos entrantes para compartir y luego segundos a la carta. Como entrantes tomamos unos chipirones fritos, muy buenos, y una ración de zorza con patatas. Como dije, abundante y de primerísima calidad. De segundo yo tomé pulpo con almejas, una cazuela bastante generosa en la que el pulpo y las almejas, con los que no escatiman, se ponen al ajillo con perejil. Buenísimo. Ellas optaron por las fabes con almejas. Una única ración da para que coman dos sin demasiado problema.

Los postres son igual de tradicionales. Yo me decidí por una tarta de queso al horno y ellas por un tiramisú y un flan. Buenos aunque no especialmente destacables.

Todo esto más las bebidas (aguas con y sin gas), el pan y los cafés por unos 14,5 euros por persona. Muy barato, y eso que yo me fui a uno de los platos más caros de la carta.

Para quien esté interesado en la carta de vinos diré que tiene una selección pequeña basada fundamentalmente en referencias gallegas, pero en la que se puede encontrar algun que otro Rioja o Ribera del Duero interesante. Más que suficiente para acompañar el tipo de comida que sirven.

Conozco muy pocos sitios en la zona de Santiago en los que se pueda comer en plan casero igual de bien y a un precio parecido. Como digo siempre, no es el sitio al que llevaría a alguien a quien quisiera impresionar, ni el que elegiría para celebrar algo especial, pero si un sitio más que recomendable para comer los platos de siempre de la cocina gallega con la garantía de que van a estar perfectamente preparados y en raciones generosas.

24.3.06

DICCIONARIO


Cualquiera que lea algún libro publicado en América o consulte una página escrita en cualquier pais de ese continente se dará cuenta de una cosa: todos hablamos español y todos los entendemos correctamente, pero aún así hay tal variedad de sinónimos para determinadas palabras, de americanismos y de términos de uso restringido a uno o dos paises que, al menos en el terreno culinario nos haría falta ayuda.

Sería muy útil que existiese algo así como un Diccionario Culinario Hispanoamericano que nos explicase cosas como que un zapallo y una calabaza son lo mismo, que un mamón no es solo alguien, generalmente un compañero de trabajo o un jefe, al que pretendemos insultar usando ese término, sino también una fruta, que los porotos no son más que judías, que chiles, ajíes (o ajís) y guindillas son la misma cosa o que, por ejemplo, la malagueta puede ser dos cosas distintas en función del país, que "coger por la concha" (un mejillón, por ejemplo) no suena especialmente bien si lo dices, por ejemplo, en Argentina (mis disculpas por la barbaridad, que aquí no lo es en absoluto, a los posibles lectores de por allá), que cuando un mexicano te habla de tortilla no necesariamente se está refiriendo a lo mismo que un español, que asado y empanada quieren decir cosas distintas en Argentina y en España, que la papaya no siempre es una fruta, que mijo a veces se refiere al maiz o otras veces a un cereal distinto, que hierba de limon, limoncillo y citronella al final son la misma cosa, que lo que diferencia a la quesada pasiega de las quesadillas mexicanas no es el tamaño, que lo que en la Pampa es un chorizo aquí es un chorizo criollo y que aunque por aquí asociemos criollo con argentino (supongo que por los mencionados chorizos), el ají criollo es colombiano y además no es un chile sino una salsa...

Avocados, duraznos, guajolotes, chinchulines, bife de chorizo, nopales... Es casi como aprender un idioma nuevo.

A pesar de que ya existe algún vocabulario, no estaría de más poder contar con una ayuda un poco más ámplia, con un diccionario de sinónimos donde se explícase el origen, las variantes y los usos locales. Aunque solo fuera para no meter la pata.

23.3.06

RESPONDIENDO PREGUNTAS

Una lectora me hizo ayer una pregunta gastronómica, como es una de mis habituales no puedo ni quiero negarme a responder.

