23.6.06

NOITE DE SAN XOAN


Esta noche es la noche de San Juan, una de las fechas festivas más celebradas en Galicia, a pesar de que viendo la televisión uno pensaría que solo se celebra en Alicante. Se trata de una fiesta con una enorme tradición, aunque esta no es tanto culinaria como lúdica y ritual.

Habrá quién se pregunte por la razón que me lleva a encabezar este post con una foto del Pico Sacro, pero tendrá que seguir leyendo para encontrar la explicación.

En los últimos años se ha impuesto lo de hacer sardinas sobre las brasas de las cacharelas (las hogueras) que se encienden al anochecer y acompañarlas con broa (pan de maiz) y vino. Y digo que se a puesto de moda en lo últimos años porque si bien esto se hacía antes en algunos pueblos costeros, desde luego no era tradicional en lugares como Santiago, donde no hace demasiado (podemos estar hablando de 15-18 años) era difícil encontrar algo de comer en las cacharelas que aparecían a docenas en cualquier rincón de la ciudad. También eso ha cambiado. Ahora en santiago centro hay como cuatro o cinco hogueras, que tienen que contar con un permiso previo, medidas de seguridad, previsiones de afluencia... No dudo de que es mucho más seguro, pero se ha perdido el encanto de aquellas noches de San Juan de cuando yo era pequeño y venía de Vigo con mis padres. Despues de cenar bajábamos con mis abuelos a la cacharela que había en el descampado donde hoy se levanta el Instituto de Sar y luego mis padres y alguno de mis tíos me llevaban a dar una vuelta por la parte vieja. Recuerdo cacharelas en la Plaza de Galicia, en la Rúa da Troia, en San Martiño y en la plazuela de San Miguel. Ningua de esas se conserva.

Ya en el instituto comencé a salir con mis amigos esa noche. Coincidió con la época en la que el ayuntamiento empezó a restringir lo de las hogueras e incluso a multar a diestro y siniestro, así que nos íbamos a los barrios menos céntricos. Recuerdo un año que estuvimos en la de Sar, la más grande que recuerdo, y otro que nos fuimos a las de Vista Alegre, Vite y San Caetano. Las del centro estaban abarrotadas y, además, llenas de universitarios y otra genta demasiado mayor para nosotros, así que no nos interesaban. Además, las de los barrios periféricos tenían la ventaja de que no era probable encontrarse con nadie conocido, y ya sabeis lo que pesa eso con 15 o 16 años. También tengo muy buenos recuerdos de un año que nos fuimos a Boiro un grupo de amigos e hicimos nuestra propia hoguera en la playa, en la que cocinamos todo lo que pudimos pescar la tarde anterior (que no fue demasiado, por cierto).

En los últimos años he dejado de subir al centro de la ciudad. No hay muchas hogueras, como ya dije, y además está todo tan organizado, tan previsto y tan medido que se ha perdido la gracia. La hoguera se enciende a una hora determinada, luego se forma una cola para recoger la sardina correspondiente, luego otra para el vino o la cerveza... No acaba de gustarme. La verdad es que con la entrada en el mundo laboral y dado que en Galicia en general San Juan no es festivo (en mi ayuntamiento lo era hasta este año, pero dado que yo trabajo en otro, el dato es irrelevante) dejé de ser un asiduo de esta fiesta. La verdad, no apetece demasiado irse de cacharelas pensando en las horas que quedan para levantarse. Aún así, como mis abuelos organizan todos los años una hoguera en su finca, normalmente nos acercamos por allí, aunque sea para cumplir con el rito de los tres saltos sobre el fuego. Me encanta volver luego hacia casa por las carreteras secundarias, con el aire oliendo a humo y viendo cientos de pequeñas (y no tan pequeñas) hogueras por todas partes. Nada que ver con el ordenado, reglamentado y sistematizado mundo de las hogueras urbanas.

Pero aunque gastronómicamente San Juan no tenga demasiada importancia en Galicia más allá de lo de las sardinas a la brasa, puede que unos chorizos, broa y vino (no hay que olvidar que en estas semanas las sardinas están en su mejor época, como recuerda el refrán: Por San Xoán, a sardiña molla o pan), si que es una fecha llena de traciones de otro tipo. De todo tipo, más bien.

