29.12.05

HORA Y MEDIA

No quería dejar de escribir antes de abandonar definitivamente la veintena para instalarme en los treinta. La verdad es que no deja de ser una fecha más, pero reconozco que respeto no me está dando, pero si un algo como de un vértigo curioso.

Bueno, falta apenas hora y media y despues ya no tendrá remedio. Así que un último saludo desde mis 29.

Hasta mañana

UN NOMBRE PARA CADA COSA

Es curioso como a veces con solo movernos unos kilómetros podemos encontrarnos con que algo a lo que siempre le hemos llamado de determinada manera, ahí al lado tiene un nombre completamente distinto. Ya he hablado en otra ocasión, por ejemplo, de la confusión con habas/judias/alubias, sin movernos del norte de España.

La cosa se complica mucho más, como es lógico, si se sale del pais. Un buen ejemplo, y además cercano, es el de los cafés en Portugal. Aquí todos tenemos claro lo que es un solo, un cortado o uno con leche (ya no tanto, por ejemplo, si nos vamos a Málaga, donde empezaremos a encontrarnos multitud de variantes y nombres intermedio: nube, sombra, semilargo, etc.). Pero si cruzamos la frontera la cosa se complica. Si pides un cortado en Lisboa, por ejemplo, es más que probable que no te entiendan. Allí se piden bicas, pingos y demás, que a nosotros nos suenan a chino.

Pues algo parecido pasa con el tema que me ha llamado hoy la atención. Ya veis, hoy me ha dado por un asunto más bien poco gourmet. Cuando uno viaja en plan turista una de sus consumiciones más habituales son los refrescos. Si ya sin salir de España nos encontramos con que según la zona se pide una lata, un bote, un refresco, etc., fuera la cosa puede ya ser caótica. Siempre nos queda el recurso de pedir una coca-cola, pero a lo mejor no es el refresco que te apetece.

Cuando uno viaja a Estados Unidos, por ejemplo, una de las primeras cosas que aprende, normalmente a través de las películas, es que un refresco es una soda, sea del tipo que sea. De la misma forma que una Cocacola es una Coke y una Cocacola Light es una Diet. Y cree que con eso ya está solucionado el problema. Pues no, o al menos no del todo.

Resulta que según un estudio reciente, Estados Unidos está fundamentalmente dividido entre los que le llaman Soda y los que le llaman Pop y, de hecho, estos últimos son mayoría. Lo que pasa es que Soda es el término empleado mayoritariamente en California, Nueva York y Chicago, por lo que es el que más aparece en películas, música, literatura o publicidad. Así que para el viajero que quiera llamarle a las cosas por su nombre local, la cosa queda así: Soda se utiliza en la costa este y en California, fundamentalmente, mientras que Pop está extendido por todo el Medio Oeste, el Noroeste y la zona de los Lagos.

Pero la cosa no se acaba ahí, ni mucho menos. Resulta que además de estos dos grandes nombres, que hacen que si pides un Pop en Manhattan te tomen por un provinciano o que si pides una Soda en Iowa te clasifiquen como el típico snob de ciudad, hay docenas de nombres locales, por lo general menos extendidos pero que, en casos concretos, son prácticamente la única forma "correcta" de llamarle a un refresco en determinados lugares.

Por ejemplo, en Nueva Inglaterra, siempre tan diferentes ellos, aparte del dominante Soda, utilizan otras formas locales como Soder (que en New Jersey se convierte en Chode), Tonic o, en el estado de Maine, Bubbly o Moxie.

Otras variantes de Soda muy utilizadas son Sodie, que se usa en todo el Medio Oeste y Sody Pop, que se emplea a veces en Chicago.

El último nombre relativamente extendido es Fizz, que se utiliza en California, donde tambien hay las variantes Fizzy y Fizzle Pop.

Y, por último, están las variantes locales menos difundidas. En este sentido el Sur es un caso especial, por la diversidad de nombres que se utilizan. En esta zona, como siempre, se mantienen al margen de las disputas den Norte y no optan entre Soda y Pop. Aquí es Coke, sea el tipo de refresco que sea. Y eso de forma general, porque luego nos podemos encontrar con que en Tennessee tambien se llaman Dope, en Georgia y Carolina prefieren Cocola o Drank (que se usa tambien en Alabama y Mississippi), en algunos lugares de Alabama le llaman Crack, en la zona de Texas y Oklahoma a veces se llama Dr. Pepper, en Kansas prefieren Fundango, etc.

Pero no se vayan todavía, que aún hay más. En Virgina utilizan NAB (Non Alcocholic Beverage), en Iowa a veces emplean Farva, en Colorado y Montana, Sugar Water, ...

Podríamos seguir: Splooge, Soude, Dinky, Dopesoda, Dudun, Cokey, Sippy, Carbo, Soft, Cack, Sasparilla, Faygo, Caffene, Timbo, Bubble Water, McBubble o incluso Unbeer. Y eso sin contar con que en los barrios con más presencia latina a veces se puede leer en los menús Gaseosa, Cola o, simplemente Refresco.

Y si cruzamos la frontera la cosa sigue complicándose. Lo que en Canada en general se conoce como Pop, puede ser un Liqueur o una Boisson (ambas se utilizan para refrecos sin alcohol) en Quebec, un Mix en el estado de Manitoba, un Ufia en Ontario o un Jolt en otras zonas.

En fin, que está bien saber que existen todos esos nombres (sobre todo por si los vemos escritos, porque si uno no está avisado de antemano puede ver una oferta de cuatro NABS por un dolar y no entender ni palabra), pero, en cualquier caso, no olvidemos que allí siempre seremos extranjeros, utilicemos el nombre que utilicemos para nuestro refresco, así que mejor limitarse a Soda en las costas y Pop en la zona centro y evitarse complicaciones.

28.12.05

AHUMADOS


En primer lugar una nota, para que nadie se extrañe si no comento nada: la cena que teníamos hoy se ha pospuesto. Al final será la semana que viene, cuando todos tendremos unos días de vacaciones. Prometo informar, porque como ya dije ayer, esta convocatoria anual suele dar mucho juego, gastronomicamente hablando.

Por otra parte, estos días ando a vueltas con la cena de Nochevieja, que este año me toca organizar a mi. Inicialmente íbamos a ser tres, despues cinco, despues seis... Y ahora parece que seremos siete. Así que ando con el menú en la cabeza, recalculando precios, cantidades, opciones, etc. Al final lo tengo bastante claro y al menos los entrantes están ya resueltos. Por una parte mi madre, que es una de las invitadas y que se niega a venir sin traer nada (hay que ver lo que es una madre. Hay cosas que no pueden permitir, como venir a cenar y no traer al menos un plato) va a preparar un salpicón de marisco.

Yo, por mi lado, despues de descubrir el otro día el Mercadona de Boiro, del que ya hablé hace unos pocos posts, ayer volví a ir hasta allí solo para hacerme con una buena selección de ahumados. Donde yo vivo tengo dos opciones: o limitarme al salmón o acercarme al Hipercor y pagar una cantidad respetable por otras variedades, así que opté por una tercera, me desplacé 40 kilómetros y me hice con un surtido bastante interesante a un precio mucho más razonable.

La verdad es que soy bastante amigo de los pescados ahumados. Como casi todo el mundo por estas latitudes me inicié con el salmón ahumado de los canapés de las fiestas y de ahí pasé a la trucha. Despues fui probando otros tipos y todos, más o menos, me encantaron, aunque reconozco que ante un buen salmón los demás quedan en segunda fila, en mi opinión. Hace un par de años mi cuñada estuvo de luna de miel en Noruega y, obviamente, el recuerdo que nos trajo fueron varios tipos de salmón comprados en el mercado de Bergen. Aparte de dos tipos de ahumado había uno con hierbas muy interesante.

El otro lado por el que me introduje en este mundo de las conservas y semiconservas de pescado fue a través de mi familia. Por una parte tenía un pariente, fallecido hace unos años, que era tan aficionado a estas preparaciones que se hizo construir un ahumadero de pescado en el jardín de su casa, en Vilanova de Arousa. Allí probé mis primeros arenques y sardinas ahumadas. No se si sería la inexperiencia de mi novato pariente o que yo era muy joven, pero la verdad es que me pareció masticar humo concentrado. Un sabor demasiado fuerte para mi gusto. Por otro lado, mi madre y mi tia Paloma, ambas excelentes cocineras, aprendieron hace unos años a marinar salmón, así que durante unos días había una fuente por casa con un pescado cubierto de sal, azucar, eneldo, alguna que otra baya, etc. Cada día se retiraba el líquido que soltaba y se volvía a colocar un peso encima. Este si que me gustó más aunque, me imagino que debido al trabajo que daba, lo prepararon dos o tres veces y la receta cayó en el olvido.

Bueno, resumiendo, ayer me planté en el supermercado y me hice con un poco de mojama de atún, huevas de maruca secas, anchóas, palometa, bacalao, atún y arenques ahumados. El salmón ya lo tenía por casa, comprado hace unos días. Así que con eso y con unas huevas de esas con las que nos conformamos los que no nos podemos permitir comprar caviar de verdad -y menos para siete- montaré los entrantes. Además de los típicos canapés intentaré añadir algo más, por ejemplo unas tostas con una picada de tomate, perejil y ajo y una anchóa encima, los arenques acompañados con una salsa de mostaza, miel y eneldo, etc.

Lo que me sigue dando vueltas en la cabeza es el segundo plato. Casi seguro que me decantaré por unos buenos solomillos de cerdo (tengo que ir a encargarlos mañana a Fermín), pero lo que no tengo claro es la forma de hacerlos. Al Oporto dan bastante buen resultado, aunque también me gustan con una salsa de manzanas y orejones, o con granada, por ejemplo. En cuanto a las guarniciones, estaba pensando en una ensalada con un ligero toque amargo, como los berros, el radicchio, la escarola o algo así y un puré espeso o bien de guisantes a la menta o bien de calabaza (porque los dos me parece exagerar). En fin, no se, tengo que pensarlo.

De momento, por si no hubiese suficiente, tengo el dia anterior la cena india de mi cumpleaños. Creo que al final me voy a decidir por una selección de entrantes servidos a la vez (probablemente algún chutney, unas gambas con coco aromatizadas al curry y alguna crema de yogur con especias) y, como plato principal, creo que optaré por algo parecido: prepararé un buen cuenco de basmati y dos o tres recetas para que cada uno elija la que más le apetezca. Puede que un Tikka Masala de Pollo, un Pulao de verduras y un curry de piña o de calabaza al estilo de Kerala. O un Biryani, o un Tandoori,o... Lo dificil en estos casos es saber cortar a tiempo, porque luego te ves en la cocina, con cinco platos para preparar, 25 ingredientes y muy poco tiempo, así que mejor restringir un poco y hace rmenos cosas pero mejor preparadas. Para rematar la comida creo que prepararé un refresco de yogur, lima y agua de rosas y dejaré que lo del postre me lo soluciones, que yo creo que tendré trabajo suficiente con todo lo anterior.

27.12.05

CITAS GASTRONÓMICAS

Permitidme que empiece el post con un pequeño mea culpa. Ayer, por primera vez en mi de momento breve experiencia televisiva, me di de cara con lo que supone quedarse en blanco en directo. En fin, supongo que tenía que pasar algún día. Y pasó ayer, precisamente. Y digo precisamente porque justo ayer hacíamos el programa sin Alejandro, el presentador habitual, así que a mi limitada experiencia había que sumar que por primera vez hacíamos la sección con otra presentadora. Eso si, tengo que decir que aparte de tener muchas tablas, ella fue la única responsable de que la cosa saliese medianamente bien, llevándome poco a poco hacía donde ella quiso. Gracias, Montse. Y un beso.

La verdad es que fue un momento nada más y supongo que en pantalla se vería solo un ligero titubeo, pero lo cierto es que en el momento que te ves ahí, perfectamente consciente de haberte perdido y tienes que seguir en plan "aquí no pasó nada", hablando mientras aún tienes la mente en ese repentino momento de desconcentración y, al mismo tiempo, adelantándose a lo que vas a decir para evitar repetir el error, no se pasa especialmente bien. Pero bueno, prueba superada. O al menos ya está, ya pasó.

Y ahora sigamos con nuestro tema, que tampoco es plan estar aquí fustigándose todo el día porque se nos fue el santo al cielo una décima de segundo. Eso le pasa a cualquiera.

La navidad está construida a base de citas gastronómicas. Y en mi caso más. A las consabidas comidas y cenas de Nochebuena, Navidad, Nochevieja, Año Nuevo y Reyes hay que sumarle normalmente alguna cena de navidad con los compañeros, mi cumpleaños (que incluso puede desdoblarse en dos) y otra que viene siendo ya tradicional. Y eso como poco.