Me preguntaba sobre los curries que preparo y el arroz. Pues bien, dado que por lo que he visto ella es vegetariana, me centraré en los curries del surde la índia, que a diferencia de sus parientes del norte, suelen utilizar verduras y frutas en lugar de cordero o pollo. Dentro de estos me gustan especialmente los de la región de Kerala, muy picantes y a base de frutas tropicales aunque los de Sri Lanka, por ejemplo, tampoco están mal. La diferencia fundamental entre ambos está en que el curry de Sri Lanka es algo menos picante y tiene un aroma característico resultante de tostar las especias previamente, hasta casi quemarlas.

En todos ellos (en los del norte, los del sur, los de Sri Lanka y en los de otros paises) el arroz se prepara aparte, sin aromatizar o solo con algún aromatizante sutil. Luego se sirve el curry con abundante salsa sobre el arroz, con lo cual los sabores se equilibran. Allí normalmente se utilizan arroces de grano largo, sobre todo Basmati, y suelen cocerse en abundante agua unos 18 minutos y luego escurrirse, aunque yo prefiero cocerlos con el doble de agua que de arroz (el doble y un poquito más) y dejar que la absorba. Normalmente se cuece solo con sal, pero puede añadírsele un poco de ghee (la grasa típica de la cocina india), de mantequilla clarificada o, en todo caso, de mantequilla normal o aceite vegetal. También se puede aromatizar con unas semillas o unas hojas picadas de fenogreco, o con un cardamomo verde.

Una vez cocido debe quedar bien suelto, para mezclarse bien con la salsa del curry. Para la preparación de un curry del estilo de los de kerala se cortan en juliana cebolla, cebolleta o chalotas y las verduras que quieras usar. Habitualmente utilizo algún tipo de pimiento (rojo y verde), puede que algún tomate y luego el ingrediente principal, que puede ser piña, calabaza, mango o lo que te apetezca. He llegado a prepararlo de yuca y resultó bien.

En primer lugar se dora la cebolla a fuego lento en la grasa (lo mejor sería utilizar ghee, pero si se quiere un plato estrictamente vegetariano es mejor un aceite vegetal. Allí los más típicos son los de sésamo y palma, aunque valdría cualquier otro de semillas. En este caso no recomiendo el aceite de oliva por tener un sabor demasiado marcado). Una vez que está tierna vamos añadiendo los otros ingredientes por orden de dureza y salteándolos. Al mismo tiempo vamos añadiendo las especias. Podemos optar por una mezcla de curry indio ya preparada, según nuestro gusto (curry de Madras o curry de Sri Lanka, por ejemplo) o añadir directamente las especias a nuestro gusto. En este caso es mejor mezclarlas, molerlas y tostarlas juntas previamente, ya que en caso contrario el resultado recordará mása a un Garam Masala que a un curry. Si optas por hacer tu propia mezcla, puedes utilizar casi cualquier especia india que se te ocurra y en proporciones variables, pero no deben faltar la cúrcuma, el chile en polvo o pimentón, un poco de canela o casia, cardamomo verde o negro (este último es más fuerte), algo de comino, pimienta negra, nuez moscada o,mejor aún, macis, etc. Puedes incluso mezclarle ajowan (o ajwan), fenogreco, hojas de curry, clavo, otras pimientas, semillas de cebolla, de hinojo, comino negro o hasta amchoor (mango verde en polvo) o pétalos de rosa secos.

Se añade la mezcla de especias, se deja tostar ligeramente y, a continuación, se añade leche de coco hasta cubrir los ingredientes. si no te gusta la lechede coco o te resulta dificil de encontrar puedes mezclarla o sustituirla completamente por leche normal. El resultado no será exactamente fiel al original, pero resultará aceptable. Aún así, si puedes, yo utilizaría, al menos en parte, la leche de coco. Se deja cocer a fuego lento, removiendo bien hasta que la leche espesa y se convierte en una crema coloreada por las especias. En ese momento se debe servir en un cuenco sobre el arroz. Si se quiere, para rematar el plato, se puede añadir abundante cilantro fresco picado y chiles rojos cortados en juliana.