En mi familia hay dos que siempre hemos cumplido. La primera es la del agua de flores: la tarde de San Juan se recoge todo tipo de flores y hierbas aormáticas y se ponen en agua en un recipiente que se deja toda la noche en el exterior. A la mañana siguiente, recién levantados, nos lavamos con ella. Parece que mucha gente prepara este agua solo con rosas, pero en casa siempre le hemos puesto de todo: rosas, madreselva, menta, fiuncho, hojas de limonero, espliego, magnolia...

Otra tradición de la que somos menos adeptos y que mucha gente no conoce, a pesar de ser tradicional, es la de la clara de huevo. Se dice que la noche de San Juan es mágica y tiene, entre otras muchas propiedades, la de ser propicia para predecir el futuro. La tradición asegura que si se pone un cuenco con agua en el exterior de la ventana y se vierte en el una clara de huevo a la mañana siguiente ésta habrá adoptado una forma que nos recordará a algo relacionado con el principal acontecimiento que viviremos ese año.

Y dado que, como decía, la noche de San Juan se considera mágica hay muchas otras tradiciones llamativas. Seguramente la más conocida es la de los baños de olas en la playa de A Lanzada (O Grove, Pontevedra). Se asegura que darse un baño recibiendo nueve olas (siete en otras versiones) a la luz de la luna en la noche de San Juan es un rito de fertilidad infalible para las mujeres que deseen quedarse embarazadas. También se dice que la conocida como Herba Namoreira o Hierba de Enamorar (Armentia Marítima), que crece en las rocas más expuestas de la costa, adquiere en la noche de San Juan, si se arranca la flor y se le regala a la pareja, propiedades que condicionan su otro nombre popular, herba preñadeira, empreñadeira o empreñadoira. Creo que sobran las traducciones.

Pero dada la relación con el solsticio en las últimas décadas ha surgido un movimiento, minoritario aunque creciente, que se empeña en vincular esta fiesta con una supuesta tradición céltica. De hecho, desde los años setenta hay un grupo de personas (algunas de ellas muy conocidas en Santiago) que se reunen en la cumbre del Pico Sacro (ayuntamiento de Boqueixón, A Coruña) a unos 10 kilómetros de la capital en dirección a Ourense, como se ve en la foto, para tomar baños de luna y pasar la noche, según se cuenta, ataviados con túnicas blancas. Es probable que mi amigo Fernando, nacido en Camporrapado, casi al pie de este monte, pueda darme más datos.

En cualquier caso, y dado que aquí no hay demasiada tradición gastronómica, es posible que adapte la tradición catalana de la coca de Sant Joan a nuestra rosca local y al moscatel rojo de Setubal que tengo por casa. Además, no hay que olvidar que el día de San Juan (hablo ya del día 24) es la fiesta grande en casa de mis padres y lo celebramos siempre con una comida familiar que seguro que me dará material para algún post este fin de semana.

1 comentario:

J. Gómez Pallarès dijo...

Me encanta leer, querido amigo, todo este tipo de explicaciones. Comentaba en otro sitio que en Catalunya también es una noche muy especial (en todo el Levante, de hecho y por supuesto, en Menorca), la de la "nit de sant Joan". No tenemos tardiciones tan bonitas como la del agua de rosas, pero celebramos el solsticio con intensidad, con mucha pirotecnia, con hogueras también, con la estupenda coca de sant Joan y con cava. Es noche para estar con amigos y con la familia.
Por supuesto, todas las tradiciones que comentas proceden de un solo hecho: todas las civilizaciones antiguas (por supuesto, todas las que tienen raíces indoueuropeas) han celebrado de forma especial los dos solsticios, el de invierno y el de verano. La tradición invernal está relacionada con el único parón real (vacaciones le llamaríamos hoy) que sufría por lo menos la sociedad romana: las fiestas dedicadas a Saturno, donde el esclavo hacía de amo y el amo de esclavo y donde todo el mundo se hacía regalos (para que digan que la tradición de los regalos en "navidad" procede de la adoración de los reyes magos). En cambio, el solsticio de verano está relacionado, desde la noche de los tiempos, con la explosión de la vida en la naturaleza. Y todos los textos antiguos (de ahí la tradición de las rosas y del agua) hablan de que es la mejor época, la más propicia y la que ofrece mejores resultados posteriores, para recoger todo tipo de hierbas y plantas medicinales, mágicas, aromáticas, etc.
Claro: también las brujas salían a recoger y recolectar durante el solsticio de verano y de ahí esta renovada tradición de encontrarse a la luz de la luna. Bien, no me enrollo más: ¡muchas gracias por tus noticias e informaciones! Joan