Porque si, señoras y señores, el próximo día 30 el Gourmet de Provincias cumple 30. Cambio de década, ya lo venía anunciando. Como dice un amigo (cómodamente situado en la treintena desde hace una temporada), ahora podré elegir entre instalarme en la madurez joven o en la juventud madura. Lo que me guste más. Ya lo se, ya lo se, para los lectores que estén por encima de los 32-33 años la cosa no tendrá mayor importancia o incluso puede que les haga gracia pero, qué quereis que os diga, uno no cambia de década todos los años y, aunque sea tan solo una barrera simbólica, no deja de ser una barrera más que uno pasa. No se, tengo una sensación curiosa.

Pero ese no era el tema. Estábamos en que a las comilonas navideñas de rigor se suma en mi caso la celebración de mi cumpleaños. O las celebraciones, mejor dicho, porque lo más habitual es que ese día (o el anterior) coma en casa de mis padres y esa noche organice una cena con mis amigos.

Y este año toca cena índia, que tengo que ir dándole uso a todo eso que me compré hace un par de semanas en Paris y que está ahí, esperando a que lo saque de los armarios.

Pero no se vayan todavía, que aún hay más. Desde hace unos años, además, tenemos una cena navideña en casa de unos amigos. Este año será el miércoles, es decir, mañana. Suele ser un auténtico festival gastronómico, porque al margen de que la anfitriona (mexicana, ya he hablado de ella en otra ocasión) es una cocinera estupenda, normalmente los otros invitados solemos llevar alguna otra cosa que se suma a los platos que ella prepara, entre los que no suele faltar alguno mexicano: un postre, un bizcocho, algo de picar.

Espero que el resto de los asistentes me perdonen, pero aquí tengo que hacer mención expresa de las empanadas que suele traer Martiño y que espero que este año no se le olviden. Martiño es hijo de unos panaderos de un pueblo del interior de Galicia y las empanadas que suele traer, preparadas el mismo día por sus padres en el horno de la panadería, son para quitarse el sombrero. Bueno, también recuerdo un flan de café que llevó otra invitada hace un par de años que tampoco estaba nada mal. Al final todos los invitados nos acabamos marchando con un paquete lleno de sobras: un poco de bizcocho de uno, de empanada del otro...

El año pasado preparé un poco de sushi, pero este año creo que me voy a decantar por la receta de la Cheesecake que apuntaba Oriol hace unas semanas. Tiene una pinta estupenda.

Y así, poco a poco, se va pasando la navidad, de celebración en celebración, sumando semanas adicionales a esa dieta en la que estoy atascado desde hace un par de meses y en la que tanto cuesta bajar pero tan poco cuesta subir.

POSTRE


Ayer, por fin, despues de bastante tiempo dándole vueltas me decidí a entrarle a uno de los postres de los que más se habla últimamente: el coulant. No sabría muy bien como definirlo para quien no lo conozca, sería algo así como un pequeño bizcocho de chocolate relleno de chocolate líquido, como una especie de muffin con crema de cacao en el interior. Pero no es exacto. En realidad tanto el exterior como el relleno son la misma cosa, solo que la gracia está en que jugando con la temperatura y el tiempo de horno se consigue que el exterior cuaje hasta convertirse en una especie de pudding, mientras es interior se mantiene líquido.

Y a partir de ahí las posibilidades son infinitas. Pensad en lo interesante que es, por si mismo, ese pudding relleno de una crema de chocolate y ahora imaginadlo acompañado de un simple helado de vainilla, sobre un fondo de frutos rojos, con un núcleo de chocolate blanco, o con una guinda en aguardiente en el centro, o jugando con vuestros chocolates preferidos, combinándolos con una pizca de pimienta, aromatizándolos con un poco de algún licor, con menta... Podríamos seguir hasta mañana.

Así que me puse manos a la obra. He de confesar que en casa no soy yo el que lleva los temas de repostería. Digamos que, si esto de la gastronomia amateur fuese una carrera la asignatura de repostería sería la que aprobaría más raspado. Pero aún así a veces lo intento. Solo se mejora a base de pruebas y errores. Bueno, la receta del Coulant es sencilla y además la tenía apuntada, así que la cosa parecía fácil. La única dificultad parecía estar en el punto exacto de temperatura y tiempo de cocción, pero teniendo las instrucciones a mano no debería haber problema.

Pues bien, debo decir que para sorpresa de muchos (incluído yo mismo) no hubo problemas. La preparación de la pasta base fue sencilla y, respetando los tiempos y las temperaturas estrictamente por una vez en mi vida, conseguí sacar del horno algo que parecía un coulant de verdad. Y al probarlo resulto estar como un coulant de verdad. Éxito completo. Bueno, o casi.

Seamos sinceros. Digámoslo todo. Salió bien, pero podía haber salido mejor. En primer lugar, hice caso a la receta y utilicé un chocolate amargo (72% de cacao), unos 60 gramos por ración. Resultó ser mucho para nosotros. Creo que la próxima vez reduciré la cantidad a unos 50 gramos y utilizaré un cacao algo más suave, sobre un 50-60%. Ayer no es que estuviese malo, pero era demasiado chocolate. Lo que me vino a la cabeza al segundo bocado es el nombre, un tanto rebuscado, de un postre que vi en una carta hace unos meses no recuerdo donde: Morir de Chocolate. Bueno, esa fue, exagerando un poco, la sensación.

La otra pega estuvo en la fluidez de la crema del interior. Creo que debió ser un problema de exceso de harina (y eso que intenté ceñirme lo más fielmente posible a la receta). En lugar de la apetitosa crema que aparece en la foto que, si alguien tenía la duda no es lo que cociné yo ayer, conseguí algo bastante más espeso, más viscoso que líquido y bastante consistente. Supongo que reduciendo un poco la harina conseguiré mejorarlo.

Bueno, en general tengo que decir que aunque no salió perfecto conseguí unos resultados pasables, al menos lo suficiente como para no desanimarme y seguir haciendo pruebas.

Aquí os dejo la receta que seguí:

COULANTS (2 personas):

Se baten 30 gramos de mantequilla con 35 gramos de azucar y despues se añaden 20 gramos de harina, una pizca de sal y dos huevos pequeños hasta conseguir una pasta homogenea. Se funden 120 gramos de chocolate (ya he dicho que resultó demasiado para mi y que lo reduciría a unos 100) y se añaden a la mezcla anterior. Se deja enfriar la pasta en la nevera. Se untan unos moldes tipo flaneras individuales de mantequilla y se llenan con la crema. Se meten al horno, previamente calentado a 180º, durante 10-11 minutos. Se sacan y se dejan reposar otros 10 minutos.

Ya veis que es una versión sencilla y efectiva de este postre que os recomiendo especialmente si el chocolate es vuestra debilidad.

ACTUALIZACIÓN 28-12-2005: He corregido una errata en la receta que me ha indicado un lector. En lugar de añadir azucar y harina había puesto dos veces harina. Lo siento.

26.12.05

GATA

Tengo una gata que es de todo menos lista, la pobre. Se esconde detrás de la cortina y cree que no la vemos. A pesar de lo que abulta (porque no es precisamente delgada). A pesar de que es una cortina translúcida. A pesar de que la oimos y vemos como se mueve la cortina. A pesar de que deja el rabo fuera y lo agita, encantada, supongo que mientras piensa en lo aguda que es y en lo infalible que es su escondite. Si la mosqueas un poco con algún juguete puede incluso sacar una pata para intentar cazarlo, pero sigue escondida. Y asi, claro, no la vemos. Más o menos como cuando los niños pequeños creen que basta con taparse la cara para esconderse.

Supongo que hay que tener el cerebro de un gato para entenderlo. Pero no deja de ser divertido verla disfrutar su ficción de escondite.

SO MUCH TO SAY (AND SO LITTLE TIME)


Aparte del título de un blues que grabó Rod Stewart cuando aún estaba recién salido de The Faces, esa es la sensación aproximada que tiene cualquier aficionado a la gastronomía cuando, a toro pasado, quiere resumir las primeras citas culinarias de la navidad.

Así que lo mejor será empezar cuanto antes, intentando sintetizar para no aburrir a nadie.

Navidad, que gran momento para hacer inútiles unas cuantas semanas de dieta. Pero también, seamos sinceros, para reencontrarnos con platos que no hemos vuelto a probar desde las navidades anteriores. Muchos dicen que la navidad es el momento del reencuentro con amigos y familiares, pero también es cierto que es un reencuentro que siempre tiene lugar con una mesa de por medio, ya sea la del comedor de los abuelos, la de casa o la de un bar. Si hay una fecha gastronómica en el año, es esta.

Este año pasamos la Nochebuena en casa de mi suegra (si, ya he hablado sobre ese calificativo en otra ocasión). Previamente habíamos hecho la tourné de rigor por casas de varios familiares y en una de ellas tomamos las tradicionales torrijas de vino que no pueden faltar esa noche. Y más tarde vino la cena. Tengo que reconocer que este año se dieron una serie de afortunadas coincidencias y regalos que hicieron que los mariscos se multiplicasen. Si, ya lo se, no es bonito presumir de este tipo de cosas pero, qué demonios, tampoco lo hago a mala fe. En fin, resumiré la cosa diciendo que empecé por unas vieiras a la gallega y seguí con unos percebes recién cocidos y unos camarones. Rematé los entrantes con una ensalada de bogavante y mango aliñada con especias y zumo de lima que salió estupenda. La cena continuó con un cabrito tiernísimo y remato con los consabidos turrones, polvorones, mazapanes y, cómo no, cava, en este caso un Anna de Codorniú.

Al día siguiente tocaba comida en casa de mis padres y allí, desde hace años, tenemos un menú fijo, que no por esperado resulta menos sabroso: langostinos con mayonesa y pavo relleno de ciruelas y manzanas. Todo acompañado con una sidra El Gaitero y los postres tradicionales. Hace años mi padre organizaba esa mañana un macrodesayuno, pero dadas las horas a las que suele uno acostarse la víspera y que estaba colocado entre dos comilonas, al final optó por trasladarlo a la mañana de Reyes, así que aún está ahi, en la reserva. Es uno de esos desayunos como los de los hoteles con café, zumo, mermeladas, mantequillas, bollería diversa, frutas, turrones, etc. Una gran idea.

Por la tarde salimos a dar una vuelta con unos amigos (otro clásico del día de navidad) y nos encontramos con lo de todos los años: la mitad de los bares cerrados y la otra mitad a reventar de gente. En Santiago tenemos aún, a pesar de lo que ha crecido la ciudad en los últimos años, esa manía de pequeña capital de provincias que hace que todo lo que esté a más de 400 metros de tu centro de acción no sea una opción. Por ejemplo, si quedas con tus amigos en la Plaza de Galicia, todo lo que esté más al norte de Cervantes o más al sur de República del Salvador es como si estuviese en otro continente, simplemente ni se plantea. Tanto es así, que en una ciudad cuyo centro histórico puede tener unos 700 metros de punta a punta en su eje más largo (y otro tanto el Ensanche), muchos no nos encontramos en meses: los que salimos por la zona vieja nos movemos por cinco o seis calles. E incluso aquí hay los que se quedan por la zona norte (San Roque, Algalias, Casas Reais) y los que optan por la sur (Calderería, Rúas, Toural). Así que los que se quedan por el Ensanche están a mil kilómetros. Y los que optan por los barrios nuevos como Fontiñas, las calles nuevas de Conxo o Santa Marta están en otra galaxia.

En ciudades grandes uno puede salir a tomar algo por su barrio y al dia siguiente cambiar de zona. En Madrid, por ejemplo, no es extraño que un día cenes en Malasaña, al siguiente tapees por La Latina y al otro acabes picando algo en Chamberí, por ejemplo. Eso aqui puede hacerse (me refiero a que es materialmente posible) pero es raro. Aquí tendemos a movernos por las calles de siempre, por los cinco o seis bares de todos los días, a ver a la misma gente y a creer que eso es el ombligo del mundo. Supongo que será una herencia de aquella época, no tan lejana, en la que Santiago era poco más que una aldea grande y que todo lo que quedaba a más de 500 metros de la catedral era el monte. Recuerdo perfectamente a mi bisabuelo diciéndolo. Y así seguimos.