Y esa es, básicamente, la receta de mi curry favorito. También me gustan los del norte, más aromáticos y menos cremosos, e incluso otros platos similares, como los masalas, ue también se sirven con arroz, o una receta birmana que preparé hace unos meses que en lugar de arroz llevaba una masa a base de fécula de arroz y que secocía envuelta en hojas de plátano.

¿Más dudas? Ya sabeis donde encontrarme.

22.3.06

SOBRE ARROCES


Antes de empezar, un pequeño homenaje para el Monecho y, en este caso, su curiosa relación con el Perro Gastrónomo que, como veis, viene de lejos. El pobre está aguantando todas las perrerías que le tenemos que hacer como un bendito, así que se merece al menos que suba una foto simpática.

Y ahora, al asunto. Pongámonos un poco más alegres. Desde siempre he sido un fan declarado de los arroces de todo tipo. Me vuelven loco los arroces caldosos al estilo portugués, por ejemplo el arroz de mariscos del restaurante Central de Vila Praia de Áncora, o uno de pulpo que tomé en la Baixa lisboeta, pero los arroces de bogavante de por acá tampoco se quedan atrás, como el del restaurante Arnela II de Porto do Son, que es una cosa muy seria.

Pero que conste que los arroces más sueltos, por ejemplo el Basmati que puede acompañar a un buen curry indio también me encantan, por no hablar de las paellas y los arroces al estilo mediterráneo, al horno, los arroces caribeños salteados con frijoles, los arroces chinos, por supuesto, el arroz tailandés y, cómo no, el arroz con leche. Resumiendo, que aún no he dado con el arroz que no me guste.

Me ha venido hoy este tema a la cabeza por dos razones. La primera es que a la mañana pasé por delante del restaurante El Mercadito, del que ya he hablado (y muy bien) y me di de frente con su Menú p'arrocear, como le llaman ellos, que por un precio de 19,5 euros me parece una opción más que interesante. Consiste en un primer plato a elegir de la carta, un arroz (mínimo para dos personas) y un postre también a elegir. Avisan que allí todos los arroces se sirven al dente, para evitar equívocos. Ya estoy tardando en ir a probarlo.

La otra razón es el arrocito de verduras que me voy a preparar de cena y que, sinceramente, me apetece bastante. Con su pimiento, su calabacín, su cebolleta, su cardo, su tomate y sus guisantitos. La cosa promete.

UNA MALA NOTICIA

Ayer tuve que llevar al Monecho al veterinario. Nunca fue muy normal, pero últimamente estaba especialmente raro: muy delgado, con cara de cabreo permanente, con el pelo poco lustroso y con manías cada vez más raras como la de abalanzarse como un loco a beber de cualquier grifo que abrieras o, la más reciente, de optar por abandonar sus arenas para dejarnos "sorpresas" en los sitios más inesperados. Así que no nos quedó otra opción.

Si hay dos cosas que no puedo soportar son el sufrimiento de los niños y el de los animales. Será que no soy capaz de ver que no entienden lo que le están haciendo, pero ayer me puse malo con todo aquello de los análisis (intentad encontrarle una vena a un gato nervioso). Al final, como nos temíamos, la cosa no era nada buena. Al Monecho le fallan los riñones. Consecuencias a corto plazo: a partir de ahora tiene que comer de dieta y no probar nada que no sean sus galletitas especiales, así que se acabó lo de darle los restos de limpiar la carne o el pescado. También tendremos que darle una pastilla al día, con lo que le gustan esas cosas a los gatos.

La veterinaria no nos los dijo y prefirió quedarse en ambigüedades (hay que ver como evoluciona, puede vivir así mucho tiempo, con estas cosas nunca se sabe) , pero su cara y el tono de voz tampoco eran como para lanzar cohetes, así que al llegar a casa me puse a buscar. Por una vez no me alegro en absoluto de la existencia de Google. Los síntomas son los clásicos, tal como nos los contó la veterinaria sin faltar ni uno: delgadez extrema (pesa 2,6 cuando el peso normal estaría entre 3,5 y 4,5), polidipsia (bebe mucho), deshidratación, nivel de creatinina en sangre muy alto (está en 3,6 cuando el rango normal es entre 0,5 y 1,8). El diagnóstico es un fallo renal, no sabemos si crónico (hereditario o debido a una malformación) o agudo y debido a alguna infección, pero el resultado es básicamente el mismo. El Monecho se muere. Puede ser en unos pocos meses o en un par de años, pero difícilmente llegará a vivir mucho más. Y eso con los medicamentos, la comida de dieta y análisis de sangre mensuales para controlarlo. Y siempre que no sufra un empeoramiento. A día de hoy solo tiene, como mucho, un 30% de la función renal normal y, claro, a poco que ese nivel baje...

