
A Casa dos Martínez es uno de esos secretos (cada vez peor guardados) que corren de boca en boca entre los aficionados compostelanos. Y no es de extrañar, ya que si la oferta gastronómica de Santiago no está mal aunque nos es demasiado diversa, si nos vamos a los pueblos próximos y queremos algo más allá de la típica churrasquería o el mesón de carretera el panorama es poco menos que desolador.
Así que cuando surgen en los pueblos cercanos estos intentos de renovar un poco el ambiente, aunque sin renunciar a unas raices reconocibles, no deja de ser una buena noticia. Son pocos pero, aunque solo fuera por sus intenciones, muy dignos de tener en cuenta. Yo creo que la cocina de un pais se mide no solo por su nómina de primeras figuras sino, sobre todo, por esa segunda linea que está ahí detrás a su sombra, a veces injustamente, y que a pesar de no estar permanentemente en la prensa, a pesar de no ser el lugar que elige el famoseo o el politiqueo para dejarse ver, se esfuerza en seguir manteniendo una propuesta personal y de calidad. Detrás de los Marcelos y las Toñis, como detrás de los Ferranes y las Carmes, de los Andonis y Juan Maris o de los Pacos y Sergis hay un grupo creciente que demuestra si la cosa se queda en tres o cuatro figuras o va más allá. Y si en el caso de Cataluña ese batallón es aplastante, en el de Euskadi es ámplio y con ganas de dejarse ver y en el de Madrid no tan grande como cabría esperar, en Galicia es reducido pero creciente. Y a buen ritmo.
A la sombra de gente como Os Nove hay una nómina de restaurantes voluntariosos, no siempre todo lo regulares que sería deseable, pero con ganas de ofrecer algo distinto y personal a un precio más asequible que los hace más "de diario" (si se me permite la expresión) y que para mucha gente pueden ser la primera aproximación a una cocina con una voluntad más renovadora. Pienso, por ejemplo, en el Ameneiro (Ribeira), en el Velis Nolis (A Estrada) o en A Casa das Cinco Portas (Pontevedra).
Y dentro de esta segunda linea de lujo, que podríamos equiparar con esos actores ingleses que solo encuentran hueco en las grandes producciones americanas en papeles secundarios a pesar de los cuales no dejan de demostrar sus dotes, A Casa dos Martínez es una referencia obligada. Se autodefine como un restaurante de cocina de mercado, pero yo lo describiría más como un lugar de cocina de mercado y de autor, ya que Enrique Castillo, el chef, es quien cocina, atiende las mesas, explica los platos o incluso coge las reservas por teléfono. Él es el autor de todo lo que pasa allí. Todo el A Casa dos Martínez depende de él.
Y ya desde el momento en el que llamas para reservar te das cuenta de que es un sitio distinto, de que Enrique tiene auténticas ganas de ofrecer un servicio agradable y un trato personal. Al llegar te encuentras con un pequeño local en el bajo de un caserón decimonónico de la calle principal en el que seis mesas, con sitio para unos 20 comensales, comparten espacio, apenas diferenciado por una mampara translúcida, con la cocina. Luces bajas y una decoración acogedora hacen que, ya de entrada, te encuentres a gusto.
La carta, de temporada, hace que te sientas más a gusto todavía. Una propuesta breve, de raices perfectamente identificables en la cocina tradicional pero tremendamente apetecible. A pesar de la brevedad (media docena de entrantes, cuatro o cinco pescados y otras tantas carnes) tuvimos serios problemas para decidirnos. Al final optamos por empezar por unas croquetas de marisco impecables y realmente sabrosas, unos higos con jamón y, lo que para mi fue la estrella entre los entrantes, unas gambas de Huelva salteadas con chipirones y navajas muy difíciles de mejorar. Habrá quien diga que un salteado de mariscos no tiene mayor dificultad, pero no estoy de acuerdo. Es fácil no dar con el punto, especialmente con las navajas, que son tan sabrosas como traicioneras y a poco que te descuides quedan como una goma de borrar. No fue el caso. Todos los ingredientes estaban sabrosísimos y en el punto exacto, acompañados solo de un buen aceite de oliva, perejil y sal. No podíamos haber empezado mejor.
Como plato principal opté por las carrilleras de cerdo en una salsa aromática de vino tinto. Las carrilleras parecen ser ese plato que no puede faltar en la carta de ningún restaurante que pretenda tener cierto aire de modernidad, así que últimamente las he probado en unos cuantos sitios. Confieso mi debilidad por esta pieza, hasta hace poco injustamente olvidada. Y debo decir que, con la probable excepción de las carrilleras con manzanas del santiagues restaurante El Pasaje, las de hoy estaban entre las mejores que he probado, acompañadas tan solo por unas patatas fritas que demuestran que eso de freir patatas en su punto, algo no tan fácil como a veces pensamos, las convierte en un acompañamiento del más alto nivel. Tuve la oportunidad de probar la fideuá de pescados y el arroz negro de pescados y mariscos de mis acompañantes y me pareció que estaban igual de bien preparadas.
Para terminar, los postres no solo mantuvieron el nivel, sino que casi lo elevaban. Mi Pasión de Chocolate (un bizcocho cremosísimo y de sabor intenso) con helado de mandarina era para optar a nota, pero las fresas y frambuesas de la huerta del restaurante con helado de frambuesa y terciopelo de chocolate blanco no se quedaban atrás.
Todo esto más las aguas (la mía con gas, como siempre) y el pan (un pan de esos que ya son difíciles de encontrar, con abundante miga, como los de toda la vida) por 34 euros por persona. Una relación calidad/precio estupenda. En mi opinión los precios se disparan algo con los platos principales (17 euros de media), pero al final uno sale encantado, que es de lo que se trata. Probablemente no es un sitio para ir todos los domingos pero por trato, por ambiente y, sobre todo, por la cocina, vale la pena. Seguro que repetiremos.
No es un sitio de cocina creativa, sino un lugar donde probar cocina de mercado de calidad preparada con un cuidado especial y una técnica impecable. Un lugar más que recomendable. Y si tenemos en cuenta, además, que no se encuentra en el centro de Santiago o Coruña, sino en un pueblo de poco más de 10.000 habitantes, y consideramos además las alternativas cercanas, sin duda A Casa dos Mortinez es una de las mejores opciones que podemos encontrar.
2.7.06
A CASA DOS MARTÍNEZ
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Gourmetdeprovincias
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19:26
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1 Comentarios:
Lo cierto es que mi experiencia en A Casa fue decepcionante. Un comedor pequeño y saturado, el omnipresente chef-camarero-cobrador-dueño-limpiacaspas se hace tan cansino que el local no invita a la intimidad. Además, Castillo nos 'obligó' a aguantarle el rollo de la fundación del restaurante, los reconocimientos que tuvo, lo ilustres, etc. algo que no a todos nos resulta agradadable.
A todo esto, su conferencia la tuvimos que aguantar a la par de en otra mesa sirve vino, pasar una tarjeta de crédito y da órdenes a cocina, lo que invita a pensar que, o a Castillo no le va tan bien como él asegura, o bien es un insolidario a la hora de contratar personal. Cabe una tercera opción, y es que no sepa delegar. En fin...
Respecto al menú, nada del otro mundo, en excesivas cantidades (nos sirvió unos tomates rellenos al empezar demasiado saciantes). Después un San Martiño corriente y moliente, y puerta.
Salimos muy decepcionados, con la sensación de no haber aprendido nada nuevo. Eso sí, con un estómago a explotar después de haber comido demasiado de lo mismo.
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