Así que en la tarde de navidad, con media ciudad pululando en busca de una mesa libre para tomar un café, la única alternativa que te queda es moverte de tu centro del universo particular y marcharte a uno de esos barrios lejanos en la periferia. Bueno, por lejano me refiero a unos cinco minutos a pie desde la catedral, pero ya sabeis. Despues de intentarlo en varios de nuestros habituales, pasando con cara de despistados por delante de las ventanas del Casino (abarrotado), del Paradiso (cerrado), del Airas Nunes (hasta la bandera), del Literarios (a reventar), del Generaciones (hasta arriba), del Agarimo (colapsado), del Recantos (cerrado) y de algún otro, y acercándonos ya al límite norte de nuestra zona de acción, se me ocurrió proponer un sitio que descubrí hace algo más de un mes: el Garum.

El café Garum (otro día hablaremos del garum por si solo, sin el café delante) es un sitio bastante agradable cuya mayor pega es estar un tanto escondido en una plazoleta (Praza das Penas, enfrente de la iglesia de San Roque) en el límite norte de la parte vieja. Lo conocía solo por las mañanas, pero dada su situación y el caracter que tenemos los compostelanos para movernos del mismísimo centro del universo supuse que allí habría sitio. No me equivoqué. De hecho, cuando llegamos, a eso de las ocho, solo había una mesa ocupada. La cosa fue cambiando con el paso del tiempo. Se ve que otros compostelanos, igual de tradicionales, se vieron forzados a explorar nuevas zonas y acabaron aquí.

El Garum tiene una vocación evidente de modernidad: suelos de hormigón visto, maderas oscuras, algunos muebles de diseño más clásico... Un sitio muy curioso. Pero también tiene vocación de modernidad en su propuesta culinaria: De entrada, con tu consumición te sirven siempre algo interesante. En Santiago, como en algunas otras ciudades, es tradicional que te regalen con tu bebida algo para picar, normalmente unas patatas fritas, unas aceitunas, en algunos sitios algo de ensaladilla. De hecho, es tradicional acercarse a los sitios con tapas interesantes (siempre gratis, se entiende), aunque el local en si no sea el más atractivo: están, por ejemplo, los fideos con almejas o el guiso de calamares que solían poner en el Galicia, el hígado encebollado del Sport, la estupenda tortilla o el pollo con arroz del Marte, la famosa patata guisada del Negreira (alias o Patata), los minibocadillos de Casa Pepe o clásicos como la estupenda ensaladilla del ya desaparecido Royal. Era una tradición que en muchos lugares ha desaparecido, lo que me parece un error enorme, pero que en los últimos años algunos locales renovados han decidido reinventar.

Pues bien, en el Garum lo mismo te sorprenden con unas tostas de queso de cabra fundido que, como ayer, con una morcilla frita envuelta en pasta brik o un pimiento del piquillo relleno de bacalao. Ya os dais cuenta de que miran más allá de los tradicionales cacahuetes. Pero si tienes ganas de algo más, ya pagando, tienen una interesante carte de tostas, raciones y tablas de precios muy razonables, además de una estupenda selección de vinos con ofertas semanales y mensuales. Por otra parte, también sirven comidas de precios asequibles y propuestas interesantes. Lo mismo te puedes encontrar con una merluza acompañada de salsa de setas que con unas jornadas gastronómicas del gallo de corral. La verdad es que no he comido aquí todavía, pero las cartas suenan de lo más tentador. Ayer, además, tenían expuesto el menú de la cena de Nochevieja, con entrantes variados, una merluza rellena de langostinos y un segundo que no recuerdo, por un precio nada exagerado de 35 euros (eso si, reserva obligatoria).

El otro gran atractivo de este lugar, que os recomiendo, es que no tienen televisión, así que podeis tomaros vuestra caña tranquilos sin que ningún partido o ningún Operación Triunfo os la estropee. Y, bueno, si su situación no es la mejor para los santiagueses que no gustan de moverse del centro, para los amantes del buen tapeo y del buen vino diré que cuenta con la ventaja de estar a apenas 20 metros de la célebra Bodeguilla de San Roque y a tiro de piedra de otros sitios interesantes en ese sentido como Casa Pepe, la Casa del Bierzo (antes Prada a Tope), etc.

Visitadlo.

Bueno, podría seguir contando cosas, pero para este primer post navideño creo que es suficiente.

23.12.05

BRINDIS LABORAL


¿Cava en tazas de café? Pues si, ante la necesidad se recurre a lo que sea.

Ya veis, en nuestro trabajo también tuvimos nuestro momento para desearnos lo mejor y brindar. Y que dure ese buen ambiente.

En la foto está, aparte del Gourmet de Provincias, otro ilustre blogger, nada más y nada menos que Manolo, de Capítulo 0.

En fin, FELICES FIESTAS a todos.

COCINA COREANA, LITERATURA FRANCESA Y MUCHO FRIO

Pues si, ayer tuve un día de lo más diverso. Y eso que por la tarde me quedé en casa. Primero me di cuenta de que las limitaciones del Gourmet de Provincias no acaban en el terreno gastronómico. Ayer se me ocurrió salir a buscar una película en DVD, una en concreto, y ¿Os podeis creer que salvo alguna que otra tienda de discos y algún videoclub aquí no tenemos donde comprar películas? Hombre, siempre está el Hipercor pero 1-Está en las afueras, 2- La selección de títulos no es la mejor, aunque visto lo visto parece que si es la más completa por aquí y 3- Los precios no suelen ser los más baratos.

Y, claro, os estareis preguntando ¿Qué título extraño se le habrá pasado por la cabeza? ¿Alguna reedición en DVD de una de las primeras de Kurosawa? ¿Puede que algo de Bergman o de Kiarostami? Pues no, en realidad estaba buscando El Pianista, de Polanski, una película bastante reciente y bastante premiada, aunque a efectos reales, como si hubiese buscado cualquiera de los directores mencionados, porque el resultado fue el mismo. Bueno, siempre nos quedarán las comprar online. Qué desastre, Dios mío, qué desastre ¿Y nosotros fuimos Capital Cultural Europea?.

Por la tarde nos quedamos en casa, aprovechando para hacer alguna compra por el pueblo y para terminar de poner la decoración de navidad. Hace un par de días había preparado Kimchi, una especialidad coreana que es casi un plato diario en aquel pais. Tengo que reconocer mi total desconocimiento de la cocina coreana, así que podemos decir que esta fue mi primera aproximación. Y aún así, fue una aproximación "aproximada", porque si ya es dificil hacer con los ingredientes para preparar un sushi corriente o una receta tailandesa conseguir por aquí algunos ingredientes típicos coreanos es directamente imposible. Pero para eso está la imaginación de gastrónomo aficionado, para suplir con lo que tenga a mano aquello que le falte, intentando siempre conseguir unos resultados lo más aproximados posibles.

Bueno, resumiendo diré que el Kimchi es una receta a base de col fermentada con una pasta de anchoas, escalonias, ajo, guindillas, etc. Según la zona, la receta o las preferencias se puede dejar macerar desde dos días a varios meses, o incluso en las zonas rurales, enterrarla durante todo el verano para consumirla en invierno. Yo opté por la primera versión, la de los dos días, así que, siguiendo la receta que había conseguido, preparé la col y la mezclé con los ingredientes (tuve que sustituir la pasta de anchoas coreana por salsa de pescado tailandesa. Perdón por la licencia). Despues de dos días macerando con un peso encima, ayer lo probé, servido con arroz. La verdad es que no está mal, aunque reconozco que no me volvió loco. Es posible que cuando pruebe un buen Kimchi preparado con los ingredientes auténticos mi perspectiva cambie.

A la noche estuve viendo el capítulo de Anatomia de Gray, una de las pocas series no maltratadas por los programadores (de momento). Ya conoceis mi opinión al respecto. La verdad es que resulta entretenida, aunque no acaba de engancharme. Tiene un cierto regusto receta conocida.

Como hacía un frío de mil demonios (hoy a la mañana al sacar al Perro Gastrónomo hacía unos agradables -3 grados, que se convirtieron en -5 al pasar en coche por Figueiras. Los que me leais desde fuera de Galicia imaginaos lo que es eso con la humedad que tenemos por aquí) me acosté pronto y, bien acurrucado entre las mantas, estuve terminando Eugenie Grandet, de Balzac. Ya veis que sigo presa de esa francofilia que parece que me ha invadido desde la visita a Paris. Lo reconozco, hasta ahora mi conocimiento de la literatura francesa era escaso, por no decir prácticamente nulo. Probablemente mi antipatía por casi todo lo que sonase a francés (vale, lo reconozco, puede que Laetitia Casta se salvase de la quema) hacía que pasase de largo en los estantes sin pararme en esos libros. Pero ahora, de vuelta de la escapada de hace unas semanas, decidí que ya era hora de ponerle remedio. Y qué mejor que empezar por los clásicos. Así que me metí de lleno con Balzac y con esta novela, ambientada en el Valle del Loira, en la localidad de Saumur, y en la que -nota para gastrónomos- se encuentra alguna que otra referencia breve a la cocina rural del Loira y del Berry del S.XVIII. Una lectura interesante, en todo caso.

Ahora solo me queda decidir si voy a seguir con esta fiebra francesa o no. De momento, mientras me lo pienso, creo que voy a meterme con el libro de Vázquez Montalbán del que hablaba hace un par de días.

Y, por si no publico nada antes, FELICES FIESTAS A TODOS.

22.12.05

AVISO

Por cierto, Oriol (www.estamosdeacuerdo.net/buenoparacomer) , he leido que te vas a Nueva York. No sabes la envidia que me das. He intentado varias veces ponerte comments, pero tengo algún problema, así que si me lees o alguno de tus lectores pasa por aquí y quiere darte el aviso, contacta conmigo, porque tengo un montón de recomendaciones: Kalustyan's, Sahadi's, Gray's Papaya, La Taquería de Mexico, el mercado vietnamita del Museo de Historia Natural, etc.
Y si no hablamos antes, buen viaje, y ven cargado de material para compartir.

ATARDECER Y UNOS LIMONES


Ayer por la tarde estuve en Boiro, un pequeño pueblo de la costa, a unos 45 km. de casa. Aunque era temprano, llegamos con la puesta de sol. Es lo que tiene moverse el día más corto del año. Así que estuvimos viendo un anochecer impresionante sobre la bahía. Boiro está en el fondo de la Ría de Arousa, en una bahía cerrada de aguas muy tranquilas. Eso y su proximidad han hecho que desde siempre sea un lugar muy popular para el turismo familiar, sobre todo llegado desde Santiago. Con el boom turístico de los años 70 y 80 aquí, como en tantos otros sitios, se construýó a lo bestia, sin las infraestructuras adecuadas, lo que llevó a la contaminación de la bahía y al deterioro de la playa. Mi familia veranea allí desde los años 50, así que han visto crecer el pueblo y las consecuencias que eso ha tenido. Yo pasé allí mis primeros 17 veranos, además de semanas santas, carnavales, fines de semana, etc. Mis dos abuelos tienen casas en el pueblo, así que aún despues de cambiar de lugar de veraneo, he seguido acercándome a pasar algún que otro fin de semana o, como ayer, simplemente a pasar la tarde en la costa y, de paso, a coger unos limones. A pesar del deterioro y de que siguen construyendo como locos, visto así, en un anochecer de invierno, con la playa desierta y el mar como un plato, parece que no han pasado todos esos años.

Porque esa era la disculpa para el desplazamiento, ir a buscar limones. En casa de mis abuelos, que está cerrada la mayor parte del año, hay tres limoneros más que aceptables que, especialmente durante el invierno, dan limones como locos. Son unos limones de esos que se dan por aquí, con la piel gruesa y aromática, de un dedo de espesor, y no demasiada carne, aunque si con mucho sabor. Puedes ir por allí una o dos veces al mes y siempre te marcharás con dos buenas bolsas llenas hasta arriba.

Siempre me ha intrigado lo de los limoneros. Por aquí se dice que hay que maltratarlos para que den fruto, que les va la marcha. Parece que es cierto. Alguna gente les ata las ramas entre si en posturas forzadas, otros les cuelgan pesos, recuerdo que mi abuelo, una o dos veces al año, le daba una buena sesión de golpes con una estaca e incluso hay quien les clava puntas, clavos o hierros en los troncos. El hecho es que algo de cierto debe haber, porque en lugar de resentirse responden con una dosis extra de frutos a las pocas semanas. Hablándolo con un botánico, me dijo que desconocía la razón, pero que creía que podía deberse a algo parecido a nuestros problemas circulatorios y que esos "maltratos" reactivarían la circulación de la savia y serían beneficiosos. Muy curioso.