Ya sabeis que considero a los animales en general, y a los míos en particular, mucho más nobles y mucho más agradecidos que al 98% de la gente que conozco y que hay pocas cosas que me gusten más que estar en mi casa con ellos, jugando, dándoles golosinas o símplemente leyendo sentado en el sofá o recostado en la cama con ellos tirados a mi alrededor (o por encima), así que, como os imaginareis, no estoy precisamente contento.

En fin, intentaremos que dure lo máximo posible y que, mientras tanto, tenga una cierta calidad de vida.

21.3.06

FIN DE SEMANA (UN ÉXITO Y UN FRACASO)


Con retraso (ya sabeis, a veces todos tenemos semanas complicadas) dejo el resumen de lo que dio de si, culinariamente hablando, el fin de semana. Y ya que es martes incluyo al final mi resumen semanal de El Diario del Gourmet.

La cosa empezó el viernes con las primeras compras para la cena del sábado, aunque ese día, la verdad, hice poco más. El sábado fuimos a comer a casa de mis padres. Mi madre había preparado unos codillos al horno que son de esas recetas que prepara desde siempre, aunque muy de vez en cuando, y que están muy bien. Aún medio noqueado por la contundencia de la comida y por ese sopor de las sobremesas de sábado, sobre todo cuando fuera llueve y hace frío, me volví para casa para irlo organizando todo.

Ya sabeis como van esas cosas. Primero me preparé una lista de tareas que coloqué con un imán en la puerta de la nevera y, a continuación, bajé a hacer las últimas compras. Un café, un momento para tomar aire y para la cocina a trabajar. El resultado fue el siguiente:

- Tartaletas de crema de queso y yogur al eneldo con salmón ahumado y aliño de miel y mostaza
- Canapés de Tapenade (en respuesta a alguna pregunta que me dejó un lector si, lo preparo yo)
- Cuscús de pulpo á feira con crema de alubias pintas
- Albóndiga de lomo y bacon a la hierbabuena sobre piña braseada con aliño de almendras y crema de ajo.
- Berenjenas gratinadas rellenas de pollo con nueces.
- Tiramisú.

Lo reconozco, fue bastante trabajo, pero es de esos que a mi, más que cansarme, me desestresan. Además, creo que por lo general casi todo tuvo bastante éxito. Yo, al menos, estoy contento con el resultado.

Eso si, nos acostamos a las tantas (y pico), así que a la mañana siguiente nos levantamos, y eso por imperativo del Perro Gastrónomo, casi a la hora de comer. Era San José, ya sabeis, esa fiesta en la que todos tenemos algún homenajeado cerca, así que aún medio empanados comenzamos la ronda de visitas y felicitaciones.

Habíamos quedado para comer en el Restaurante O Viñedo, del que ya hablé en otras ocasiones. Está a las afuerasde Cacheiras, en dirección a A Estrada y es uno de esos clásicos a los que voy con frecuencia por la excelente relación calidad-precio, por el trato y por que nos queda cómodo. Pero esta vez no fue el caso. Se les perdona porque sabemos como funcionan normalmente y porque entendemos que el día era como para estar desbordados, pero aún así, o contratas más gente o no admites más reservas. La verdad es que al final nos llevamos una cierta decepción, que me sorprendió aún más tratándose de este sitio pero hay que ser sincero, así que igual que he contado en otras ocasiones sus cosas buenas, en este caso no me queda más remedio que hablar también de las menos buenas.