Despues de recoger los limones, que me darán mucho juego en zumo, añadidos a platos, en ralladura añadida a bizcochos, natillas o similares, como ya se había hecho de noche, subimos hasta el pueblo, que está como a un kilómetro de distancia. Nos acercamos a hacer la compra al nuevo Mercadona (cadena de la que, por cierto, nos habían hablado muy bien por distintos lados y que no está demasiado extendida en Galicia) y nos sorprendió muy gratamente en primer lugar por su tamaño, sorprendente para un pueblo que en su capital no debe llegar a los 8.000 habitantes, y en segundo lugar por la variedad y el tipo de productos que se pueden encontrar.

Como estamos en vísperas de las fiestas, uno no puede evitar mirar esos productos especiales que aparecen en los estantes estas semanas. Como, además, este año nos toca organizar la cena de Fin de Año en mi casa, hay que ir pensando en cositas para el menú. En ese sentido me gustó mucho la sección de ahumados. Tanto que volveré la semana que viene a aprovisionarme. Pero también me sorprendió, y mucho, encontrar en un supermercado de un pueblo como este pato, perdices, carpaccio, solomillo de buet, etc. Desde luego en mi pueblo, que es poco más o menos del mismo tamaño y está a las afueras de la capital, no encontramos esas cosas con frecuencia. A ver si cuando abra el Mercadona que está anunciado para los próximos meses está a este nivel.

Bueno, termino comentando que ando dándole vueltas al menú de Nochevieja. Creo que me voy a decantar por unos canapés de ahumados (que a mi me pierden), pero no solo limitándome al salmón. Creo que pondré también atún, bacalao, huevas, puede que algo de mojama... Despues tenía pensado hacer una ensalada de piña y langostinos y, como plato principal aún no lo tengo claro. Se que mi suegra hará en Nochebuena cordero y que mi madre, al día siguiente, pondrá pavo. Como no quiero repetirme estoy pensando en preparar unos buenos solomillos de cerdo, puede que con frutos secos, puede que al cava, puede que con manzanas, o al Oporto... Ya veremos. ¿Sugerencias?

Y para acabar una receta de una ensalada que tomé ayer:

ENSALADA DE HINOJO

Se limpia un bulbo de hinojo y se corta en juliana muy fina. Se corta una chalota en juliana, se pican unas ramas de perejil y se añaden unos daditos de queso y una lata pequeña de maiz dulce. Se prepara un aliño con aceite de oliva, vinagre balsámico, sal, una pizca de pimienta negra molida y un poquito de mostaza, se vierte sobre las verduras, bien mezcladas, y se sirve. No tiene ninguna complicación.

20.12.05

DIEZ PRODUCTOS

Siguiendo la idea propuesta por Sao Mai, aquí está la lista de mis diez productos favoritos. Podrían ser muchos más, y probablemente si escribiese otro día habría variaciones, pero ahí va:

1- Queso: Cualquiera y de cualquier tipo. Aún no he probado uno que no me guste, aunque tengo mis preferencias: San Simón, Idiazabal, Torta del Casar, Queijo da Serra, Queijo da Arrábida, de Évora, de Zamora, manchego, de Mahón, Casín, Cabrales, Gorgonzola, Brie, Roquefort, Munster, un buen Cheddar, Mimolette...

2- Percebes: Recién cocidos, a poder ser en agua de mar con una hojita de laurel.

3- Navajas: de la ría y a la plancha, simplemente con un par de gotas de limón.

4- Arroz: Cualquier variedad y en cualquier receta: desde un basmati con un curry bien especiado a una buena paella o un arroz caldoso al estilo portugués.

5- Curry índio: Otro tanto, desde el clásico de Madrás a las variedades más tostadas del sur y de Sri Lanka.

6- Zaatar: una mezcla de especias de Oriente Próximo que me encanta. He probado cuatro o cinco variantes sirias y libanesas y todas me parecen estupendas. Probad simplemente a mojar un buen pan en aceite de oliva extra virgen y, a continuación, en un plato con zaatar. Es un desayuno tradicional libanés y toda una experiencia gastronómica.

7- Un buen chuletón de buey a la parrilla y cocinado al punto. Difícil de superar.

8- Granadas: solas, en ensaladas, en guisos con cerdo o caza, en salsas...

9- Almejas: si consigues unas buenas almejas frescas cualquier receta es un éxito asegurado. Me gustan desde crudas con una gota de limón hasta en recetas como a la marinera o los Spaghetti alle Vongole.

10- Ajo: El ingrediente imprescindible que le da vidilla a casi cualquier plato.

¿Y los vuestros?

TOMATES, REUNIONES Y OTRAS COSAS


Pues si, ayer tuvimos esa reunión y, como esperaba, no decepcionó. Lástima que fue breve de más, pero nada es perfecto. El Gourmet de Provincias es un gourmet suburbano y, a pesar de lo que muchos piensen, responsable, así que cuando va a haber reuniones de estas, con cervezas, vinos y similares de por medio, se mueve en transporte público o bien (si la cosa tiene visos de ir a mayores) se busca donde dormir en el centro. Por eso ayer, cuando estábamos en plena reunión y en lo más animado de la conversación tuve que salir corriendo para no perder el último autobús hacia mi casa.

Pero, en todo caso, se cumplieron las expectativas: buena compañía, unas cañas acompañadas de embutidos, quesos y similares, mucha nostalgia, recuerdos de viajes, las inevitables anécdotas laborales. Vamos, lo de siempre, lo que en este caso equivale a decir que la cosa estuvo bien. Eso si, la próxima vez tendremos que repetirlo con más calma y a poder ser en día no laborable.

Por otro lado, una amiga catalana, haciendo caso de mi llamada en busca de ayuda culinaria a través de este blog me acaba de dejar dos libros. Uno se llama Cocina Catalana y Cocina Mediterránea y aún no he tenido ni tiempo de mirarlo, pero seguro que me dará juego. El otro es una pequeña joya, un ejemplar de Las Recetas de Carvalho, de Vázquez Montalbán, dedicado por el autor. Montalbán es de esos nombres que cuando aparece en la portada de un libro sobre gastronomía hace que la imaginación empiece a desbordarse pensando en lo que se encontrará dentro. Es uno de esos raros casos de gastrónomo aficionado, sin formación ni experiencia profesional en el sector, que tiene mucho y muy interesante que comentar sobre el tema, así que no tengo ni que decir que me va a faltar el tiempo para leerme el libro con atención hasta la última coma.

Por último quiero comentar una receta que preparé ayer y que fue todo un descubrimiento. Resulta que a raiz de alguna compra que había hecho pesonalmente y de un par de regalos de estos que me llegan de vez en cuando tenía por casa un cargamento bastante importante de tomates secos italianos, algunos tal cual y otros conservados en aceite con alcaparras. Como no sabía muy bien que hacer con ellos, estuve buscando recetas hasta que di con una italo-argentina que me pareció interesante y que, cómo no, acabe adaptando:

SPAGHETTI CON SALSA DE TOMATES SECOS

Mientras se va cociendo la pasta se ponen en una Thermomix (es lo ideal para conseguir una textura más cremosa, pero puede hacerse con picadora o batidora) una media docena de tomates secos por persona, un diente de ajo, un cuarto de cebolla, un par de hojas de albahaca, una guindilla seca, una pizca de orégano y de pimienta, un par de alcaparras, sal, una pizca de azucar y un chorrito de vino blanco y otro de aceite de oliva y se procesa hasta conseguir una pasta homogénea de un color no especialmente bonito. A continuación se pone la mezcla a fuego bajo y se calienta removiendo constantemente hasta que comience a hervir. Se añade nata o leche (según preferencias) poco a poco hasta conseguir una consistencia cremosa, se deja cocer unos 10 minutos y se corrige de sal antes de servirla con la pasta acompañada de parmesano rallado.

La verdad es que es una alternativa estupenda para los tomates secos que nunca se me había ocurrido pero que ahora, una vez descubierta, creo que repetiré con cierta frecuencia, aunque sin abusar, que por aquí esos tomates no son fáciles de reponer.

Lo más interesante de los tomates secos es que el proceso de secado al sol transforma los azúcares del fruto, de tal forma que una vez secos tienen un toque dulzón muy interesante que le da un aire especial a cualquier receta que los incluya. Pueden encontrarse secos sin más o conservados en aceite. Ambas variedades están bien, aunque yo prefiero lo primera porque conserva un sabor más puro.

Ni que decir tiene que el Perro Gastrónomo, aficionado como es a los spaghetti, agradeció las sobras de esta receta como el que más. Lástima que nuestra preocupación por su salud bucal no le permita disfrutar más y más a menudo de este tipo de experiencias.

Para terminar, un apunte no gastronómico: el pasado sábado mi padre encontro un perro abandonado en el monte (otro más). Ahora que la protectora de animales de la ciudad ya no cuenta con espacio las alternativas para el pobre animal eran pocas y poco alentadoras: o dejarlo abandonado a su suerte, o llevarlo a la perrera municipal donde sería sacrificado a las pocas semanas. Así que, como además el perro era tan cariñoso como feo, mi padre lo montó en el coche y se lo llevó para casa, donde lleva ya unos tres días mientras le buscan a la desesperada un alojamiento. Me temo que, dada la edad y el aspecto del animal, la cosa está difícil así que, o mucho me equivoco, o se va a dar lo impensable: que mis padres acaben por aceptar un perro en sus vidas.

De momento, y como muestra de que la cosa va por buen camino, mi padre ya lo ha bautizado como Ranko y ya lo ha sacado un par de veces a pasear al monte, que parece que le encanta. Y el, por su parte, se ha conformado con una caja de cartón en el jardín trasero (a la espera de que su situación se estabilice y los Reyes Magos le traigan una caseta en condiciones).

En fin, otro día que me encuentre con ánimo os contaré el desprecio absoluto que siento hacia la gente que abandona perros. Si, esos que luego nos encontramos atropellados en cualquier carretera o famélicos, con las costillas marcadas bajo la piel, en una cuneta, o completamente desorientados sin alejarse mucho de la caja en la que los abandonaron, supongo que con la esperanza de que volverán a por ellos. Los que solemos ir al monte aquí en Galicia tenemos un ámplio catálogo de historias de perros más o menos asustados, más o menos famélicos, algunos de los cuales ni se te acercan mientras otros, más confiados, tuvieron más suerte y nos dejaron llevarlos a la Protectora, donde al menos tenían la comida asegurada mientras se buscaba quién los adoptase.

Hay dos o tres cosas en el mundo que me hacen perder los nervios y una de ellas son, sin ninguna duda, los maltratadores de animales y quienes los abandonan.

Pero esa es otra historia y debe ser contada en otra ocasión.

19.12.05

REUNIÓN


Hace unas semanas hablaba de la añoranza de esas reuniones de amigos en un bar, charlando, tomando unas cervezas, picando algo...

Pues bien, cuando ya empezaba a caer presa de esa morriña típica navideña, de esa sensación de compañeros que ya no están, de amigos que se han ido dispersando, en fin, de los sentimientos típicos de la época, me encuentro con una convocatoria para esta tarde-noche. Y con una de las buenas, además, porque en esto, como en todo, hay categorías.

Hay reuniones de estas que no te apetecen nada, que preferirías sacarte un par de muelas antes de ir, así que te buscas cualquier disculpa tonta o, en el peor de los casos, te armas de resignación y vas con tu mejor sonrisa falsa (bueno, al menos te consuela que no será la única en la mesa). Suele ser el caso de las cenas de trabajo, algunas reuniones con familiares lejanos, etc. A veces te dan una sorpresa agradable y resulta que te lo pasas estupendamente y que, además, nosequién, del departamento de abajo, es realmente divertido. A veces.


Otras convocatorias te provocan una sensación extraña, entre la curiosidad, el nerviosismo y una especie de sensación de alarma, como si algo fuera a fallar. Estas suelen ser las reuniones con antiguos compañeros de colegio o con amigos de verano de esos que no ves desde hace un montón de años. Te preguntas si la gente habrá cambiado mucho (aunque das por supuesto que si, y no sueles equivocarte), si seguirás entendiendote bien con los de antes o ya no tendreis nada de que hablar... Al final, estas convocatorias suelen dejar un regusto agridulce, entre la alegría nostálgica por el reencuentro y el inevitable desengaño que solemos llevarnos en mayor o menor medida (parece mentira que Fulanito me cayese tan bién, si es insoportable. Es increible que a mi en el colegio me gustase Fulanita, si es fea como un pecado mortal y además tonta de remate. Qué desastre, hay que ver lo mal que envejecemos todos. Fíjate en Zutanito, que parecía tonto, y lo bien que se ha espabilado) .

Y luego están esas reuniones que te alegran el día. Esas que, como la de hoy, surgen por la simple razón de que a un grupo de gente que ha ido perdiendo contacto por razones laborales, geográficas o de cualquier otro tipo, le apetece verse para charlar, para tomarse algo y reir un rato. Estas, sin duda, son las mejores, aunque también las menos frecuentes. Al final lo de menos es dónde te reunes -que a veces es en lugares dantescos-, que cenas -que a veces son cosas dantescas de las que te arrepentirás durante días- o dónde acabas -que a veces es en antros infernales y en condiciones muy poco dignas, al menos algunos-.

Hay veces (pocas, muy pocas) en las que en un centro de trabajo se dan unas condiciones especiales que hacen que un grupo de gente se entienda especialmente bien. Aún es más raro que las condiciones laborales tensas en lugar de estropear la cosa consigan crear un ambiente mejor entre los trabajadores y una sensación difícilmente repetible. Cuando todas esas condiciones se dan se disfruta de un ambiente estupendo, capaz de hacer sobrellevar cualquier faena que se le ocurra al jefe de turno, así que cuando la cosa se va disolviendo lenta pero inevitablemente por los cambios de trabajo, ascensos, despidos y demás le queda a uno una sensación triste. Luego se pueden hacer esfuerzos por recuperar el ambiente, por volver a tener esa sensación, pero ya no es lo mismo. Eso no quita que se mantenga el contacto, que se sepa de la vida de los demás directamente o a través de terceros, que nos alegremos con los éxitos profesionales o con los acontecimientos en las vidas de los otros, que nos escribamos, que nos llamemos de vez en cuando. Qué gran invento el Messenger. Pero tú, que eres el que se ha ido quedando en aquel lugar, miras hacia atrás y te sorprendes de lo que han cambiado las cosas por aquí desde entonces.

Así que cuando, una o dos veces al año, nos juntamos para celebrar lo que sea, o simplemente para vernos, la cosa suele convertirse en una de esas citas que se rememoran despues durante semanas y que mantienen alta la moral de las tropas. Si se ha perdido el buen ambiente y la sensación de camaradería, siempre nos quedan estas inyecciones de nostalgia que hacen que picar algo corriente y tomarse unas cañas se convierta en todo un acontecimiento, que contarle a alguien tus asuntos sea un placer y que los demás te cuenten los suyos no resulte una tortura.

Uno, que en el fondo es un sentimental, echa de menos aquella sensación de complicidad ante la máquina de café, de entenderse con los demás con un solo gesto (o con un email de dos palabras), los pequeños "hurtos rituales", las arengas incendiarias, las ganas de juerga, la sensación de "cualquier disculpa es buena para organizar un pincho-cena-copas que dure hasta las tantas", el hecho (rarísimo) de trabajar con amigos, el humor negro, negrísimo... Si, si, lo sé. Será la época, pero a veces uno no puede evitar ponerse así de ñono.

Mañana os contaré lo que da de si la cosa.

Por cierto, hoy a las 19:45 en Localia TV Santiago, tradiciones gastronómicas de navidad en "El Diario del Gourmet".

18.12.05

DE ITALIA


Ya lo había anunciado el otro día. Me acaban de llegar de Roma nuevos productos para mi cocina, concretamente pasta y una novedad para mi, una salsa de radicchio que me tiene muy buena pinta y que comentaré en detalle tan pronto como la pruebe. Siempre es un placer volver a la cocina italiana y más cuando, como en este caso, se hace con productos auténticos, llegados desde allí.

Por cierto, la foto (bastante mala aunque útil para ilustrar la verdura en cuestión) la tomé yo hace ya algunos años en una frutería de Treviso, en el Véneto.

La otra noticia gastronómica del fin de semana ha sido el mercadillo de comercio justo que este sábado, como los últimos años, se instaló en la plaza del ayuntamiento de mi pueblo. No es demasiado grande, pero siempre hay algún que otro producto interesante: cafés de Nicaragua, Colombia o Costa Rica, bebidas, infusiones, dulces, algunas legumbres y, por supuesto, chocolates. La compra de este año fueron dos tabletas comercializadas por la cooperativa Perucao, una de chocolate negro y la otra de chocolate negro con nueces y pasas. Ni que decir tiene que fueron toda una adquisición y que la diferencia de precio con las que podemos encontrar a diario se vería justificada solo con la calidad, sino fuera porque además ayuda a establecer relaciones comerciales y laborales más justas. Es una lástima que estos productos, que por lo general tienen una relación calidad/precio excelente, no se encuentren con facilidad en el mercado y se vean relegados, por el momento, a unas pocas tiendas en ciudades de medio tamaño.

Termino con una nota respecto a mi comentario del otro día sobre lo del boicot a los productos catalanes (ya sabía yo que era un tema espinoso y que meterse en el, así por las buenas, iba a traerme contestaciones). Repito una vez más que a mi me parece estupendo que cada uno tenga la opinión que le parezca respecto al Estatut. Faltaría más. Eso si, me gustaría que esa opinión fuese fundada y que todos los que opinan conociesen el texto. Siempre he sido de la opinion de que una vez que has visto el cuadro puede gustarte o no, pero lo que es difícil es que tengas una opinión sobre él antes de haber visitado la exposición. Eso por una parte.

Por otro lado, vuelvo a repetir que lo que me molesta no es que cada uno tenga una idea clara sobre el Estatut (ojalá todo el mundo tuviese las ideas claras sobre todo) sino que alguna gente piense que boicoteando los productos catalanes está influyendo en el proceso. Eso es lo que me parece triste, desagradable y difícil de entender. Creo que hay otras formas de protestar más directas y más efectivas, aún cuando en este caso lo del Estatut, siempre que cumpla la legalidad vigente en el conjunto del Estado, es un problema exclusivamente catalán. En todo caso, lo que si que me parece una pena es que se acaben politizando hasta los estantes del supermercado. Y respecto a lo de que igual que los catalanes han decidido democráticamente respaldar mayoritariamente el Estatut los compradores pueden democrática y libremente decidir boicotear productos de esa procedencia con la misma legitimidad dire que si, que efectivamente es igual de legítimo. Pero una decisión puede ser legítima y equivocada al mismo tiempo. Por ejemplo, los ciudadanos estadounidenses han decidido de forma mayoritaria, libre y democrática respaldar la pena de muerte. Y en mi opinión es una decisión erronea, aunque no le niego la legitimidad. En este caso pasa lo mismo: el conjunto de los consumidores españoles puede decidir legitimamente (no estoy yo tan seguro de si lo hacen tan libremente como algunos pueden creer) boicotear los productos catalanes pero creo que se equivocan de método y se equivocan de objetivo. Creo que están apuntando mal y que los únicos perjudicados son solo algunas marcas comerciales particulares. Pero bueno, creo que ya se ha hablado bastante del tema. Suficiente por hoy.

17.12.05

RETO CULINARIO


Estos días pasados mi amigo Manolo me dedicaba un post que, despues de reirme un rato, solo puedo agradecer. Menuda inyección para el ego.

Despues de leerlo, comentándolo por los pasillos, surgió un reto en el que tendría que demostrar mis supuestas cualidades culinarias en situaciones extremas preparando lo que decidimos llamar "un menú de degustación" con los ingredientes disponibles en la cocina de nuestro común centro de trabajo. Así que me tomé la broma en serio, me metí a revisar los armarios y me encontré con los siguientes ingredientes básicos:

- Azucar.
- Café.
- leche.
- kiwis.
- Pan tostado.
- tequila.
- Oporto.
- Vinos diversos.
- galletas.
- Infusiones variadas.
- Manzanas.
- Tomates.
- Pechuga de pavo loncheada.

La verdad es que no es gran cosa y la libertad creativa queda un tanto limitada pero, que demonios, un reto es un reto y ya sabeis que me crezco ante la adversidad gastronómica, así que ahí va mi propuesta. Me he permitido añadir a esta lista básica un par de ingredientes imprescindibles como la sal, el aceite, el vinagre y la mantequilla (perdón por la licencia). Bueno, la segunda licencia que me he permitido es la de tocar esos kiwis y esas frutas aún a riesgo de que alguien me corte una mano pero, a pesar del peligro, tenía una misión que cumplir:

- Ensalada de tomate, pechuga y manzanas rojas.
- Tiramisú.
- Tartaleta de kiwi con almibar de te verde.
- Manzanas al vino tinto.

La ensalada creo que no necesita mayores explicaciones. El tiramisú (simplificado) lo haría remojando pan tostado en leche y luego intentando montarlo de la forma más digna posible teniendo en cuenta la precariedad de los materiales. Para la tertaleta prepararía una base de galleta machacada con mantequilla que cubriría con una especie de compota de kiwi aromatizada con unas gotas de tequila y terminaría con un almibar espeso con un poco de te verde. Para las manzanas seguiría la receta clásica, aunque sin canela, por razones obvias.

En fin, Manolo, espero que lo disfrutes. Esta vez no habrá que llamar al chino.
;)

16.12.05

SOLOS

El Perro Gastrónomo y yo nos hemos quedado solos un par de días por motivos laborales (no nuestros, obviamente), así que, mientras esperamos a ver que nos traen mañana de Roma, me decidí a preparar un Tabulé de bulgur al estilo libanés, por probar. Lo hice con un bulgur ecológico que me compré en Oviedo hace poco más de un mes, tomate y perejil picados, limón, tahine y un chorrito de aceite de oliva. Nada más. Ya se que está mal que yo lo diga, pero estaba increible.

Como estoy solo y me sobro algo de tiempo (y la programación de la tele no invitaba ni a hacer zapping) dejé preparada una sopa de verduras para mañana con casi todo lo que encontré por casa: espárragos verdes, alcachofas, calabaza, acelga, lombarda, cebolleta... Ya veremos. De momento adelanto que huele bastante bien.

Ah! El post anterior me ha dado una idea para antes de dormir así que buenas noches, que ya son horas, y mañana el despertador sonará a una hora indecente.

Vámonos, perrote.

15.12.05

REMEDIOS CONTRA EL INVIERNO


En primer lugar, y respecto a algún correo que he recibido en relación con el post anterior, dejadme que aclare (por si no había quedado suficientemente claro) que lo que critico no son los puntos de vista políticos de cada uno. Allá cada cual con su conciencia, mientras sus opiniones no sean ofensivas o vulneren la libertad de los demás. Hasta ahí no tengo ningún problema, que quede claro. Lo que si que me enciende es la manipulación grosera de gente que, a lo mejor de buena fe pero sin pensarlo dos veces, se lanza a hacer lo que oyen que hay que hacer, ya sea para defender España, Cataluña, la Constitución, el Eje del Bien, la religión o lo que a cada uno más le guste. Lo malo es eso, que no lo piensan dos veces, y que hay quien cree estar defendiendo la constitución al no comprar productos de Casa Tarradellas, por ejemplo. Y eso es lo triste. Que se esa actitud precipitada puede haber quien se aproveche para crear un ambiente tenso o, simplemente, para hacer negocio. Y de eso me quejaba. Despues, que cada uno tenga la opinión que le parezca, que ese ya no es mi problema.

Y ahora, una vez aclarado ese punto, voy a volver a nuestro tema, que supongo que es el que a los posibles lectores les interesará. Parece que, aunque oficialmente falte algún que otro día, el invierno ya está aquí, completamente instalado y con ganas de quedarse una temporada dando guerra, al menos a juzgar por la foto que tomé el otro día de todas esas bayas tan difíciles de ver por aquí salvo en condiciones de frío bastante por encima de la media.

Así que, gastronómicamente hablando, ¿Qué podemos hacer para llevar el frio del invierno lo mejor posible y, además, disfrutarlo?. No voy a recomendar aquí aquello de la serie de Doctor en Alaska (Northern Exposure) de engordar antes del invierno para sobrellevar mejor el frío. Ni mi metabolismo me lo permite ni creo que sea saludable. Me refería más bien a remedios momentaneos, a esas recetas que, en un momento dado, nos pueden alegrar una tarde o hacernos pasar una noche más agradable.

En primer lugar están las bebidas calientes, típicas de esta época, y que van del simple café a preparaciones mucho más complejas. Al margen de los capuccinos y otras preparaciones por el estilo, hay alguna receta de esas que a mi, personalmente, me encanta. Está, por ejemplo, el Café Picardía de la cafetería Iacobus, de Santiago. No es más que un café con leche condensada y un chorrito de whisky, pero sienta estupendamente en tardes como la de hoy. Más o menos en la misma línea está el sucedáneo de ponche que me preparo a veces antes de acostarme, en esas noches en las que no estás seguro de si estarás incubando un catarro. Se trata simplemente de leche muy caliente con miel y whisky. Es infalible. Despues de eso, ya puede estar la noche más desapacible, que yo duermo como un bendito. Y claro, en esta misma línea está toda la variedad de chocolates calientes, más o menos espesos, más o menos aromatizados, más o menos intensos, según el gusto de cada uno.