Habíamos reservado mesa la víspera, pero aún así, y aún llegando a la hora acordada, tuvimos que esperar casi 20 minutos en la barra. La verdad es que el sitio estaba a reventar, pero en cualquier caso, no acabo de entender que te pidan una hora para la reserva y luego no la cumplan.

Nos sentamos. De entrantes habíamos pedido langostinos y pulpo ya en el momento de hacer la reserva. Aún así tardaron bastante en servirlos. Hay que decir que los langostinos llegaban directamente de la plancha, pero también que alguna de las raciones estaba sosa. De todos modos no estaban malos. Eso si, por el medio pedimos unas servilletas de papel que nunca aparecieron. Otra historia fue la del pulpo: en general estaba un poco pasado (de cocción), pero lo malo fue que una de las raciones tenía ese regusto como metálico característico del pulpo cocido la víspera o unas cuantas horas antes y que se deja en la olla. Es un sabor tan inconfundible como poco agradable, así que parte de esa ración se quedó en el plato.

Despues vino la historia de los segundos. Miramos la carta y a la hora de pedir la cosa fue:

- Yo tomaré solomillo con langostinos.
- No queda.
- Pues merluza a la plancha.
- Tampoco nos queda.
- Pues....
- Tenemos pez espada.
- Pues vale.

- ¿Y usted?
- Pues yo lomo con salsa de uvas.
- No nos queda.
- Pues pechuga de pato con arroz salvaje.
- Magret.
- No, pechuga.
- Es que no nos queda.
- Bueno, pues magret.
- Pero es con salteado de grelos.
- Vale.

- ¿Y usted?
- Yo solomillo relleno.
- No nos queda. Se lo puedo poner a la pimienta verde.
- Vale.

Yo opté por el clásico de la casa, el jarrete, que afortunadamente si que les quedaba. Tengo que decir que, como siempre, estaba estupendo, tiernísimo y con unas patatas realmente buenas. No fue el caso de todos los platos. Por ejemplo, el salteado de grelos que acompañaba al pato de uno de los comensales estaba poco escurrido (la verdura va previamente cocida), así que en poco tiempo el plato se llenó del agüilla de las verduras. Culpa de las prisas y del agobio, supongo, pero en cualquier caso no del cliente.

Y llegó la hora de los postres.

- Yo tomaré filloas rellenas de...
- No nos quedan. Tarta de chocolate, de orujo o de queso al horno.
- Buff, pues de chocolate.
- ¿Y usted?
- ¿Tienes arroz con leche?
- Si
- Pues eso.
- Y nos trae también dos raciones de tarta helada.
- Solo nos queda una ¿No quiere una de orujo?
- Bueno, pues traiga una de orujo y la probamos.

Todo esto con la camarera con los coloretes permanentemente instalados y una pinta de agobio más que evidente.

En resumen, una comida decepcionante, más que por la calidad de los platos, que una vez que conseguimos localizar algo que quedase en la carta no estaban mal, por el trato, por la lentitud, por la enorme cantidad de cosas que faltaban en la carta y por que, despues de todo, y aún siendo clientes habituales, no tuvieron ni un detalle ni una disculpa. al final comimos lo que ellos quisieron, pagamos como siempre y la cosa nos llevó casi tres horas.

Vamos a ver, si no puedes afrontar un día con tanta gente, es mejor que te limites a una poca menos, o bien que contrates refuerzos. Lo contrario te lleva a dar una imagen lamentable. Un restaurante no puede estar a las dos y media de la tarde de un festivo sin más de las mitad de las cosas que aparecen en carta.

En fin, volveré a este restaurante. Me gusta y entiendo que lo del domingo fue una cosa excepcional. Pero lo que si que es probable es que no vuelva en un festivo. Y, por desgracia, mi concepto de este lugar, que era bastante alto, ha caido algún que otro punto. Sinceramente, si es un día en el que es previsible masificación no os lo recomiendo, en cualquier otra ocasión, si.