Luego, con efectos parecidos, están algunas sopas que son ideales para cenar en una noche fría, por ejemplo, al volver de sacar a pasear al perro gastrónomo. Por un lado están todas las variantes de caldos y sopas de cocido. Desde nuestro tradicional caldo a otras versiones regionales(aquí cuando decimos caldo, sin más, hablamos de lo que por ahí fuera se conoce como caldo gallego, en cualquiera de las variantes. Por cierto, eso del "pote gallego" que se ve a veces en la carta de algunos restaurantes madrileños debe ser un plato tradicional de la Villa y Corte, porque os aseguro que por aquí no hay ningún plato tradicional con ese nombre. No dudo de que tendrá cosas de nuestro caldo o de nuestro cocido, o de los dos, y probablemente otras tomadas del cocido maragato, del montañés o de cualquier otro, e incluso puede que elementos salidos de la imaginación del chef. No dudo de que pueda estar bueno, pero de lo que si dudo es de que ese pote sea gallego, como afirma el nombre aunque, bueno, tampoco los calamares a la romana son romanos (de hecho en portugal son "á Sevilhana"), así que lo digo simplemente para que nadie se llame a engaño).

Pero yo me refería más bien a esas sopas "que resucitan a los muertos", esas que a la segunda cucharada te piden que te quites la chaqueta y a la tercera te instalan unos bonitos coloretes. La reina en esta categoría es, sin duda, la Sopa Castellana, la sopa de ajo en cualquiera de sus variantes, con o sin huevo, con trucha, con cilantro (convertida entonces en Sopa Alentejana) o como a cada uno le guste más. Si tenemos una noche un tanto más refinada una buena opción es siempre la sopa de cebolla al estilo francés, gratinada al horno con queso rallado. No es igual de efectiva, pero tampoco funciona mal.

En fin, ahí teneis un par de ideas para combatir el fresquito. Ya veis que he optado por no recurrir a los excesos calóricos, que también funcionan pero tienen su contrapartida. Espero que os sean de ayuda estos meses. Os aseguro que a mi me lo serán.

BOICOT ESTÚPIDO


Vamos a ver, ¿A qué demonios viene esto del boicot a determinados productos, según en que zona de la Península se produzcan?. No soy especialmente amigo de meterme en valoraciones políticas en este blog, más que nada porque me parece que no es el mejor sitio, pero en este caso, en el que política y gastronomía se ven unidas a la fuerza, no tengo ningún reparo en dar mi opinión y, además, el sitio me parece tan acertado como cualquier otro.

Tal como yo lo veo, el los últimos años en España hemos asistido a un enconamiento de posiciones que las ha ido llevando -todas o casi todas- a los extremos. Pero muy especialmente esto está siendo así con las reacciones ante las opioniones o las decisiones de los demás.

Pues el caso del que hablo viene a ser lo mismo, más o menos. Me explico: en un territorio una mayoría aplastante elige a unos representantes políticos (aproximadamente el 80% del total del parlamento, si se suman los distintos partidos que apoyan la reforma en cuestión) y estos, a su vez, proponen una reforma. Repito, lo hacen en representación de una mayoría inmensa de la gente con legitimidad para votarlos y que, libremente, decidió hacerlo. Y resulta que esa reforma, llamémosle Estatut, por ejemplo, no gusta especialmente fuera del mencionado territorio. No porque todo el mundo leyese la propuesta y esté en contra (que algunos hay, pero más bien poquitos), sino porque terceras personas interesadas venden una imagen terrible: separatismo!!!, independentismo!!!, terrorismo!!!, secesionismo!!!, metiéndolo todo en el mismo saco, como si todo fuera lo mismo, como si ser nacionalista fuese igual -ética o legalmente- que ser un terrorista, como si ser independentista fuese delito, al margen de que nos guste más o menos.

Y bueno, despues de que se crea ese ambientazo, despues de que alguien nos vende que todos los nacionalistas son independentistas, que todos los independentistas son terroristas, que a su vez todos apoyan a ETA, y que mira como acabó lo del nacionalismo en los Balcanes, y que ya se reunieron en Perpignan, y que esto es la desmembración de España, el caos, el acabose... Pues cuando ya tenemos este clima (tan bonito como tendencioso) creado, va algún avispado y decide que la mejor forma de tomar partido es atacar a la billetera. Muy hábil, el estratega en cuestión va y decide que a "esos catalanes" hay que darles donde más les duela, en la cartera. Ya se sabe, todos los catalanes son unos peseteros, todos los de Lepe son tontos de solemnidad, todos los escoceses vienen a las fiestas con un amigo y si van juntos un inglés, un francés y un español es este último el que acaba siendo el más listo. Y ya si se llama Jaimito, entonces ya es la leche.

Así que este estratega político se saca de la manga, sin ningún interés comercial, seguro, un boicot a los productos catalanes. Una forma tan sutil como otra cualquiera de intentar interferir en asuntos políticos en los que no tiene ni voz ni voto porque 1) no tienen que ver con el ni con su territorio, 2) no atentan con la legalidad, ni contra la Constitución ni nada que se le parezca. Y como la cosa así a palo seco puede parecer un poco absurda va y se escuda en unas declaraciones (otras más) poco acertadas de un lider político con tendencia a meter el zueco en las que hablaba de boicotear unas olimpiadas y de alguna que otra brillante idea más.

Resumiendo: ya tenemos el belén montado. Unos que creen que por no comprar panellets le están haciendo daño político a nosequién, otros que se frotan las manos porque se van a forrar vendiendo fuet fabricado, por ejemplo, en La Alpujarra, el de más allá que no ve mejor ocasión para hacerse con una parte del mercado a la que nunca había llegado (a lo mejor porque no daba la calidad exigible). Y el ideólogo de la cuestión feliz del resultado, imagino. Y, bueno, ya de paso, además de boicotear el cava y los imanes de nevera con forma de casa de Gaudí, pues el cerebro del asunto decide meter también en el saco a una empresa finlandesa de bombillas que ha instalado su sede en España nada más y nada menos que en Barcelona. No es posible que ese industrial finlandes lo hiciese por la situación de Barcelona respecto a las vías de transporte por carretera que la unen con Europa, ni por la importancia que pudiera tener su puerto, o por las conexiones de su aeropuerto o, simplemente porque le gusta más el clima, como a Etoo, porque así, de paso, cuando viene aprovecha para ir a la playa. No, seguramente ese finlandés malvado lo hizo porque apoya a los nacionalistas-independentistas-radicales-terroristas-insolidarios desde la sombra. Y merece un escarmiento. Dejemos de comprar sus bombillas. Brillante, muy brillante. Si señor, una auténtica lumbrera el ideólogo de la cuestión.

Pero ahí no acaba la cosa, que va. Resulta que cuando tu crees que esto solo puede cuajar entre media docena de descerebrados vas y te encuentras con que determinada marca de cava catalán reconoce haber perdido este año un 4% de las ventas, que así en porcentaje no parece mucho, pero traducido a botellas (o a euros) impresiona un poco más. Y a continuación te vas a un hipermercado y empiezas a ver botellas de cava de sitios que ni imaginabas que lo produjeran y que otros años no estaban en esos estantes: de Rueda, de Extremadura... Y es entonces cuando te das cuenta de que estas cosas, manejadas con medios y mala leche, son un peligro, y que con la gracia hay gente que está perdiendo mucho dinero (y otros forrándose a su costa mientras el supuesto fondo político de la cuestión no les preocupa lo más mínimo), que puede que este año unos cuantos catalanes a los que no les va nada en el asunto y que resulta que a lo mejor hasta votaron al PP pierdan su trabajo y no brinden en navidad con cava catalán, pero porque no les da el paro para comprarlo, no por convicción. Y resulta, además, que los supuestos destinatarios de esta campaña, aquellos a los que se supone que pretende disuadir, no solo no se dan por enterados (al final ellos no tienen una bodega en Sant Sadurní, ni andan repartiendo cajas de botellas en la furgoneta), sino que se sienten atacados y se reafirman en sus posiciones. Muy bien, hombre, muy bien ¿Y ahora qué?

Pues ahora resulta que, no contentos con el grado de estupidez al que llevamos el asunto, sale algún otro ideólogo brillante (que siempre hay uno con ganas de encontrar la ocasión para lucirse y ganar punto, a ver si le ponen un a medallita, o mejor un cargo a dedo), pero del bando contrario, y decide que lo mejor para contrarrestar el boicot es crear otro boicot contrario. Si ellos no consumen productos catalanes, nosotros no consumimos productos de fuera. Y hala, todos contentos. Y tu convencido de que si la cosa ya era un despropósito antes, ahora si que ya es de locos y no puede prosperar. Pero resulta que va y prospera. Hasta cierto punto, pero prospera. Y resulta que las ventas de algunos productos no catalanes van y comienzan a caer en Cataluña y que, como resultado, los responsables políticos no se despeinan ni el flequillo, pero un señor de Murcia que vende papel higiénico en Cataluña, por ejemplo, va y deja de ingresar un 3%. Y a lo mejor ese tres por cien supone una pérdida pequeña, de unos miles de euros, pero suficiente para dejar sin trabajo a alguien. A lo mejor a un catalán que está instalado en Murcia. O a lo mejor no. A lo mejor solo hacer que ese murciano que fabrica papel higiénico pierda una parte del mercado que le costó conseguir y que este año gane menos de lo que habría ganado si algún ideólogo brillante se hubiera quedado en casita viendo el Diario de Patricia y no se hubiera dedicado a tener ideas.

Ya pero, al margen de los daños colaterales ¿Ha cambiado algo la situación política a raiz de estos boicots? Si, a peor. Las posturas están exactamente donde estaban al principio, pero mucho más enconadas. El otro gran beneficio de la campaña es que los consumidores nos vemos en medio de una situación absurda en la que se supone que apoyamos a unos o a otros en función de lo que compremos: ¿Compras cava de Rueda? Eres un fascista y un represor ¿Compras cava catalán? Eres un separatista, amigo de los terroristas. Y lo mismo con cualquier otro producto.

Y lo más triste es que entras en cualquier página de esas que promueven el boicot (cualquiera de los dos, me da igual) y te encuentras con una serie de marcas y productos absurdos, y te preguntas si el dueño de determinadas sopas de sobre tendrá algo que ver en el asunto o cual será su opción política (¿alguna vez antes habíais pensado en la opción política de un fabricante de barquillos para helados antes de haceros con sus productos?), o si los directivos de una marca de refrescos internacional con delegación en Barcelona no estarán pensando que somos unos auténticos idiotas y que si lo llegan a saber antes se expanden en Moldavia en lugar de en España y a nosotros que nos den gaseosa La Casera (que, por cierto, no se donde tiene la sede).

Así que sigues mirando las listas de productos vetados y hay de todo, mucha alimentación, pero también cosas de otros campos. Hay algunas marcas inconfundiblemente catalanas o españolas, pero otras que te sorprenden (Ah!, así que tenían la fábrica en Granollers.) y otras que te dejan de piedra, como la que está en la lista porque hace siete años les hizo una campaña publicitaria un famoso presentador catalán, la cadena que se ve censurada porque tiene a un presentador catalán (¿Hay alguna que no lo tenga?), determinada marca de otra región que se ve condenada por unos o por otros en función de si usa un idioma o el otro en sus carteles en Cataluña o, si usa los dos creyendo que así todos contentos, porque usa primero uno o el otro, o distinto tipo de letra, o tamaño o color de fondo. A la hoguera, en todo caso.

Y sigues leyendo y te encuentras con casos más absurdos, si cabe, como una famosa marca de agua mineral que está en la lista de productos catalanes que deben ser vetados porque tiene su sede en Caldas de Malavella (Girona), pero que también está en la lista de productos que no se deben consumir en Cataluña porque se unió a la campaña del cuarto centenario del Quijote y porque etiqueta también en Español. Si el boicot fuese generalizado lo llevaban claro. Y te das cuenta, además, de que aquellos que hace unos años bramaban cuando los franceses volcaban los camiones españoles con fruta, practicando un boicot como otro cualquiera, ahora son los que promueven lo mismo, pero sin volcar el camión de cava en la autopista. Y a todo el mundo le parece lo más natural y cientos de miles de seguidores entusiasmados con la brillante idea la aplauden y hacen el firme propósito de imitarla.

Podríamos seguir, pero creo que a estas alturas (si alguién me ha seguido hasta aquí, que tengo mis dudas) habrá quedado claro el surrealismo de la situación y que no lleva a ningún sitio. Las posiciones políticas no se han movido, lo que han ganado unos lo han perdido otros y al final la cosa está como al principio solo que un poco más caliente y un poco más tensa. Y tu te preguntas si toda esa gente que deja de comprar cosas, muy convencidos de que están cambiando el mundo para mejor, habrán leido el texto que ha dado pie a la disputa y si lo leyeron, si lo habrán entendido, y si lo han entendido, si de verdad han encontrado en él cosas que le resultan intolerables y ante las que tienen la necesidad vital de rebelarse. Y tienes tus dudas.

Así que, despues de quejarme una vez más por la estupidez de la situación, os animo a que dejeis los boicots estúpidos a un lado. Resulta que aquí nadie boicotea a las marcas deportivas que se sabe a ciencia cierta que explotan a niños en el tercer mundo, nadie boicotea a empresas que todos sabemos que se están cargando las selvas tropicales, los manglares, los fondos oceánicos, la capa de ozono, la atmósfera, el clima, los ríos..., nadie boicotea a multinacionales que provocan guerras con miles de muertos para hacerse con un poquito del negocio en nosequé pais que ni les va ni les viene, nadie boicotea a esos laboratorios que dejan morir a cientos de niños cada día porque no están dispuestos a liberar la patente y a hacerse un poquito menos millonarios o porque no quieren rebajar el precio de la vacuna en los paises en los que la gente no tiene ni para dar de beber a sus hijos. Nadie boicotea a los productores de chocolate, o de metales, o de cualquier otra cosa, que explotan a niños de ocho o diez años (o incluso menos), nadie boicotea a una empresa que se pasa por el forro los derechos humanos y ya no digamos los de los trabajadores y traslada sus centros de producción a China, porque allí la gente trabaja más horas y más barato, no se queja y si se queja ya les darán leña. Nadie boicotea a la marca de automóviles que desmantela su fábrica en nosedonde porque le sale más barato irse a un país de Europa del Este, así que desmonta, deja a unos pocos miles de personas en el paro, nos deja de regalo la contaminación de años, y se larga con la música a otra parte. Nadie boicotea a las empresas que dan dinero a los gobiernos que tienen presos sin juicio, que torturan, que asesinan impunenmente. No, aquí solo se boicotean los productos catalanes o de fuera de Cataluña, según de que lado estés. Lo otro son tonterías sin importancia. Lo que de verdad importa en el mundo es el Estatut y como yo, dejando de comprar azafrán de La Mancha, puedo apoyarlo o, si soy de otra opinión, como puedo hacerlo desaparecer simplemente comprando yogures fabricados en Logroño.

Curiosa forma de ver el mundo.

Pues que quede claro que yo este año volveré a brindar con cava catalán, y que lo haré porque el presupuesto no me da para hacer todos los brindis con Veuve Cliquot, que es lo que me pediría el cuerpo. Y además voy a comprar las latas de conservas sin mirar donde las envasan, y voy a hacer lo mismo con las galletas, y con las latas de refrescos. Y seguiré bebiendo ese agua condenada por ambos bandos, porque creo sinceramente que es de las mejores que se pueden encontrar en el mercado, que es de lo que se trata.

Y eso no va a cambiar nada en el terreno político, porque lo que estaré haciendo son elecciones culinarias, aunque alguien quiera hacerme creer otra cosa. Y, si, voy a seguir volando con Iberia, más que nada porque desde aquí, desde esta esquina desde la que escribo, si quieres volar a algún sitio, sea el que sea, tienes el 90% de papeletas para tener que hacerlo con Iberia, independientemente de lo gordos que te caigan o de si hacen sus carteles en sánscrito.

Una peniña, si señor. ¿No habrá causas más nobles por las que tomar partido?

14.12.05

RECETITA RÁPIDA

Aquí estoy uina vez más, con una de esas recetas rápidas y ligeras a las que me he tenido que ir acostumbrando en los últimos meses. En esta caso es una vuelta más sobre un tema que ya me tuvo ocupado hace un par de meses: la escarola cocinada.

La receta es la siguiente:

SPAGHETTI CON ESPÁRRAGOS Y ESCAROLA

Se cuece la pasta y, mientras tanto, se trocéan unos espárragos verdes crudos y se van salteando en un poco de aceite de oliva. Cuando comienzan a dorarse se añade un diente de ajo bien picado y la escarola (unos cien gramos de hojas tiernas troceadas por ración). Se sala y se rehoga a fuego medio hasta que la escarola comienza a perder tamaño. Se añade un chorrito de sal, una pizca de galanga en polvo (puede sustituirse por jengibre en polvo), una pizquita de pimienta negra y se remueve.En este momento, si se quiere, se pueden añadir unas pasas y unos piñones. Se añade un chorrito de zumo de limón y se cocina hasta que la verdura está tierna pero no pasada. Se sirve inmediatamente sobre la pasta y se añade un poco de Parmesano recién rallado.

13.12.05

EXPERIMENTOS

Ayer cené una tortilla francesa.

Menuda experiencia culinaria, dirá alguno. Bueno, la verdad es que si, que la cosa es más bien limitada, pero mientras batía los huevos se me ocurrió seguir batiéndolos un poco más, hasta dejarlos un poco espumosos. Así, al cuajar la tortilla, descubrí que quedaba más esponjosa. Vaya descubrimiento, el Gourmet de Provincias acaba de inventar la pólvora, por lo menos. Vale, vale, ya me imagino que la cosa no es ninguna novedad, pero me dio pié para pensar: ¿Y si sigo batiendo los huevos hasta dejarlos aún más espumosos y luego cuajo la tortilla? ¿Y si levanto unas claras a punto de nieve y luego las paso con cuidado por la sartén? ¿Y si añado una cucharadita de lecitina de soja a los huevos batidos y luego les incorporo aire con una batidora hasta obtener una espuma ligera y luego la paso a la sartén? ¿Y si a esa mezcla le añado, por ejemplo, un chorrito de nata? Hummm... veremos lo que sale de todo esto.

Seguiré informando.

12.12.05

NOTA DE URGENCIA

Bueno, como sabeis hace algo más de un mes que estoy haciendo una sección, "El Diario del Gourmet" en un magazine de tarde en Localia TV Santiago. Pues bien, la semana que viene hblaremos de la navidad y me gustaría hablar de recetas y tradiciones de diferentes zonas así que, por primera vez desde que inauguré este blog, voy a hacer una petición: si os apetece y teneis alguna receta o tradición gastronómica típica de vuestra zona, mandádmela y yo la comentaré el próximo lunes en el programa.

Mi idea es hablar un poco de como se celebra la navidad, gastronómicamente hablando, en distintos sitios, así que cualquier receta tradicional, plato familiar, ponche que se prepara en determinada fiesta, dulce que se sirve en algún día concreto de la navidad, aperitivos, bebidas o lo que sea será muy bien recibido.

Espero tener noticias vuestras. Teneis siete días.

ONLINE FOOD MUSEUM


Si, ya lo se, llego con retraso (otra vez), pero más vale tarde que nunca. Hace unos días Sao Mai convocó una jornada para publicar imágenes de arte relacionadas con la alimentación. El día era ayer, pero yo, para no perder la costumbre, lo haré fuera de plazo. Tengo que reconocer que he estado tan centrado en mis posts sobre Francia que se me pasó el día.

Podeis encontrar más información sobre esta convocatoria y sobre el Online Food Museum en el blog de Sao Mai. De momento, aquí dejo mi aportación para la sección de Arte Antiguo, un ánfora minoica (1.500 A.C)con la clásica representación de un pulpo. Se conserva en el Museo de Heraklion, en Creta.

8.12.05

RECIEN LLEGADO

Ya estoy de vuelta. Acabo de llegar de mi escapada a Francia y no podía esperar para ir subiendo fotos. Si bajais por la página os dareis cuenta de que de momento solo he publicado las imágenes. En los próximos días pretendo ir escribiendo un post para cada una de ellas, así que de momento solo diré que todo ha salido estupendamente, que el viaje ha sido todo un éxito y que, gastronómicamente hablando, ha sido una auténtica experiencia. Ya os iré contando.

MACIZO CENTRAL



Nos levantamos temprano para aprovechar el día y, despues de desayunar en el hotel nos acercamos al centro de Issoire. Por la noche había refrescado aún más y los montes se veían nevados. En el pueblo, aunque no había nieve, el frío era intenso y la niebla estaba comenzando a levantar. Una vez más -empezaba a no sorprenderme- las calles estaban desiertas. Aparcamos cerca de la estación de tren y nos encaminamos a la iglesia de Saint Austremoine, el principal monumento del pueblo y de la región, una impresionante iglesia gótica con un exterior rotundo y un interior aún más sorprendente, con los pilares y los arcos completamente policromados. Bajo el altar principal hay una pequeña cripta en la que se conserva el arca medieval esmaltada del santo.

Al salir de la iglesia callejeamos un poco por la zona vieja del pueblo, llegando hasta la plaza principal, con casas coloreadas y la torre dsel reloj presidiendo uno de sus lados, y regresando por algunas callejas estrechas. La visita al pueblo no lleva más de 20 minutos, pero no está mal. El coche estaba aparcado junto a un monumento a los vecinos del pueblo caidos en las distintas guerras: primera y segunda guerras mundiales, Indochina, Argelia... Cuando te paras allí, con aquel frio, a punto de nevar, y ves los nombres de tres o cuatro chicos de un pueblo perdido en una región rural de Francia que acabaron muriendo en una guerra absurda en, por ejemplo, la selva de Laos o el Sahara argelino, tienes una sensación muy rara, entre lástima, absurdo... No se, no voy a hacer ahora un alegato antibelicista, pero la verdad es que este tipo de monumentos, que también vi en Chartres, dan bastante qué pensar.

En fin, volviendo a nuestro tema, de vuelta al coche nos plantamos en Saint Flour en una media hora. Saint Flour es la capital administrativa de la prefectura, algo así como la comarca, así que uno se imagina una ciudad un tanto dinámica, moderna. Error. Saint Flour no deja de ser un pequeño pueblo del centro de Francia, como cualquier otro de sus vecinos. Tal vez con alguna oficina administrativa más, pero con el mismo ambiente, la misma animación (más bien escasa), el mismo tipo de comercio, etc.

Lo más interesante de Saint Flour es que la ciudad antigua está construida sobre un cerro de unos cien metros de altura en cuya cima no quedó espacio para seguir construyendo, de tal forma que la ciudad nueva se edificó a sus pies, a orillas del río, con la separación natural de las empinadísimas faldas de la colina. De esa manera, cuando se llega a Saint Flour lo que uno ve es la ciudad antigua en lo alto, más o menos igual que hace dos o tres siglos, y hasta que se llega a su pie uno no se da cuenta de que hay una segunda Saint Flour, más moderna. Bueno, espero que se me entienda bien, con más moderna me refiero a que hay una gasolinera, un par de grandes supermercados, una avenida principal con dos carriles para coches, semáforos en los cruces, casas de dos o tres pisos, etc. Poco más.

Desde allí la carretera serpentea hasta dejarte a las puertas de la ciudad vieja. Todo el paisaje que se veia desde lo alto, como los tejados de las casas y las torres de las iglesias del pueblo, estaban nevados lo que, unido a la piedra negra con la que está construído todo por allí, le daba al pueblo un cierto aire triste muy curioso, casi un poco a lo Tim Burton. No es que sea un pueblo feo, que no lo es, sino que entre la luz de una mañana de invierno, la nieve, la piedra negra y las calles desiertas da una sensación extraña. Probablemente en un atardecer de verano, con terrazas en las plazas, otra luz y otra temperatura la sensación será completamente distinta. Aún asi, a mi me gustó mucho.

Despues de callejear un poco, de parar en alguna que otra tienda de artesanía y hacer unas cuantas fotos entramos en una tienda de alimentación que vendía productos regionales. Estuve curioseando por los vinos y los licores locales y al final de decidí por un vino de arándanos llamado Volcanic. Un poco dulzón para mi, aunque no está mal si se toma bien fresquito. Rematé la visita a la tienda con una tartaleta de ruibarbo (que, por cierto, nunca había probado) y crema que no estaba nada mal. Así que despues de conocer un nuevo pueblo y probar un par de nuevos productos seguimos nuestro camino.