Y para terminar, el resumen del Diario del Gourmet. Ayer tratamos de desmitificar un poco la alta cocina, de explicarle a los espectadores que no es algo tan complejo, ni siempre tan caro ni tan difícil de entender. Empezamos por explicar los orígenes del término y la evolución histórica de este tipo de cocina, para pasar luego a intentar desmontar algunos de los falsos mitos que se suelen asociar con ellos: la fama de esnobismo, los nombres larguísimos de las recetas, las cantidades pequeñas, etc. Acabamos recomendando algún que otro libro y en restaurante El Mercadito, del que ya hablé en otro post y que, como sabeis, es de mis favoritos.

17.3.06

PARA LA CENA DEL SÁBADO

Llevo un par de días dándole vueltas al menú dela cena del sábado. Siempre me gusta preparar cosas nuevas, a poder ser que se adapten a los gustos de los comensales y aprovechar para innovar un poco. Como hay confianza, los utilizo como conejillos de índias, para bien y para mal. Además, como esta vez seremos algunos menos, porque en mi grupo de amigos de siempre parece que eso de que con la edad uno se va asentando se da la vuelta y, en lugar de eso, nos desperdigamos por el mundo, pues tengo la posibilidad de preparar más cosas. Al margen de cuestiones de presupuesto, uno siempre tiene más capacidad de maniobra cocinando para ocho que para dieciseis. No hace falta ser un profesional para darse cuenta.

Asi que, despues de darle vueltas y más vueltas, de cargarme varias opciones por motivos que muchas veces no alcanzo a comprender y de ir puliendo otras (que seguiré puliendo hasta mañana a las nueve de la noche, de eso estoy seguro), al final la cosa ha quedado así: cuatro entrantes y un plato principal, que son los siguientes

- Tartaletas de salmón con crema de yogur y aliño de mostaza y miel con eneldo. Tostadas de tapenade con aroma de limón y tomillo.

- "Lasagna" de mango con tomate y gambas.

- Cuscús de pulpo "á feira" con crema de puerros.

- Albóndiga de lomo de cerdo a la hierbabuena con piña braseada y crema suave de ajo.

- Berenjenas gratinadas rellenas de pollo con nueces.

La mayoría de las recetas no necesitan demasiada explicación, otras ya las he comentado (en versiones no iguales, pero al menos si parecidas) hace algunos días y solo hay una que creo que hay que comentar un poco: el cuscús de pulpo.

Por un lado no creo que tenga ni que comentar mi afición por el cuscús de todo tipo, así que ese es un primer punto de partida. Por otro lado, cuando estuve en Túnez descubrí los cuscús de pescado y marisco, que por aquí son mucho menos populares que sus parientes a base de cordero, pollo o vegetales, pero que están estupendos (recomiendo especialmente el de calamares) y que son una segunda base. Junto a eso están mis incursiones en la grelo-fusión de las últimas semanas, que han acabado por derivar en todo tipo de fusiones de la cocina tradicional gallega con otro tipo de tradiciones. El primer apartado de esa fusión fue un cuscús que ya comenté hace unos días que me llevó a algún otro experimento antes de pensar en la receta que perpetraré el sábado. Se trata, simplemente, de un pulpo cocido y cortado como el tradiciónal polbo á feira, pero dispuesto sobre una base de cuscús aromatizado con un buen pimentón ahumado. Todo rematado con un buen chorreón de aceite de oliva extra virgen, pimentón dulce y picante y unas escamas de sal Maldon. Como la cosa igual quedaba un poco seca de esa manera, se me ocurrió lo de añadir una mancha de puré en el plato que ayudase a equilibrar la receta. Como el pulpo es más bien complicado de combinar con vegetales y dado que tradicionalmente se cuece con una cebolla, pensé en un puré que tirase por ahí, y creo que la opción de los puerros, no se si solos, combinados con patatas o de qué manera, puede funcionar bien. Así que esa es, básicamente, la idea. Ya veremos el resultado.

En cuanto al postre, a la vista de mis relativos éxitos de los que he informado puntualmente, me han retirado gentilmente esa obligación, así que eso no dependerá de mi.

¿Sugerencias? ¿Comentarios? ¿Opiniones? Aún hay tiempo.