La región del Macizo Central en Auvernia es una de las más pobres y menos pobladas de toda Francia. La autopista atraviesa una zona en la que casi nunca se baja de los 1.000-1.100 metros de altitud en la que se ven muy pocos pueblos y los que se ven son muy pequeños. Aquí había nevado bastante más fuerte y los bosques de abetos a los lados de la carretera aparecían completamente blancos, con una capa gruesa de nieve sobre las ramas. Desventajas de vivir junto a la costa gallega: aquí nieva una vez cada dos o tres años y, cuando lo hace, solo se forma una capita de nieve de un par de centímetros que se derrite en unas horas. Por aquí todos recordamos aquella nevada de 1987 (¿Ya hace casi 20 años???) en la que se suspendieron las clases y pudimos salir a hacer muñecos de nieve, guerras de bolas... Supongo que los que seais de la Meseta o de otras zonas con clima más riguroso os lo tomareis medio de broma, pero para nosotros la nieve es algo especial, extraño.

Vale, está visto que hoy tiendo a irme por las ramas. Continúo: Lo bueno de ese clima y de las condiciones de vida del Macizo Central es que los pocos pueblos que hay se han salvado de un crecimiento salvaje y, a grandes rasgos, se han conservado más o menos intactos. El poco crecimiento económico e industrial que ha habido en la zona se ha concentrado en la gran capital de esta zona del país, Clermont Ferrand y, en mucho menor medida, en otras ciudades más pequeñas como Millau.

Así que durante unas cuantas horas todo lo que ves por la ventanilla son bosques, prados, algún que otro pueblo aislado, alguna ruina de un castillo, una capilla encaramada a un pico y, en esta ocasión, mucha nieve. Comenzando a salir ya de la zona más alta del Macizo paramos a comer. Lo hicimos en una de esas áreas de servicio inmensas que hay en Francia y que en España en general brillan por su ausencia. En Francia, en las autopistas, hay áreas de servicio normales, como las de todas partes, con su gasolinera y su cafeteria, pero una de cada cuatro o cinco, cada cien kilómetros o un poco más, es un área de servicio más grande, que puede tener un hotel, y que tiene un "rincón regional" donde puedes comprar libros y mapas sobre la zona, productos gastronómicos locales, incluso platos precocinados. Lo bueno es que, además, se lo toman en serio (normalmente) y que en lugar de encontrarte los típicos productos industriales (léase timos para viajeros de paso) que suele haber el las áreas de servicio que todos conocemos y a precio de oro, puedes encontrar vinos con Denominación de Origen, quesos de calidad, embutidos, conservas, dulces regionales, etc. Todo un poquito más caro que fuera de la autopista, pero con la misma calidad y con la ventaja de no tener que ir a los pueblos a buscar las tiendas ni estar pendiente de los horarios. Si un pais que es capaz de vender latas de grasa de oca (que por aquí los aficionados tenemos que rescatar de otro tipo de conservas) es un pais especial, gastronómicamente hablando, un pais que es capaz de vender ese producto en las gasolineras, como un producto de consumo cotidiano y a precios más que asequibles, definitivamente tiene una forma muy interesante de ver la vida. Intentad coseguir una lata de esas aquí, ya no en una gasolinera de autopista, y si lo conseguís ya me direis el precio.

Otra ventaja de estas grandes áreas es que en el restaurante, además de los típicos sandwiches y platos recalentados suele haber un mostrador que sirve una selección de platos regionales y cosas cocinadas un poquito más elaboradas a precios razonables.

La verdad es que la cocina regional es de todo menos ligerita, así que opté por no atacarle a las lentejas con todo tipo de embutidos, a los Tripoux (un plato de tripas del que ya hablé más abajo) ni a nada parecido y me limité a unos Spaghetti Carbonara, que tampoco es que sean un plato light, pero que me pareció, al menos, una receta un poco menos indigesta. Paseando por la tienda regional me encontré con que estábamos en plena zona de producción del queso Roquefort, que aqui venden con certificación de origen y en bolsas térmicas para mantener la temperatura (en un área de servicio ¿Os imaginais algo parecido por aquí?). No lo compré, porque es un queso relativamente fácil de encontrar en España, pero si que estuve leyendo sobre su historia y sus sistemas de producción y no fui a una visita guiada a las cuevas donde se produce porque andábamos justitos de tiempo. En fin, tendrá que quedar para mejor ocasión. Eso si, como el mostrador de quesos era inmenso, con variedades de todo el pais, acabé cayendo en la tentación. Me traje para casa una crema de queso azul del Larzac (una variedad local del célebre queso azul de Auvernia), un Rouviac, que es un queso local de cabra y, por último, el que resultó ser la joya de la colección, un queso de cabra de Córcega estupendo.

Es curiosa la predilección de los franceses por este tipo de quesos de cabra, de pasta cremosa, poco curada, y de corteza mohosa. En España, por ejemplo, no son demasiado populares, pero allí son de los más consumidos y valorados y hay, literalmente, cientos de tipos. Antes del viaje conocía el brie y el camembert (los más populares en España), el Munster, una variedad más aromática, de pasta anaranjada, que me habían traido de París y alguno más. También conocía algún que otro queso de cabra indeterminado de esos que se utilizan para las "salade de chevre", a los que ahora tengo que unir este nuevo queso de Auvernia y su pariente corso. Prometo seguir investigando en el futuro.

La foto que ilustra este blog es de Severac le Chateau, un pequeño pueblo dominado por las ruinas de un castillo, visto desde el norte, desde el mirador junto al comedor del área de servicio. No tuvimos tiempo de parar, aunque tiene toda la pinta de merecer una visita, aunque sea rápida.

CHARTRES



Adoro Chartres. Es una ciudad que me ha emocionado. No es que otras por las que pasamos no me gustasen, ni mucho menos, sino que, simplemente, aquí se conjugaron una serie de cosas que me resultan agradables y que hicieron que nuestra breve visita fuera de lo mejor del viaje, al menos para mi.

Reconozco que ya venía yo condicionado por años de historia del arte en la facultad y por lecturas de todo tipo. Como sabeis, soy historiador del arte y, además, originalmente iba para medievalista, hasta que mis problemas con el latín en general y el medieval en particular me hicieron buscarme otra vocación. Así que estoy más que harto de ver, leer, estudiar y examinarme sobre la catedral de Chartes, las vidrieras de Chartres, las esculturas de Chartres, el laberinto de Chartres. Es uno de esos nombres mágicos del arte medieval que, como Cluny, Saint Denis y algún otro hace que a los aficionados al asunto se nos pongan las orejas de punta con solo oirlos. Se lo decía a María, fiscal de profesión, allí mismo, al pie de la cabecera de la catedral: para un profano puede ser difícil de entender, pero para mi visitar Chartres es algo así como si a un licenciado en derecho le dieran la opción de ir a ver el "derecho romano" materializado y en persona. O a un médico el enfermo prototípico, si me permitís la comparación absurda.

Total, que allí llego yo, comiendome un Baygel con semillas de amapola en el coche, con un dia precioso, una luz estupenda y una especie de emoción extraña, entre curiosidad, nervisosimo ante posibles decepciones y ganas incontenibles de bajarme del coche, acentuádas por las increibles vistas que se tienen del casco antiguo encaramado a una colina desde varios kilómetros antes de llegar. Aparcamos al lado del ayuntamiento y enfilamos a paso de marcha hacia la catedral, a la que llegamos al atardecer, con un frio más que aceptable.

Lo reconozco, me quedé como un idiota, plantado ante la fachada principal de la catedral, haciendo fotos. Unos metros para atrás. Foto. Unos pasos a un lado. Foto. Zoom y detalle de las esculturas. Foto. Así durante un buen rato. Cuando me cansé (o más bien cuando me di cuenta de que o entraba ya o no tendría luz para ver las vidrieras) pasé al interior. IMPRESIONANTE. Conocía ya unas cuantas catedrales góticas, de las cuales unas pocas son francesas, pero la verdad es que no me habían preparado para esta. Es difícil de explicar. Los espacios son apabullantes, la arquitecturas increible, las vidrieras son una auténtica joya (y eso que las de la cabecera estaban cubiertas para ser restauradas). Me pasé un buen rato recorriendo las naves de un lado a otro, haciendo fotos, parándome a ver las tallas del trascoro, las capillas, el laberinto del suelo de la nave principal (o lo que se veia de el entre las sillas), tocando las columnas.

En fin, no quiero hacerme pesado. Se supone que si estais leyendo esto es porque teneis cierta afición por la gastronomía, no necesariamente por el arte, así que lo voy a ir dejando. Creo que ya habeis cogido la idea (incluso algunos direis que se me ha ido la mano con la explicación).

Seguimos el paseo por el palacio del arzobispo y sus jardines, bajando hasta el río y paseando por los barrios de la orilla, con sus casas de entramado de madera y sus miradores colgando sobre el agua (hay un restaurante en un antiguo molino, con un salón acristalado sobre el río y una terraza en la orilla que en verano debe ser estupendo. Aún en invierno, con poco más de cero grados resultaba bastante tentador). Acabamos desembocando en un mercado (un minimercado, en realidad) de navidad en una plaza de la parte vieja. Allí, mientras nos tomábamos un vaso de vino caliente con especias humeante, muy de agradecer con aquella temeperatura, estuvimos viendo algún que otro puesto de artesanía con figuritas de madera rusas, pañuelos de Laos, decoración de navidad, etc.

Como ya había anochecido por completo, decidimos continuar el viaje de un tirón, sin más paradas. Una vez más pasamos rozando Orleáns (probablemente la parada que faltó en este viaje y que queda pendiente para la próxima ocasión), vimos la catedral iluminada desde la autopista y seguimos hacia el sur. Habíamos reservado uno de esos hoteles baratos que hay en Francia junto a las salidad de las autopistas, a un par de kilómetros de los pueblos, en los que puedes dormir por muy poco dinero y con los servicios básicos. Como nos habíamos retrasado un poco en Chartres, donde nos lo habíamos tomado con cierta calma, llegamos sobre las 22:00 y, entre que nos registrábamos en el hotel y dejábamos las maletas en la habitación, salimos a cenar a eso de las 22:20. Algo así como intentar salir a cenar algo en España a la una de la madrugada, un martes y a dos kilómetros del pueblo más próximo. Ya os imaginais el panorama. Ya me veía cenando M&M's de la máquina expendedora del vestíbulo.

Por suerte, en Francia tienen este tipo de paradas muy bien montadas y por lo general, al lado de las salidas de las autopistas, se apiñan dos o tres de esos hoteles económicos y un par de restaurantes baratos que abren hasta tarde (tarde en Francia quiere decir las diez o, como muchísimo, las once de la noche). Frente a la puerta del hotel teníamos un Buffalo Grill y no había muchas más opciones en la zona, así que para allá nos fuimos.

Buffalo Grill, "le steak house de qualité" según su propia definición, es una cadena de restaurantes temáticos de comida del oeste americano y tex-mex de gama económica-media. No es exactamente un restaurante de fast food y supongo que lo más parecido que se puede encontrar en España serían los TGI Friday's, para que os hagais una idea. Los precios son razonables, sin ser una ganga y la gama de comida bastante limitada: carnes a la plancha, chiles con carne, hamburguesas, costillas adobadas, alguna ensalada y poco más. Todo con una decoración al estilo del oeste americano con pequeños reservados de bancos rojos acolchados, lámparas bajas con flecos, música country y camareras vestidas como para un rodeo y con muchas ganas de irse a casa (al menos a aquellas horas). La sensación al cruzar la puerta fue como entrar en una Road Movie: un par de camiones en el aparcamiento, el local casi vacio, un grupo sentado en una mesa que se queda mirando para ti según vas entrando, una camarera desganada... Bueno, sin ser una experiencia gastronómica al menos era comida caliente, lo cual, con el hambre y el cansancio que teníamos y a aquellas horas nos sentó estupendamente... a casi todos. Ya sabeis que en estos viajes de más de dos días casi siempre hay alguna víctima de los cambios de dietas y horarios. Esta vez no fui yo, afortunadamente.

En fin, no hay mucho más que contar de ese día. Me cené mi miniensalada, mi chile con carne y mis costillas adobadas (una cena ligerita, como vereis. Supongo que ahora os creereis lo de que de verdad tenía hambre) y no tardé ni diez minutos en estar metido en cama aunque, la verdad, no se me ocurre que otra cosa podría hacer un martes a medianoche, con temperaturas bajo cero y a las afueras de un pueblo de unos diezmil habitantes en pleno Macizo Central Francés. En fin, pocas veces una cama y una cena baratas me parecieron tan buenas y tan comfortables. Antes de apoyar la cabeza en la almohada ya me había quedado completamente dormido.