Ya contaré los resultados.

PALOMETA NEGRA


Ayer compré una palometa negra, que aquí suele conocerse más como castañeta y que en otras zonas de España tiene otros nombres como japuta (el más común), zapatero, golondrina o, en Cataluña, castanyola. Otras veces la encontramos simplemente como palometa, pero eso puede llevar a errores, porque ese nombre genérico puede referise tanto a la castañeta (nombre científico Brama Brama) como a otra especie de pescado, la palometa roja (Berix Splendens), que es la que suele utilizarse para ahumar o secar y que se parece más a una dorada que a una castañeta.

En cualquier caso, el asunto es que este pescado con tantos nombres, además de ser poco bonito, es uno de esos productos que, en mi opinión, suelen ser infravalorados. Es cierto que es precisamente aquí, en Galicia, donde más lo consumimos, pero eso no quiere decir que sea un pescado de todos los días, ni mucho menos. No es demasiado frecuente encontrarlo en las pescaderías pequeñas y mucha gente ni lo ha probado nunca ni sabe como prepararlo. Fuera de Galicia fue un pescado con mucha tradición en el Cantábrico. Y digo fue ya que, debido a la sobreexplotación, en la actualidad prácticamente ha desaparecido de esa zona pesquera y su consumo ha caido en picado. También se consume, aunque menos, en el Mediterráneo y en Andalucía donde, por lo general, suele prepararse en adobo, como tapa.

Decía que creo que es un producto infravalorado porque, al menos en mi opinión, es un pescado sabroso, muy versátil en la cocina y, además, bastante barato (al menos aquí). Para que os hagais una idea: la pieza que compramos ayer rondaba los 900 gramos y costó cuatro euros. Es cierto que casi un tercio del animal es cabeza (que se puede aprovechar para un caldito), pero aún así con los otros dos tercios da como para unas tres raciones sin racanear. Tres raciones de pescado por cuatro euros no me parece un mal negocio.

Puede que el aspecto poco atractivo de este pescado y su piel áspera no ayuden a popularizarlo pero, dejando al margen esos aspectos estéticos (por otro lado ya me direis lo bonitos que son un congrio, un san pedro o una lamprea, por ejemplo) tiene una carne firme, entera, ligeramente grasa y de sabor suave que se presta a infinidad de preparaciones. He de decir que a mi me gusta especialmente a la plancha con un poco de ajo y un buen aceite de oliva, acompañada si se quiere de unas ramas de perejil recién picado, unas gotas de limón (pocas) y unas escamas de sal Maldon, pero admite también preparaciones más elaboradas: el adobo antes mencionado, un sofrito de cebolla y pimientos, cocinarla en una salsa de tomate con una hoja de laurel y vino blanco... Además, es un sustituto estupendo para preparar versiones económicas de un marmitako o de cualquier otra receta para la que tradicionalmete se utilice bonito, atún u otros pescados por el estilo.

Ya sabeis de mi preferencia por las recetas sencillas cuando tengo entre manos una buena materia prima. También he comentado en alguna ocasión el tremendo respeto culinario que le tengo a los pescados, ese ingrediente tan sutil como fácil de estropear (y más cuanto mejor y más fresco sea). De esas dos razones deriva mi preferencia por la castañeta a la plancha. Pero que conste que no le hago ascos a cualquier otra preparación más elaborada.

Y ayer, además de las patatas cocidas de rigor y dado que hay que ir haciendo pruebas para la cena del sábado, la acompañé de una crema de ajo (se le dan a los ajos un par de hervores sucesivos para quitarles el exceso de sabor, olvidándonos del "allo fervido, allo perdido" del refranero gallego, y a continuación se trituran bien con un poco de aceite y un poco de nata) que recomiendo usar con mucha moderación, sobre todo con pescados.

Animaos a probar la castañeta (si pensais que os va a dar trabajo quitarle la piel en casa pedidle al pescadero que se la quite y que os la corte a vuestro gusto), a improvisar recetas y ya vereis como se convierte en una habitual de vuestra cocina.